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Mostrando entradas de 2012

Yo, Titubá, la bruja negra de Salem. Marysé Condé

Antes que acabe el año intentaré repasar los libros leídos y que todavía no he comentado. Este es uno de ellos y como aún lo tengo fresco en la memoria, me atrevo a hacerlo sin mucha meditación. El libro se basa en los hechos históricos que alimentaron la novela de Arthur Miller, desde los que Marysé Condé cuenta su propia historia bajo la perspectiva de la única negra involucrada en la persecusión de brujas desatada en Salem, Estados Unidos, en el siglo XVII.  El comienzo es de los puntos altos del libro. Es la narración de la violación de Abena, la madre de Tituba, por un blanco esclavista mientras viajaban en un buque negrero hacia la isla de Barbados en medio de un círculo de marineros, mirones obscenos. Así engendrada, Tituba vive toda su vida en esa clave de dolor y odio, ella, un fruto bueno producto del más malo de los actos.  Tituba es la expresión misma del padecimiento de los negros en este continente. Nace en Barbados como esclava, es testigo del asesinato de su madre y l…

215. Navidad en el aire

Siempre me pasa igual: de Navidad a Año Nuevo los días son parte de una alborotada cuenta regresiva. Si el 2 de enero tuviera que seguir trabajando, tendría que dar parte de enferma. El cansancio que empezó en febrero a acumularse en la médula, ha ido tomando los osteocitos y en diciembre ya satura el periostio. Como quien dice, ¡estoy cansada hasta los huesos!

Yo también tuve una novia bisexual. Guillermo Martínez

El libro me duró lo que un viaje en ómnibus desde Buenos Aires a Paysandú. Si eso significa algo es que es  muy entretenido y se lee rápido. Había oido hablar de Guillermo Martínez como uno de los buenos escritores de la nueva generación a Abelardo Castillo. Me generó curiosidad y en una librería de la calle Corrientes compré el único libro que encontré de él. El título, por demás sugerente, permitía dos posibilidades: era pura provocación o tenía algo que decir.
La novela es intensamente carnal, irónica y dramática. Va narrando día a día desde el primer cruce de miradas entre los protagonistas al "pasaje ensimismado de los cuerpos que de la nada llegan a todo". Es una novela llena de matices, desde la sensualidad de la prosa a la tensión de la trama y el giro inesperado del final. Disfruté de esta novela y de este autor, del que seguiré buscando material. Sus obras más conocidas son: Acerca de Roderer y Crímenes imperceptibles y hablan de él como uno de los escritores arge…

217. De Abelardo Castillo. Ser Escritor

Nunca escribas que alguien tomó algo con ambas manos. Basta con escribir las manos y a veces es suficiente una sola. La gente en general tiene cara, no rostro. No asciende las escaleras, sube por ellas. No penetra las recámaras, entra en los dormitorios. Evitarás los ventanales y sobre todo los grandes ventanales. (....) En los libros la gente empieza a reírse o llorar en la página 3 y dá la impresión de seguir así hasta que se muere. Sé ahorrativo: si lo que viene al galope es un jinete no hace falta un caballo. La inversa no se cumple. La palabra caballo viene misteriosamente sin jinete...”

218. Lo que dicen los muros. Bogotá

En el Museo del Oro el recorrido se acompaña de decires de los indígenas que poblaban aquella planicie cuando llegaron los españoles detras del sueño de El Dorado.





Una vez controlada la nada, Naainuema creó el agua: transformó en agua la saliva de su boca. Luego se sentó en esta parte del universo que es nuestra tierra, para crear el cielo: tomó una parte de esta tierra y con ella formó el cielo azul y las nubes blancas. Uitoto, Vaupés.
El tabaco antes era gente. Le gustaban los cuentos: cuando oía hablar en una casa se arrimaba a la pared y escuchaba. por eso la Madre hizo que creciera siempre alrededor de las casas, cerquita de la pared. Allá puede escuchar. También la Madre mandó que el tabaco se tomara junto con la coca, porque así pueden oir todos los cuentos. Kogui, Sierra Nevada de Santa Marta
La avispa cortó nuestra cola, la cola que la gente en un principio llevaba. Todos teníamos cola. Le cortó la cola a la rana y también a nosotros que así nos convertimos en seres humanos. Fin…

219. Asunto de inmigrantes

En 1968, el secretario de Estado Mr. Dean Rusk afirmó al Congreso de los Estados Unidos: “Nuestro país posee la rara oportunidad de atraer inmigrantes de gran inteligencia y capacidad de otros países. Si es bien administrada, la inmigración se podrá transformar en uno de nuestros más importantes recursos nacionales”
En eso están.

220. La Quinta de Bolívar. Bogotá

Bajando del Monserrate, los muros de la quinta nos guían hasta la entrada. Es un hermoso predio donde el aire se filtra entre el follaje húmedo. La casa fue residencia del Libertador poco tiempo y él no estuvo en ella más de 400 días en estadías salteadas.
Hay un esfuerzo de reconstrucción, algunas habitaciones logran crear el ambiente por donde andaba el General. El dormitorio impresiona por lo que ya se sabe: Bolívar medía 1,57 m y calzaba 33. Por su lado el cuarto de la estufa murmura historias de complots, enmiendas y estrategias. Cuentan que en Bogotá en aquella época sólo existían tres estufas a leña, una de las cuales construyó Bolívar en estilo prusiano. No cuesta imaginar la vegetación del parque envolviendo la casa en brumas de finas gotas frías y al General dictando una carta al pie de la estufa. Por detrás de la casa, en la despensa y la cocina queda atrás el estilo francés y volvemos a las raíces americanas. En las ollas de hierro negro la india María Luisa se afana en co…

221. El techo de Bogotá

Desde la ciudad, hacia el oriente se ve el cerro de Monserrate coronado  por el Santuario del Señor Caído. Desde la cima del Monserrate se ve la ciudad de Bogotá extendida a sus pies y en su falda. A 3100 metros de altura la empinada ladera conduce hasta el pie del cerro cubierto de vegetación hasta la cima, donde la iglesia simula un retazo de nube enganchada en la aguja de su torre.

Se accede por funicular o aerocarril para continuar subiendo los últimos metros por empinadas escalinatas, que aún quitan el aliento (al menos a los que nacimos a nivel del mar o llevamos la carga de años de cigarrillo). Al frente, el cerro de Guadalupe completa el rosario de crestas que rodea la ciudad.  Luego, el respiro es en el templo. El Santuario declara una historia de más de 400 años que no se evidencia en el edificio, de clara impronta siglo XX. Es una nave blanca, en la que la luz estalla contra unas columnas lobuladas cubiertas de madera roja. Los cuadros del via cruci apenas visten las pared…

222. Entrar a las iglesias III. Bogotá.

Frente al parque Santander, en la Carrera Séptima se alinean 3 iglesias: San Francisco, de la Veracruz y la Tercera, que así se llama, aunque suene raro. ¿Qué historia hay detrás de la construcción de tres iglesias en una misma cuadra? ¿Los fieles estaban enemistados entre sí? ¿Fue una competencia entre curas? ¿Respondió a la vanidad de algún señor o a la fe de los colombianos? La Tercera es la más pequeña y la más nueva y tiene una sola torre que parece construida más tarde que el conjunto. En su interior los fieles rezan el rosario en una cantinela cansona. Pesados retablos de madera oscura, profusamente labradas, guardan santos y vírgenes sobre un piso rústico de ladrillo rojo y entre cuatro paredes blancas. La de la Veracruz estaba cerrada y le da la espalda al largo paredón de ladrillo trabado de la antiquísima Iglesia de San Francisco. Desde la carrera 7º uno accede por el lado. Los años pesan en el silencio de la nave en penumbras que ilumina más los reflejos de oro del altar …

223. El edificio de Avianca. Bogotá

El parque de Santander, en pleno centro de Bogotá, se encuentra custodiado por el Museo del Oro, por un lado, la Iglesia de la Veracruz por otro y por el Edificio de Avianca que sobresale por su altura y su estilo, en una zona de construcciones más bajas y antiguas. Si pensamos que se construyó entre el 67 y el 70, en una ciudad muy distinta a la actual y que pasó a ser el edificio más alto de Sudamérica, podemos imaginarnos el impacto de esta obra. Pero su historia me hace acordar a la del Titanic, el mayor transatlántico del mundo. Este edificio, el primer rascacielos de Bogotá, decidió no tener Piso 13 por aquello de la mala suerte. Al poco tiempo de inaugurado, se produjo un terrible incendió en el ¡Piso 14! que dejó cuatro muertos. Pareciera que al destino no hay como darle.

224. Las alas de los seres humanos

Escuché que nuestra estructura ósea y muscular en la zona pectoral es igual a la estructura de las alas de los pájaros, y que cuando una persona logra aliviarse de las contracturas y tensiones que se acumulan en esa zona, empieza a encontrar otros horizontes, otras posibilidades y es capaz de desarrollar la creatividad.

225. El Museo del oro. Bogotá

Con humor colombiano, lo conocen como el Museo del Loro. En pleno centro de Bogotá y financiado por el Banco República, bajo una moderna concepción museística se exhiben piezas en oro y la tecnología de los pueblos que habitaron el territorio de la actual Colombia desde tiempos prehispánicos. Se destacan los Calima, Muisca, Nariño, Quimbaya, Tairona, Tolima, entre otras. Las piezas están organizadas en cuatro salas: El trabajo de los metales, La gente y el oro en la Colombia prehispánica; Cosmología y simbolismo y La ofrenda.  Se avanza desde la descripción de las técnicas de minería y de metalurgiaantigua, para contextualizarlas dentro de la organización política y religiosa, explorando los mitos, el chamanismo y la simbología de los metales. Estos pueblos tenían una concepción dual del mundo, al que entendían compuesto por opuestos complementarios: hombre mujer, oro plata, luz oscuridad, brillo opacidad. Esto se expresa en la orfebrería a través de la mezcla de metales y el trabajo …

226. Universo frutal II

Diana, nuestra anfitriona en Bogotá, se ha propuesto que pruebe todas las frutas del trópico antes de irme. Por eso insisto con el punto. Cada mañana al desayuno, nos ofrece lo que encontró en el puesto. Las de hoy podrían dar lugar a personajes de historietas: mangostino y carambolo. El mangostino tiene una cáscara dura y gruesa, de color morado y por dentro una "pulpa" naranja. Parece una ciruela de madera. La "pulpa" es extremadamente amarga y no se come, salvo por equivocación como me pasó a mí. Lo que se come es un muscílago blanco que envuelve a la semilla. Poca sustancia. Apenas da para chuparla y saborearla en gotas. La caparazón de la naturaleza dispuesta a proteger una semilla con muy poco de comestible. El carambolo por el contrario se deja comer hasta el cabito. Del color de la papaya es un fruto con cinco costillas bien marcadas que al cortarlo muestra secciones en estrellas perfectas. Dulce, un aguadito le colorea el sabor.

Ayer puso en la mesa grana…

227. Cosmografía de frutas

Exuberancia de gustos, colores y resonancias. Abundancia en formas y texturas. De la apariencia austera del zapote, el naranja fibroso de su pulpa; del aspecto espinoso de la pitaya a la mermelada traslúcida de su interior; de la similitud del tomate de árbol a su homónimo rioplatense al acaramelado de su jugo. Dulce, ácido, amargo, dulce, dulce, dulce. Lulo, uchuva, pitaya, granadilla, mango, manga, zapote, papaya, melón, guanábana, tomate de árbol, chirimoya, mamoncillo. Suenan como saben.

228. Santander de Quilichao

Rumbo a una finca en el Valle vimos en la ruta los carteles con el nombre de esta ciudad de donde era oriunda una amiga que conocí en Africa. Le pedimos al conductor que entrara para poder mandarle a Alejandra unas fotos de su pueblo natal. Y entramos por la calle principal, llena de árboles y pastos altos y duros y tierra roja sangrando en las cunetas. Y los puestos de mercado sobre la calle y la gente negra en la venta, en los paseos, en las charlas. Vestidos de colores y negociando en las calles. Me pareció por un instante estar de vuelta en Nigeria. Sólo que todo es más limpio y ordenado. Y me pareció entender porqué ella se sentía tan bien en Ibadan.

228. Del muro de Deborah

‎"El pastor se acercó a la hoguera donde la noche anterior habían quemado a la bruja. De entre las cenizas todavía tibias rescató un hueso largo, ennegrecido, que luego ahuecaría con paciencia para poder soplar por él y sacar música. Cada vez que salía melodía del agujero del hueso, un monasterio, en algún lugar del mundo, se incendiaba. Cada vez que el instrumento del músico sonaba, una monja cedía a la tentación. Era un fuego dulce, que miraba desde lejos la apariencia de las cosas y las convertía a su danza, crepitando" R. Courtoisie

229. Camino a la escuela.

¿Te acordás, hermana, qué tiempos aquellos?, pregunta María Elena Walsh, parafraseando a Gardel. La radio hace sonar esa canción mientras vacío la biblioteca de mi madre. ¿Te acordás, hermana?, me pregunto yo parafraseando a María Elena, en tanto intento clasificar las pilas de fotos y recortes que salen de sobres amarillos, carpetas de cartón y cuadernos manuscritos. Fotos de cumpleaños, fotos de la escuela, fotos de vacaciones en blanco y negro y con sello de fotógrafo sobre la cartulina blanca. ¿Te acordás, hermana? El inicio de clases fue una fiesta. La emoción de empezar la escuela de los niños grandes, la de tu hermano mayor, no te tenía quieta. Habías mirado con ansiedad la túnica blanca y el moño azul,  colgados en una percha en el armario durante días. “Imita los colores de la bandera”, te dijo el abuelo cuando te sorprendió observando ese flaco fantasma. El moño azul, bien planchado, que en la foto se ve en prolijo paralelismo con el piso, poco duraba en su lugar y al poco …

230. Diluvio universal by Hollywood

I. La lluvia caía como una cortina de caireles. Las ráfagas azotaban polleras y paraguas y por los cordones escurrían los desechos. Un barquito de papel zozobró en una boca de tormenta. Miró calle arriba buscando al niño. Sólo vio gente con la cabeza baja, contra el viento, con el paraguas como escudo. El agua le golpeaba las piernas y  en minutos el pantalón se le confundió con la piel. Apenas avanzaba. A lo lejos, en el semáforo, divisó la luz roja de un taxi libre. Sin pensar que iba a dos cuadras de distancia ni medir la circulación por la calle contraria se lanzó hacia el vehículo.  En Nueva York, por la puerta opuesta habría subido al mismo tiempo el galán y, superada la sorpresa inicial, (este taxi es mío, pero yo lo vi primero, bueno, ya que estamos te llevo) habría comenzado la historia de amor. 

II. La lluvia cae como cortina de caireles desde hace más de una semana. Apenas sale el sol por el oeste cuando un toldo de nubes grises se desparrama por el norte. El ojo del huracá…

231. El reflejo del tiempo

El reflejo de la vidriera le devolvió su silueta. Iba caminando apurada cuesta arriba y reconoció su figura sólo por la ropa que llevaba puesta. ¿Quién era esa mujer? Un abdomen que nacía por debajo del busto y un brazo ancho que tensaba la remera  en la sisa, la hicieron detenerse. Se veía más baja. ¿Cuándo había pasado eso? ¿Cuándo había dejado de ser una mujer para pasar a ser una vieja gorda? Hacía un tiempo que no miraba como le quedaba la ropa porque no le gustaba ver el paso del tiempo, pero cuando lo hacía, el espejo de su casa no era tan cruel como aquel perfil que no reconocía.

232. Las viejas chotas y la autoestima

Recién llego de Buenos Aires. Como no llevé equipaje, fui de las primeras en hacer los trámites y salir de la terminal a buscar taxi. Lloviznaba. En la parada, sólo había un flaco que también esperaba. Le pregunté si esa era la cola y me contestó que sí, entonces, me puse detrás de él. Al ratito llegó un taxi, el flaco se subió y se fue. La garúa se intensificó y empezó a molestar. El cuidador me aconsejó ponerme debajo del techo, con la gente que esperaba a los pasajeros que iban desembarcando. No había nadie cuando empezó a caer la llovizna pero en pocos minutos se juntaron unos cuantos. Un par de ellos me preguntó "si esa era la cola" y les contesté que sí. Al rato, escuché a un par de viejas que increpaban a un muchacho por haberles sacado el lugar en la fila. El muchacho había sido uno de los que me había preguntado por la cola. Las viejas estaban abajo del techo, con equipaje y se acercaron para seguir la discusión. El muchacho les contestó que nos las había visto. En…

234. Haciendo el sexo

Ayer miramos Bastardos sin Gloria en el cable con parte de mi familia. Una de mis sobrinas tiene 9 años. Durante la mayor parte de la película estuvo en otra, así que no nos preocupamos por la violencia que se muestra. Pero como es bastante larga, al final se aburrió y vino a sentarse con nosotros. No daba ni para que mirara ni para que los adultos nos quedáramos sin final. El hermano intentó resolverlo tapándole los ojos en las escenas escabrosas. Cuando Hans Landa se tira con violencia sobre la doble espía y la estrangula barbotando de furia, intentamos que no mirara. -¿Pero que pasa? -preguntó con aires de superada. Y agregó: -Si le quiere hacer el sexo.

235. El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari

Hernán Casciari  es el pibe que arruinaba las fotos. El libro es un relato novelado con características autobiográficas que surgió de los escritos que publicaba en su blog Orsai.es. Cuenta, con un humor ácido, sus manías de niño, sus andanzas de juventud, su relación con sus padres y su hija. Casciari rememora su historia personal entretejiendo, con humor y ternura, episodios de su vida hasta llegar a los dos eventos que lo marcaron en su trayectoria vital y literaria: la muerte de su padre y la llegada a España de su mejor amigo. 
La novela está dividida en cuatro partes, y ya en la primera uno no puede dejar de reir. Hace tiempo que no se me caían lágrimas de risa al leer un libro. Me atrapó, tal vez porque uno no puede dejar de identificarse con ese costado de pibe que arruinaba las fotos que todos tenemos. Entonces, y por eso mismo, me interesó su itinerario como escritor, su posturas ante el mercado editorial, ante las nuevas tecnologías, ante la cultura. Después del libro me fu…

236. De ladrillos y simientes

Un texto anónimo, recogido por Paulo Coelho, dice que cada persona en su existencia puede tener dos actitudes: construir o plantar. Los constructores pueden demorar años en sus tareas, pero un día terminan lo que estaban haciendo. Entonces, quedan limitados por sus propias paredes. La vida necesita una nueva meta cuando la construcción acaba.  Los otros plantan. Éstos, a veces, sufren con las tempestades y las estaciones. A veces parece que todo se ha perdido, pero cuando vuelve el calorcito o la humedad la semilla renace. El jardín siempre requiere la atención del jardinero porque, a diferencia del edificio, nunca deja de crecer. 

237. Me atrasé con las reseñas

La verdad es que llevó unas cuantos libros leidos que no han pasado por aquí: releí Fiesta, de Hemingway, del que no me acordaba nada; me compré Yo también tuve una novia bisexual de Guillermo Martínez; leí El Pibe que arruinaba las fotos de Hernán Casciari; Paseos con Robert Walser de Carl Seelig y claro, empecé a leer a Robert Walser, Los hermanos Tanner. Piano piano. Ya les iré contando.

238. Río de los Pájaros

La última vez que Sampayo cantó en público fue cuando la Estación M. A. Cassinoni cumplió 40 años. La primera vez que cantó en público su canción Río de los Pájaros, fue en la sala del Centro Universitario. Cuando se presentó en público por última vez, ya afectado por un Alzheimer severo, no lograba redondear una idea y repetía una y otra vez una frase que le había resultado graciosa. Pero cuando  aquel hombre en tinieblas comenzó a cantar, las canciones brotaron como agua clara.

239. Y fue en Salto

Ayer estuve en Salto con mi libro de historias de mujeres. En la linda casa del Anglo salteño, una cálida noche de primavera me acompañaron Enrique Cesio por la Fundación Horacio Quiroga y mi amigo Caillabet. Mucha gente en una ciudad que conocía el libro sólo por referencias. Cesio habló del Premio y de mi; Carlos de literatura, de autores, de la vida, aterrizando por mis cuentos y mis personajes cada tanto. Yo les agradezco a todos.

240- Estrategias de sobrevivencia

Ayer me di cuenta que hay dos cosas que hago en cualquier lado: leer y dormir. He dormido parada en el ómnibus apoyada en mi propio brazo; he leido aún en el baño de un avión. Creo que no me quedaba otra: he desarrollado esta capacidad para poder vivir viajando de un lado a otro sin morir en el intento.

241. Ahora Salto. Próximamente Rivera.

241. Frío de primavera

El que menos, se había entusiasmado con el aire tibio y los verdes y rosas dominando el paisaje. El que menos había salido a caminar por la orilla del río o a leer a una plaza. El que más ya había estrenado temporada de playa y soleras vaporosas. El que más y el que menos metieron violín en bolsa, rescataron chaquetas y lanillas y se arrimaron al fuego.

Ana en Sombras. Olga María Romero Mesías

Mi hija me lo trajo de su viaje a Cuba. Lo tomé en mis manos y leí  la contratapa. No entendí y no me entusiasmó: "El escritor se toma su tiempo para leer porque algunas palabras le duelen; reconoce en ellas las pequeñas muertes sucesivas de una muchacha, los exorcismos fallidos de sus oscuridades… Desde la esquina de un dibujo infantil la oveja reflexiona acerca de las funciones del narrador, y en otro plano erotismo versus puritanismo se convierte en el motivo de tres variaciones escolástica que juegan con las posibilidades de la historia desde la sátira como texto lúdico y lúbrico, como proceso de construcción y desconstrucción que se sustenta en el uso del pastiche, lo paródico, la exégesis ingeniosa, las revisitaciones al pasado, e incluso la crítica literaria".  Luego, internet repetía dos veces el mismo texto. Demoré en entrarle. Parecía un bodrio intelectual lleno de prosa difícil. Por darle un retorno a mi hija sobre su regalo lo puse en la mochila en uno de mis mu…

244. Superplugged. Nico Arnicho

Superplugged es una experiencia diferente. Desde el tap tap del zapateo americano y el monótono repetir de una cajita de música, se transita hacia los sonidos elementales de una calabaza que suena, el agua que cae, el eco de una caverna de cerámica, los cuencos de cuarzo respondiendo a las caricias del músico o las semillas que golpean contra las lonjas. Desde el sonido más puro y primario como el golpe de los puños sobre el pecho, Nico Arnicho integra la tecnología del mundo actual amplificando el arcoiris de posibilidades sonoras. El espectáculo te permite participar del armado de una obra musical desde la capa primigenia hasta lograr la polifonía de un coro de una sola voz. Participar de la creación de una noche de tormenta que se rasga en un grito de lechuza al final es inquietante y las hermosas canciones, sencillas, como la del birimbao de los charrúas, conmueven. Y el freedom, libertade, liberté, mi libertad, moviliza. Pasó una hora y uno sentía que recién había comenzado. Muy …

247. Un cañón dado vuelta

En la plaza Colón, en el barrio del puerto en Paysandú hay un cañón de los usados para la defensa de la ciudad, en el sitio de 1864. Como el ataque de Venancio Flores y los brasileros se hacía desde el río, las baterías apuntaban hacia allá.
Luego que Paysandú fue destruido y sus defensores derrotados, el cañón pasó a ser un recordatorio de aquel verano infame. Pero en tiempos de paz, a la Argentina no le gustó que un cañón los apuntara, así que presentaron sus diplomáticas objeciones y hubo que darlo vuelta. Nuevamente los cañones apuntando al centro de la ciudad. El monumento recuerda entonces la derrota, no la defensa.   He pasado al lado del cañón cientos de veces y no conocía esta anécdota. La leí en un reportaje a Delgado Aparaín.

249. La lluvia y la nostalgia

Yo nostalgio
tú nostalgias 
y como me revienta que él nostalgie, decía Benedetti.

El día del festejo más acorde al espíritu uruguayo amaneció lloviendo. La lluvia cae lenta y  pespuntea una cortina fría de gotas. Por los cordones, la escorrentía arrastra bolsas y papeles. La poesía, a brazo partido con la basura.

Historias Mágicas del Uruguay interior. Néstor Ganduglia

Este libro rescata las viejas historias orales y tradiciones del interior de Uruguay a través del relato de la gente que cree en ellas. Hay historias de aparecidos, de estancias y lagunas mágicas, luces “malas”, lobisones y árboles encantados. Me he criado oyendo decir que hay que prenderle una vela al Negrito del  pastoreo para encontrar las cosas perdidas y recién ahora conozco su triste historia. Ganduglia  rescata también la lucha de negros en la República del Yí y de los indios a través de  la leyenda del Viraró.  Historias que acompañan las rueda del mate en los fogones, las rondas en los boliches, los cuentos de las abuelas para dormir. Cada historia se prologa con alguna otra leyenda de los pueblos Latinoamericanos, que son parte también del trabajo de Ganduglia como investigador. Hasta ahí todo bien: un libro necesario y ameno, pero yo hubiera preferido que las historias hablaran por si mismas y que las "lecciones" las sacara el lector. Creo que el discurso aleccio…

250. Tristeza

Hoy me inundó la tristeza. No sé, cuando algo se inunda hay una fuerza/evento/fenómeno exterior que invade. Un río, una lluvia torrencial, una cascada. Es más, aún una canilla mal cerrada. Es decir, el agua no está y aparece. La tristeza, ¿viene de afuera? En esos días de ánimo de llovizna, ¿dónde está la tristeza? ¿Es acaso un ente que se agazapa a la espera de un traspié para caerte encima o es aquella humedad de los cimientos que mana por las juntas cuando el caudal sube por encima de la cota soportable?

Ángeles entre nosotros. Alberto Gallo

Ángeles entre nosotros es una novela compleja. Densa y compleja. Se entrelazan historias de humanos que van desde la fundación de Montevideo hasta nuestros días e historias de caballos que se entrecruzaron con aquellos humanos. Hay algo de excesivo. Demasiadas historias, demasiados personajes. Yo no soy capaz de seguir tantos hilos por más de 600 páginas.  Dicho esto, y una vez transcurridos algunos dìas de haberla terminado de leer me deja el regusto de los buenos libros. Muy bien documentada, trae vivencias de Montevideo colonial, nos insinúa a un Artigas humano y querible, nos cuenta la batalla de Las Piedras desde la perspectiva de un caballo, se mete en el Beagle de Darwin y nos hace navegar con él a través de los ojos de su dibujante. Rico, denso y complejo.  Me pareció un hallazgo dotar a los caballos de rasgos humanos y contar las historias desde su mirada. No me gustó, que empezara los párrafos con la misma expresión que terminaba el anterior.  Alberto Gallo es uruguayo. Es …

251. Memoria del pueblo

Dicen que cuando los bárbaros destruyeron todas las bibliotecas, los griegos lograron recomponer "La Ilìada" recurriendo a la memoria de la gente. ¿Habrá un libro uruguayo que podríamos recuperar así?

252. Capicúa

Entrada capicúa. Ayer fue el aniversario de la Toma de la Bastilla. Hoy es el día del Padre. Mi papá hacía un chiste de un mellado que decía que la esposa no quedaba embarazada por la toma de la "bastilla". La entrada empieza por donde termina y termina por donde empezó. Y le tocó el capicúa: 252.

253. Cantando

Se levanta cada mañana con una canción en la cabeza y canta. Canta bajito, como arrimando el recuerdo y desentierra de su mente (y su corazón) versos ya olvidados hasta por el autor. Viejas rancheras, corridos y boleros, vaya a saber de dónde ni de cuando, se asoman por su boca como si los sueños pelearan por no desvanecerse con las luces del sol.

254. Memoria Corporal. Jorge Meretta

Me acabo de enterar que falleció el poeta Jorge Meretta. Lo vi una sola vez y me regaló un libro, Memoria corporal, porque me habían gustado sus poemas.  Mirá vos, me dijo, a quien se los dediqué no le gustaron. Con su figura menuda, su olor de fumador me llegó antes que sus palabras. Se sentó a la mesa conmigo, donde estaba con mi hija, a esperar el turno para leer unos poemas en la Casa de los Escritores. Me extendió el libro y me pidió que leyera un poema. La fuerza indiscutible de sus versos me llegó a las entrañas. Por el desfiladero de tus pechos/ mi boca se hace cruces. Cae la lluvia/ Con ojos nublados de vigilia me preguntó si me gustaban. Decir que si era ocioso, agregar algo más, pedante. Acorralado entre tus piernas lloro/mi penúltima muerte. Sin salida/ Entonces sólo dije que sí. Aguardó unos minutos más, mientras otros poetas leían. Le alegraba, le dijo a mi hija, que gente joven fuera a escuchar poesía. Se le notaba incómodo. De pronto, se levantó y dijo: "esto no …

255. Lidiando con la burocracia

"Hemos encontrado al enemigo, y él es nosotros" Pogo by Walt Kelly.

256. 5 mentarios

Blogger cambió la etiqueta de los comentarios de "0 comentarios", cuando nadie dice nada, a "Sin comentarios" que suena más a "me guardo lo que quiero decir".
La inocencia de las palabras.

257. Veranillo

El velo blanco del jazmín se insinúa entre las ramas raquíticas. Las plantas se confunden y desesperan por echar flores. Algunas notas de color matizan los ocres y marrones. Sonríen. La semana próxima serán cálices quemados por la helada.

El sueño del celta. Mario Vargas Llosa

Me gusta Vargas Llosa y más allá de la polémica por la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010, creo que sus méritos literarios son incuestionables. Coincidieron, entonces, la entrega del Premio y la polémica, con la aparición de su última novela, un proyecto para el que se documentó durante años: El sueño del celta.  El autor de tantos libros excelentes, como La Guerra del Fin del Mundo (1982), La Fiesta del Chivo (2000), por no citar los que lo hicieron más famoso como La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966) y Conversación en La Catedral (1969), no supera su propia marca y se queda, nadando playito, en una historia interesante pero que insensibiliza a pesar de ser un inventario de atrocidades. El sueño del celta toma como materia prima la vida de Roger Casement (1864-1916), un irlandés que denunció los abusos de los países colonizadores en África y en América Latina. A raíz del descubrimiento de este mundo despiadado en el Congo belga y luego en la Amazonia, Caseme…

260. Taxonomía

Borges cita "cierta enciclopedia china" donde está escrito que "los animales se dividen en  a)  pertenecientes al Emperador,  b)  embalsamados,  c)  amaestrados, d) lechones,  e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h)  incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas"

261. Daños

El verdugo le ató las manos a la espalda al reo y preguntó:
-¿Le aprieta? ¿Le estoy haciendo daño?
Luego, tomó el hacha y, de un corte limpio, lo decapitó.

Catedral. Raymond Carver

Doce cuentos en un volumen que lleva el nombre del último en el libro. Una especie de tensión atraviesa los relatos escritos con precisión quirúrgica. Los finales, más que abiertos quedan suspendidos. Me gustaron especialmente Parece que no es nada y El Compartimiento. Dicen que Carver es el maestro de la narrativa corta del siglo XX. Hay que releerlo y releerlo porque se puede aprender mucho. Cualquier palabra más, sobra.  Como querría él. 

Leopardo al sol. Laura Restrepo

Este es el tercer libro que leo de Laura Restrepo, después de “Dulce compañía” y “Delirio”. Puedo decir que me gusta esta autora. Otra colombiana y de gran estatura, aunque la pobre lleva la cruz de ser comparada con García Márquez. De él,  ella misma dice en los agradecimientos, que "su genio medio nos aplasta, medio nos ilumina". Si bien pueden distinguirse ciertos rasgos del Premio Nobel, a mi entender, Restrepo logra iluminarse por si sola y sin aplastarse.  Diferente a “Delirio”, esta es una gran novela y a mi me atrapó. No muy larga, se hace amena tanto por la manera en que está contada como por la historia que cuenta. La historia es la de dos familias, los Barragán y los Monsalve, que en realidad son una, porque están emparentados. Un día, dos de los primos tienen un altercado por una mujer y Nando Barragán termina con la vida de su primo Monsalve. Eso supone el comienzo de una guerra declarada, en la que Barraganes y Monsalves se dedican a exterminarse, mientras llev…

262. Bienes (¿o males?) inmuebles

En Avenida de Mayo y Sàenz Peña bajo un andamio montado en una fachada típica del barrio Monserrat, entre los fierros y en la ochava, una pareja joven tiene instalada su casa: el colchón de dos plazas con almohadones, varias cajas con pertenencias y nailones y telas como cortinas, algunas corridas, otras recogidas entre la estructura tubular. Tres cachorros además retozan por la verda. Sucios, a la chica le faltan dientes y son dueños de la esquina. Duele.

263. Imágenes

Hace unos años, cuando una vendedora que mentalmente no ubicaba muy lejana a mi me llamó "señora", tuve mi primer shock neurótico. Hoy, otra vendedora me dijo que a las rubias les quedaba bien el naranja. No entendí a quien le hablaba. Luego, me miré en el reflejo del vidrio. Efectivamente se me había ido la mano con la tinta.

264. Silencio y canto

En una esquina de la calle Reconquista la Basílica de Nuestra Señora de la Merced tiene un aire señorial. Atravieso las rejas que, por suerte, están abiertas. En la entrada, unas letras labradas en marmol advierten que desde allí se defendió la ciudad contra los ingleses en 1806, que allí funcionó un Hospital de Sangre en otras guerras y que desde allí operó Belgrano. Mucha gloria. La nave, estrecha y única termina en un altar con columnas doradas, estatuas y pinturas. Barroco. Reluce entre las paredes pintadas en color vino con un aire de diseño flamenco, de trompe d'oeil sobre el dorado. La cúpula es doble, trato de acordarme si todas las cúpulas son dobles, y termina en un domo pintado de cielo. Me imagino desde allí balconeando la misa, llenándome el pecho con música celestial. Todo solemne, el minuto de descanso impostergable se puebla de silencio.En Barlolomé Mitre y Suipacha la Parroquia de San Miguel parece más vieja porque es más austera y más pobre. Comparten la esquina …

FRAGILIDAD, de Andrea Blanqué. Alfaguara, Montevideo, 2008.

Esta novela me la regalaron cuando compré Leopardo al Sol de Laura Restrepo. Bien por Alfaguara que  al comprar un libro de su editorial te regala otro de autor uruguayo. Lástima por el autor y la literatura uruguaya. De los que me ofrecían, elegí éste de Blanqué porque tengo en buen recuerdo sus cuentos de “La Piel dura”, algunos de ellos de imborrable memoria. Blanqué incursiona aquí con un tema tabú, como lo es el alcoholismo femenino en la clase media, pero si bien la novela es entretenida y se lee con fluidez, el tratamiento es tan cuidadoso que se queda por el camino.Cada párrafo, cada capítulo, cada escena es tan medido que logra una asepsia de “caso”. El libro cuenta la historia de una mujer insatisfecha que se refugia en la bebida, pero en forma secreta y en el ámbito “femenino” de la cocina de su casa. Se reconoce Montevideo, se reconocen las contradicciones de esta sociedad post- liberalismo y se comete algún error cuando se introduce en el viaje al interior, a Salto en part…

265. Diálogo callejero

Le pregunté a un muchacho en Puerto Madero:
-¿Dónde llega el Buquebus? -porque dudaba si tenía que caminar hacia la derecha o hacia la izquierda.
- ¡Ah! adonde llega no sé. Yo siempre lo usé para ir a Uruguay. A otro lado no sé, si quiere pregúntele a otro. -me contestó preocupado de no poder ayudarme.

266. Estampas de Buenos Aires II

1:270.000 personas visitaron este año la Feria de Libro. Igual que el año pasado. Si pensamos que en esta ciudad viven más de 10 millones de almas, es poca gente.Por Bartolomé Mitre, casi 9 de Julio duermen 4 pesonas sobre colchones mugrientos. Entre bolsas de basura una pareja descansa, de torso desnudo,  después de hacer el amor. En medio de la vereda, al medio día al sol.Sigo a una estrella por día. O luceritos, no sé: Boy Olmi caminando por San Telmo y Hugo Portal a la vuelta del hotel. El tiempo pasa para todos, aunque la televisión lo disimule. Les Luthiers mantienen su encanto y llenan el teatro de gente que ríe desde que salen a escena hasta que termina la función. La magia se renueva, desde hace 44 años, porque siguen siendo los mismos.

267. Testimonios

Por calle Reconquista camino a lo largo del muro del Banco de la Nación. El edificio, emblema de la Argentina poderosa, tiene un sendero de placas de granito que acompaña los pasos. En negro sobre el gris del pavimento se inscriben los funcionarios desaparecidos por el terrorismo de estado. Son nombres, fechas, la sucursal donde trabajaban. Identifico a dos hermanos. Pienso en los padres.En la esquina de Corrientes y Uruguay, a la salida del Subte, otra placa de granito, ésta sola, recuerda el lugar donde fue secuestrado un militante popular. Recuerdo aquella frase, acuñada en Nicaragua, "no los mataron, los estaban sembrando".

268. Una estrella por día.

En la esquina de Corrientes y Paraná vi a Hugo Arana actuando de él mismo. Se acababa de bajar del cartel de Mineros. Al otro día, en Corrientes y Montevideo, encontré a Víctor Heredia tomando un café. En el cielo, las otras estrellas apenas se distinguían opacadas por tanto glamur.

269. La Feria del Libro y El Ateneo

La Feria del Libro son 45 mil metros cuadrados de stands de libros en un despliegue multicolor que regocija. Antes de entrar, se ven colas de gente en perpetuo movimiento que avanzan y se renuevan. Hay muchos jóvenes y eso da gusto. Entro y comienzo a caminar y mirar. Me detengo ante un stand lleno de personas, lo que augura buenos precios. Me tiento con 2 ò 3, los cásicos, algún autor perseguido por mi. Pero prefiero esperar, me digo, esto recién comienza. Y sigo caminando y leyendo solapas y contratapas. Vi tres pabellones en tres horas. No fue una visita exhaustiva porque al rato de andar llegué a las siguientes generalizaciones, que pueden ser muy inexactas:
El 80% de los libros son de historia argentina; ensayos de diversos tópicos de política argentina o psicología y  libros periodísticos de temas de actualidad.El 15% es una propuesta interesante, y alentadora, de las editoriales de libros infantiles.El 3% son libros de autoayuda y manuales diversos y sólo el 2% es literatura.Y …

270. Para la autoestima

"¡Qué hermosos ojos tenés!", escuché muy cerca de mi, casi en la nuca. Levanté la vista y, de curiosa, busqué alguna mujer bonita que viniera hacia mi. Volví a escuchar la voz masculina, "Me encantan tus ojos". Era para mi. Sonrío. Me han piropeado los labios, el pelo y alguna que otra parte del cuerpo menos pública, pero los ojos nunca. ¡Y mucho menos de espaldas!

271. Cómo cambiar dólares en tres pasos en la Argentina K

1. Entro al cambio en el que no hay nadie. Me dirijo al mostrador y le digo al empleado que deseo cambiar dólares. Me pregunta si estoy registrada y a mi respuesta negativa me pide el documento. Copia los datos en la computadora con total prolijidad. y además me pregunta en qué hotel me alojo, la fecha en que ingresé al país y mi ocupación en el de origen. Saco el dinero que pretendo cambiar pero me indica que vaya con el documento al mostrador de enfrente y espere a ser llamada. 2. Atravieso el local  en el que sólo están los cuatro empleados detrás de los mostradores y dos guardias en la puerta. Espero.
Una pelirroja toma mi documento, chequea la información en su computadora e imprime dos papeles: uno parece un recibo, el otro es un formulario escrito con una letra que no puedo leer sin lentes. Con displicencia la pelirroja me marca con una cruz dos lugares donde firmar y otro donde escribir el documento. Intento leer pero las letras se desparraman por media página como arañitas. …

272. Estampas de Buenos Aires

A los matices del español escuchados por las calles se suman sonidos africanos de muchachas y muchachos que cada 10 ó 15 metros se distribuyen por la vereda de calle Corrientes para vender pulseras, relojes, broches. Abrigados hasta la nariz sus caras parecen mástiles de caoba sobre sus cuerpos esbeltos. Me siento tentada a preguntarles de donde vienen, qué hacen en este frío lejano, pero sigo de largo. Están ensimismados hablando entre ellos en uno de los miles de dialectos que se usan en Africa y sus ojos sólo miran los ojos del hermano.En la esquina del hotel, Olmedo y Portal conversan a las risas sentados en un banco. De noche un reflector los alumbra. Tan reales, que pasé dos días por su lado y no me percaté que eran estatuas.Tomo una cerveza en un bar de la Avenida Córdoba. Adentro, porque está frío. Una paloma confundida busca miguitas entre las mesas. La echaron.La vieja calle Lavalle no tiene ni un cine. No es que no haya vuelto a Buenos Aires desde mi infancia, pero me viene…

273. Babel

Buenos Aires cobija en sus calles todos los tonos de Latinoamérica. Caminan a mi lado los decires de colombianos, mexicanos, chilenos, peruanos. ¿Cuántos uruguayos se camuflan entre el vocerío general?

La pista de hielo. Roberto Bolaño.

Son tres versiones de un crimen que van entrelazándose en esta novela que transcurre en un anónimo pueblo de la costa española. Un chileno dueño de un camping y un bar que ha postergado sus inclinaciones literarias por un bienstar económico, un mexicano, también poeta y desarraigado, que sobrevive como vigilante nocturno en el camping y un psicólogo catalán metido a político. El asesinato ocurre en la pista de hielo, un lugar prohibido, misterioso e ilegal, construido por el psicólogo para su amada Nuria, una patinadora caprichosa que se siente atraída por el chileno Morán. Entre medio aparecen otros personajes como la alcaldesa, el motorista o la cantante callejera, que lejos de distraer, refuerzan la intriga y la tensión de un relato que hasta la última página no se sabe cómo terminará. Los relatos de Remo Morán, Gaspar Heredia y Enric Rosquelles, develan también sus anhelos y frustraciones, lo que le permite al lector adentrarse en la trama. Es una breve novela negra, interesante y…

275. De las Mujeres soles en la capital

El lunes llevé el libro a Montevideo. Lo presentè en el Ateneo junto a la editora, el prologuista y 3 amigas que les pusieron voz a mis palabras cuenteras. Mucha gente me acompañó y mucha gente se llevó mis historias a su casa.

¡Gracias a todos!

276. Una visita

Estaba trabajando en mi oficina el miércoles de tarde cuando una pareja de ancianos preguntó por mi en la recepción. Me asomé. El vestía bombachas de campo y alpargatas. En el cuello llevaba un pañuelo de seda anudado hacia adelante. Apenas encorvado, el pelo y los bigotes blancos se destacaban sobre un rostro colorado. Su apariencia era muy prolija y todo su aspecto era cuidado. La señora que lo acompañaba, más o menos de la misma edad, también se veía vestida con esmero, con el cabello teñido de castaño y ropas de ciudad. Les calculé alrededor de 80 años. El me miró y me preguntó si yo era quien buscaba. Hablaba con cierta dificultad pero los ojos eran vivaces. Se presentó como el último sobreviviente de los alumnos de mi abuela.
Mi abuela era maestra rural y en el año 1928, cansada de que los niños faltaran los días de lluvia o llegaran empapados y enfermos, se compró un Chevrolet cero kilómetro de capota de lona y llantas con rayos de madera,  para recogerlos por el camino. El cu…

277. Choque de Pascuas

Hubo un choque en la esquina de casa. El estruendo sacó a los vecinos de los preparativos del almuerzo de Pascuas. Y a los parroquianos del bar de la esquina de abajo. Todos salimos a la vereda, como buenos curiosos de pueblo. Uno de los hombres que estaba en el bar llegó hasta la esquina del accidente y encontró que la que se había estrellado contra el edificio con la camioneta nueva era su esposa. ¡Felices Pascuas!

278. Lo que cuesta

No debería costarme tanto escribir un texto corto sobre una sola idea por día. Pero parece que sí. En un año y 5 meses escribí 87 entradas. Aún me faltan 277. ¡Mmm! bajo bajo. ¿No será posible meterle un poco de café?

279. Lecturas de verano

En una semana que pasé en Playa Hermosa leí Canta la hierba, Suite francesa y El engaño Hemingway. Desde que volví, hace ya un mes, empecé varios que no logro terminar. Ahora le entré a Pista de hielo de Roberto Bolaño y ahí voy, página a página.

El Engaño Hemingway. Joe Haldeman.

Era un autor desconocido para mi, porque no soy muy afecta al género de ciencia ficción. Me interesó el título, ya que sí soy lectora de Hemingway. El planteo está bueno: en 1922 el joven Hemingway, todavía una promesa en el mundo de las letras, sufre la pérdida de una maleta que contiene la única copia de su primera novela y de algunos de sus primeros relatos. Casi ochenta años más tarde, un personaje  inescrupuloso intenta que un profesor de literatura especializado en Hemingway falsifique esa primera novela y prepare lo que, en definitiva, va a ser el "engaño" Hemingway, lo que resulta ser un atentado grave a la historia de la literatura y supone un involuntario y peligroso paseo de los protagonistas por una serie de universos paralelos. Una buena idea que no se acaba de desarrollar del todo bien. A medida que progresa la trama se va haciendo más entreverada y no termina de quedar muy claro lo que está sucediendo: aparecen las pequeñas alteraciones de los universos parale…

Suite francesa. Irène Nemirovsky

Esta es una novela curiosa y conmovedora, pero no por la novela en sí, que es buena, sino por la historia de la autora que rodea a la novela  y que es parte de ella. La novela tiene dos partes: una refiere a los días previos a la invasión alemana a Paris, en 1940, donde se presentan las historias y perfiles de distintos personajes que afrontan esas circunstancias con diferentes estrategias, pero todos con incredulidad.  La segunda parte se concentra en algunas de las historias anteriores para narrar la relación entre los vecinos de un pueblo rural y los invasores. Se vislumbra cierto desmoronamiento ético, cierta complacencia, aunque quedan algunas reservas de coraje. La novela termina donde no parece que debiera haber un final y esto se engancha con la historia de la autora que es la otra novela. Irène Nemirovsky nació en Rusia en 1903. Pertenecía a una familia judía de la alta burguesía. Cuando se produce la revolución bolchevique huye a Paris donde crece, estudia, se convierte al …