lunes, 28 de febrero de 2011

El Gaucho insufrible. Roberto Bolaño.


No había leido nada de Roberto Bolaño y quería saber de primera mano porqué todo el que se precie de leido pone los ojos en blanco por él. Con ese preámbulo me senté a leer El Gaucho Insufrible, último libro de cuentos de Bolaño, según me enteré después. Luego, entonces con esa información se redimensiona la lectura o dicho de otro modo se vuelve a leer. Porque se entiende un poco más esa mezcla en un mismo volumen de cuentos y conferencias. ¿Lo habrá decidido el mismo Bolaño o habrá sido avidez del editor viendo que se acercaba el fin?

De todos modos debo reconocer que los cuentos me gustaron, principalmente El policía de las ratas, que leí que era un homenaje a Kafka y Jim que, a diferencia de la historia de Pepe que es una historia de detectives completa en las alcantarillas, consiste en una sola imagen, en un retrato profundo del personaje.

Las conferencias son las que más se revalorizan con la segunda lectura porque Enfermedad+Literatura=Enfermedad es casi un testamento. La otra conferencia Los mitos de Cthulu, me gustó menos, posiblemente porque no comparto muchas de sus valoraciones sobre la literatura latinoamericana actual. Igual disfruté del punto de vista de un escritor que no hace concesiones y que dice lo que quiere decir tal como un carnicero logra chuletas, lomo y azotillo de una res colgada: derecho al hueso y sin vueltas. Siempre es disfrutable la opinión fundamentada, aunque no se comparta. Bolaño dice que la literatura se ha vuelto un ejercicio de entretenimiento ligero, vacío de significado. En ese panorama, sostiene, el escritor que intenta empujar los límites no debe esperar ser leído, más allá del círculo de escritores que como él creen que la literatura es una herramienta poderosa de transformación. (¡ah! ¿era por eso que a mi no me lee nadie?).

Roberto Bolaño (1953-2003) nació en Chile y vivió en México y España. En 1999 fue galardonado con el Premio Rómulo Gallegos por su novela Los detectives salvajes, que habrá que conseguir a la brevedad. Hoy es considerado un referente mayor de la literatura de nuestro tiempo.

domingo, 27 de febrero de 2011

330. Creatividad

Cuenta Ken Robinson que una niña de 6 años, que normalmente no prestaba atención en las clases, se concentró en el trabajo durante la lección de dibujo. El maestro, intrigado, se acercó a la niña y le preguntó: "¿qué estás haciendo?". "Dibujo la imagen de Dios", le contestó ella. "Pero nadie sabe como es Dios", le retrucó el maestro. "Bueno, en unos minutos lo van a saber", le respondió la niña.

331. Otra plaga de verano

A las 10 de la mañana ya enciendo el espiral en una lucha inútil por impedir que los mosquitos se hagan un festín con mi sangre. Lucha inútil por desigual: sólo soy una simple mortal munida de insecticidas, ventiladores, palmetas y espirales contra cientos de miles de monstruos invisibles (no silenciosos) que atacan sin dar tregua. Si el viento sopla hacia mi perfil izquierdo, en minutos empiezo a sentir picotazos en el brazo derecho. Si de noche me despierto atormentada, seguramente es que el espiral se apagó. Ayer salí a leer al jardín, por supuesto acompañada de un espiral que coloqué frente a mi. Mientras me fumaba todo el humo leí unas páginas de Pérez Reverté disfrutando del fresco después de la tormenta. Al instante empecé a sentir los puntazos en la espalda. Los miserables me usaron de escudo para seguir picando.

martes, 22 de febrero de 2011

332. Chimuela II o amores que muerden.

Facunda es una caniche que estuvo de visita en casa el fin de semana. Es muy señorita pero cuando descubrió a Chimuela abajo de una raíz de Eva, perdió la compostura. Se dedicó los dos días a ladrar y ladrar con el hocico casi pegado a la abertura de la caparazón. La tortuga resistía mimetizándose con una piedra pero los ladridos, que nos atormentaban a nosotros, sin dudas resonarían hasta el hartazgo dentro de su caja. Desde la casa sólo veíamos a Facunda con el hocico contra el piso y la oíamos ladrar y ladrar. De pronto lanzó un ladrido corto de dolor y llegó corriendo a acurrucarse mientras lloraba y con la mano se frotaba el hocico. La paciencia tiene un límite, pensó Chimuela.

domingo, 20 de febrero de 2011

333. Tarde en el río


El perfil de la ciudad se recorta en la costa. Uno se aleja y toma dimensión de la distancia. Apenas algún auto que pasa interrumpe la quietud de la pintura.
Del otro lado, entre las islas, un árbol encallado da cobijo a miles de garzas. Como frutos de algodón penden de las ramas secas. Pasa el bote y se abren en un desparramo de vuelos y plumas. Patos negros flotan en la corriente y levantan vuelo rasante. Cada tanto un jote sobrevuela y lanza gritos de vigía.
La naturaleza pone los ruidos. Apenas el viento contra las velas y el agua contra la quilla. El día se retira pintando el cielo y, sobre Paysandú, aparece la luna redonda y amarilla. Llega acompañada de estrellas. El reflejo en el río borra las nubes de la tarde y su luz acuna las ondas en superficie.

miércoles, 16 de febrero de 2011

334. Decires

Le pregunté por celular al muchacho que está en casa pintando si venía mañana. Me contestó: boi.

lunes, 14 de febrero de 2011

335. Caen los techos de a uno

En el trabajo se están cayendo los techos. No las chapas ni las tejas, los cielorrasos. Desde adentro y para abajo se estrellan contra el piso o los muebles. Placas de cemento aterrizan contra el piso arrastrando en la caída las molduras de casa vieja y los artefactos de luz. No hemos tenido bajas. Sólo un teclado y el vidrio de una mesa de reuniones que no resistió ni el peso de las luminarias ni el señorial rosetón que cayó como un escudo.
El primer incidente fue en noviembre, en horario de trabajo un día cualquiera y sonó el estruendo y vimos la bovedilla limpia debajo de los escombros. No había nadie en ese hall. A los pocos días fue la secretaría y el pedazo de cemento cayó sobre un escritorio. Fue un domingo pero obligó a mudar la oficina a un patio. Tomamos previsiones y se cambiaron los cielorrasos de la entrada y el pasillo principal que parecían los siguientes. Al terminar diciembre, cayó otra placa en una oficina docente. Nada presagiaba que podía pasar. De nuevo mudanza y obra. De nuevo la pregunta de qué nos está pasando. Y ayer domingo cayó la moldura del centro de la sala sobre la mesa de reuniones. Tampoco había gente ni sonó la alarma. ¿Qué nos está pasando?

sábado, 12 de febrero de 2011

336. Refugio en el paraíso

Sigo preocupada con la falta de inspiración. Revuelvo en la computadora escritos viejos, trozos inconclusos, palabras de otros que ya han pasado por esto. Hoy encontré una entrevista de 1993 de Aidan Chambers, en la que dice:

El mejor consejo que puedo dar a alguien acerca del acto de escribir es: Lee mucho. Si lo piensas, toda escritura es una lectura. Al fin de cuentas, la escritura tiene por objeto la lectura. Escribo para leer lo que he escrito. ¿Y quién no lo hace? Y escribo porque quiero comunicarme con los demás, con los lectores. Por lo tanto, ser escritor significa ser lector desde todo punto de vista.

Así que a ser obediente. Me espera un buen fin de semana de lectura.

viernes, 11 de febrero de 2011

337. La frustración de la pantalla en blanco.

Ando, hace tiempo, con niveles mínimos de imaginación. Aquella cantera de historias que sólo necesitaban un pretexto parece haberse agotado.
Busco trucos para destrabarme y me topo con Flaubert, que dice: Hay que escribir fríamente y eludir esos bailes de disfraces de la imaginación porque de ellos se regresa sofocado y no habiendo escrito más que tonterías. Lo que a su vez me recuerda aquella del decálogo de Quiroga que sugería "no escribir bajo el peso de la emoción".
Así que estoy esperando que se me pase la emoción. Digo, pa' consolarme. Y escribo en el blog.

jueves, 10 de febrero de 2011

337. Serenatas

Nos han invadido los grillos. Saltan del posabrazos del sillón al borde de la estufa; vuelan y caen con un ruido a quitina que hace suponer otras plagas funestas. Mi sobrina dice que matarlos da mala suerte y los saca montados en una revista al jardín para verlos regresar al rato. Chillan toda la noche y no hay minuto del día en que el silencio sea total. Hoy la señora que viene a limpiar mató veintisiete. Mi sobrina no estaba.

miércoles, 9 de febrero de 2011

338.Babélico

Hoy una compañera dijo babélico refiriéndose al legado de los inmigrantes por estas latitudes. Nunca había oido la palabra pero entendí, por el contexto, que se refería al idioma. Babélico: dícese de aquel ambiente en el que se cruzan las lenguas y los idiomas tal como suponemos sucedió en Babel luego que Jehová les destruyera la torre a los "babélicos".
Babélicos serían Montevideo, Buenos Aires y otros pagos a principios del siglo XX cuando los abuelos de nosotros todos llegaron desde Europa con sus lenguas.
Y nos criamos en un ambiente babélico, pero nos dimos maña para entendernos los unos a los otros.

jueves, 3 de febrero de 2011

339. El día que mi abuela descubrió las hojas de los árboles.

Cuando me abuela era niña, la maestra llamó a mi bisabuela, allá por los primeros años del siglo pasado, y le dijo que ella creía que la niña no veía bien. Tenía mucha miopía. Cuando enfrentó el mundo con sus lentes nuevos lo primero que mi abuela preguntó fue:
¿Así que los árboles no eran manchas verdes?