viernes, 27 de abril de 2012

270. Para la autoestima

"¡Qué hermosos ojos tenés!", escuché muy cerca de mi, casi en la nuca. Levanté la vista y, de curiosa, busqué alguna mujer bonita que viniera hacia mi. Volví a escuchar la voz masculina, "Me encantan tus ojos". Era para mi. Sonrío. Me han piropeado los labios, el pelo y alguna que otra parte del cuerpo menos pública, pero los ojos nunca. ¡Y mucho menos de espaldas!

jueves, 26 de abril de 2012

271. Cómo cambiar dólares en tres pasos en la Argentina K

1. Entro al cambio en el que no hay nadie. Me dirijo al mostrador y le digo al empleado que deseo cambiar dólares. Me pregunta si estoy registrada y a mi respuesta negativa me pide el documento. Copia los datos en la computadora con total prolijidad. y además me pregunta en qué hotel me alojo, la fecha en que ingresé al país y mi ocupación en el de origen. Saco el dinero que pretendo cambiar pero me indica que vaya con el documento al mostrador de enfrente y espere a ser llamada.
2. Atravieso el local  en el que sólo están los cuatro empleados detrás de los mostradores y dos guardias en la puerta. Espero.
Una pelirroja toma mi documento, chequea la información en su computadora e imprime dos papeles: uno parece un recibo, el otro es un formulario escrito con una letra que no puedo leer sin lentes. Con displicencia la pelirroja me marca con una cruz dos lugares donde firmar y otro donde escribir el documento. Intento leer pero las letras se desparraman por media página como arañitas.
- Perdoná, - le digo -pero intento saber de qué se trata.
- Dice que Ud. no es funcionaria del gobierno, diplomática, digamos. Firme aquí. -insistió.
En segundos me debatí si firmar o decirle que efectivamente era funcionaria del gobierno. Sólo para verle la cara.
Pero firmé.
- Pase por acá, -me indicó aliviada de que no le complicara la tarde -que ya la llamo y le cobro.
3. La misma empleada pelirroja se cambió de puesto en el mismo mostrador y me hizo señas que me acercara. Me pidió el recibo que me acababa de dar en la otra punta. Se lo entregué junto con el dinero que quería cambiar. Eran U$100.

272. Estampas de Buenos Aires


  • A los matices del español escuchados por las calles se suman sonidos africanos de muchachas y muchachos que cada 10 ó 15 metros se distribuyen por la vereda de calle Corrientes para vender pulseras, relojes, broches. Abrigados hasta la nariz sus caras parecen mástiles de caoba sobre sus cuerpos esbeltos. Me siento tentada a preguntarles de donde vienen, qué hacen en este frío lejano, pero sigo de largo. Están ensimismados hablando entre ellos en uno de los miles de dialectos que se usan en Africa y sus ojos sólo miran los ojos del hermano.
  • En la esquina del hotel, Olmedo y Portal conversan a las risas sentados en un banco. De noche un reflector los alumbra. Tan reales, que pasé dos días por su lado y no me percaté que eran estatuas.
  • Tomo una cerveza en un bar de la Avenida Córdoba. Adentro, porque está frío. Una paloma confundida busca miguitas entre las mesas. La echaron.
  • La vieja calle Lavalle no tiene ni un cine. No es que no haya vuelto a Buenos Aires desde mi infancia, pero me viene el recuerdo de mi madre que decía Lavalle es la calle de los cines, Corrientes la de los teatros y Florida la de las "boutiques". Corrientes y Florida conservan su fisonomía pero Lavalle está desbastada. Entre puras tiendas de cueros y suvenirs, el restaurant "La Estancia" sigue mostrando como  hacen el asado criollo por la vidriera. Falta el glamur.
  • Anoche, en La Pasiva, en una mesa frente a mi estaba aquel galán de los '70 que en los '90 hizo de padre de Dibu. ¿Cómo se llamaba?  

martes, 24 de abril de 2012

273. Babel

Buenos Aires cobija en sus calles todos los tonos de Latinoamérica. Caminan a mi lado los decires de colombianos, mexicanos, chilenos, peruanos. ¿Cuántos uruguayos se camuflan entre el vocerío general?

lunes, 23 de abril de 2012

274. Mi Buenos Aires querido

En Buenos Aires alojada a tres cuadras de calle Corrientes. Librerías y librerías,teatros y cafés. Diría Sabina: como Don Juan en un haren.

domingo, 22 de abril de 2012

La pista de hielo. Roberto Bolaño.


Son tres versiones de un crimen que van entrelazándose en esta novela que transcurre en un anónimo pueblo de la costa española. Un chileno dueño de un camping y un bar que ha postergado sus inclinaciones literarias por un bienstar económico, un mexicano, también poeta y desarraigado, que sobrevive como vigilante nocturno en el camping y un psicólogo catalán metido a político. El asesinato ocurre en la pista de hielo, un lugar prohibido, misterioso e ilegal, construido por el psicólogo para su amada Nuria, una patinadora caprichosa que se siente atraída por el chileno Morán. Entre medio aparecen otros personajes como la alcaldesa, el motorista o la cantante callejera, que lejos de distraer, refuerzan la intriga y la tensión de un relato que hasta la última página no se sabe cómo terminará. Los relatos de Remo Morán, Gaspar Heredia y Enric Rosquelles, develan también sus anhelos y frustraciones, lo que le permite al lector adentrarse en la trama.
Es una breve novela negra, interesante y atrapante, pero no excelente. No he leído mucho de Bolaño, pero ésta no me vuelve aún fanática de su literatura.
Roberto Bolaño Ávalos murió a los 50 años en 2003. Después de su muerte se ha convertido en uno de los escritores más influyentes en lengua española. Tres de sus novelas figuran en los 15 primeros lugares de la lista confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles con los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.

viernes, 20 de abril de 2012

275. De las Mujeres soles en la capital



El lunes llevé el libro a Montevideo. Lo presentè en el Ateneo junto a la editora, el prologuista y 3 amigas que les pusieron voz a mis palabras cuenteras.
Mucha gente me acompañó y mucha gente se llevó mis historias a su casa.

¡Gracias a todos!

domingo, 15 de abril de 2012

276. Una visita

Estaba trabajando en mi oficina el miércoles de tarde cuando una pareja de ancianos preguntó por mi en la recepción. Me asomé. El vestía bombachas de campo y alpargatas. En el cuello llevaba un pañuelo de seda anudado hacia adelante. Apenas encorvado, el pelo y los bigotes blancos se destacaban sobre un rostro colorado. Su apariencia era muy prolija y todo su aspecto era cuidado. La señora que lo acompañaba, más o menos de la misma edad, también se veía vestida con esmero, con el cabello teñido de castaño y ropas de ciudad. Les calculé alrededor de 80 años.
El me miró y me preguntó si yo era quien buscaba. Hablaba con cierta dificultad pero los ojos eran vivaces. Se presentó como el último sobreviviente de los alumnos de mi abuela.
Mi abuela era maestra rural y en el año 1928, cansada de que los niños faltaran los días de lluvia o llegaran empapados y enfermos, se compró un Chevrolet cero kilómetro de capota de lona y llantas con rayos de madera,  para recogerlos por el camino. El cuento yo lo sabía. El miércoles me lo contó un niño de 8 años que esperaba cada día que pasara la maestra para ir a la escuela. Levantaba 7 u 8, me dijo, pero 4 km antes de la escuela subían unas niñas, así que los varones nos bajábamos y teníamos que caminar el último trecho. "Era muy estricta la señorita Elida", remarcó. 

domingo, 8 de abril de 2012

277. Choque de Pascuas

Hubo un choque en la esquina de casa. El estruendo sacó a los vecinos de los preparativos del almuerzo de Pascuas. Y a los parroquianos del bar de la esquina de abajo. Todos salimos a la vereda, como buenos curiosos de pueblo. Uno de los hombres que estaba en el bar llegó hasta la esquina del accidente y encontró que la que se había estrellado contra el edificio con la camioneta nueva era su esposa. ¡Felices Pascuas! 

viernes, 6 de abril de 2012

278. Lo que cuesta

No debería costarme tanto escribir un texto corto sobre una sola idea por día. Pero parece que sí. En un año y 5 meses escribí 87 entradas. Aún me faltan 277. ¡Mmm! bajo bajo. ¿No será posible meterle un poco de café?

miércoles, 4 de abril de 2012

279. Lecturas de verano

En una semana que pasé en Playa Hermosa leí Canta la hierba, Suite francesa y El engaño Hemingway. Desde que volví, hace ya un mes, empecé varios que no logro terminar. Ahora le entré a Pista de hielo de Roberto Bolaño y ahí voy, página a página.  

El Engaño Hemingway. Joe Haldeman.


Era un autor desconocido para mi, porque no soy muy afecta al género de ciencia ficción. Me interesó el título, ya que sí soy lectora de Hemingway. El planteo está bueno: en 1922 el joven Hemingway, todavía una promesa en el mundo de las letras, sufre la pérdida de una maleta que contiene la única copia de su primera novela y de algunos de sus primeros relatos. Casi ochenta años más tarde, un personaje  inescrupuloso intenta que un profesor de literatura especializado en Hemingway falsifique esa primera novela y prepare lo que, en definitiva, va a ser el "engaño" Hemingway, lo que resulta ser un atentado grave a la historia de la literatura y supone un involuntario y peligroso paseo de los protagonistas por una serie de universos paralelos. Una buena idea que no se acaba de desarrollar del todo bien. A medida que progresa la trama se va haciendo más entreverada y no termina de quedar muy claro lo que está sucediendo: aparecen las pequeñas alteraciones de los universos paralelos que desarrollan toda una historia diferente.
Esta novela corta obtuvo el premio Nebula de 1990 y el Hugo de 1991; los mismo altos galardones que ya obtuviera Haldeman en 1975 por su primera novela, "La guerra interminable". Así que resulta que es todo un referente del género de ciencia ficción.