domingo, 27 de mayo de 2012

262. Bienes (¿o males?) inmuebles

En Avenida de Mayo y Sàenz Peña bajo un andamio montado en una fachada típica del barrio Monserrat, entre los fierros y en la ochava, una pareja joven tiene instalada su casa: el colchón de dos plazas con almohadones, varias cajas con pertenencias y nailones y telas como cortinas, algunas corridas, otras recogidas entre la estructura tubular. Tres cachorros además retozan por la verda. Sucios, a la chica le faltan dientes y son dueños de la esquina. Duele.

263. Imágenes

Hace unos años, cuando una vendedora que mentalmente no ubicaba muy lejana a mi me llamó "señora", tuve mi primer shock neurótico. Hoy, otra vendedora me dijo que a las rubias les quedaba bien el naranja. No entendí a quien le hablaba. Luego, me miré en el reflejo del vidrio. Efectivamente se me había ido la mano con la tinta.

martes, 22 de mayo de 2012

264. Silencio y canto

  • En una esquina de la calle Reconquista la Basílica de Nuestra Señora de la Merced tiene un aire señorial. Atravieso las rejas que, por suerte, están abiertas. En la entrada, unas letras labradas en marmol advierten que desde allí se defendió la ciudad contra los ingleses en 1806, que allí funcionó un Hospital de Sangre en otras guerras y que desde allí operó Belgrano. Mucha gloria. La nave, estrecha y única termina en un altar con columnas doradas, estatuas y pinturas. Barroco. Reluce entre las paredes pintadas en color vino con un aire de diseño flamenco, de trompe d'oeil sobre el dorado. La cúpula es doble, trato de acordarme si todas las cúpulas son dobles, y termina en un domo pintado de cielo. Me imagino desde allí balconeando la misa, llenándome el pecho con música celestial. Todo solemne, el minuto de descanso impostergable se puebla de silencio.
  • En Barlolomé Mitre y Suipacha la Parroquia de San Miguel parece más vieja porque es más austera y más pobre. Comparten la esquina y la nave única. San Miguel vigila en el atrio con su espada. Las pinturas muestran el paso de los años y los embates de la humedad. Unas diez personas se distribuyen por los asientos de madera lustrada por el roce. En la puerta, un cura vestido para misa conversa con un parroquiano. Me siento en un banco a observar el altar sin retablo, sin lujos. Otro minuto de silencio que se quiebra desde la entrada por una voz poderosa que eleva un "aleluya, aleluya". Los fieles se pliegan a la canción en un coro en segundo plano. La voz inunda la nave. Volteo la cabeza y veo avanzar al cura gordo levantando a los fieles y haciendo temblar los vitrales al compás de su voz. Me sentí tan ajena que me fui.

domingo, 20 de mayo de 2012

FRAGILIDAD, de Andrea Blanqué. Alfaguara, Montevideo, 2008.





Esta novela me la regalaron cuando compré Leopardo al Sol de Laura Restrepo. Bien por Alfaguara que  al comprar un libro de su editorial te regala otro de autor uruguayo. Lástima por el autor y la literatura uruguaya. De los que me ofrecían, elegí éste de Blanqué porque tengo en buen recuerdo sus cuentos de “La Piel dura”, algunos de ellos de imborrable memoria. Blanqué incursiona aquí con un tema tabú, como lo es el alcoholismo femenino en la clase media,  pero si bien la novela es entretenida y se lee con fluidez, el tratamiento es tan cuidadoso que se queda por el camino.  Cada párrafo, cada capítulo, cada escena es tan medido que logra una asepsia de “caso”.
El libro cuenta la historia de una mujer insatisfecha que se refugia en la bebida, pero en forma secreta y en el ámbito “femenino” de la cocina de su casa. Se reconoce Montevideo, se reconocen las contradicciones de esta sociedad post- liberalismo y se comete algún error cuando se introduce en el viaje al interior, a Salto en particular. La caída y la resurrección, yendo muy abajo y muy atrás, son los pasos de esta novela, que recomiendo leer. 

domingo, 13 de mayo de 2012

265. Diálogo callejero

Le pregunté a un muchacho en Puerto Madero:
-¿Dónde llega el Buquebus? -porque dudaba si tenía que caminar hacia la derecha o hacia la izquierda.
- ¡Ah! adonde llega no sé. Yo siempre lo usé para ir a Uruguay. A otro lado no sé, si quiere pregúntele a otro. -me contestó preocupado de no poder ayudarme. 

sábado, 12 de mayo de 2012

266. Estampas de Buenos Aires II


  • 1:270.000 personas visitaron este año la Feria de Libro. Igual que el año pasado. Si pensamos que en esta ciudad viven más de 10 millones de almas, es poca gente.
  • Por Bartolomé Mitre, casi 9 de Julio duermen 4 pesonas sobre colchones mugrientos. Entre bolsas de basura una pareja descansa, de torso desnudo,  después de hacer el amor. En medio de la vereda, al medio día al sol.
  • Sigo a una estrella por día. O luceritos, no sé: Boy Olmi caminando por San Telmo y Hugo Portal a la vuelta del hotel. El tiempo pasa para todos, aunque la televisión lo disimule. 
  • Les Luthiers mantienen su encanto y llenan el teatro de gente que ríe desde que salen a escena hasta que termina la función. La magia se renueva, desde hace 44 años, porque siguen siendo los mismos.


viernes, 11 de mayo de 2012

267. Testimonios


  • Por calle Reconquista camino a lo largo del muro del Banco de la Nación. El edificio, emblema de la Argentina poderosa, tiene un sendero de placas de granito que acompaña los pasos. En negro sobre el gris del pavimento se inscriben los funcionarios desaparecidos por el terrorismo de estado. Son nombres, fechas, la sucursal donde trabajaban. Identifico a dos hermanos. Pienso en los padres.
  • En la esquina de Corrientes y Uruguay, a la salida del Subte, otra placa de granito, ésta sola, recuerda el lugar donde fue secuestrado un militante popular.
Recuerdo aquella frase, acuñada en Nicaragua, "no los mataron, los estaban sembrando".
 

jueves, 10 de mayo de 2012

268. Una estrella por día.

En la esquina de Corrientes y Paraná vi a Hugo Arana actuando de él mismo. Se acababa de bajar del cartel de Mineros. Al otro día, en Corrientes y Montevideo, encontré a Víctor Heredia tomando un café. En el cielo, las otras estrellas apenas se distinguían opacadas por tanto glamur.

lunes, 7 de mayo de 2012

269. La Feria del Libro y El Ateneo

La Feria del Libro son 45 mil metros cuadrados de stands de libros en un despliegue multicolor que regocija. Antes de entrar, se ven colas de gente en perpetuo movimiento que avanzan y se renuevan. Hay muchos jóvenes y eso da gusto. Entro y comienzo a caminar y mirar. Me detengo ante un stand lleno de personas, lo que augura buenos precios. Me tiento con 2 ò 3, los cásicos, algún autor perseguido por mi. Pero prefiero esperar, me digo, esto recién comienza. Y sigo caminando y leyendo solapas y contratapas. Vi tres pabellones en tres horas. No fue una visita exhaustiva porque al rato de andar llegué a las siguientes generalizaciones, que pueden ser muy inexactas:

  • El 80% de los libros son de historia argentina; ensayos de diversos tópicos de política argentina o psicología y  libros periodísticos de temas de actualidad.
  • El 15% es una propuesta interesante, y alentadora, de las editoriales de libros infantiles.
  • El 3% son libros de autoayuda y manuales diversos y sólo el 2% es literatura.
  • Y ese 2% mayoritariamente está compuesto por clásicos reeditados  y fuerte (muy fuerte) presencia de Borges y Cortázar en segundo lugar.
Vi los tres pabellones más grandes: el ocre, el azul y el verde. Tal vez lo que me faltó estaba en el rojo o el amarillo. No asistí a ninguna conferencia. No sé si son los años, pero me entusiasmó menos de lo que esperaba.
Entonces al otro día me fui a El Ateneo de Avenida Santa Fé. También tenía una tarde larga por delante y me instalé, donde fue la platea del Grand Splendid a leer cómodamente sentada en una butaca. En el escenario funciona un restaurant, y en los palcos hay sillones y mesitas donde se puede consultar, leer y revisar. En las boleterías las cajas y detrás de bambalinas el tablero de luces con llaves de cobre y porcelana. Leí tres libros, saqué apuntes y averigüé precios y autores. Cuando quise acordar ya eran las cuatro de la tarde y no había almorzado. 
Para mi débil y atea imaginación, lo más cercano al paraíso.