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Mostrando entradas de junio, 2011

Gentileza teutona

En Berlín tomamos el sightseeing bus para tener una idea general de la ciudad y poder elegir a qué lugares nos íbamos a dedicar con detenimiento. El día pasó intenso y sobre las 6 de la tarde nos entró la duda de si ya había pasado el último. Entré a una de las oficinas de turismo donde venden los pasajes del bus y me dirigí a la señora que estaba detrás del escritorio. Good afternoon, le dije, Could you please tell me if the 6 pm bus is the last one we can take today? o algo similar, en inglés y gentilmente. La mujer, una señora madura y robusta de cachetes colorados me miró sonriendo y comenzó entusiasta un discurso en perfecto alemán. Intenté pararla más de una vez pero ella continuaba explicándome todo el sistema de hip on hip off de los ómnibus, los recorridos y la validez de los pasajes. O me lo supuse, porque no entendí ni una palabra. "Perdón", le dije cuando logré que me escuchara, "pero yo no hablo alemán". "Bueno", me contestó, "usted tampo…

Berlin II o los efluvios del imperio

El Berlín imperial, el de las glorias prusianas, el de los edificios de Schinkel que Hitler quiso igualar, quedaron en el sector este de Berlín. La puerta de Bradenburgo, la avenida de nombre poético como verso de Schiller (unter den Linden), la Isla de los Museos, la Universidad Humboldt, la catedral de Berlín, que nunca albergó a un obispo porque no es católica aunque lo parezca. Todo detrás del muro. En la vitrina de occidente construyeron un centro cultural, el Kulturforum en el Tiergarten, para que el Este no monopolizara la cultura. Allí, la Berliner Philarmonie es la sala de conciertos donde Herbert Von Karajan reinó como director principal durante tantos años. Pero el núcleo cultural de Berlín es la Isla de los Museos, una isla del río Spree que atraviesa Berlín y qué, por iniciativa de varios reyes prusianos, fue albergando museos con colecciones de arte, hoy Patrimonio de la Humanidad. Berlín tiene 365 museos, difícil tarea la de abarcar tanta maravilla. Elegimos ir al Museo…

Berlín y las cicatrices de la historia

Berlín es una ciudad traspasada por su historia reciente. Los berlineses no habían terminado de entender que habían perdido la guerra que los iba a llevar a liderar el mundo cuando tuvieron que asimilar que habían sido cómplices de crímenes atroces. Entonces encararon la tarea de reconstrucción al tiempo que se volvían protagonistas de la nueva guerra mundial, la Guerra Fría, que mantuvo al país dividido por más de 30 años. Y un muro en el medio de la ciudad separó a padres e hijos en una noche. Me conmueven las historias personales, como la del padre que volvía de trabajar del lado oeste con su hijo chico y no pudo llegar a la casa. A través de la alambrada se despdió de su mujer y le dijo que le iba a mandar dinero. El niño lloraba. Quería quedarse con la madre pero los soldados no lo dejan pasar si no pasa también el padre. El bebé llora delante del alambrado y extiende sus brazos. Un soldado del Este, conmovido, abre la alambrada y ayuda al niño a pasar con su madre. El soldado es …

Holanda III: la Casa de Anna Frank

Si puedo hablar de un libro de cabecera en mi vida, ese ha sido el Diario de Anna Frank. Y no he vuelto a encontrar un libro que me acompañe por años y al que recurra cuando estoy aburrida, contenta o melancólica. No he vuelto a tener una relación de cercanía, casi de intimidad con ningún otro libro. Y he leido muchos. Algunos que por supuesto son mejores que el Diario o incluso más entretenidos. Pero con el Diario, y por lo tanto con Anna, éramos amigas. Compartíamos la complicidad de las siestas, las charlas con Peter mirando el castaño, su rabia hacia Mrs. van Daan (van Pels en realidad), su repugnancia por las coles agrias y su sueño de convertirse en escritora. Entonces, no podía pasar por Amsterdam sin conocer la "casa de atrás". Materializar las imágenes que estaban en mi mente, sentir la atmósfera, tratar de trasladarme a esos años y por un instante acercarme a aquella niña cercada que también fui yo. Y allá fuimos. Mientras hacíamos la cola de varios minutos intenté …

Holanda II: Openluchmuseum

A pocos kilómetros de Wageningen vale la pena visitar este museo vivo en el que la consigna es “Prohibido no tocar”.En un parque generoso de árboles y jardines se distribuyen aldeas y construcciones que cuentan la historia de las costumbres de Holanda. Como dice un cartel: si llueve visite las exposiciones, si está cansado tome el tranvía y si no, haga el recorrido a pie. Así que no hay pretexto que valga para no participar. En no menos de tres horas se va pasando por una granja donde los niños pueden ordeñar una vaca de madera con tetas de goma, lavar ropa a mano, sacar agua de un pozo o alimentar a los animales. Sin contar con que pueden subirse a las famosas camas jaulas holandesas, esconderse en los armarios o hamacarse en el sillón de la abuela.En otro lado se ha armado una aldea marina a la que se llega con un bote antiguo tirado por cuerdas y en la que las mujeres tejen las redes mientras los hombres trabajan en un astillero artesanal como se hace desde hace siglos. Las casas d…

Holanda I.

Holanda desde el aire parece un puzzle armado sobre una mesa en el que los relieves sólo se intuyen por el cambio de colores. Ya desde el aire es perfecta.Y viniendo del Africa impone cierta distancia. La perfección no me conmueve, tal vez me maraville, no sé. Pero en un principio me incomodó un poco.Wageningen es una ciudad universitaria espaciosa, verde y moderna con no más de 40.000 habitantes. Y uno la recorre entre bosques recortados por calles señalizadas con extrema prolijidad y casas y jardines pequeños y cuidados. De pronto, de los bosques cruzan bandadas de jóvenes en bicicleta, todos rubios y altos como walkirias en procesión. Tienen un idioma muy difícil pero como todos hablan inglés la comunicación es fácil y la gente amable, aunque algo inexpresiva. En Wageningen todo está claro y parece fácil y todos parecen vivir bien sin extremos ni ostentación.Desde el 2006, está pasando de ciudad universitaria con edificios en distintas localizaciones a un campus donde se han concen…

316. Guarulhos y el Puyehue

Guarulhos está a medio camino entre un caos y una fiesta. A los cientos de pasajeros varados se sumó ahora la hichada y el propio equipo del Santos que va a Montevideo a jugar con Peñarol. El equipo ya partió. Fue el único avión que ha salido. Ese y otro con unos argentinos que le armaron piquete a Iberia y luego de una asamblea con micrófonos y cánticos lograron que les habilitaran un avión hasta Porto Alegre y un ómnibus a Buenos Aires. Y pusieron condiciones. La hinchada de Santos está acampada frente a PLUNA con la bandera de techo.
Los argentinos no se distinguen mucho de los uruguayos pero son más ruidosos. Ahora mandaron a cuatro de la Policía Federal para que todo se mantuviera tranquilo. Podremos partir? Eu acho que no.

La noticia que explica los tiros

En el mes de abril hubo elecciones en Nigeria. Un proceso complejo que implicó 3 elecciones en fines de semanas consecutivos durante los cuales, los 150 millones de nigerianos eligieron presidente, gobernadores y legisladores. El lunes pasado fue la asunción de los electos y las transmisiones de mando. El gobernador de Oyo State, cuya capital es Ibadan, no fue reelecto y por lo tanto tampoco sus compromisos con los sectores de poder. Entre ellos el Sindicato del Transporte urbano, que son los dueños de los millones de microbuses que corren por la ciudad y que suben hasta 15 pasajeros en vehículos para 11. Y que pagan peaje obligado en los retenes policiales. El lunes se enfrentaron en el cruce de Oyo road con Iwo road (ahí nomás, a la salida) dos fracciones del Sindicato: los que apoyaban al gobernador saliente y los que festejaban la llegada del nuevo. El lío comenzó entre ellos y luego llegó la policía, según dicen "para garantizar la seguridad de la población", aunque los p…

Esta vez fueron tiros.

Rumbo a Lagos para tomar el avión por Oyo road, a la salida de Ibadan vimos gente huyendo en estampida. "¡Ahí fue!", gritó el milico que venía con nosotros. Se caló la metralleta, le sacó el seguro al arma con un ruido estremecedor y sacó el caño por la ventanilla. Llegué a ver la pelada de un hombre que corría y se escucharon 3 disparos. ¡Abajo, abajo!, gritó el chofer. Desde el fondo de la camioneta sentía correr y gritar a la gente. Jorge me apretaba la cabeza. No entendí bien la explicación, sólo que en ese mismo lugar el día anterior habían matado a 3 policías los partidarios del gobernador que el domingo tuvo que entregar el mando porque perdió las elecciones en abril. Ayer a la tarde, al menos dos hombres armados seguían disparando indiscriminadamente.