domingo, 30 de agosto de 2009

Toledo




En el recorrido de 70 km los grandes poetas nos acompañan. Por la manchega llanura, seca, lunar vamos rumbo a Toledo, capital de España hasta 1561. Rastrojos de cereales en líneas, líneas de labranza sobre arenas pespunteadas de calizas. El verde se delinea tímido en los bordes del camino. Olivares polvorientos que apenas levantan en gris sobre el amarillo.

Toledo es un templo del turismo y nosotros cometimos el error, de nuevo, de contratar una excursión para visitarlo. Digo error porque ya sabíamos que nos gusta otro ritmo para conocer los lugares y las cosas. Lo mejor del paseo fue que conocimos a un matrimonio de uruguayos (¡oh, casualidad!) que iban a visitar a los hijos y con los que pasamos un día muy agradable.

En no más de dos horas nos llevaron de las narices por el Toledo antiguo, caminando por un laberinto de callecitas empedradas, escalonadas, sorprendentes. Pero anduvimos como ganado de un lado para el otro disparando a troche y moche la máquina de fotos. Vimos el entierro del Conde de Orgaz de El Greco, en la Iglesia de Santo Tomé, a la que no pudimos siquiera entrar. Fuimos a ver el Tajo, foto, foto, las armaduras, foto, foto y al Monasterio de San Juan de los Reyes donde tuvimos unos minutos de paz y recogimiento. El Claustro, en dos plantas, rodea un jardín con naranjos de donde llega el sol atenuado por el verdor y los cantos gregorianos. La iglesia es de una sola nave y tiene en doble altura una delicada ornamentación en sobre y bajorrelieve que forman frisos, figuras, esculturas, ménsulas, arcos. En el altar un gran retablo plateresco del siglo XVI preside la nave. Hermoso ejemplar de arquitectura isabelina, es decir del gótico tardío, según leí.

Luego a la fábrica de damasquinado “Suárez” donde en show para turismo de escasos cinco minutos te muestran la forja y a los damasquineros labrando las alhajas. Luego compre, compre y foto foto. Y volvimos a Madrid.

Muy a la nuestra, para terminar nos fuimos al Museo del Jamón a comer con los uruguayos, como dios manda.

sábado, 29 de agosto de 2009

Córdoba y su mezquita





Córdoba resplandece bajo el sol de agosto. Los naranjos forman lunares de sombra sobre las veredas.

El río Guadalquivir apenas visible tras las vallas de construcción no parece tener las aguas granate. Las calles empedradas nos van llevando a la Gran Mezquita. Un enorme edificio amarillo abre sus puertas a un patio en el que los canales de riego dan de beber a naranjos y olivares tan viejos como las mismas piedras que lo cubren. El edificio actual es el producto de idas y venidas entre moros y cristianos pero en el que cada vencedor conservó mucho del edificio anterior. El resultado es de un sincretismo que no se ve en América. Caminando bajo los arcos de la mezquita me preguntaba por qué los mismos españoles no fueron tan generosos con los templos incas, aztecas o mayas. En sus 23.400 metros cuadrados se puede observar gran parte de la historia de Córdoba: vestigios romanos y visigodos bajos los arcos rojos y blancos del Islam y capillas renacentistas tras portales musulmanes labrados. Todo está allí, pero junto y en armonía, como quisiera ver a los pueblos hoy.

Luego el Alcázar de los Reyes, construido como fortaleza por los romanos y cuyo destino evolucionó desde palacio del Califa, residencia real de Fernando III, cuartel general de los Reyes Católicos hasta, después de 1492, Tribunal de la Inquisición. Pero lo mejor son los jardines. Enormes piletas escalonadas con juegos de agua y caminos entre canteros dibujan arabescos con las plantas y flores. Una bruma en arcoíris de los picos de agua de las fuentes renueva el calor del mediodía.

Luego la Judería. Los balcones casi se tocan de casa a casa sobre las callecitas empedradas. La sinagoga, única existente en Andalucía, está ubicada en medio de la manzana, de afuera no se distingue del resto. Luego del puente de madera una sala más alta que amplia nos interpela. ¿Qué dicen los escritos de sus paredes? ¿Y los muros? ¿Qué historias cuentan? El piso de la planta alta donde se instalaban las mujeres ya no existe y se ven las ventanas en doble altura. Tan parecida a los árabes, a los edificios árabes. Tan hermanos, tan lejanos.

El almuerzo fue en un patio andaluz de macetas con malvones, sombra con sabor a savia y fuente cantarina.

viernes, 28 de agosto de 2009

Paseo del Arte. Museo Reina Sofía.





El Reina Sofía es magnífico aún antes de entrar. Los ascensores vidriados sobre la vieja fachada del Hospital San Carlos dan cuenta del propio espíritu del Museo. Es el museo de arte contemporáneo que arranca a finales del siglo XIX y llega por 16 salas a nuestros días con exposiciones temporales. En un edificio severo de gruesos muros y piso de piedra se desarrolla este museo moderno como no he visto (bah!, no he visto tantos) otro. En las colecciones pero sobre todo en la concepción: fue el único museo, incluyendo las iglesias, en que pudimos tomar fotos en el interior. Uno se va perdiendo sala a sala por el mundo que se hacía añicos de principios de siglo XX y en el esfuerzo de las vanguardias por plasmar esa sensibilidad: los posimpresionistas, los cubistas, los dadaístas, los surrealistas ofrecen este abanico de visiones en correlato con los tiempos que les tocó vivir. Pasamos por los primeros Picassos, Gris y los bodegones, el desnudo en la playa de Tagore, la ventana de Dalí y emocionantes Barradas y Torres García en el primer mundo, al lado de los más grandes. Pero la vedette innegable es el Guernica que se yergue único en una sala y lo rodean en otras más pequeñas los estudios a lápiz o en color, en papel o en tela; otras obras contemporáneas, como las de Juan González que descubrí y afiches y documentos de la Guerra Civil y que centran el momento histórico que vivía España. Incluso se puede ver la maquette del Pabellón de España en la Exposición Universal de Paris en 1937, donde se colgó el cuadro por primera vez. Contemplar la obra, tantas veces vista en libros, fotografías y películas remueve escombros del pecho y la cabeza y pone una lámina de lágrimas en los ojos.

Picasso, Miró y Dalí merecen un comentario aparte. Sala a sala uno entiende que Picasso reinventa la pintura con el cubismo al sacudir la visión estática del mundo, creando “ventanas” que descomponen la perspectiva tradicional y no puede quedar indiferente al pasar del realismo de principios del siglo XX a la nueva mirada que proponen los cubistas. Luego el otro sacudón, los surrealistas que no sólo plantean una revolución, sino que es una revolución con manifiesto político y todo. Dalí da rienda suelta al inconsciente para liberar al sujeto de una moral caduca y corrupta y a trvés de “El Gran Masturbador” o “Memoria de la mujer-niña” u otras le da unas bofetadas al orden establecido. En medio de este paseo, por primera vez, miré y “entendí” Un Perro Andaluz de Dalí y Buñuel. Luego de lo putrefacto y la confrontativo Joan Miró es poesía. Me maravillo de mi misma al acercarme a los mensajes del arte. Mirar los mismos cuadros de Miró, que cuelgan de las paredes de mi casa como un disfrute de color, desde la propuesta de la pintura como escritura, me desencuadra y emociona. Los veo con otros ojos, como dice el propio Miró, “el lienzo es sólo un campo de color con un sistema de signos que riman entre si”. Frente a la dudosa verdad de la representación, de la imitación, el pintor reinventa el signo. Fantastique!

Luego del trauma de la Segunda Guerra Mundial, las propuestas abstractas del fracaso de la modernidad y la imposibilidad de la utopía se muestran en una sala en la que el frío te recorre la espalda. Los entiendo, pero no me llegan. A continuación otra sala, pequeña, conserva en actitud militante, tal como la que ellos tuvieron desde sus exilios, los cuadros de la última época de Picasso y Miró que son una reivindicación de la pintura y un guiño de color a las nuevas generaciones frente a la estética del horror y el desgarro. Los cuadros más despojados de representación de Miró y las ironías de Picasso se disfrutan en esta sala.

Luego pasamos al nuevo edificio del Museo. Podíamos haber terminado allí pero seguimos el recorrido a nuestras épocas, nuestros contemporáneos.

Y de paso por una sala nos topamos con un video que es una historia de vida: Charlotte Wolff, una psicóloga que a los 81 años retorna a su Berlín natal, cuarenta y cinco años después de haber emigrado a París y luego a Londres. La muestra son sus recuerdos, escritos en una pantalla en español e inglés y en proyección paralela fotos de vuelo dentro de un avión de los años setenta. Los recuerdos de Charlotte sobre el Berlín que conoció y su vida se entremezclan con las vivencias y el Berlín que está viendo. Una sorpresa que nos atrapó dentro de una muestra de Matthew Buckingham llamada Representantes del Tiempo.

Seguimos el recorrido y nos metemos en los últimos años del siglo XX y la globalización y el consumismo. En todas estas salas el cine y el video tienen un papel central. Vuelve a aparecer el arte “politizado” y en particular me atrajo un perchero con trajes (Alice Creischer). Representa las condiciones de trabajo y la lucha de los trabajadores de la textil Bruckman de Buenos Aires, cerrada por sus dueños en el 2002 y recuperada por los obreros que tomaron el desafío de mantenerla en funcionamiento.

El broche de oro, la exposición temporal de Juan Muñoz, una retrospectiva de un artisita desconocido para mi hasta entonces y que, como nos dijo una cuidadora del museo, “te puede gustar o no, pero no te deja indiferente”. Desde una habitación con cien chinos de tamaño natural sin pies y sonriendo, a unos enanos también en tamaño natural jugando al billar hasta el hombre de resina que recostado contra la pared modula ininterrumpidamente “mamá”, te conmueven, te remueven y te acompañan hasta con sus sombras mucho rato después de haber dejado el museo.

Paseo del Arte. Museo Thyssen-Bormenisza



Con el Paseo del Prado como eje estructurador y la Estación de Atocha como referencia, Madrid te ofrece zambullirte en el arte de todos los tiempos visitando los tres museos más importantes.: el Reina Sofía, el Thyssen y el Prado.
Cada uno aporta desde su lado y uno debe visitar los tres. El Thyssen está en el palacio Villahermosa y su nombre completo es Museo Thyssen Bornemisza en honor a la familia que fue adquiriendo las colecciones que luego compró el estado Español y puso a discposición del mundo. En el hall central, gigantescos retratos al óleo del Rey Juan Carlos y la Reina Sofía a un lado y el Barón y la Baronesa TB vigilan a los miles de turistas, artistas, estudiantes y visitantes que concurren al museo diariamente. A un lado la infaltable tienda de recuerdos, al otro el salón de las exposiciones temporales que hoy nos introduce en el fascinante mundo de Henry Matisse y sus búsquedas de forma y fondo y sus cuestionamientos a los impresionistas. Un trayecto muy bien armado y mejor guiado por el audio te compenetra con la obra del pintor y sus desvelos: las ventanas, los instrumentos musicales, los biombos y las odaliscas adquieren un nuevo sentido en el que el color y su concepción del mundo se vuelven evidentes.
Las colecciones permanentes se visitan desde el segundo piso hacia abajo en un cuidado itinerario que te va guiando por el arte y su contexto histórico. Retengo las salas del impresionismo con autores tan significativos como Degas, Pisarro, Manet y los post impresionistas como Toulousse Lautrec y Gauguin.
En planta baja nos metemos en las vanguardias y algunos cuadros emocionantes de Picasso (Arlequín con espejo u Hombre con clarinete), Miró, Braque y Juan Gris. Luego el surrealismo y el Pop Art donde la mujer en el baño de Liechtenstein evoca las historietas de Archie y al trabajo de Warhol. Para despuntar el vicio, un buen final, una cerveza con aceitunas en la cafetería en blanco y negro del museo.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El Palacio Real. Madrid



Sólo abierto para museo y recepciones oficiales desde 1931, el Gran Palacio domina Madrid desde la colina del Príncipe Pío. Desde la ventana del hotel lo vemos en lo alto con la Catedral de Almudena al lado.
El Palacio impresiona en su patio central y lo primero que se visita es la Farmacia Real fundada en 1594 por Felipe III. Homenaje a papá desde un rey que no se alejaba del Palacio sin farmacéutico ni herbario y fundó la primera Facultad de Farmacia que hasta hoy continúa en actividad.
Luego sí entramos al Palacio por la espaciosa escalinata de piedra gris coronada por una gran bóveda que representa la protección de España a la religión. Se ingresa por la Sala de Alabarderos y luego al Salón de las Columnas donde se firmó en 1985 la entrada de España a la Unión Europea y donde los reyes lavan los pies a los pobres en Semana Santa. No sé si lo siguen haciendo pero sería todo un gesto inclinar a los pies del pueblo sus reales figuras sobre el piso de granito rosado y blanco .
Luego ingresamos al Salón del Trono. Una corte de fábula con leones dorados y dioses griegos. En penunbras, en la habitación fresca los pasos se escabullen entre la tapicería de terciopelo carmesí y las alfombras de pared a pared. Se entra por un lado del salón por lo que hay que girar para enfrentar a los reyes. Nada favorable según el Feng Shui dejar la puerta a las espaldas. Frente al trono espejos y relojes en dorado y en el techo, por encima de las lámparas de cristal de roca, figuras celestiales y terrestres. Se nota la mano rococó de Carlos III.
Luego se suceden las habitaciones, cámaras, recámaras y antecámaras de los reyes, en las que el dorado rococó se combina con rojo, azul, verde y celeste. La minuciosidad del detalle agobia. Los cuadros de Goya de Carlos IV y su esposa en la antecámara de Carlos III y la Sala de Vestir en tonos sepias, marrones y ocres con cierto aire oriental me reconfortan de la cargazón. Unos empleados subidos a una escalera cambian las bombitas de una lámpara de caireles y alteran por minutos la atmósfera de sepulcro por taller.
En tres salones unidos por arcadas se extiende el comedor con una gran mesa con lugar para 145 comensales. Los tapices de Bruselas bordados en lana, oro y seda de las paredes son custodiados por ocho jarrones de bronce y porcelana.
La única sala donde el dorado da respiro es la Sala de la Plata. En tres grandes vitrinas sobre paredes tapizadas de azul y plateado se exiben juegos de cubiertos, bandejas, jarras, jofainas, copas, cálices y bandejas madrileñas con sobrerelieves de frutas y flores. El techo blanco sin frescos también alivia.
Ya a esta altura de la visita uno oscila entre el asombro y la indignación. Un gallego bajito de barriga prominente entra refunfuñando a la Sala de los Stradivarius , "Y diga que ahora somos un país rico, hombre, pero en aquellas épocas..." iba diciendo a su mujer. El itinerario se vuelve cansador y uno se pregunta cuántas de estas habitaciones se usaban y para qué. Como que cada monarca iba dejando su sello y área de ocupación y la Sala de fumar, luego se vuelve billar y la de coser se acondiciona para la colección de violines a 8°C y 28 % de humedad.
Como museo aparte pero muy interesante se puede visitar la Real Armería donde se encuentran las armas y armaduras de Carlos V y Felipe II realizadas por los principales maestros armeros de Milán yAugsburgo. Una espada del Mio Cid y la armadura y aperos completos (incluida la del perro) del emperador Carlos V con los cuales fue retratado por Tiziano en el famoso retrato ecuestre del Museo del Prado, valen la pena apreciar.
Para terminar, una cerveza helada con aceitunas al ajo en la Real Cafetería es el mejor ritual.

martes, 25 de agosto de 2009

Jardines del Campo del Moro. Madrid



Por la Cuesta de San Vicente se deslizan los Jardines del Campo del Moro hacia el río Manzanares. En el calor de agosto el aire que respira la vegetación nos invita a entrar. Situado a espaldas del Palacio Real fue, según la tradición, lugar de acampada de las tropas árabes que sitiaron Madrid en 1109. Fueron Jardines reales mucho después cuando ya estaba construido el Palacio. Los jardines salvan un pronunciado barranco que se extiende desde la contra fachada del Palacio hasta el río Manzanares y es un pulmón de veinte hectáreas en el medio del asfalto de Madrid.

Caminar por los senderos, entre los canteros y bosques te lleva a las historias románticas de reyes y doncellas. No sorprendería encontrar una dama con sombrilla de encaje blanco llegando por el Camino de los Mosquitos o al Rey consultando a los asesores de caminata por la vía de las Minas. El aire liviano se cuela entre el follaje y dibuja luces con la llovizna de los regadores. El Chalet de la Reina, apenas un reposo en la profundidad del bosque, nos cuenta de reales escapadas. Estatuas, canteros, escaleras y una gran verja que corta el paso nos van llevando por paseos con curvas que se alejan de la Madrid del siglo XXI.

El Templo de Debod. Madrid.


En el sopor de la noche subimos por la Cuesta de San Vicente, con asombro, como descubriendo: un gran jardín, un portón y sus rejas. Todo cerrado. Una calle forma un viaducto y nos pasa por arriba. Avanzamos y exploramos. A la izquierda, luego del viaducto una escalerita empinada de piedra nos lleva a un parque sobre la colina del Príncipe Pío en la que Goya inmortalizó a los que se alzaron contra la invasión napoleónica. Una hermoso parque que convoca a la gente que busca aliviar el calor.
De lo profundo de la noche surge un templo antiguo flotando en un estanque. Una luz amarillenta ilumina los tres cuerpos de piedra carcomida por los años. La luna de rodaja recorta el negro del cielo. ¿Qué es? Parece traido de otra época, es claro, pero también de otros mundos. Es el templo de Debod que el gobierno de Egipto donó a España en 1969 por haber colaborado con el traslado de los monumentos para construir la represa de Assuam.
El aire tibio de mezcla con el calor que sube de las piedras. Ni de noche hay respiro. El parque está lleno de gente, jóvenes tirados en el pasto, familias con niños, ancianos caminando. Parece un pueblo en armonía.

viernes, 21 de agosto de 2009

Belleza nigeriana





Entre el caos, la basura y la congestión vehicular y humana las mujeres nigerianas no pierden la elegancia. Tal vez contribuya a su andar erguido y ondulante la tarea de llevar la carga sobre la cabeza desde muy niñas. Llevan todo lo imaginable, desde canastos con frutas a bandejas con pan, mayonesa y latas de atún para venderte un sándwich al paso. Algunas llevan todo un muestrario de linternas sobre la cabeza o una jaula con pájaros. Impecables en su andar, además a veces también cargan la cría.
Tanto en su vestimenta tradicional como en la occidental las nigerianas muestran una contundente femineidad. Por naturaleza no les crece el pelo más allá de la quijada, cosa que me costó creer hasta que lo verifiqué con las propias mujeres. Sin embargo se las ingenian con postizos y extensiones para lucir las cabelleras largas, lisas, trenzadas, onduladas o de dos colores. En los mercados las pelucas y en las calles los Beauty Salons son de las presencias más contínuas. En particular no me gustan las pelucas con pelo lacio y batido porque parecen sombreros ajenos a su naturaleza. Sin embargo una cabeza repleta de trencitas, peinadas a su vez con recogidos o atadas con dijes de colores es admirable. Y el trabajo que da no es para despreciar: la interesada se sienta al medio y la rodean entre seis y ocho mujeres que se apoderan de un sector de la cabeza y le van haciendo las trencitas alargándolas con pelo artificial.
Son mujeres grandes, altas y robustas. En la zapatería el número más chico es el 38, así que me dio bastante trabajo conseguir un par de sandalias. Lo mismo con los talles de la ropa aunque ahí hay más variedad. Un muchacho nigeriano le dijo a Gabriela que las mujeres toman una bebida con alcohol que se extrae de la caña de azúcar para engordar porque para ellas ser bella es tener un abdomen prominente y una cola y muslos generosos. Le preguntamos si a los hombres les gustaban así y él dijo: “No, a nosotros no nos importa, pero ellas se creen”.

Entre lo patético y lo inhumano


Lo que más me ha impactado en este país es que dejen los muertos tirados. Tuve la mala suerte de ver un cadáver el primer día que llegué y esa impresión me ha acompañado estos dos meses. No había vuelto a ver otros, pero el domingo, de regreso de Oshogbo vimos dos más. La misma tarde. Uno tirado en una rotonda en plena ciudad, sin ropas y ya rígido parecía una escultura de cuero. Era un muchacho. Yo iba comiendo y no quise pensar. Luego otro, ya en la ruta, tirado en la banquina boca abajo. También un muchacho, éste con ropas todavía.
Entre los dos cadáveres, el espectáculo más fellinesco del mundo: cinco mujeres, con los coloridos vestidos y akedes nigerianos, paradas, de piernas abiertas y faldas remangadas meando al costado de la ruta. Gordas, sólo vi unos culos enormes llenos de celulitis y el chorro delator. La risa se nos cortó cuando apareció el segundo muerto.
Los hombres mean en cualquier lado. Pero no contra un muro o contra un árbol como he visto en México o en Santiago. Estos mean ahí nomás, entre la gente, de frente al público, en medio del cantero, sobre su propio auto, sin pudor sacan el pito y mean. Cuando fuimos a Lagos, a menos de una hora de salir el chofer nos dijo Sorry, I must ease myself y no tuve que pensar mucho qué se “facilitaría”, porque ya había bajado y empezado a mear.
He visto mendigos ciegos guiados por niños en extraña pareja, el hombre grande camina detrás apoyando su mano en el hombro del niño y el niño estira su mano pidiendo limosna. A veces van vestidos con la misma tela.
También hay unos seres que son como apariciones. Jorge les dice los muchachos del polio porque son víctimas de una religión que no los dejó vacunarse, contrajeron polio y ahora andan por las calles con carritos de rulemanes como piernas. Entre el tráfico, en el medio de la ruta, las manos estiradas que apenas alcanzan la ventanilla del auto, son rostros que no llegan a verse e imploran unos nairas de compensación. Enfrente, bajo los arcos de ingreso a Ibadan vive un loco desnudo sobre una pila de basura. Está siempre allí como un vigía absorto en si mismo.
Un día un loco se metió entre los autos en medio de un trancón y empezó a golpear la chapa con los puños. La fila apenas avanzaba, así que él podía pegar a gusto e intentaba abrir las puertas con desesperación. Se me paralizó el corazón cuando vi que la mía no tenía puesta la tranca pero me dio el tiempo de cerrarla. Cuando lo pasamos, después de sufrir un abolladura en el capot, vi que tiraba la basura de los costados de la calle como si fueran pelotas de beisbol.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Nike Davies Okundaye




Prestado de Lizzie Williams tomo el lunar de la vida de esta artista que me ha fascinado en el contexto de este país tan particular. Nike nació en una familia de artesanos y su abuela era una teñidora de índigo y líder de un pueblo de mujeres. Ya a los seis años se vio obligada a ganarse la vida vendiendo bananas. A los 16 huyó de la casa del padre y de un matrimonio arreglado y se unió a una troupe de artistas transhumantes.
Más tarde se casó con el mayor artista de la Escuela de Arte de Oshogbo, Twins Seven Seven, llamado así por ser el único sobreviviente de siete parejas de mellizos que le nacieron a su madre. Fue una de las 15 esposas de un marido violento y abusivo y pasó 16 años de su vida en ese matrimonio polígamo.
A través de su vida Nike ha inspirado a otras mujeres a expandir sus horizontes a través del arte. Fundó el Oshogbo Nike Centre of Art and Culture donde “motiva” (ella sostiene que el arte no se puede enseñar) a numerosos alumnos, que hoy son de todo el mundo, en técnicas como batik, adire, talla en madera, beadwork, mosaicos, construcción de instrumentos musicales y danza. Además de sus cuatro galerías en Nigeria tiene una en New York.
He estado leyendo también el libro sobre su vida “The woman of the artistic brush” de Kim Marie Vaz en internet y es apasionante. Se los recomiendo.

Oshogbo. Bosque Sagrado.









Es un bosque de unas 75 has a las afueras de la ciudad, hoy declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dado su significado cultural. Susanne Wenger fue una escultora austríaca que llegó a Nigeria en 1969 y se quedó para siempre. Encontró el bosque sagrado de los yorubas casi abandonado y los legados culturales y artísticos reducidos a los relatos de unos cuantos viejos. Junto con su esposo Ulli Beier y la artista Georgina Beir más otros artistas locales realizó un trabajo de recuperación y resignificación de su valor religioso. Wenger, bautizada como Addunni (Adorada) por los nativos, transformó el bosque en el refugio de los dioses sin hogar, abandonados por la sociedad moderna, según sus palabras. Murió recién, en enero de 2009.
En el bosque el aire se siente liviano. La humedad ineludible se hace llevadera bajo la sombra de la vegetación que se distribuye por estratos, desde el mantillo sobre el suelo a los árboles más gigantes que puedan existir cubiertos de lianas y enredaderas de todos los verdes. Los monos saltan de árbol a árbol por encima de nuestras cabezas. Luego de la entrada, se accede por un camino a unas escalinatas en semicírculo, que también pueden ser el anfiteatro del santuario y templo de la diosa Osún. Osún también es el nombre del río que discurre al costado del templo y que representa la esposa más joven y preferida de Shango, el dios del trueno. Cuenta la leyenda que las otras esposas Oya y Oba, envidiosas, le hicieron perder los favores del marido por lo que se vio obligada a abandonar el reino de Oyo. Para irse se casó con Larooye, con quien buscó un lugar donde instalarse y así fundaron Oshogbo (lugar de lagartijas) al lado del río, hace unos quinientos años. El río y el bosque se volvieron protectores del nuevo pueblo y Osun su sacerdotisa, experta en medicinas y en fertilidad. Para renovar las bendiciones al pueblo Yoruba cada año, el segundo viernes de agosto se celebra el Festival de Osun, en ese santuario y junto al río. Nosotros llegamos una semana más tarde, el costo fue la mugre dejada por los adoradores.
Las esculturas se encuentran diseminadas por el bosque. A veces, una pequeña puede confundirse con una roca o con un tronco. Otras, alguna mirada de sorprende desde el follaje. En el santuario las figuras tenían ofrendas de comida a sus pies o volcada encima. Todas las estatuas tienen un significado y en general representan los dioses Yorubas realizando sus actividades, desde las más espirituales como rogar al cielo para que cambie el camino del mundo hasta las más terrenales, como ir al mercado, aunque sea uno sobrenatural con tortugas, animales alados y serpientes gigantes.
Casi todas las figuras que representan a los dioses son hermafroditas con rostro de insecto de grandes ojos y dientes que les dan un aspecto alienígena. En la penumbra del bosque o bajo la luz que se cuela entre el follaje las esculturas tienen algo de Gaudí y mucho de apariciones psicodélicas.

martes, 18 de agosto de 2009

Oshogbo. Centro de arte yoruba.











A 88 km al noreste de Ibadan, y sólo dos horas de viaje, se encuentra Oshogbo, capital del estado de Osún, una pequeña ciudad, para la escala nigeriana, de 850 mil habitantes. Como todo es relativo, nos sorprendieron las calles sin baches, algún que otro cartel señalizador en la ruta e incluso maquinaria de vialidad trabajando a la entrada de la ciudad. ¡Otro mundo!
Y es otro mundo porque Oshogbo es el centro del arte nigeriano, primero de los yorubas y luego, a partir de 1960 de toda una generación de artistas locales que alcanzaron renombre internacional bajo el impulso de tres artistas europeos (Susanne Wenger, Ulli Beier y Georgina Beier) que rejuvenecieron el arte nigeriano fundando la Escuela de Oshogbo.
En busca de unas esculturas de piedra, similares a las que se ven en el bosque sagrado, recorrimos las galerías de arte de la ciudad y la propia casa de Susanne Wenger que acababa de morir en enero.
La Galería de Arte de Nike en Oshogbo, una de las cuatro que tiene en Nigeria la artista Nike Davies Okundaye, es un espacio mágico donde se encuentran pinturas que recurren a diferentes técnicas, beadworks (collages de mostacillas), teñidos, instrumentos musicales y una de las más importantes colecciones de ropa tradicional de Nigeria. Es una pequeña casa blanca de dos plantas en cuyo interior los sonidos y las luces se escabullen entre los cuadros y las telas y crean una atmósfera de otra dimensión. Luego fuimos a su casa de huéspedes en las afueras, un lugar en el que reciben a personas interesadas en el arte, donde se realizan veladas culturales y se escucha música o se disfruta de un espectáculo de danza entre los pavos reales, los venados y otros animales que hay en el jardín. Nos recibió su hija, una joven bailarina, muy agradable que nos mostró no sólo las piezas de arte que produce la escuela de su madre, de alrededor 300 estudiantes, sino también las instalaciones y el jardín de la casa. Otra burbuja como IITA. Las obras tenían precios de arte, no de artesanías, ya que algunos artistas exponen en Lagos, Londres o Nueva York. Nosotros demostramos nuestra ignorancia al discutir el precio de las obras en tanto la muchacha, sin perder la amabilidad, nos explicaba el valor del arte en este contexto.
Susanne Wenger fue una artista austríaca que llegó a Nigeria en 1960 y encontró una cultura en ruinas. Se dedicó a estudiar la cultura Yoruba, se bautizó incluso en su religión y resignificó el arte nativo creando una escuela que hasta hoy está dando artistas al mundo. En el Bosque de Oshogbo, hoy patrimonio de la humanidad, dejó su principal legado artístico. Sus esculturas están llenas de simbolismos e invocan a Osun y Obatala, dos de los principales dioses Yorubas. Su casa de tres pisos en el centro de la ciudad, se distingue por el trabajo escultórico en balcones y escalinatas y allí siguen viviendo sus discípulos quienes no se consuelan por la reciente muerte de la artista nonagenaria.

domingo, 16 de agosto de 2009

Universidad de Ibadan



La Universidad de Ibadan es la más antigua de Nigeria. La fundaron los ingleses en 1948 como filial de la Universidad de Londres. Y dicen que fue muy buena. Cuando uno pasa por su frente sólo ve un muro que se extiende muchos metros. Y al atravesar los portones se abre un parque con gran jardín, calles prolijas y edificios amplios y cuidados. No esperaba eso, pero es claro que tras los muros hay otra realidad, en muchos planos.
Acompañados por un docente que Gabriela conoció en Lagos fuimos a saludar al Vice-Chancellor, Dr. Bamiro, que es la autoridad máxima. Muy agradable, nos explicó que está haciendo un esfuerzo por emprolijar el entorno (se nota), por elevar el nivel del staff docente preocupado por los egresados y abrir opciones de posgrado en varias áreas disciplinarias. El Dr. Bomiro apoya la huelga docente que se está llevando adelante por mayor presupuesto. Ya llevaban más de dos meses de paro y la falta de estudiantes se sentía en la tranquilidad de los jardines.
Nigeria tiene 96 Universidades, 35 estatales, es decir, financiadas por el gobierno central y 26 federales, financiadas por los gobiernos locales. Las otras son universidades privadas de nivel variable. De las 35 Universidades Estatales, el gobierno sólo financia a seis que surgen de una evaluación de su productividad, entre ellas las que la de Ibadan sigue siendo de las mejores del país. El tema, como mucho de lo que ocurre en este país, es que nada es creíble, y la lucha es para que el gobierno libere fondos para todas la universidades estatales porque, sostienen, el dinero es más que suficiente. Además, en tanto las treinta universidades restantes no reciban presupuesto central, nunca mejorarán su productividad.
La Universidad de Ibadan tiene unos 20.000 estudiantes, 12.000 de grado y 7.000 de posgrado en las áreas de Agronomía, Educación y Ciencias Sociales, Salud y Leyes. En el predio hay también una Iglesia Católica y una mezquita, que evidencian la permanente separación que la religión imprime en la vida de los nigerianos. En torno a las iglesias los estudiantes organizan no sólo su asociación de estudiantes y la oficina de apuntes, sino que los musulmanes, por ejemplo, tienen una escuela musulmana donde aprenden árabe, entre otras cosas. Luego, publican un períodico estudiantil bilingüe en inglés y árabe y escriben las carteleras también en ambos idiomas.
Los estudiantes que nos recibieron en la mezquita fueron muy amables, nos dejaron recorrer las instalaciones y respondieron a nuestras preguntas, aunque no nos dejaron entrar a la mezquita porque no teníamos la cabeza cubierta. Uno de ellos, estudiante de veterinaria se interesó por Uruguay y por la posibilidad de hacer un intercambio en el país y quedó muy sorprendido cuando le dije que no teníámos mezquitas ni muchos musulmanes.
Bajo un gran boabad al lado del centro de estudiantes dos muchachas con velo leían unos apuntes.

sábado, 15 de agosto de 2009

Abeokuta o la tierra del índigo









Camino a la ceremonia de coronación pasamos por Abeokuta a 77 km de Ibadan pero a 3 horas de viaje. Siempre la misma historia: carreteras ruinosas, llenas de camiones y vehículos que apenas andan, cuando no se rompen y quedan parados trancando el tráfico. Se sabe a la hora que se sale, nunca a la que se llegará.
Abeokuta es la tierra del índigo, el colorante natural de color azul que se extrae de una planta del mismo nombre. A Horacio, aunque tal vez ya lo sepa, le mando el nombre científico: Lonchocarpus cyanescans. Parece que hay unas 240 especies de plantas que pueden proveer del colorante, pero de diferente calidad, persistencia y tono de azul. Las tinturas Yorubaland son reconocidas por su calidad y se conocen desde el siglo IV aunque los europeos las descubrieron recién en el siglo XVI. Por años este fue el colorante por excelencia para sacar al algodón de su blanco y su búsqueda provocó varias guerras en Africa Occidental. La capacidad de dar a las telas un profundo color azul fue una habilidad misteriosa y altamente valorada que se pasaba de generación en generación de madres teñidoras o iya alaro a hijas. Junto con las técnicas de extracción de la tintura se desarrollaron las de teñido y se hicieron muy populares el adire eleko, en el que el diseño se dibujaba con almidón de yuca aplicado con plumas, peines, moldes de madera, etc., que deja un rastro blanco sobre la tinta; el onike o tye&dye, que consiste en atar la tela antes de teñir; el batik en el que la cera sustituye al almidón de yuca y otras técnicas cuyos motivos o su significado son propios de las familias que los realizan. En territorio Yoruba, además son famosos los amarillos, naranjas y marrones que se sacan de la corteza de la nuez y otras hojas y plantas.
Abeokuta no difiere en su aspecto de gran mercado de las otras ciudades de Nigeria que he ido conociendo pero acá el atractivo son las telas que dobladas y ordenadas por colores se ofrecen en las mismas casetas oscuras de Ibadan. En la Guía Bradt también recomiendan visitar el sector de juju del mercado, que provee de fetiches a los que acuden a la Roca Sagrada u Olumo Rock a las afueras de la ciudad, donde aún se realizan sacrificios, según dicen, incluso humanos. Buscando el juju salimos de la primera línea de puestos por entre las casetas y cuando quisimos acordar estábamos en el centro de la manzana, dentro de las casas de la gente y en medio de los tendederos de telas. Muy perdidos, entre bandadas de niños que nos gritaban oyibo (= oíbo; blanco) y se mataban de risa y mujeres que cosían en la puerta de unos cuartuchos oscuros con viejas Singer a pedal, dimos vueltas, preguntamos por el juju market y no pudimos más que desandar camino y volver a la calle, luego que nuestra compañera metió la sandalia en un barro de naturaleza sospechosa y unos jóvenes comiendo en una especie de patio nos miraron con cara de pocos amigos. Nadie nos quiso decir sobre el juju market y muchos se negaron a que les sacáramos fotos. Una joven le hizo un gesto de reserva a un muchacho que parecía que nos iba a indicar y sólo le dijo oyibo. El muchacho no habló.

lunes, 10 de agosto de 2009

Ceremonia de coronación.















Casi de sorpresa Jorge llegó un día diciendo que el Rey de Itori nos invitaba a la coronación del Baale de Itori Kingsdom. Además de la sorpresa, las ganas de no perdérnoslo. La causa de la invitación era que muchos de los familiares del Baale y del Rey trabajan en IITA .
Llegamos con la ceremonia empezada y el salón lleno de gente. El viaje fue largo: unas 4 horas para hacer 100km por una de las carreteras más congestionadas y deshechas que he visto. Hacía mucho calor y el aire acondicionado no andaba bien porque un loco suelto (loco, sí, loco) se las agarró contra nuestro auto a los puñetazos y, además de abollarlo, aflojó los cables. Cansados y chorreando sudor, igual llegamos a tiempo al Palacio Real, una construcción de material, económica y decorada con estridencia, pero amplia y prolija. Allí se llega por un camino secundario de unos cien metros bordeado por montones de basuras, autos chocados y abandonados y casetas de madera. Plena Nigeria. Detrás de un muro con portón de metal se encuentra el Palacio Real, que nos recibe en un amplio patio de cemento donde se habían colocado unos toldos blancos para resguardar del sol a las personas que no habían entrado en el salón de la ceremonia porque había gente hasta la puerta. Los trabajadores de IITA que conocían a Jorge y a Irmgard, insistieron con que entráramos a ver la ceremonia pero preferimos quedarnos en el patio junto con los demás. Así que no vimos mucho, y sólo nos quedó una foto robada que Jorge sacó.
La alegría de la gente y el lujo y colorido de sus trajes es lo más remarcable. Cada familia se viste con la misma tela; hombres y mujeres diseñan luego sus vestidos según el gusto de cada uno. Así que desde lejos se veían grupos uniformes de azules y verde que eran la familia del Baale, otros bordados en celeste agua, otros de marrón y beige, otros con violeta. Sobre las cabezas, el más asombroso despliegue de tocados y sombreros, con telas y diseños más personales aún que los vestidos. Son los akedes, de telas brillantes y almidonadas que llegan a levantarse 40 cm de las cabezas de las mujeres. El vestido y el sombrero no siempre combinan, aunque sí con el detalle de los accesorios o con una banda que se atan a la cadera o llevan a los hombros.
Una vez terminada la ceremonia salieron todos al patio, Baale incluido, y un conjunto de músicos alborotaron a la gente con su ritmo y me persiguieron un rato hasta que entendí que querían que les sacara una foto. Los músicos tocaban unos tambores llamados ilú, que tienen alrededor de la lonja una corona de cencerros y que se tocan con un bastón curvo de metal o madera. Son de diferente diámetro de boca pero todos pequeños y se ponen debajo del brazo para tocar.
IITA había prestado un ómnibus y una camioneta para llevar a la gente a la fiesta, todos vestidos de azul y verde. Luego de la ceremonia había una recepción en un salón cercano y allá fuimos: unas 200 personas de las cuales sólo nosotros cinco éramos blancos. Si bien en este país siempre somos minoría, en esa oportunidad me sentí más fuera de lugar que nunca. Tal vez porque nos habíamos metido dentro de su cultura.
La recepción fue en un salón comedor de mesas largas con manteles blancos y sillas de PVC. Había reservado un lugar para el Baale pero no apareció. El menú consistía en arroz blanco, arroz amarillo y un pedazo de carne estofada, servido con generosidad en un plato para comer ¡con cuchara! Nada de alcohol, sólo agua y refrescos en botellas individuales. No quería ser despreciativa con la gente que se mostraba tan abierta y hospitalaria con nosotros, pero la verdad es que tenía temor que la comida fuera muy picante. Lo que no sospeché fue que cortar la carne con cuchara sería una dificultad adicional. Cuando me puse el primer bocado de arroz rojo en la boca supe que no era para mí. Se me llenaron los ojos de lágrimas y me bajé la botella de agua de un sorbo que no dio más que para mojar la mucosa que siguió ardiendo. Sin embargo, no resultó tan difícil cortar la carne con cuchara porque se deshilachaba de tan cocida. Revolví un poco, me comí el arroz blanco y me di por cumplida. Por suerte, como faltaban platos para algunos comensales los levantaban rápido y creo que el desprecio pasó un poco desapercibido. Esta comida, que parece sencilla para nosotros, fue muy costosa porque acá el kilo de arroz cuesta US$ 6,7. ¡De verdad un banquete real!
Sentadas frente a nosotros, tres mujeres impecables, de la familia del Baale pidieron otro menú que no entendí. Al rato, cuando ya estábamos terminando nosotros les trajeron una carne saltada con otros menjunjes poco reconocibles, sólo que en un caso llegamos a distinguir una cabeza de pescado con ojo y todo. Junto con el plato venía una bolsita de nailon con una especie de masilla gris, el amala, que nos explicaron que era una especie de puré de yam. Las señoras frente a nosotros desenvolvieron el paquete y sin ninguna elegancia y casi sobre el plato comenzaron a comer con las manos ayudándose con el puré para pescar los sancochos. Bastante menos elegantes que mis amigos etíopes.
Después empezó la música, un muchacho en un órgano eléctrico más otros dos que hacían percusión y segunda voz, alegraron el ambiente con cantos al estilo jamaiquino, con lo que vimos una vez más que “nada se crea todo se transforma”. Música muy pegadiza que iba agregando estrofas, como improvisadas, hizo mover a todos los presentes, pero sólo de hombros, porque estábamos muy apretados dentro del salón.
En tres oportunidades algunos jóvenes recorrieron las mesas con regalos, en dos eran ¡bolsas de nylon!, la otra un canastito de plástico para niño, de esos de tiras trenzados. La gente se desesperaba por recibir los regalos y el hombre al que Jorge le dio el canastito quedó muy agradecido. También repartieron jabón en polvo pero a nosotros no nos tocó.
Eso fue todo, decidimos salir al patio para emprender el regreso y ahí encontramos que las mujeres, reunidas por familias, bailaban, algunas con sus bebés a cuestas. Y nos invitaron a bailar y nos pedían que les sacáramos fotos a ellas y a los bebés. Bellísimas.
Ya nos íbamos y llegó el Baale, con su sombrero y su bastón y todas las mujeres empezaron a rodearlo arrodilladas y cantando. Algunos le tiraban billetes, que él no agarraba, pero sí las mujeres. El Baale se metió en el salón, que ya estaba casi vacío y continuó saludando a su gente que le besaba la mano.
Esta estructura tradicional convive con la estructura político administrativa de la República. Hay unos cuantos reinos, que incluyen jurisdicciones más pequeñas que son gobernadas por los Baale. Junto al Baale gobierna el Baloku que es el jefe del ejército que protege al Rey y la Idoja, o mujer del reinado, que gobierna junto al Rey en asuntos de mujeres. No es la esposa del rey, esa es la olori, sino una mujer electa por las mujeres para que gobierne sus asuntos. El Baale es electo por la gente de su distrito y es el referente cultural. Tiene el cometido concreto de velar por las tradiciones y entre los Baale de un reino se elige al próximo rey, cuando éste muere. En algunos reinos existe una aristrocracia, una familia real y los cargos se suceden. En Ibadan, en cambio, se eligen entre los Baale y por los Baale. Como un Papa, diríamos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Religiones tradicionales


He estado conversando con Anthony, que es Igbo, de la frontera con Camerún, al que le pregunté sobre las religiones tradicionales. El dice que eso es cosa de la gente vieja, que ellos ahora van a la iglesia. Su abuelo antes hacía sacrificios y todos lo consultaban por un dolor o un deseo, pero un día el abuelo les dijo que no había que hacer más sacrificios e ir a orar a la iglesia. Este abuelo era conocedor de plantas (¿de ahí le vendrá lo de jardinero?), lo consultaban tanto para un dolor de cabeza como para engendrar hijos varones. Me contó que escurría el agua de un pasto dentro del oído del enfermo para sacarle el dolor de cabeza y con otras plantas curaba la malaria o el dolor de tripas. Anthony dice que Dios trabaja muy arriba muy arriba y hace que cada niño nazca con determinado talento y poder de espíritu pero que entre El y los humanos hay montones de espíritus, buenos y malos que ayudan (o impiden) que uno logre su potencial que es lo que nos dio Dios. Cuando vio la máscara que Jorge trajo del Congo me contó que su abuelo se ponía una máscara similar para preparar un polvo (no sé si era polvo) con las raíces de una planta (stick roots) que ponía en el suelo junto con una cuerda cortándole el paso a la mujer que quería tener un hijo varón y le decía: por acá no pase. Luego la mandaba matar una gallina y sacarle la sangre y a los dos meses engendraba un hijo varón. And it’s works!, he said.
Aproveché a preguntarle sobre las brujerías y los que hacen mal y me dijo que sí, que existen. Ahora menos que antes pero igual hay gente que hace “trabajos” por dinero. ¿Qué trabajos? Por ejemplo ¡conseguir cabezas humanas!, que se sabe que vuelven rico a quien las posee o permiten acostarse con su esposa a los veinte minutos de haber tenido un bebé. Pero ¿entonces es peligroso andar por ahí? ¿Tal vez uno se encuentra con alguien cortando cabezas?, le pregunté. Anthony largó una carcajada y me dijo que no no no, no es tan directo. No agarran a nadie al azar, pero ahí me perdí entre sus explicaciones y el inglés, a pesar de haber insistido varias veces que me explicara. Pero ahora él está jugado a la iglesia y dice que si se reza todas las noches and cu tu chorch, los malos espíritus no pueden hacer nada, porque la fuerza de dios está más arriba y te proteje. Y me contó un sueño que tuvo en el que un trueno relámpago lo había cegado y al recobrar la vista, vio que no había quedado nada más en el mundo que un árbol, bajo el que se cobijaban algunas personas y él entonces entendió que Dios nunca lo iba a abandonar. Sin embargo Money is a different matter (el dinero es asunto diferente), me dijo. Money has no God, entonces en asuntos de dinero, Dios puede hacer poco y se perdió (o me perdí) en una larga explicación de que no valía la pena vivir para el dinero porque en poco tiempo todos envejecemos y necesitaremos a los más jóvenes, por lo que no sirve de nada el dinero que uno acumula. El decía We can´t eat money y se llevaba las manos a la boca. Bueno, le contesté, pero en este mundo uno precisa dinero para comprar comida, ropa o remedios, uno no puede vivir sin dinero. Sólo para vivir confortablemente, me contestó.

martes, 4 de agosto de 2009

Nigeria: religiones y etnias




En Nigeria hay tres etnias mayoritarias que son la Hausa (21%), la Yoruba (21%) y la Igbo (20%), ubicadas al norte, suroeste y sureste del país respectivamente, entre los 250 grupos culturales que existen en los 140 millones de nigerianos. Las fronteras de Nigeria fueron establecidas por Gran Bretaña en la época de la colonia respondiendo a sus intereses comerciales y desconocen, por lo tanto, los territorios de las diferentes etnias lo que ha mantenido la unidad del país en permanente zozobra. La última gran guerra secesionista fue la de Biafra, recién lograda la independencia, e inolvidable para todos los mayores de 45 que cantamos con Rada o Joan Baez.
Si bien subsisten las tensiones entre los grupos, los conflictos tienen hoy un cariz más religioso que étnico, como lo muestra la rebelión del pasado fin de semana en el norte, zona musulmana, donde un reducido grupo armado musulmán se levantó contra el gobierno, también musulmán, reclamando la aplicación de la ley islámica en todo el país, bajo la consigna “education is sin” (la educación es pecado) lo que da una idea de la orientación de los rebeldes. Muy musulmanes los dos bandos, pero no bien atraparon a Yussuf, el líder rebelde, lo mataron sin juicio ni proceso. La escaramuza, que no duró más de cuatro días, costó al menos 300 muertos, en tanto los rebeldes no eran más de 70. Es importante aclarar que la ley islámica (sharia law) se aplica en las provincias al norte del país, donde ocurrió la revuelta, pero no en el sur, de orientación más cristiana.
El 50% de los nigerianos son musulmanes, el 40 % cristianos y el 10% restante practica las religiones nativas como el juju, muy extendido en el este, en la zona petrolera del delta del río Niger y ancestro del vudú. El Islam fue introducido a Africa Occidental a través de las vías comerciales del Sahara en el siglo XI, en tanto el cristianismo se expandió a partir del siglo XVIII cuando llegaron los misioneros europeos. Las religiones nativas, entonces, preceden a ambas y hoy han incorporado algunas de sus prácticas en ambas religiones mayoritarias.
Lagos e Ibadan son zona de cristianismo mayoritariamente, si bien se pueden ver musulmanes por las calles y existe un barrio musulmán y una enorme mezquita en el centro de Ibadan. Yendo hacia la ciudad, hay un pueblo, casi un barrio ahora, llamado Shasha que es musulmán por definición y en el que se ven los sábados a decenas de niños vestidos con el uniforme verde oscuro de la escuela islámica y las niñas con largas caperuzas que sólo dejan libre el óvalo de la cara. He visto muchas versiones de la vestimenta musulmana: desde la severa burka totalmente negra con el calado de las afganas a la altura de los ojos, al velo negro o de colores que sólo cubre el pelo; desde mujeres vestidas con camisetas de algodón con el velo en la cabeza a mujeres completamente cubiertas, cara incluida, bajo metros de gasa negra de donde no asoma ni un dedo. Pero lo más curioso que he visto en vestimenta musulmana son unas especies de capas o ponchos desde la cabeza, de estampados muy coloridos, que dejan abierto el lugar del rostro para luego taparlo totalmente, pero ¡con encajes o incluso con una especie de persianita de lentejuelas! Una versión más "producida" de la burka.
En esta región la convivencia es pacífica y los propios nigerianos señalan a Ibadan como ciudad de buena convivencia. Pero lo que es sorprendente aquí es la proliferación de iglesias cristianas de tipo protestante, lideradas por pastores que llaman a sus fieles desde enormes carteles publicitarios en las rutas y calles. La religiosidad de la gente es sobrecogedora. Aquí todo el mundo va a la iglesia (tu chorch). Cada domingo todas las familias se visten con sus mejores galas, toman sus Biblias y cu tu chorch (go to church), como dicen en ese inglés difícil difícil de entender. Los domingos es más dificultoso que lo habitual transitar por las calles porque está todo el mundo circulando: yendo o volviendo de la iglesia así que se forman grandes aglomeraciones a la puerta de los locales. Ese día las vestimentas son más lujosas que nunca, tanto hombres como mujeres llevan vestidos con telas bordadas, de piqué, brillantes o estampadas y los tocados son enormes y arriesgados. A veces se ve a toda una familia vestidos con el mismo diseño de tela. El aire es festivo y se escuchan cánticos y aleluyas.
No he visto iglesias católicas, pero en cualquier lugar, si un edificio te llama la atención seguramente sea una iglesia evangelista. En la ruta desde Lagos se ven enormes galpones, como invernáculos, avícolas o algo así de gran gran porte que son iglesias donde se dan servicios a miles de personas desde el amanecer. Dice Lizzie Williams en su guía que uno (campgrounds) a las afueras de Lagos tiene capacidad para ¡3 millones de personas! ¿Se imaginan todo Uruguay en un galpón, cantando loas al Señor, ¡Oh yea!?
Parece existir una permanente presencia de lo religioso y en las charlas con los nativos no faltan las alusiones al Señor y en las minibús de transporte colectivo, a las que no he subido, cuentan que en cualquier momento una mujer irrumpe con un himno y es seguida por todo el pasaje. Pegotines “Lord is my Shepherd” o “Jesus is the answer” son habituales en los parabrisias de los vehículos y se gastan millones en imprimir volantes y revistas anunciando un evento o publicando reflexiones o normas de vida cristianas. Joshua, el jardinero de la vecina, fue de los que un día tocó el timbre de mi casa para darme la bienvenida, entregarme la revista de su iglesia que se llama Christian Women Mirror e invitarme al servicio. Pero lo más curioso es el nombre de los comercios: God’s Will Motors; Thanks the Lord Bakery; Pray Harder Hairdessers o God be my Witness Tyre Menders. Es asombrosa la actitud religiosa de la gente hasta en el más simple de los actos cotidianos, así como también lo es su fama de corruptos y estafadores.

domingo, 2 de agosto de 2009

Oje Market, universo de mujeres.







Ayer sábado la ida a Ibadan cambió de cara, o tal vez uno se va acostumbrando. Para que Gabriela, mi visita de Uruguay, conociera la ciudad, fuimos al Oje (se pronuncia oié) Market en busca de ashokes que son tiras de telas de unos diez centímetros de ancho y largo variable que se juntan de a varias y se hacen vestidos, almohadones, carteras, alfombras, manteles o lo que la imaginación permita.
Sobre la calle por la que andan vehículos hay puestos de frutas y verduras donde el color verde de los limones se mezcla con el azul de los tocados y el rojo de los tomates con el amarillo de las faldas. Al grito de customer, sister o madam, cientos de mujeres de todas las edades intentan venderte desde pescados ahumados a caracoles de jardín (¡¡!!), paltas, papayas, chiles, tomates, plátanos y bananas. Todas mujeres y sólo mujeres yorubas, musulmanas, cristianas, con burkas o con velo, con tocado o con trencitas, descalzas o con zapatos, con niños a la espalda o niños en el vientre. Universo de mujeres.
Dejamos esa vía transitada por vehículos y nos metimos entre las casas a un mundo escondido de puestos y casetas donde venden desde carne cruda con cuero a collares de cuentas, telas estampadas y raspadura de yam hasta nuestros preciados ashokes. Caminamos por pasajes de piso de barro por donde circulaba un hilo de agua. Pero no había mal olor ni moscas aunque la basura abundaba mientras muchas caras sonrientes se asomaban entre la pila de mercaderías o salían de las casetas llamándote a los gritos. Como en el Lekki Market los puestos atiborrados de cosas, todas parecidas, no me dejan distinguir con claridad, pero guiada por Julieta, la mejicana, llegamos a una caseta donde pudimos sentarnos en bancos y elegir con la vendedora entre toda su colección de tiras de lino o algodón o seda. Me enfrento a una variedad de combinaciones exquisitas de colores y texturas. Mis compañeras que llevan años en Nigeria saben lo que buscan o los colores que les faltan pero yo me embeleso entre tanto diseño y extraño a Helena que tendría mil ocurrencias para hacer con cada pedazo. Regateamos y nos llevamos cada pieza por 100 nairas y dejamos triste a la vendedora a pesar de haber vendido un montón. ¿Quién le pedirá cuentas o cuántas bocas tendrá que alimentar? Sentí que un dolorcito me subía al pecho.
Después paramos donde unas mujeres que parecían madre e hijas y que vendían collares. Cientos, miles de collares de vidrio, de plástico, de bits de todos colores y tamaños colgaban del techo y las paredes de una caseta diminuta. Las vendedoras muy simpáticas se entusiasmaron con nuestras fotos y atrajeron al vecindario para que también posara. Todos muy contentos nos agradecían que nos tomáramos el trabajo de sacarles una foto. Con el alboroto me olvidé de esperar el cambio pero la vendedora me persiguió para dármelo. Ya es la segunda vez que la honestidad de los vendedores me evitan perder dinero.



El mismo entusiasmo por las fotos encontramos después entre los puestos de verduras. Corrían desde puestos vecinos a ponerse en el cuadro o se acercaban disimuladamente para salir. Un negro grandote adentro de un auto con altoparlante me pidió que le sacara una y se puso en posición de conductor para impresionar. Todo a cambio de verse luego en el visor de la cámara.
Pura alegría entre las mujeres de caras marcadas con navaja.