jueves, 31 de marzo de 2011

322. Crece la familia

Crece la familia a pesar de los pesares. Dos a uno, gana la vida.

martes, 22 de marzo de 2011

323. Horacio Quiroga

De los mejores cuentistas. Conciso, preciso. Donde ponía el ojo ponía la palabra. Mi libro de cuentos "De las mujeres soles", aún inédito, ganó primera mención en el concurso de narrativa Horacio Quiroga. Me siento como cuando a los hijos les empieza a ir bien y uno se siente orgullosa porque, entonces, no todo lo hizo mal.

domingo, 20 de marzo de 2011

324. Cisne blanco cisne negro

Ayer fui a ver El Cisne Negro. Se que es una película polémica pero a mi me gustó mucho. La mayoría de las veces a uno le gustan las obras con las que empatiza y El Cisne Negro le dio forma a muchas reflexiones tantas veces meditadas, tantas veces compartidas sobre la ambigüedad de nuestro ser. Todos somos cisnes negros y cisnes blancos. Todos somos ambos, incluso al mismo momento. Y debemos aceptarlo, saberlo y reconciliarnos con ese otro cisne que convive en nosotros. Y en esa reconciliación hay que dejarlos aflorar. Let it be. El camino del control y la represión sólo lleva a la locura.

sábado, 19 de marzo de 2011

325. Caleidoscopio

Cuando uno mira un caleidoscopio, según para donde mueva el ojo, encuentra un color diferente, un reflejo o una sombra. Como la vida. Uno mira hacia adelante y ve un color vivo, si mira por el rabillo del ojo sólo son sombras de formas curiosas. En menos de veinticuatro horas tuve una noticia que me hizo agradecerle a la vida la perseverancia y, a las pocas horas, una situación penosa de la que no puedo sacarme el lazo me dio vuelta como un guante.

sábado, 12 de marzo de 2011

326. Desmemorias

Me pierdo por los laberintos de la memoria. No recuerdo donde dejé las llaves pero tampoco cómo se llama la persona que me trata con tanta familiaridad como si nos hubiéramos criado juntos. También me veo en aprietos cuando alguien me habla dando por sentado que tengo cierta información, la que apenas logro hilvanar en tanto transcurre la conversación.
Nada permanece en mi cabeza salvo las sensaciones. Y del libro que leí, a la semana, sólo recuerdo si me gustó o no y del paseo que di apenas permanece una imagen, un olor o un color.
Algunos que me quieren poco creen que exagero la desmemoria para pasarla fácil, y otros, en el trabajo por ejemplo, pretenden convencerme que acepté cosas con las que no acuerdo.
Por eso y por mucho más, ando por la vida con una libretita. Lo que no quiero olvidar lo anoto.

jueves, 10 de marzo de 2011

327. Entrar a las iglesias.

No soy religiosa. Ni siquiera poseo la nostalgia de otros tiempos de infancia. No me enseñaron religión y la primera vez que entré a una iglesia fue a un casamiento cuando ya estaba en la escuela.
Mis amigas del barrio iban a colegio de monjas y escribían en caligrafía. Yo fui a una escuela pública y la maestra nos estimulaba a hacer las cosas solos aunque quedaran feas.
Nunca entendí del infierno, el cuerpo de Cristo en la ostia, ni porqué al caminar para atrás le pisaba el manto a la virgen.
Cuando crecí tuve que pelear con mamá para ir a las misas de 15 y leí a escondidas "Historia de una monja".
Cuando crecí más, empecé a disfrutar de las iglesias como espacio de meditación. Siempre está fresco. Siempre hay un silencio respetuoso y luz que no encandila. Y si suena el órgano mejor.
En otros lugares del mundo cuando estoy medio perdida o atribulada busco una iglesia. Me siento un rato, trato de impregnarme de la atmósfera y el silencio y pienso en lo que me preocupa. O no pienso, que sería mejor pero más difícil.
En Albi, Francia, la catedral parecía un shopping, lleno de gente que circulaba en oleadas y cobraran hasta por respirar. Nada invitaba a quedarse.
En Cajamarca tampoco. La catedral estaba cerrada todo el día y sólo abrían a la hora de la misa. Días atrás habían robado un cáliz y unas reliquias así que los curas decidieron ponerle horario al desamparo y al desconsuelo.

domingo, 6 de marzo de 2011

328. La vida es aquello que pasa... (tercera parte)

Algunos cuestionamientos me han llegado del post anterior. No sé si para aclarar u oscurecer, pero intentaré explicarme. Creo que con los años vamos perdiendo la capacidad de hacer cosas nuevas. Es más, nos reforzamos en lo que sabemos hacer y por ese camino profundizamos porque nos sentimos seguros. No es una reflexión estrictamente pesimista. Es casi una observación de supervivencia. Nos aferramos a lo que sabemos hacer y vamos dejando mucho de lo que a los 12 o a los 15 nos apasionaba o nos interesaba. Y no lo intentamos más, pero lo añoramos y asoma de vez en cuando. O ni asoma y persiste en un malhumor sin sentido. A veces son las circunstancias de la vida, pero otras es ese aferrarse a lo conocido, es no atreverse.
Una compañera de trabajo me contó que una vez el hijo trajo como deber preguntarle a la mamá una frase que la describiera y ella respondió: que no me gusta cambiar. No tenía 40 años en ese momento.
A mi me resulta muy difícil vivir sin cambiar, en este mundo y en este tiempo. Y celebro la capacidad de la gente que puede cambiar, adaptarse, aprender cosas nuevas a los 35 o a los 80.
O sino están los románticos, que como dijo Joni Mitchell y Gustavo trajo a colación, "terminan aburriendo a alguien en un viejo bar" ... o desde un blog.

sábado, 5 de marzo de 2011

329. La vida es aquello que pasa...

Retomo aquella idea de que, en general, la vida no se porta bien con la gente. Cuando vuelvo a ver a la gente después de un tiempo de no verlos pero habiendo conocido sus sueños, reafirmo que cada uno tiene escaso control sobre su vida. No porque exista un destino o algo de eso. No. Sino porque uno no tomó decisiones. O se quedó aferrado a decisiones que tomó mucho tiempo atrás.Decisiones que hoy han perdido el sentido y que sin embargo no se revisan y se toman como "la vida que nos tocó". Aunque la cabeza ande por otra parte, soñando con otra vida, otras oportunidades. A veces maldiciendo la mala suerte, otras sólo repitiendo una rutina que ya ni molesta, pero que nos ha ido volviendo grises, malhumorados, cínicos.