lunes, 30 de enero de 2012

Una prosa, sin adjetivos ni filigranas que irradia poesía.


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.[…] (Cortázar, Rayuela, 1963)

domingo, 29 de enero de 2012

Ejercicio de las ranas


Consigna: A partir de una palabra, hay buscar que proliferen otras, se fragmentan y se escucha su sonoridad. No es buscar una misma raíz sino desprenderlas por su sonido. Cerrar con un texto brevísimo.
Dos ejemplos:
  1. Remolino= Remo – lindo. Lindo remo ¡a navegar! Re- molino= dos molinos muelen la harina del cereal= sé real, no seas falso, no imites, no actúes con impostura= sin- postura. Sin postura no hay contexto= con –texto son los libros, los cuadernos y los versos=ver S.O.S. Si se ve algún llamado de socorro yo corro y lo auxilio=al cilio. El protozoario tiene cilios y el más feo es la ameba= o-me-va-o-me- viene. Oh! Me viene a la memoria aquella historia de navíos y de remos.
  2. Montonera=montón-era. Era un montón de estiércol=este era un col. Un colibrí de la huerta y en la puerta cantaba un cardenal=car-na-val. Carnaval de las promesas. Futuros murguistas que se van en el camión=a-vión. El avión tiene dos alas y un motor=ro-tor. Que rota y rota=bo-ta. Botas tienen los soldados=sol- dados. Dados del sol son dados de ases=haces señas con las manos=va-mos juntos a jugar=pu-jar que ya nacen las promesas del futuro carnaval.   

domingo, 22 de enero de 2012

282. Año del Dragón

He seguido las instrucciones de Ludovica para empezar el Año del Dragón como se debe: el consejo era organizarse antes del 23, pensar los propósitos, las prioridades, los pendientes. He llenado listas en cuadernos y libretas. Ahora veremos cómo transcurre, aunque me gustó esta imagen porque a la vida  hay que crearla cada instante. 

viernes, 20 de enero de 2012

283. Canícula

Desde el fin de semana la temperatura ha ido subiendo implacablemente un grado por día. Hoy llegó a 38º. El  azul del cielo se fue haciendo más brillante y ha desaparecido hasta el último vestigio de nube. Cielos de postal, suelos sedientos y gente agobiada.

lunes, 16 de enero de 2012

El ruido de las cosas al caer. Juan Gabriel Vásquez


Esta novela de nombre sugerente fue Premio Alfaguara 2011 y su autor es colombiano. Sin más referencias que éstas la encaré. Le tengo fe a los colombianos para la literatura. A partir de García Márquez, que está fuera de competencia, la nueva generación de escritores ha aportado lo suyo, sobre todo para acercarnos a la historia reciente de Colombia. Laura Restrepo, Jorge Franco, Fernando Vallejo y ahora  Juan Gabriel Vásquez nos cuentan historias en las que el telón de fondo de la realidad política y social de uno de los países más convulsionados de América Latina va apareciendo como un caleidoscopio en el que siempre cabe un color más. 
El ruido de las cosas al caer cuenta sobre la confluencia de dos generaciones, de aquella que vio nacer al narcotráfico a la otra más reciente que aun sin formar parte directa pagó las consecuencias. Y los jóvenes quieren entender y los viejos quieren reconstruir y olvidar. La novela es amena sobre todo en la primera mitad y logra mantener la tensión a través de la resolución de un misterio que no se da de una ni con facilidad al lector. El ruido de las cosas al caer, hace alusión en su título a otro hilo conductor, que son tres accidentes aéreos en la historia de Colombia que también marcaron a sus respectivas generaciones.
Buena lectura.

domingo, 15 de enero de 2012

284. Final de fiesta

Se me acaban las vacaciones y no me queda claro cuando empezaron. Sólo hace un par de días disfruto del ocio en mi jardín y de las playas del río. ¿Podré postergar la entrada al vértigo un poco más?

sábado, 14 de enero de 2012

La increible y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. Gabriel García Márquez



Volví a leer esta novela corta que García Márquez escribió en 1972. La había leido hace mucho tiempo, cuando apareció en las librerías y me había quedado con la brutalidad de la historia. Creo que fue de las historias más crudas que leí, cuando apenas comenzaba el liceo. Pero recordaba el estilo narrativo de incluir en un marco de realismo casi frío elementos fantásticos como si fueran naturales. El color que adoptaban los objetos cuando Ulises enamorado los tocaba, la sangre verde de la abuela, el recorrer el mundo cargando los muertos. Pero también recordaba como sensación las descripciones del  desierto y con ellas la vivencia de ese calor seco en el que el viento caprichoso dominaba los destinos de la gente.
Un gusto que me di a la hora de siesta, esta tarde de verano. 

miércoles, 11 de enero de 2012

El maravilloso adjetivero de mi primo Len. Walter Braden Finney


De los correos de Carmen Simón, creo que el Prisma se merece este texto.

Mi primo Len encontró su maravilloso adjetivero en una casa de empeños. Suele visitar las casas de empeño de la Segunda Avenida porque, según dice, son un alivio comparadas con la naturaleza.  Al primo Len no le gusta mucho la naturaleza. Se pasa la mayor parte del tiempo al aire libre juntando material para El sabor y el saber de los bosques, una sección que escribe, y dice que preferiría ser plomero.

Así que recorre las casas de empeños en el tiempo libre, llevándose equipos de proyección estereoscópica (vistas de la Feria Mundial, Chicago, 1893), relojes que dan la hora sonoramente, y caballitos de porcelana que sostienen escarbadientes en la boca. Mi mujer y yo admiramos mucho estos objetos. Hemos estado viviendo con el primo Len desde que salí del Ejército, mientras esperamos conseguir casa propia.

Así que también admiramos el adjetivero. Tenía la elegancia de líneas de una toma de incendios, aunque era un poco más pequeño y de peltre. Creíamos que se trataba de un salero y también el primo Len lo pensó. Descubrió que en realidad se trataba de un adjetivero cuando estaba trabajando en su artículo, al día siguiente de comprarlo.

“Las ramas enjoyadas de la foresta hechizada están fúnebremente silenciosas”, había escrito. “La mano helada como de acero del invierno ha aquietado su verde murmullo estival. Y las notas argentinas, como de flauta, de sus innumerables aves tornasoladas han desaparecido”.

A esta altura, como es natural, se tomó un descanso. Y empezó a examinar el salero. Le estudió la parte inferior en busca de la marca de fábrica, haciéndolo girar en las manos, con la tapa a dos centímetros y medio de lo que había escrito, y un momento después vio que el manuscrito había cambiado.

“Las ramas de la foresta están silenciosas” leyó. “La mano del invierno ha aquietado su murmullo. Y las notas de las aves ha desaparecido”.

Ahora bien, el primo Len no es ningún tonto, y reconoce una mejora cuando la ve. Volvió a poner manos a la obra, escribiendo con el estilo de siempre, pero esta vez redactó un artículo dos veces más extenso. Y después le aplicó el adjetivero, moviéndolo de aquí para allá como un magneto, recorriendo cada línea. Y los adjetivos y los adverbios desaparecían de la página, con un leve silbido, como partículas de pelusa dentro de una aspiradora. Cuando terminó, el artículo tenía la extensión exacta, y el estilo más agudo y límpido imaginable. Por primera vez, como lo comprendió el primo Len, el artículo parecía decir algo. Luisa, mi mujer, dijo que casi daban ganas de salir e ir a los bosques, pero el primo Len no pensaba que eso estuviera bien.

Desde entonces mi primo Len usó el adjetivero en todos los artículos, y mediante la experimentación descubrió que, a dos centímetros y medio de distancia del papel, absorbía todos los adjetivos, hasta los más pesados. A cuatro centímetros, sólo adjetivos de peso mediano; y a cinco, sólo los de tres o cuatro letras. Gracias a un cuidadoso control, mi primo Len ha podido producir artículos sobre la Naturaleza cuya masa de lectores ha crecido día a día. “Es el mejor material de lectura del diario, junto a las necrológicas”, le escribió una anciana. Lo que ella quiere decir, me explicó Len, es que el artículo que se publica junto a las necrológicas, en la página, es el mejor material de lectura en todo el diario.

Mi primo Len siempre espera hasta que nosotros estemos en casa para vaciar el adjetivero: nos gusta estar presentes. Se llena una vez por semana y Len desenrosca la tapa  y, golpeándole el fondo como si fuera una botella de salsa de tomate, lo vacía por la ventana que da a la Segunda Avenida. Y allí, atrapados por la brisa, los adjetivos y los adverbios flotan sobre la calle y las veredas como una nube de confites casi invisibles. En cierto modo se asemejan a fideos en miniatura de una sopa de letras, unidos entre sí y hechos con el más delgado celofán.

No se los puede ver a menos que la luz sea la indicada, y en su mayor parte son incoloros. Algunos tienen delicados tonos pastel, sin embargo. “Muy”, por ejemplo es rosa pálido; “Exuberante” es verde, desde luego; e “Indudable” de un color gris sucio. Y hay una palabra, la favorita del primo Len cuando más odia a la Naturaleza, que se parece a un trozo de la tirilla roja y brillante que cierra los paquetes de cigarrillos. Tal palabra no puede ser revelada en un relato que puede ser leído por las familias.

La mayor parte de las veces los adjetivos y los adverbios sencillamente caen a la calle, y desparecen como copos de nieve al tocar el asfalto. Pero en ocasiones, cuando tenemos suerte, caen de lleno en una conversación.

Un día la señora Gorman pasaba bajo la ventana con la señora Miller. Venían de hacer las compras. Y una pequeña ráfaga de adjetivos y adverbios cayó exactamente en medio de lo que decía.

“Los precios, en estos días apacibles –señaló– son evanescentes, trascendentales, y sencillamente impresionantes. Toma en cuenta mis maníacas palabras: las cosas están yendo directa y superlativamente para el centelleante, indomable y alegórico carajo.”

La señora Gorman se quedó bastante sorprendida, desde luego, pero afrontó la situación con elegancia, sonriéndole con majestad y condescendencia a la señora Miller. Siempre había sostenido que sus antepasados eran reyes: ahora pretende que además eran poetas.

Una vez le sugerí al primo Len que conservara los adjetivos, los envasara en frascos o latas prolijamente etiquetadas, y los vendiera a las agencias publicitarias. Sin embargo Len señaló que no le alcanzaría la vida entera para suministrarles las cantidades necesarias. Aún así, conservamos varias cajas de zapatos llenas que llevamos con nosotros cuando hicimos un viaje turístico a Washington. Y allí, en la galería para visitantes que da sobre el Senado, las vaciamos con prudencia en dirección a un enorme ventilador eléctrico dirigido hacia abajo. Se desparramaron en una gran nube y bajaron derivando a través de un animado debate. Sin embargo algo debe haber fallado esta vez, porque las cosas no sonaron distintas en absoluto.

Aún seguimos empleando el maravilloso adjetivero, y los artículos del primo Len mejoran sin cesar. Hace poco apareció una recopilación reunida en un volumen, que probablemente ustedes han leído. Y se habla de vender los derechos cinematográficos. A nosotros también nos resulta útil el adjetivero para redactar telegramas, y yo lo usé, por lo general a una distancia de cuatro centímetros, para escribir esto. Por eso es tan breve, desde luego.

lunes, 9 de enero de 2012

285. Felicidad


Una encuesta de Gallup estableció un rancking respecto al sentimiento de felicidad de los habitantes de diferentes países. Los más felices son los de las islas Fidji, con U$4.500 por año de ingreso per cápita. Claro, uno puede pensar que en las islas Fidji se puede ser feliz viviendo de la caza y de la pesca. Segundos felices del Orbe, los holandeses con U$42.000 per cápita por año. Gente sin vueltas, pragmática y con una calidad de vida envidiable. La sorpresa me la llevé con el tercer lugar: ¡los nigerianos se sienten muy felices en su país! ¿La felicidad? un estado del alma.. 

sábado, 7 de enero de 2012

286. Pensamiento

Un portavoz de la dictadura argentina en 1977 respondió ante la pregunta de una periodista sobre la extracción social de los detenidos de cierta operación: "Hay de todo, pero abundan más los estudiantes que los jóvenes trabajadores, porque el trabajador está en busca de un ideal, de un sustento, en cambio el exceso de pensamiento puede traer estas desviaciones" (sic). 
Lástima que no pude retener el nombre de este personaje, que además era civil.

viernes, 6 de enero de 2012

287. Lo mejor y lo peor de lo leido

Lo mejor fue el descubrimiento de Amélie Nothomb como escritora. Es algo diferente, no había leido nada por el estilo. Muy recomendable.
También me encantó el Pergamino de la Seducción de Gioconda Belli y el decubrimiento (again) de Muñoz Molina, del que había oido hablar pero no había leido nada. El dueño del secreto es excelente.
Tenía que leer algo de Roberto Bolaño que es taaan mentado entre los literatos y realmente me gustó, algunos cuentos más que otros, como siempre pasa. El policía de las ratas, una joyita.
Lo que menos me gustó lo dejé por el camino y ni siquiera figura en la lista. De los que llegué al final Clara la Loca, me pareció propio de su factura: liviano, superficial, de lectura rápida.
Y por ahí la dejo.
Seguro que si pienso más aparecen otros más y menos.

domingo, 1 de enero de 2012

288. Lecturas del año que fue

Hice la lista de libros leidos el año pasado. Pasé todo el año pensando que no le había dedicado tiempo a la lectura, que en todo el año, no había podido sentarme a leer como a mi me gusta: con mate y termo en el jardín al sol. Pasé todo el año sintiendo que no sólo había escrito poco, sino también leido poco. Ayer hice el repaso y me sorprendí: Leí el doble que el año anterior, sin contar los libros que no pude terminar o manuscritos que leí a algunos compañeros ni los libros que leí para el trabajo. Veintiún libros de variada calidad y naturaleza. No sé si es mucho ni poco. Sé que siempre encuentro cosas que leer. Pero el saldo es más positivo del que esperaba. Me hace acordar a una estudiante que convencida que había perdido el examen preparó la materia para la fecha siguiente y cuando lo fue a dar por segunda vez le avisaron que ya lo tenía aprobado.