domingo, 26 de septiembre de 2010

To Change the world. Margaret Randall


Llegué a este libro luego de leer el de su hijo "Estar allí, entonces" que comento en otro post. Y si aquel libro me encantó, éste me apasionó desde su sensibilidad de mujer comprometida pero también como observadora, por momentos calma, por momentos implacable.
Una década de vivencias en la Cuba revolucionaria (de 1969 a 1980), contada con el corazón y el alma de esta escritora norteamericana que ha signado su vida por compromiso político. La experiencia cubana contada desde lo subjetivo, con conocimiento de causa, como testigo privilegiado y desde las experiencias cotidianas de la lucha de criar cuatro hijos en el marco de la revolución. Margaret Randall muestra así los grandes logros, como también los errores más dolorosos. A través de una prosa hermosa, poblada de imágenes, la legendaria escritora, poeta y fotógrafa va guiando al lector por estas memorias que ya se han incorporado al acervo bibliográfico de quienes quieran acercarse al proceso revolucionario que ha marcado a generaciones enteras.
Margaret Randall es una reconocida militante feminista y tienen más de ochenta títulos publicados, entre los que se encuentran Stones Witness and When I Look into the Mirror and See You (Rutgers University Press). También estuvo en Vietnam y acompañó el proceso sandinista en Nicaragua. Acaba de publicar un libro de poemas sobre los desaparecidos en América Latina.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cuentos de pescadores


Nunca había visto los pescados del lago. He oído de su tamaño, de trofeos en las competencias de pesca, ¡bah, cuentos de pescadores! También he oído el golpe al caer contra la superficie del agua. El ruido de un remo que se estrella de plano y augura buena cacería. Y al mirar sólo quedaban los círculos concéntricos por donde se había hundido. Me imaginaba el pez en el aire en una vuelta completa antes de caer con todo su peso entre las ondas que se abrían para darle paso. Siempre lo imaginé de lomo oscuro y barriga más clara, tal vez plateada.

El domingo vimos un pescador con su trofeo. Acababa de sacarlo y lo lucía para la foto. Era un ejemplar bello, por decir algo. El pescador lo sostenía por la cabeza a la altura de sus caderas, la cola rozaba el suelo y abanicaba las gotitas que se esparcían alrededor. Encima de las agallas que aún se esforzaban por lograr algo de oxígeno, el ojo parecía pedir auxilio. El animal, enfundado en un vestido dorado para desafiar las profundidades del lago, se despedía ahora en un beso. La boca, sedienta de tanto aire seco, balbuceaba el adios con sus labios de diva.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Colorida caravana


Estuvimos una hora para llegar de IITA a Ibadan y son 7 km. A veces avanzábamos apenas, a veces no avanzamos por largos períodos. Tampoco podíamos volvernos. Algunos conductores impacientes intentaban adelantar por la banquina, cuando existía, y otros se largaban por la vía contraria, sólo hasta que un camión en el sentido inverso les cortara el paso, empeorando el trancón. Habíamos quedado detrás de un camión grande de maderas a listones pintadas de varios colores y leyendas que le cantaban loas al Señor. Era un muro ante nosotros y llevaba tapada la carga con lonas negras mal atadas que hubiera volado si soplara el viento. Colgados de las barandas a distintas alturas, se veían muchachos. Desde mi lugar en el asiento de adelante del auto veía unos cuatro muchachos. Serios, a contraluz apenas se distinguían los rasgos, con la ropa muy sucia, algunos con el torso desnudo. La primera vez que quedamos parados uno de ellos se deslizó hacia abajo hasta la ruta, se paró contra el paragolpes trasero, es decir frente a mí, a no más de un metro y se puso a mear. Imperturbable. En minutos lo imitó otro que se paró de costado, otro entre los pastos del borde del camino. Descendían como monos de sus árboles, apenas deslizándose para aliviarse en público. Luego cuando el camión avanzaba, con la misma tranquilidad se trepaban por las barandas hasta la altura que el impulso les alcanzaba. Nueva a parada y nuevo descenso a mear contra el camión, de frente a la gente sin pudor, como un acto asociado por completo a su naturaleza. Eran muchos más que cuatro. Uno se agachó en la banquina con las rodillas más arriba que la cintura, con una mano se bajó el pantalón apenas dejando la cola al aire y dejó la camisola cubriéndolo, hizo caca y se volvió a subir cuando el camión ya arrancaba de nuevo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Como botella a la deriva

Un filtro lunar ilumina el aire de la mañana. Denso, sostiene las hojas de las plantas en sus manos.

Faltan las manos que sostienen. Uno es siempre una botella en el mar. Jinete de mares encrespados. Ojalá lleve un mensaje. Vacía, se ahoga en turbulencias, zozobra y tal vez, ni alcance a navegar.

¿Hay un puerto donde llegar? ¿Es una playa? ¿Un remanso? Esta botella lleva el eco de un mensaje. Humedecido, borroneado. Llega a unas manos dispuestas. El papel se rasga sin envase de vidrio. Embotellado era una posibilidad. En las manos que sostienen se deshace. No hay mensaje. Las preguntas se dispersan en el aire de la mañana. Fresco, es aire de mar.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Latin Evening at Ibadan


El desafío: organizar una fiesta latina en una región del mundo donde somos absoluta minoría. La propuesta era del gerente del Hotel del IITA (I House), en un intento por convertirlo en lugar de descanso para unos cuantos extranjeros y africanos con dinero en esta región de Africa Occidental.

Elba se encargó de la comida. Elba es una colombiana de Montería, excelente cocinera. Pero no habla inglés. Ahí la Marga tuvo su rol: traducir las recetas y articular entre el chef y Elba en un juego bilingüe difícil de conciliar por momentos. Para Elba el comino sólo podía ser el colombiano y para el chef a la carne le faltaba picante. Solución: Elba trajo su comino de la casa y el chef le agregó pimienta a la carne luego que Elba se fue de la cocina.

Entonces, la comida fue colombiana de la costa, no latinoamericana, pero eso hubiera sido mucho pedir. A la tarde cuando fuimos a ver cómo estaba todo, resulta que todo nos estaba esperando: desde los plátanos verdes para hacer patacones a las yucas cortadas para hacer al vapor y la carne de la picada mixta. Tercer rol de la Marga: pelar plátanos verdes para hacer los patacones. Nunca lo había hecho, tampoco nadie le avisó que las manos y las uñas quedaban marrones como pintadas de iodo. Les cuento que sale con limón… como a los tres días.

Jorge se encargó de la música y los videos. Ahora sí tenía que ser latinoamericana y entre merengues y salsas de Colombia y de Cuba mechamos la Vela Puerca y Andrés Calamaro para marcar presencia, al menos. Y había pensado en música más tranqui para la cena, incluyendo a los brasileros, y más movida para el baile, pero hubo que arrancar con Elvis Crespo desde el principio. La mayoría de la concurrencia era hindú, gente que venía de Lagos e Ibadan. Se bancaron algunas salsas y luego empezaron a desfilar por el dj a pedir música hindú. No, no tengo, es una fiesta latina, les contestó Jorge. Pero yo sí tengo, le dijo el muchacho, traigo mi laptop y la conectamos. No, lo siento, es una fiesta latina, insistió el dj. Los hindúes se fueron de a poco.

Fue un esfuerzo mantener el ambiente para una concurrencia tan diversa y la reflexión, no muy sesuda, es que aquello que en tu país es tan querible carece de significado fuera de él. Salvo Miami vice. ¿Cuándo logramos que todo el salón bailara? Cuando la baracutanga de Emilio Estefan salía a escena: Shakira, Ricky Martin, Marc Antony. Cuando decaía el número de personas en la pista arrancaba el mix Miami y se armaba ambiente de nuevo.

También habíamos querido pasar videos de nuestros países, paisajes de la diversidad pero no encontramos cómo bajar mucho del material que aparece en internet. Unos videos que enseñaban a bailar salsa cubana (¡qué rico, chico!) y que eran imposibles de seguir (1-2-3; 5-6-7) fue el telón de fondo. Y los goles de Maradona eran una buena muestra del espíritu latino, a falta de los de Forlán. Pero sólo los teníamos en la película, Maradona by Kusturica, muy contextualizados en la construcción social que se ha vuelto Diego, sobre todo a partir del famoso gol a los ingleses. No sé si la han visto. Va mezclando entrevistas a Maradona con documentales de la época de la guerra de Malvinas y sobre las imágenes del llamado “gol del siglo” superpone caricaturas de la Reina, el Príncipe Carlos, Bush, Reagan y la Thatcher de forma bastante ridícula. No way, no se puede proyectar eso sabiendo que al menos esperamos unos cuantos ingleses y ningún argentino. Jorge insistió. Y se arriesgó a proyectarlos intentando cortar las imágenes de la guerra y las caricaturas. Por supuesto que en una salió el hundimiento del Belgrano, la Thatcher a bordo de un barco rumbo a Malvinas y la Reina corriendo al Diego. Un inglés, que me había contado que corría 80 km en siete horas, me dijo: - Yo estuve allí. ¿Allí dónde?, le pregunté. En la guerra, me contestó. ¿Dónde? ¿Cuánto tiempo? En un barco. Todo el tiempo, me contestó. Con razón corría tanto. Era milico.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El viaje del elefante. José Saramago

Después de Caín me largué de lleno a leer El viaje del Elefante. También me gustó pero no me causó la impresión del libro anterior. Es una novela llena de ironía, sarcasmo, belleza en estado puro y humor, un humor que el autor usa como herramienta para acceder al laberinto de humanidades en conflicto. El libro narra el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón que, en el siglo XVI, tuvo que atravesar media Europa por caprichos y estrategias reales. A mediados del siglo XVI el rey Juan III ofrece a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante asiático y debe entregárselo. Un hecho real, que está en la Historia pero que Saramago recrea desde la pequeñez de los acontecimientos con mucha compasión hacia los personajes. El propio autor cuenta que : «Este relato surgió hace unos diez años, en Salzburgo. En un restaurante precisamente llamado El Elefante vi un friso de pequeñas esculturas figurando la caminata de un elefante desde Lisboa hasta Viena [...] No es una novela según nos hemos acostumbrado a entenderlo. Lo llamaría "cuento", una designación no menos noble que la de novela y que incluso tiene una tradición más antigua.»

Saramago reflexiona sobre la condición humana y nos sonríe con ironía a lomos de Salomón. Nos muestra así que el ser humano no ha cambiado gran cosa, a pesar de los siglos transcurridos desde este increíble viaje, narrado con mucho sentido del humor.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El nuevo maestro.



Thérry es un muchacho de Canadá que se crió en el IITA cuando su padre trabajaba en el I House. Fue a la escuela acá y habrá jugado y corrido por los jardines con otros niños como él. Hace más de diez años que se fue. Hoy tiene 22 y volvió como maestro por un año. Volvió a cerrar el círculo con los niños de ahora en la escuela de siempre.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El Ramadán

Los musulmanes intensifican sus rezos al acercarse el final del Ramadán. En una de las últimas noches impares (21°, 23°, 25°, 27°, 29) se produce la Noche del Poder, que es aquella en que el Corán fue revelado a Mahoma a través del arcángel Gabriel. Pero nadie sabe cuál es la gran noche porque Mahoma no se los dijo, entonces para embocarle hacen vigilia y rezan toda la noche, las cinco noches. Ayer tocó.

Durante un mes escuché los cánticos empezar a las cinco de la mañana y luego repetirse varias veces al día. Sólo había oído del Ramadán por las noticias. Algunos años termina el 11 de setiembre, como éste. En Nigeria, país con la mitad de la población musulmana el Ramadán es ineludible. Hay que saber de qué se trata.

Los musulmanes hacen ayuno y abstinencia de las cinco de la mañana a las siete de la tarde durante todo el noveno mes lunar. Hombres y mujeres adultos y con juicio deben practicarlo, salvo que la mujer esté menstruando o en puerperio. Lo practican como una gran escuela de disciplina y doctrina, tanto espiritual como moral, pues el ayuno no es sólo abstinencia de comer, beber o mantener relaciones sexuales, sino que también de todo lo que sea mala palabra, mal acto o mal pensamiento. No es una penitencia sino un acto de celebración de la fe para estar más cerca de Dios. Incluso se supone que, durante este mes, si un musulmán es agredido u ofendido debe mostrarse indulgente.

Las últimas noches del mes “Aquellos que se mantienen en vigilia y realizan devociones sinceras por Allah se vuelven tan inocentes como los que recién han nacido” y le son perdonados todos los pecados. Dicen que Mahoma, afligido por su pronta partida, preguntó “Cuando yo abandone mi comunidad hacia el Mundo de las Almas, quién (le) llevará (…) las bendiciones de nuestro Señor?” Y Allah le respondió “No te preocupes Mi Amado, haré descender Mi paz y bendiciones a tu comunidad en la Noche del Poder a través del bendito Arcángel Gabriel.” Es así que todo acto de misericordia, adoración o caridad que se realiza en esa noche es mejor que mil meses de adoración.

Y Allah les dijo “No pierdan tiempo en este Mes del Perdón en dormir…”. Y se lo han tomado al pie de la letra. Hasta los vecinos participamos de tanta devoción porque nadie duerme escuchando las plegarias por los altoparlantes de los minaretes de las mezquitas durante toda la noche. Pastillas, tapones en los oídos, cualquier cosa con tal se sacarse el lamento de adentro de la cabeza. Por suerte es en las noches impares, así que se duerme una noche sí y otra no.

Y es así que este año mientras los judíos festejan el Año Nuevo o Rosh Hashaná, los musulmanes se prestan a terminar el mes del Ramadán, esa misma noche ambas comunidades fijan el curso de los acontecimientos del año que empieza.

Hoy viernes es el Fin del Ramadán y se celebra con la “La Fiesta del rompimiento del ayuno” o “Id al Fitr” en árabe. Este día Allah les dice a sus fieles: "Mis sirvientes, por Mi causa ustedes ha guardado el ayuno, y por Mi causa ustedes han realizado las oraciones. ¡Ahora pueden irse sabiendo que a ustedes se les ha concedido el perdón"!

Y todos felices, festejan, se visten de blanco (los hombres), se intercambian regalos, se visitan y van a la mezquita a orar. Y listo; perdonados para empezar el año como recién nacidos y hasta el próximo Ramadán en que Alá nuevamente “aceptará la ofrenda más pequeña, dará la más grande abundancia, y perdonará hasta el pecado más terrible!” Allah dirá: "Ahora pueden partir sabiendo que a ustedes se les ha perdonado. Ustedes han ganado Mi aprobación, y Yo estoy bien contento con ustedes".

Fuimos a Ibadan ese día. Esperábamos ver fiesta en las calles pero había menos gente que nunca. Pero sobre todo no había camiones en la ruta y llegamos al centro en unos minutos. Allah es Grande.

Publicado en El Sanducero. Setiembre 2010.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Paisaje





El ruido del agua que cae por la represa domina todo. La selva en estratos se refleja en la superficie lisa del lago. Es sólo un listón a lo lejos. El resto tirita en pequeñas ondas. Varias corrientes lo cruzan aguas arriba, aguas abajo. Los camalotes se acumulan en la orilla y simulan que el borde del lago se aleja.
Se escucha el chapaloteo de los peces cada tanto. No los he podido ver. Sólo los escucho e imagino su tamaño.
La selva, del otro lado, ofrece maciegas de pasto en primera línea. Luego, una fila de arbustos tupidos. Cambian los verdes por las plantas y las luces. Se destacan a esa altura algunas palmeras. Más atrás, otros árboles más grandes levantan sus ramas y las copas se sacuden en lo alto. Se distinguen troncos, ramas y texturas como no se veían en el segundo estrato, más macizo, más achaparrado. Se notan enredaderas abrazando algunas ramas. La luz cincela los verdes y la humedad del lago en una bruma oculta los brillos.
Ya se oyen los musulmanes.
La bóveda de nubes corona el paisaje y filtra en gris los colores del bosque.

jueves, 2 de septiembre de 2010

De necesidades


Hablamos con el jefe de los servicios de mantenimiento del IITA, un hindú musulmán muy serio, que como está terminando el Ramadán con su mes de ayuno habla bajito porque se siente débil (él lo dice). Nos explicaba lo difícil que es para él hacer que los nigerianos trabajen con calidad y eficiencia. El decía: "a veces pienso que acá toman la única comida del día y luego están preocupados por cargar el celular, por cargar la linterna, por llevarse agua potable. Y entonces no se concentran en el trabajo y no rinden". "A veces pienso", repitió, "que ellos están físicamente presentes, pero su mente no está acá".