lunes, 1 de mayo de 2006

Ultimo 1º de Mayo con Fidel. 1-05-06



Fidel habló de pie, bajo el sol tropical durante tres horas y media. Tenía 80 años y sólo se le notaba cierta traba al hablar, como si se le movieran algo dientes. Yo estaba cansada luego de tres horas de caminata y plantón y él lo más fresco. Según mi visión rioplatense, el discurso fue pautando el tipo de relación que tiene Fidel con su pueblo. Durante la primera hora y cuarto se dedicó a dar información pormenorizada sobre los terroristas Posadas Carriles, Robert Ferro y Rodríguez y sus acciones contra Cuba al amparo de los EUA. Detalladamente leyó documentos, artículos de diarios y actas de juicios demostrando la innegable connivencia de EUA con estas actividades. El enemigo común forja y consolida la unidad interna.
Las otras dos horas consistieron en un minucioso inventario de los logros de la Revolución en el primer trimestre del año: cuantos kilos de carne producidos, cuantas toneladas de yogurt de soja, cuantos médicos graduados, cuantos libros publicados, cuántos televisores producidos y repartidos. En un estilo absolutamente paternal fue detallando estos pormenores a través de la lectura de trozos de informes que seguramente le habían preparado sus Ministros. De tanto en tanto, cuando la lectura o alguno de los datos no le cerraba, exclamaba volviéndose hacia el estrado, poniendo en aprietos a algún funcionario: "Hey Roque, acá dice que las plantas están en construcción... ¡cuéntame como van!" "Me habías dicho que ya estarían terminadas..." y luego de escuchar una respuesta inaudible para el público replicaba: "Bueno, entonces estás disculpado", con lo que toda la Plaza de la Revolución le devolvía una carcajada. Luego, en otro tema le preguntaba a otro Ministro y así fue inventariando los logros en cada uno de los renglones de actividad del país. "se han repartido 39.528 juntas de heladeras para reparar las existentes y ahorrar energía; tantas miles de hornillas, tantos otros miles de juntas de cafeteras" y así hasta completar la enumeración de los mínimos elementos cotidianos que tal vez nunca soñaron estar en un discurso revolucionario. Terminó redondeando el problema energético centrado en la renovación de equipamiento y aumento de la eficiencia de los procesos y servicios. Y hasta se permitió explicarnos a unos cuantos extranjeros que respondimos con aplausos y vivas a algunos pasajes del discurso, que los cubanos hacía años habían decidido sólo hacer flamear las banderitas de papel para no perder continuidad y permitir que todo el mundo escuchara.

El influjo que Fidel tiene sobre la gente es increíble. Se siente el afecto en el aire y lo ven como quien los cuida, vela por ellos y ve más allá. Cuentan que García Márquez dijo que Fidel tiene la capacidad de viajar al futuro y al volver, contarnos lo que vio. Así lo ven los cubanos que se muestran orgullosos de los logros de su Revolución y te miran con asombro cuando les contamos que en nuestro país no toda la población accede a los servicios de salud o que no se nos ocurre hacer funcionar salones de clases escolares en las salas de los museos. Camisetas que decían: "Comandante en Jefe, ordene" llenaban la Plaza. Hombres inteligentes, intelectuales de primera línea nos hablaban de Fidel como de un ser superior e infalible. Sorprendente. Mi uruguayísimo espíritu crítico, luego de diez días en Cuba se mantuvo intacto y activo mientras escuché el discurso, pero cuando entre todos los miles de seres que ocupábamos la Plaza de la Revolución se entonaron los sones de la Internacional, me sumé al coro de miles inundada por una emoción profunda, casi histórica, sintiéndome parte de algo enorme que me superaba a mi, a los que me rodeaban e incluso a Fidel. Era la certeza de que hay otras formas y sólo hay que tener el coraje de buscarlas y luego sostenerlas.

En orden y alegría, así como estuvimos en la Plaza, nos retiramos junto a las enormes columnas rojas.