domingo, 29 de octubre de 2006

Fin de semana en l'Aveyron: Le Cirque de Navacelles.



Último destino: le Cirque de Navacelles, lugar a trasmano pero muy recomendado por Paulo que ya lo conocía. Bien fuera de las rutas, atravesando camino rural llegamos a un auberge al borde de un barranco. Sin saber a lo que íbamos, balconeamos en un crater de 300m de profundidad en cuyo centro se puede ver una isla de piedra rodeada de un camino empastado y un pequeño pueblito en un costado. Algo increíble. Como si el gigantesco meteorito que mató a los dinosaurios hubiera caido ahí, las laderas en roca parecían un brocato de tapiceria en verde y beige. Allá abajo, una isla en un río seco vigilaba un pueblo de juguete. Bajamos. En el auto, en espiral, cada vez más cerca, llegamos a una veintena de casas del siglo ¿XI, XII? con una cascada que arremolina un río trasparente como el de Peyre. Nuevamente la pregunta de Paola, ¿Qué hacen diariamente los habitantes? Una cincuentena de tumbas, algunas recientes, en el cementerio, un hostal frente a la cascada muy bien mantenido y casas viejas con postigos pintados indican esas señas de vida moderna que le preocupan a ella. Este pueblito, ejemplo vivo de un meandro seco de río que cambió de rumbo dejando la seña de los siglos en la roca, es parte del camino de Santiago, así que numerosos peregrinos bajan al Cirque buscando el Ciel.

Fin de semana en l'Aveyron: La Cavalierie.


La Cavalerie es un pueblo fundado por los Templarios y amurallado por los Hospitaliers en el siglo XV. Hoy en plena reconstrucción, un alcalde desdentado y orgulloso nos muestra las obras invitándonos a subir, a cambio de 2 euros por cabeza, a la muralla desde donde se divisa el pueblo y la comarca. Más producto de la guerra de las religiones que de las cruzadas, este pueblo olvidado por siglos, apuesta ahora fuertemente al turismo a través de un proyecto nacional de restauración que semanalmente recibe las sugerencias de un arquitecto de Paris. La iglesia pequeña y oscura deja entrar la luz apenas a través de unos modernos vitraux, produciendo una atmósfera sobrecogedora y algo tenebrosa. Al salir, un cartel sobre un dispositivo aclara que, por 2 euros se puede iluminar la sala para aprovechar mejor la visita!!! Ohlala!

Fin de semana en l'Aveyron: Millau y Peyre.




Hermoso paseo por la región de Larzac, con un Tarn que no sé si es el mismo de Gaillac. La invitación era para ir a Milliau,100 km al norte, a buscar un auto que Paulo había roto hacía un mes en la ruta y que la Cía. De Seguros se lo había dejado en un taller mecánico allí. ¿Qué había para ver? El mayor viaducto del mundo, recientemente inaugurado. Tiene 2460m de largo y 343m de altura en su punto máximo. Une 2 cerros entre Bézier y Clermont Férrand, mediante racimos colgantes de hierro que simulan los chorros de agua de una fuente en el aire. Es imponente y refuerza esa magia que logran los franceses al poner juntos el pasado más antiguo con los flamantes productos de la modernidad.
De ahí, ¿a dónde?, le preguntamos a la vendedora de la patisserie donde comimos. La oferta turística era enorme, estábamos en la región de los Templarios y los Hospitaliers, así que había para elegir. Si yo tuviera que elegir, dijo la muchacha, iría a Peyre, que no está en la guía pero es diferente y muy linda. Allá fuimos, apoyados en el conocimiento local. Llegando ya quedamos impresionados por una línea de casa pegada a un enorme risco de color rosado. De las murallas de roca se ensanchaban fachadas de casas como si a la montaña le hubieran crecido abscesos. Más cerca el embrujo se refuerza por la belleza del Tarn que corre cristalino en meandros entre un bosque con colores de otoño. Desde la altura se ve su recorrido pasando bajo el imponente viaducto.
El pueblo fue construido en el siglo XI y son 2 líneas de construcciones que sostiene la montaña mirando hacia el río. Nada más. 220 habitantes y una iglesia trogloditique, que no sé bien qué es pero supongo que tiene que ver con esa construcción sobre la piedra integrándola en las paredes posteriores y laterales de la construcción. Desde afuera, la iglesia se eleva contra la roca, angosta y en 3 pisos, por dentro, pasando la puerta, entramos en una cueva de ambiente único donde se realizaban las ceremonias y se refugiaban los pobladores frente a eventuales ataques enemigos. Por el costado se accede a las cavernas de los 3 pisos superiores, donde cabía el pueblo entero. Siempre pienso, en tanto vamos conociendo diferentes poblados, en las condiciones de vida terriblemente dura de los habitantes de la Edad Media: me imagino la vida de unas mujeres sujetas al dominio indistinto del padre, del marido o los hijos; la mugre se hace evidente cuando uno recorre las instalaciones, me imagino las ratas, el sexo y las enfermedades. No puedo pensar en la princesa recluida en la torre con vestidos de seda y tocando el laúd. Me imagino el pueblo desdentado, durmiendo sobre paja y muriendo a los 30 años de vejez absoluta. Paola siempre se pregunta por qué los habitantes de ahora eligen tal aislamiento. Ella quiere saber del confort en las casas modernas. ¿Qué esconden las fachadas ancestrales? ¿Qué hacen diariamente para vivir? ¿Cómo resuelven lo cotidiano?
El aire claro de un otoño que se niega aparecer nos muestra desde las parcelas de labranzas marcadas por cercas de piedras, allá lejos sobre la montaña, hasta el viaducto gigante encuadrando el paisaje de tarjeta postal.

viernes, 27 de octubre de 2006

Montpellier II



Salí caminando por la rue Faubourg de Boutonette (que también es la parada del tram donde me tengo que subir o bajar, según para el lado que vaya) rumbo a la Place de la Comédie. Orientándome por las torres que se veían a lo lejos y en lo alto, llegué a la Catedral, que está subiendo una colina. Imponente, enorme. De estructura gótica con un inmenso rosetón en una pared lateral y un gigantesco órgano sobre la puerta principal. Después, el eclecticismo nuevamente. Esa sensación de yuxtaposición de cosas y de tiempos. Es una iglesia con relativamente pocas imágenes religiosas. No hay muchas estatuas de santos ni vírgenes con el niño, sino que en cada capilla lateral cuelgan enoormes cuadros con matronas regordetas como pintaba Leonardo y fieros guerreros rubios. El altar principal, al igual que el de Santa Cecilia es absolutamente contemporáneo, éste cubierto de cobre. Alguna estatua en mármol blanco de la Virgen se destaca por lo excepcional. Noté la falta de confesionarios así como de santos, lo que le da un aspecto austero en general. En eso veo a un cura de hábito blanco y listones verdes meterse en una caja de vidrio muy iluminada. La mitad de la caja era de vidrio transparente y la otra mitad de vidrio esmerilado. El cura, medio viejo y entrado en kilos, se puso unos modernos lentes de sol, tipo los que se usan en la nieve y se preparó a tomar la confesión de la sombra sentada en la mitad esmerilada de la caja. Una versión actualizada de la confesión con cura popstar bajo reflectores. Sin una guía, sin ningún plano con indicaciones este paseo es al voleo: en tanto algo me llama la atención me detengo, pero no tengo una referencia ni nada. Así, saliendo de la Catedral, que recién ahí supe que se llamaba St. Pierre al leer el cartel, me encontré con que el edificio lindero era la Facultad de Medicina, primera escuela de Medicina de Francia que data del siglo 12. Había movimiento, muchos jóvenes en la puerta y entré. Estaba terminando una graduación y los jóvenes vestidos formalmente o con toga roja se mostraban eufóricos. Estuve mirando el hall, el primer egresado que se registra es de 1128, y había también, listados en el mármol, los médicos muertos en el frente de batalla en la 1a. y Segunda Guerra Mundial.
El aire es calmo, el ambiente amigable, la gente y el tránsito tranquilos. Hay buena convivencia en el aire. ¿Será la el buen pasar económico más un régimen laboral muy laxo? ¿O será la historia profunda de tantos siglos, las guerras ganadas y perdidas, las derrotas, las traiciones que modelan culturalmente a la gente? Nosotros no tenemos gente, no pesamos en el mundo en términos reales. ¿3 millones en 180.000 km2? ¿10.000.000 de vacas para 3.000.000 de personas y hay gente que come mal? Mon Dieu. Cuando uno ve tanta gente consumiendo para vivir, comprando, paseando, viviendo entiende que es la gente la que mueve la economía, más allá de los grandes inversores. Y los franceses además tienen muy arraigado el sentido de la transferencia de economías de un sector a otro de la sociedad, como correcto y justo, pero también como necesario. Si le transfiero algo a aquel que no puede ganar tanto y todos vivimos bien, me aseguro que no cuestione mi buen pasar en el futuro. Así incluso lo piensan para los países pobres de Europa del Este, que indudablemente le han trastornado el equilibrio. Escribo esto en tanto en Uruguay hacen paro los camioneros oponiéndose al incremento en $1 el litro de gasoil para financiar una disminución del precio del boleto.

jueves, 26 de octubre de 2006

Montpellier.



Hace calor, es una noche de verano. La puerta ventana que da al balcón está completamente abierta y sigo teniendo calor.
Hoy decidí salir a conocer Montpellier. Esta ciudad grande, de 400.000 habitantes, entre los cuales hay miles de jóvenes extranjeros debe tener algo más que mostrar que lo que he visto en el barrio y en la Agropolis. El primer día, fuimos a los 2 CIRAD (imponentes edificios modernos), al INRA y otros institutos agropecuarios que todavía no retengo. También al CROUS que es la oficina donde pagan las becas a los estudiantes extranjeros.
Todo es prolijo y las calles tienen una señalización perfecta. La cebras están impecablemente marcadas y los autos ¡se detienen! para que uno cruce la calle. Todo es chiquito, silencioso y limpio.
Luego, a muy pocas cuadras pasa el Tram que es un maravilloso tren eléctrico que pasa en hora y te anuncia adonde, llega y adonde va. Fantastique!

miércoles, 25 de octubre de 2006

Coteaux de Gascogne. Pirineos.




Pirineos, Côteaux de Gascogne, un paisaje her-mo-si-si-mo y es lo que quieren preservar porque productivamente no sirve para nada. Ya nadie trabaja en el campo, compran las casas como residencia y no tienen quien les fabrique ese paisaje tan famoso. Es muy curiosa la problemática. Los ingresos por subsidios son el doble que por producción. La gente vive espléndidamente pero se quejan. Como dice JF, no conoce productor en el mundo que no se queje. Algo de eso debe ser verdad, desde Salto a los Pirineos pasando por la Amazonia y Dakar parece ser así.

domingo, 22 de octubre de 2006

Montpellier. La PLace de la Comédie.22.10.06




Hoy me tomé el tramway y me fui al centreville de esta ciudad tan cosmopolita. Place de la Comédie era mi destino, adonde había ido de una escapada el sábado antes de salir para Gaillac. Ya había caminado por las calles antiguas y compartido el aire de fiesta que había en la explanada. Hoy fue increíble: estaba lleno de gente, mayoritariamente jóvenes que, en grupos conversaban, caminaban o paseaban, dando un aire veraniego a la noche, otoñal sólo por el calendario. La Place es enorme, bordeada por edificios imperiales a un lado, un carrusel y la parada del tren del otro y un bulevar al fondo que termina en las modernas y famosísimas Galerías Lafayette. En las terrazas de los cafés muchísima gente tomando un aperitivo antes de volver a casa. Del lado del Teatro de Comedias un par de jóvenes tocaban ritmos españoles en la guitarra y le ponían a la atmósfera la música que faltaba. Por el otro lado, hacia donde se alinean las boutiques de los floristas, otros jóvenes ensayaban ritmos más experimentales. El ambiente re tranqui, cada uno en lo suyo. Nadie estaba a la defensiva ni protegiendo sus posesiones. Los autos quedan abiertos, como en las películas, con las ventanas bajas. Uno camina por la calle de noche y todo parece muy tranquilo.
La gente me ha resultado simpática y muy saludadora, incluso en la calle, pasa un desconocido y te dicen Bon Jour, pero en cambio en los comercios son más indiferentes. Cierran re temprano y no hay mucho esmero. En las Galerías Lafayette sólo el super estaba abierto a las 19:30. Igual a mi me da para delirar. Las comidas son una delicia: los quesos, las frutas, los fiambres, los dulces, los bizcochitos, los vinos. Todo huele bien y se presenta bien. Las uvas te miran desde su redondez de ciruela, las bananas no delatan ni una pinta negra y las hay grandes y chiquitas, los tomates brillan y están encapuchados por un caliz peludo que nunca vi en Uruguay. Una delicia. Deliro frente a las góndolas y desvarío frente a las heladeras. Con todo este exceso para los sentidos, los franceses son flacos. Nada de panzas prominentes ni figuras de trompo. Comen de todo: vino, pan, queso, mucho queso, ensaladas, plato fuerte y postre. Aun así son flacos. Son flacos y bellos y si no son bellos son elegantes. Delgados, pálidos, de ojos azules y vestidos de gris, azul o negro desmienten rotundamente el libro que había en casa y que nunca entendí, que se llamaba “Los franceses no existen”. Existen de una manera innegable, inconfundible.¿Qué pasará dentro de 10 años cuando crezcan los hijos mulatos que hoy se están gestando? No son pocos los negros que se han venido a vivir a Francia y las francesas, en una actitud tan políticamente correcta los han recibido con brazos y piernas abiertas. Muchos mulatos les depara el futuro. Sin dudas un cutis más propicio para el agujero de ozono

Le Sud Ouest francais. Gaillac y Cordes.




Cordes vale realmente la pena. Es como llegar a la Edad Media o más bien a alguna película, porque uno de no deja de tener la certeza de estar en el siglo XXI. El pueblo va trepando la montaña hasta coronar el cerro y hasta allí subimos nosotros. El peruano nos llevaba ventaja y mis años de fumadora y sedentarismo también. Cada tanto, utilizando el pretexto del paisaje para tomar aire, nos deteníamos a admirar el colorido en retazos del campo francés, verde brillante, ocres, amarillos, marrones rojizos cada vez más pequeñitos a medida que subíamos. El pueblo es hermoso, de un marrón predominante en piedras y maderas, sorprendido cada tanto por santarritas u otras flores rosadas que renuevan (y reviven) las viejas fachadas. Una plaza central techada, como un viejo mercado, es el centro del pueblo de donde parten las callejuelas imposibles de transitar en auto. Nada cuesta imaginarse el movimiento de la gente 1000 años atrás gritando y peleando bajo el alto techo tratando de cerrar negocio. Hoy, una decena de turistas almuerzan aprovechando el inusual calor otoñal. Desde un balcón, estratégicamente colocada, nos observa una armadura de caballero medieval. Almorzamos luego en La Bride, un coqueto restaurant en la terraza más alta de la villa, canard à l’orange por ser el plato más barato.

sábado, 21 de octubre de 2006

Albi y Santa Cecilia




Siguiendo las indicaciones de Mme Tourrand seguimos a Albi a ver una enoroorme catedral, construida por aluvión de siglo en siglo y según caprichos o deseos del rey y cardenal de turno. Una estructura del siglo XII, reformada en el XV y así sucesivamente para dar hoy un aspecto de inmenso Dieste del pasado, con un pórtico gótico agregado después y sin explanada de acceso porque el crecimiento de la ciudad se opuso a los planes del proyectista. Adentro, en una atmósfera que si no fuera tan turística sería sobrecogedora, la música de un enorme órgano colocado arriba del altar inunda todo. El techo en arcos de no sé que siglo, despliega un colorido cielo con estrellas doradas y ángeles. No hay rincón en paredes o techos que no esté pintado, logrando diferentes efectos. El climax del eclecticismo de esta nave es el altar, tan actual que data de 1982, y en atrevidos diseños de mármoles y nácares de colores preside el espacio por delante de la capilla de Santa Cecilia.

Centralmente, un coro gótico, cerrado a la vista del público te indica la pasada devoción de los canónigos expresada allí 7 veces al día. 1 euro para entrar a esa zona y 3 para subir a la pieza del tesoro: prometedor. Por tres veces más se podría esperar al menos el doble de esplendor, que ya es mucho decir. Por una estrecha escalera caracol se sube a la refaccionada pieza del tesoro... ¡casi totalmente vacía! Llegando, un cartel bien te informa que esa es la pieza, y que hubo un tesoro, pero que éstos no están visibles al público. Oh lala! Tampoco te dicen porqué el cartel no está abajo, antes de subir la incomodísima escalera.

Luego de un fiasco, el mayor. Resulta que Santa Cecilia, patrona de la Música, adquirió esa condición a partir de la interpretación libre de un ignoto escribiente que en la traducción de sus obras milagrosas cambió "corazón" por "órgano" y así la costumbre de la santa de rezar "desde lo profundo de su corazón" pasó a significar que lo hacía acompañada por un órgano, y de ahí a patrona de la música, un paso. Y fue así que, por los siglos de los siglos, ha sido su protectora, parece que con buen suceso, dicho esto más por mi amor al arte que a Santa Cecilia. Por otro lado esta chica romana, muchos años atrás, por el 200 DC, se casó con un desventurado señor Tiburcio que nunca pudo imaginar que tal acto le acarrearía tamañas desgracias a su vida. Para empezar, ya en la noche de bodas, Cecilia (porque todavía no era santa) le comunicó que un ángel se le había presentado para pedirle que conservara su virginidad para servir mejor a dios. El pobre Tiburcio, me imagino que desolado, al menos intentó conocer al ángel, y cuando lo consiguió, no sé si por resignación o por milagro, se convirtió al catolicismo, intentando, al menos, compartir algo con su novel esposa. Pero eso no termina allí, sino que allí empieza: el prefecto romano, enterado de su nueva fé lo encarcela y lo mata, en tanto encierra en una especie de prisión domiciliaria, a la Sra. Cecilia, quien continúa con la mala costumbre de amparar a todo aquel que quiera convertirse al cristianismo. Eso le cuesta que el prefecto la sentencie a morir en la hoguera. La hoguera no la mata, por lo que el prefecto, ya ensañado, decide decapitarla pero no puede: sólo consigue hacerle 3 tajos en el cuello. Finalmente, a los 3 días, desangrada y sin auxilio, muere esta niña empecinada. La urna de oro que contiene sus huesos (los restos de un radio se muestran sobre ella sostenidos como por una pinza) que recogieron los mismos que tradujeron sus obras, es de lo poco que hay en el cuarto del tesoro. Muerta sí parece que merece lo de Santa, aunque, además de rezar con música o con profundidad de corazón no le pude conocer otro milagro que el de resistirse a morir por manos infieles. Hete aquí una historia, pura leyenda, que levantó una catedral gigantesca y que, 1800 años después, sigue recaudando en su nombre millones de euros para ver un cuarto vacío.

Au côté de l’église está el Palais de Berbis, que supo ser residencia del Cardenal, of course. Allí hoy se encuentra el Museo de Toulouse-Lautrec, verdadero genio del dibujo de personajes. El museo te va llevando desde los retratos que otros artistas pintaron de él, hasta los dibujos sobre cartón, apenas trazos, en celeste, negro y sombreados de blanco. Fantásticos ensayos de obras que te van resonando en la memoria: esa línea esboza una espalda que conozco, ese trazo delinea una figura inconfundible. Varias salas con estudios de mujeres bailando, cantando o descansando en eróticas languideces, gordos lascivos o simpáticos artistas, impúdicos deportistas de finales de 1800, te van llevando, cargando el color o el trazo hasta la sala más alta, después de 2 tramos de escaleras, a la consagración de su obra completa de gran adelantado de la publicidad moderna: sus afiches y sus litografías, tal vez más decolorados que lo que el merchandising quisiera, impresionan desde los muros en penumbras de estas salas llenas. Y también está el bastón con copa de Toulousse- Lautrec, en el que podía esconder hasta medio litro de alcohol cuando ya no lo dejaban beber. Sin salir solo de su casa, tullido y repleto de color murió en 1901, cuando el siglo que despuntaba le podría ofrecer mucha más noche para vivir.