domingo, 28 de noviembre de 2010

355. Segundas partes


Las mismas caras. Otras caras. Otras historias. Las mismas ausencias y de las otras. Las segundas partes pueden ser muy buenas cuando tienen sentido en si mismas.
Algunos vinieron de lejos, otros desandaron años en pocos kilómetros.Y pasó la noche con mucha alegría, mucho afecto y el sentimiento de retomar el tiempo vivido.

martes, 23 de noviembre de 2010

356. Vuelta al río

La ventaja del horario de verano es que el tiempo da para terminar la tarde con una caminata por la orilla del río. Entre luces del atardecer que se aclaran mientras se acerca diciembre. Verano que amenaza con seca. La bajante descubre en la superficie las piedras del fondo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

357. De un fluir

Las ideas se materializan en palabras hilvanadas por dedazos sobre las teclas. Ideas que se vuelven movimiento; palabras que se descomponen en letras ¿qué escribir?
Otra vez el cielo azul y el viento de cara al mar. Nueva recorrida por los cerros y las playas preparando la huida.
Un bosque de eucaliptos se presenta acogedor: un paréntesis. El paréntesis abre y cierra. Cuando abre es un detenerse, un explicar, un comprender. Después, se cierra y todo continúa con el ritmo y la lógica anterior.

sábado, 20 de noviembre de 2010

358. ¿Segundas partes no son buenas?


2010 año de rencuentros. Por la militancia de una compañera ubicamos a más de 200 compañeros que pasaron por la Escuela 8 de Paysandú de primero a sexto grado. Hubo rencuentro. Con algunos desmontamos las barreras de encontrarnos por la calle y apenas saludarnos. Con otros cerramos 35 años de ausencia.
La misma compañera, en su perseverancia, provoca un segundo encuentro con los que no pudieron venir al primero.
Segundas partes pueden ser buenas.

viernes, 19 de noviembre de 2010

359.Nota de color.

Hoy me levanté con el color de Nigeria en la cabeza. ¿Qué sería Nigeria sin color? ¿Cómo será el África de las sequías, de la tierra arrasada, de las nubes de polvo?
Nigeria sólo se alivia por dos cosas que van unidas: el color y la alegría. La tierra destiñe rojo que se pega como tinta. Los vestidos se confunden con las frutas en los puestos de venta. El verde de los pastos y los campos mimetizan el desparramo de basura. Las pieles oscuras destacan los dientes y avivan los ojos de la gente al reír.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

360. Me cuesta el rigor

Me cuesta el rigor de cumplir con el post diario. Lo siento una imposición y no quiero escribir por imposición. He intentado, sin éxito, desterrar de mi vida el "tengo que". Llevo la cicatriz del deber marcada a fuego, aunque busco acorralarlo.
Cuando amenaza con invadirme la vida colándose como el agua entre los granos de arena, reacciono y huyo. Y el deber se queda ahí mirándome, sin entender porqué, con los años, me he vuelto tan voluble.

martes, 16 de noviembre de 2010

361. Dialogo con los fantasmas



Invoco a los espíritus que pueblan mi casa. Persigo la energía errante de la tía Erla por los rincones. Descubro tesoros enterrados en la caballeriza que ahora es mi jardín. ¿Qué misterio encierra el viejo aljibe tapiado? ¿Qué amor prohibido cuentan las paredes del desván? ¿Qué poesías cantaron los helechos entre la corteza del ciruelo? Dice Martín Barbero que dialogó con cuatro generaciones de su familia a través de los objetos de su casa. Yo busco el diálogo con las voces atrapadas en los muros.

domingo, 14 de noviembre de 2010

362. Aire y mar

Vuelan las palabras enredadas entre las melenas y los volados de las blusas de cara al mar. El cielo moteado por nubes blancas permite el reflejo de los parapentes contra el azul. El día avanza hacia el gris, el viento arrecia y obliga a volver.

363. On sale

Hoy gran barata gran. Los shopping descuentan el IVA y una de las tarjetas de crédito más populares le suma otro adicional: 36% en total. No da para dudar al comienzo de temporada y con dos hijos en los veintes. Pero, como me ocurre a menudo, me olvido de las cosas que detesto y menosprecio el efecto que me producen. Las multitudes no son para mí. Me marean, sobre todo si están compuestas por mujeres que convulsivan frente a una mesa de saldos o alcanzan un orgasmo con el descuento en la boleta. No puedo integrarme a la manada, siento que pertenecemos a especies distintas.
No quedó otra que huir... pero no sin antes proveer de atuendos completos a mis dos vástagos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Abismos

Me detengo en el espacio
entre el filo del ayer
y tal vez
(hoy no)
el abismo de mañana

Cuento en penumbras
las certezas inasibles
etéreas
descarnadas

Camino por el borde
de una llama que titila
y amenaza
devolverme la oscuridad

De un soplido

viernes, 12 de noviembre de 2010

364.En falta

Después del planteo y la propuesta vino el primer impulso.Y ahí quedó. Venía pensando si cambiaba la fecha y simulaba cumplir sin haber cumplido, o escribía tres post de corrido. Pero había algún lector atento, lector cercano pero lector al fin. Así que serán 365 ¿cuánto tiempo me llevará?

lunes, 8 de noviembre de 2010

365. Graduación.

Vengo de la graduación de los muchachos de Educación Física con el alma llena. Me resisto a estos actos pero luego, cuando veo la emoción de los muchachos y sus padres, sumado a la creatividad y sinceridad del espectáculo vuelvo contenta. Con la sensación de ser parte de algo que aún logra revertir un mal día.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Proyecto

Inspirada en Julia y Julie voy a intentar escribir cada día los pensamientos que me rondan. 365 viñetas de no más 300 caracteres a partir de mañana.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Noche de sábado

Noche de sábado sin fiesta y sin baile. Alma llena en la duermevela de la tarde. Plena de un día plácido. Los círculos se cierran, sino, no serían círculos. ¿O será apenas un camino a recorrer? Honrar la trama, dice Drexler. La clave es el camino.

martes, 2 de noviembre de 2010

Apuntes luminosos. Desde París



¿Qué decir de París que no se haya dicho, escrito o filmado? Todo lo que pueda decirse se aproxima peligrosamente al lugar común. A mí me fascina pensar que estas calles las recorrieron tantos genios: imaginarme que en una esquina del Quartier Latin me cruzo con Scott Fitzerald, con García Márquez. Que en el bistrot del Petit Pont Hemigway garabatea en una mesa de cara al Sena. Que en la puerta del Moulin Rouge aparece Toulousse con La Goulue o que al doblar aquella esquina encuentro discutiendo a Picasso y Modigliani. Que Cuasimodo se descuelga por la nariz de las gárgolas de Notre Dame o que me choco con Cortázar bajo la llovizna y nos decimos “pardon”.

Porque Paris se conoce, se ha visto, se ha estudiado. La diferencia es que uno pasa a formar parte del escenario. Figura y fondo, como decía Matisse.

Uno está allí y esa es la clave. Uno sabe a dónde quiere ir, sabe lo que va a encontrar. A diferencia de otros destinos en los que el asombro es la guía, en París lo es la constatación. Reconocer las estatuas, reconocer las comidas, reconocer las historias, las películas, los cuadros, los edificios. Recorrer París como un acto de reconocimiento y vuelta a las raíces. A entender nuestra cultura, los años de Alliance Francaise, los programas de las materias del liceo, nuestra arquitectura, las cabezas de algunos viejos presidentes y otros intelectuales. “Me lo imaginaba más…”; “Yo pensé que era menos…” se vuelven las expresiones habituales en el recorrido. Y reconforta ver que los jugadores de cartas de Cézanne siguen la partida en el Musée d’Orsay igual que en el corredor de la casa de mis padres o que los campesinos de Van Gogh no han despertado aún de su siesta sobre la parva de trigo. Que las bailarinas de Degas se aprontan para salir a escena y la Anita de Modigliani sigue esperando con expresión triste a pesar del tiempo transcurrido. Y que La Gioconda es tan pequeña como te habían contado aunque uno no pudiera imaginarla.

Pero también hay lugar para el asombro. La dimensión exacta de Notre Dame, por ejemplo, sólo se conoce al escuchar el volumen que llena las voces del coro en las cúpulas de piedra y la altura que alcanzan las notas al vibrar contra los cristales de los rosetones que te elevan y permiten que uno, desde lo alto, participe de la llovizna que se descuelga sobre los techos de pizarra de París. Y también asombra lo vivaces que son los ojos en los retratos de Renoir, lo azul que es el cielo de L’église d’Auvers de Van Gogh o lo simple de los trazos de pastel celeste de los dibujos de Toulousse Lautrec.

Figura y fondo dijo Matisse y ahora uno es parte del cuadro. Y los puestos de vendedores al lado del Sena tienen algo de Tristán Narvaja y el Sena poco del Miguelete porque está vivo y lleno de peces, aún encajonado en el medio de la gran ciudad.

El Louvre es tan perfecto que deslumbra pero no conmueve. Conmueve el Museo Rodin, donde el amor entre el artista y Camile acecha desde los setos y reaparece en los rostros femeninos de las estatuas diseminadas en el parque entre los árboles de otoño.

En el Louvre se revela la magnitud del saqueo a Egipto y Asia Menor. La cripta del hijo de Ramsés III está montada dentro de una sala, con muros y todo. Disponible y preservada para el mundo. Asombra la sabiduría de los egipcios en sus contratos de renta, en sus cálculos contables y en las técnicas de embalsamamiento. Y deslumbra el entramado de las vendas de las momias y el tejido en pedrerías de las mallas que las cubren. Tres sarcófagos para cada muerto, que 5000 años después todavía conservan el oro, el azul y el rojo y cuentan historias de arriba abajo y de derecha a izquierda. De la Mesopotamia se trajeron los toros alados con cabeza de hombres barbados que guardaban las entradas del palacio de Sargón, el “sin rival”, en Nínive; los mosaicos turquesa del león de Nabucodonosor y el código de Hamurabi. Hoy reconstruyen grandes puertas, paredes enteras, lenguas olvidadas en otro palacio en el centro de París.

Si por algo se reconoce París es por la Tour Eiffel. Tantas veces vista en películas y postales, en la ciudad se la ubica desde la Place de la Concorde, desde Champs Elisées, desde Notre Dame. Es fondo obligado de muchas fotos. La marca de identidad en el horizonte. Desde su cúspide, París en los cuatro puntos cardinales se extiende a la luz de la tarde. Bajo la llovizna y azotados por un viento frío de otoño esperamos que la noche encienda las luces de la ciudad y dibuje las calles y edificios con blanco y amarillo. Otro espectáculo. También es figura.

Deslumbra además el otro París, el que se refleja en los edificios de espejo, el de las explanadas con esculturas de Miró, el de las fuentes alineadas con el Arco del Triunfo y los Champs Elysées, el de los colores y formas geométricas, el de las grandes empresas, de los ejecutivos en bicicleta. Es el París de La Défense, la apuesta al futuro que ya llegó.

¿Qué puede decirse de París que no se haya dicho, escrito o filmado sin caer en el lugar común? Casi nada, salvo que es un privilegio formar parte del cuadro.

Publicado en El sanducero 20.10.10