domingo, 29 de diciembre de 2013

141. A la espera del 2014

El jardín amaneció despeinado. Hojas caídas, barro escurrido sobre las baldosas, ramas sobre el  césped . La luminosidad del agua entre las hojas refleja el cielo gris. Anoche, ráfagas de agua a contramano fueron barriendo el calor y los malhumores. Las primeras cataratas apenas llegaban a mojar el asfalto antes de evaporarse. Aún no ha refrescado lo suficiente. El aire se mantiene estancado en las casas pero ya se puede respirar e intentar hacer.

jueves, 26 de diciembre de 2013

142. Después de Navidad

Apenas pasó Navidad y el ritmo de la ciudad se reduce casi a la somnoliencia. Se acerca el receso de verano y enero macera a tiempo lento entre el hormigón y el asfalto. Se acerca fin de año, tiempo de balances y de listas de lo hecho y lo por hacer. He leido poca literatura, muy poca. Este año la lista va a ser muy cortita.

sábado, 21 de diciembre de 2013

143. Siena o los descendientes de la loba.

En plena campiña Toscana, Siena se levanta con sus torres y murallas entre colinas. Una mancha terracota sobre el campo adelanta el encuentro. La ciudad se abre y cierra entre pendientes que suben y bajan. Todas las calles conducen a la Piazza del Campo, un enorme abanico de ladrillo rojo que nace en el Palacio Municipal y desde allí se irradia en nueve sectores hacia las galerías que la bordean repletas de comercios de souvenirs, trattorias y pizzerías. Como en el fondo de una piscina vacía, los paseantes se sientan en el suelo a merendar.


Allí se realiza, desde la Edad Media, el Palio, que es una competencia hípica entre los 17 barrios de la ciudad, que viven esta contienda con pasión de carnaval. Cada barrio tiene su escuadra, sus símbolos y sus blasones: de la Oca, de la Concha, del Caracol. Sólo compiten 10 en cada juego y la población se prepara todo el año para participar en una de las dos fechas (julio o agosto).
Desde una de las colinas, como una cebra dormida vigila la ciudad Il Duomo de la Catedral. El mármol blanco alternado en listones de una piedra azul pizarra, se entremezcla en la fachada con rosados y blancos de un pastel de cumpleaños.  El interior es lujoso. Palabra exacta en un país donde abundan las iglesias y los lujos eclesiales. El pavimento en mármoles de colores recrea imágenes de la biblia y de la historia con el detalle de la filigrana de una alfombra persa. Uno recorre la nave mirando hacia abajo los dibujos que no se pueden pisar. Hacia el fondo un púlpito como salido del mundo de Narnia espera con sus  leones y sus arcos trifoliados. Un exceso de alegorías y figuras que se anticipa al barroco.  Sin haber llegado a FLorencia y sin conocer el "síndrome de Stendhal", Jorge se acercó y me dijo: "Vámonos. Tanto lujo me da náuseas".









   

domingo, 15 de diciembre de 2013

144. Deambular por Venecia





En el laberinto de Venecia una recorre muchos metros para llegar al mismo lugar. Después de puentes, campielos, sottopasaggios, escaletas y esquinas una sospecha que a esa fachada ya la vio tres veces o que la misma máscara te guiña desde la vitrina y la misma lancha espera en la misma puerta desde hace media hora. En tanto, una iglesia con un cuadro de Tiziano o la Scuola de San Rocco con las telas de Tintoretto agregan varias paradas al deambular. 
Enfrente al Café dei Frari, en la Chiesa Santa María Gloriosa, preside, desde el altar, la Asunción de la Virgen de Tiziano. De ropaje rojo bajo un cielo amarillo que la espera, la virgen se eleva por sobre los mortales. Es la iglesia donde yace el pintor y que tiene además una capilla barroca de increíble belleza y un mausoleo piramidal de mármol, construido para Tiziano pero que no llegó a utilizar. Se puede atravesar el puente di Rialto, que sobre su estructura de marmol blanco se apilan tienditas que venden artesanías y recuerdos. Durante siglos fue la única manera de cruzar el Gran Canal caminando y aún hoy, pese a los quiscos y los turistas, sigue siendo un punto de observación imperdible de veredas, atracaderos y palazzi.
Al doblar una esquina, una mujer flaca de intensos ojos negros nos invita a pasar a una iglesia pequeña: San Pantaleón guarda la tela más grande del mundo. 443 metros cuadrados que el pintor demoró 24 años en acabar, se extienden por el techo desde el altar al atrio como un fresco que no es.








martes, 10 de diciembre de 2013

145. Otoño en San Gimignano

A poco más de media hora de Florencia, atravesando la campiña Toscana, se encuentra San Gimignano, pueblo medieval amurallado, hoy dedicado al turismo, que fue parada habitual de los peregrinos que se dirigían a Roma o al Vaticano.
A trvés de la puerta de San Giovanni se accede a un minúsculo mundo medieval, donde se ofrecen artículos de cerámica tradicional, botellas de chianti de todos los tamaños, aceitunas verdes y negras, quesos y cientos de recuerdos, recuerditos, imanes e imancitos. No en vano viven del turismo.
Pero todo es amable e inmaculado. Cuentan que en la Edad Media el pueblo tenía 72 torres. Hoy sólo conserva 15 que destacan desde lejos en el perfil del horizonte. Tiene dos iglesias para conocer, cuatro plazas para pasear y tomar un vino o comer una pizza, un palacio para visitar y subir a la torre y varios museos, como el del vino, el de la tortura o el de Santa Fina.
En el Palacio del Ayuntamiento se puede visitar la sala donde Dante Alighieri, en las épocas de güelfos y gibelinos, pronunció un discurso. Allí, lo que vale la pena son los retablos y pinturas que hay en el salón y en otros contiguos. Enmarcados en madera dorada cuentan la historia del pueblo y de Santa Fina, la santa local que tiene una historia muy boluda, como la de muchos de esos santos, pero que mantiene el interés y la adoración hasta el presente. Parece que Fina era una niña tan pero tan hermosa que ella, temiendo de su propia belleza, a los 10 años le pidió a Dios que se la quitara. Dios, entonces, le mandó una terrible enfermedad que la dejó paralizada durante 5 años. En ese período la niña estuvo postrada sobre una tabla, proclamando la palabra de dios y soportando su dolor con paciencia de santa, que fue en lo que se convirtió cuando murió a los 15. Terrible. En los escritos y pinturas aparecen sus milagros, como que salvó a unos pescadores de naufragar, sostuvo la escalera de un albañil que sino habría muerto y erradicó una invasión de ratas del pueblo. Una historia más de ignorancia y represión sobre las que se ha construido la iglesia.

Vale la pena subir a la torre del Palacio y mirar el campo toscano. En otoño deslumbran los cuadros amarillos, verdes y ocres. La vista ondula en el paisaje y se mezcla con la la luminosidad del cielo y los tejados que se despliegan craquelando el horizonte.
  



 


martes, 26 de noviembre de 2013

146. San Marcos















San Marcos es un exceso. Exceso de tamaño, de cúpulas, de abalorios, de columnas y de palomas. Las dos explanadas, la Piazza San Marcos y la Piazzeta envuelven la fachada gótica y la custodian el Campanile y la Torre Del'Orologgio, único azul y oro sobre el blanco y gris. El reloj, en un cielo de estrellas, es custodiado por un león, y  encima, dos muchachos con mazos esperan la hora de golpear la campana.


El Palacio Ducal se extiende en una perspectiva casi infinita de columnas blancas de ojos trifoliados hasta el mar. La Piazzeta se enmarca por las columnas del león y San Teodoro, mientras las góndolas se mecen en el amarre. Enfrente, a pocos metros, otra isla, otras cúpulas, otras torres dibujan otros lienzos sobre el cielo esponjado de nubes. Una paloma se para sobre mi brazo y me mira con su ojo egipcio, hasta que el revoloteo de sus hermanas en el suelo la hace volar. Un aire más íntimo que la brisa del mar la despega de mi cara.

Si uno no ha visto San Marcos o sólo ha visto fotos de turistas en la plaza, el interior es un viaje a otro mundo. ¿Cuántas cúpulas doradas? ¿Cuántas conchas miran las cúpulas? ¿Cuántos arcos y balcones observan a los visitantes? Todo brilla en un oro mate que se presta de fondo a figuras y narraciones de infinitos colores. Parece un cuento de las Mil y Una noches, aunque San Marcos presida la nave y Cristo mire desde la bóveda. No alcanzan los ojos que ven. La mirada se choca con los ojos planos de las figuras bizantinas. Hay mucho de Klimt también y El Beso podría sorprendernos en alguna capilla.






Hay dos maravillas más: los pisos de efecto estrogoscópico que como mandalas engañan al ojo inventando relieves y rotaciones: círculos concéntricos, guardas, cuadrados con rombos y triángulos en trapecio elaboran estilos de ilusión en todos los colores que el mármol permite y el que no lo permite, lo inventan.
La segunda más deslumbrante: la Pala D'Oro que es un políptico de plata recubierto en oro que cuenta la historia de San Marcos en decenas de cuadros tallados y adornados por dos mil piedras preciosas. Como de un cuento de Oriente, los tesoros de los sultanes desbordan de los arcones abiertos. 





domingo, 24 de noviembre de 2013

147. Roma Antica, el Palatino

De la Roma Antica el Palatino fue lo que más me gustó. Al frente de las piedras milenarias del Coliseo que ha sido símbolo de Roma, se levantan (o se encuentran) los restos del Palacio por antonomasia, el que creó la palabra que hasta hoy nombra a una edificación grandiosa y lujosa. En la parte más alta de la colina donde se fundó Roma y cuenta la leyenda que Rómulo mató a Remo en una pelea entre hermanos, Augusto construyó su residencia.  
Enorme, según demuestran los restos, con varios pabellones, una fuente pentagonal, un jardín con anfiteatro y un elaborado suministro de agua, el Palatino fue residencia de muchos emperadores y allí Agripita, madre de Nerón, mató a su marido Claudio y también fue asesinado Calígula. El Domus Augustana era la casa del emperador y en el Domus Flavia está la Casa di Livia, su esposa.
No están habilitados para la visita muchos sectores y siguen encontrando pasadizos, cúpulas y escalinatas enterrados. Dicen que encontraron incluso la cueva donde la loba amamantó a los mellizos.
Cerca del Coliseo y del Cirso Massimo, donde se reunían hasta 250.000 personas a ver carreras de caballos o sacrificios de cristianos, los romanos alternaban la diversión y el poder; aunque tal vez, también esa diversión era parte del poder.

martes, 19 de noviembre de 2013

148. Otoño en Madrid


Estuve doce horas en Madrid después de no haber ido por más de dos años. Seguía siendo la hermosa Madrid de la Plaza del Sol, la calle Preciados y el oso y el madroño. Incluso la Puerta de Alcalá seguía "viendo pasar el tiempo" pero todo estaba más gris. Y no era el otoño. 
Recién se levantaba la huelga que los recolectores de basura habían mantenido por cerca de un mes y todavía se acumulaba la mugre entre los faroles, canteros y zaguanes. Más silencio a las tres de la tarde y muchos locales comerciales vacíos con carteles de Se Vende o Se Alquila se alineaban por Goya o la Gran Vía.  
Almorzamos en una parrilla donde fuimos los únicos clientes del mediodía y los empleados (una ecuatoriana y un argentino) hablaban de volver a emigrar y dividían sus opiniones entre la necesidad de "empezar de nuevo" o resistir.
Luego encontré mustio a Barajas. En la retirada de Iberia los vuelos intercontinentales abandonaron la moderna T4 y nos dejaron deambulando entre una T2 deslucida y otra T1 que no luce. Escasos comercios y casi ningún restaurant. El único, de la compañía que tiene la concesión del aeropuerto, es desprolijo y con funcionarios malhumorados que hablan de huelgas, retiros y despidos mientras sin atención te cobran o te sirven un café.  
El otoño pintaba verdes, ocres y amarillos desde el Parque del Retiro pero no contagiaba a Madrid
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jueves, 14 de noviembre de 2013

149. Leaving Firenze

Oltrarno
Ciudad de piedras ocres que se recuesta sobre el Arno. En la orilla norte, todo el glamour de los diseñadores y las marcas, el centro histórico y las iglesias principales. Oltrarno (del otro lado del Arno), Sancti Spirit con su bohemia de artistas, estudiantes y artesanos. Los zapateros hacen zapatos, los carpinteros cortan las maderas y los encuadernadores trabajan las tapas de viejos libros. Ahí se originaron los sindicatos de los oficios en la Edad Media, encabezando los obreros una revolución que les otorgó representación política por primera vez. Desde 1378 han mantenido la tradición y fueron el germen de los partidos de izquierda en Italia. En la época de Mussolini, Florencia fue una de las principales ciudades opositoras al régimen totalitario. A la noche, un bullicio de jóvenes, borrachos y vendedores inmigrantes se citan alrededor de la plaza para compartir un chianti, una pizza o simplemente penas y alegrías.





Fuente en la cabecera del puente dela Sta Trinitá donde comienza Oltrarno

Más hacia el sur, el Palazzo Pitti y los jardines de Bóboli. La rústica mole medieval pasó a las manos de los Medici en 1540, cuando Cosme I se la compró a los Pitti, una familia rival caída en desgracia. Y ellos siguieron gobernando Florencia y Europa hasta entrado el siglo XVIII.
El Palazzo Pitti, a pesar de su aspecto de convento, encierra dorados, caireles y esculturas de estucos, mármoles y bronce. Las habitaciones tapizadas de sedas labradas de diferentes colores tienen nombres de personajes de la mitología y techos pintados con leyendas alegóricas. Desde la Edad Media al Renacimiento cuando el patriarca Cosme I apadrinó a Miguel Ángel y tantos otros, al esplendor barroco de Ferdinando III que acrecentó la pinacoteca y debió rendirse ante Napoleón, muchos cambios han habido en la decoración y destino de cada alcoba. La sala del trono es roja, la recámara de la reina, azul, el salón de juegos, verde y el más deslumbrante, el salón blanco, donde no hay otro color ni en las paredes, ni en las telas ni en los muebles o luces. Preparada así para una boda de no sé cual heredero, John Lennon podría aparecer por una de las puertas ventanas, descorrer las cortinas de voile, sentarse al piano y cantar Imagine.    










miércoles, 13 de noviembre de 2013

150. Las dos caras del David

De las obras de arte famosas, tal vez el David de Miguel Angel, sea una de las que podamos sentir más cercana. Hay cierta familiaridad con el gigantón de pies grandes y pene chico parado en la explanada de la Intendencia de Montevideo. ¿Qué no ha visto nuestro David?  Desde los malhumores de los vecinos que van a pagar tributos, hasta la ilusión de los artistas que llegan a entregar sus manuscritos para el Premio de Literatura. Del alboroto de los escolares de visita en alguna muestra, a las multitudes en las ferias. De las manifestaciones de estudiantes, de trabajadores o de las Mujeres de Negro hasta instalaciones plásticas o performances musicales. La vida de la ciudad ha pasado frente a sus ojos. ¿Pero frente a cuál? 

El David tiene dos caras. El perfil izquierdo es el de un joven ingenuo y sereno y el derecho muestra un hombre tenso a la espera de Goliath. El resultado, el equilibrio de nuestra misma alma en el corazón de un gran pedazo de mármol, ya que como dijo el propio Miguel Angel, la figura está presente en el material y el artista sólo recorta el exceso.

martes, 12 de noviembre de 2013

151. El Síndrome de Stendhal.





Cuentan que cuando Stendhal llegó a Florencia sufrió un mareo y se desmayó. Cuando volvió en sí dijo que había sido "la densidad artística" de la ciudad. Parece que también hacía mucho calor y había viajado muchas horas pero ese no fue parte del relato. 




Hoy, después de visitar el Palazzo Piti, casa de los Medici en Florencia, estuve a punto de tener el Síndrome de Stendhal. Tanto dorado, tanto estuco y tantos caireles casi me hacen perder la conciencia. Sin hablar de los cientos de cuadros que uno comienza apreciando con interés y termina recorriendo al azar y sólo deteniéndose en un paisaje con luz o en una mirada viva o en una cromatografía fuera de lo habitual. Algo que nos llame la atención. Deshecha, volví al hotel a tomar una siesta. Demasiado barroco. Stendhal tenía razón.