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Mostrando entradas de enero, 2013

208. Escribir

“Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos –sólo lo sabemos después– antes es la cuestión más peligrosa que podamos plantearnos. Pero también es la más habitual. La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida sino la vida.” (Marguerite Duras, 1993: Escribir, Tusquets, Barcelona, 1994; p. 56).

Un baúl

El baúl de la abuela mostraba su bocaza. La tapa hacia atrás dejaba al descubierto pañuelos de seda, sábanas, manteles con bordados, un sombrero con pluma y una carpeta que sobresalía por un borde. Miré el resto del cuarto. La luz de una veladora acariciaba las formas de los objetos. Me mordí las uñas con impaciencia y no resistí la tentación. De a una fui probando cada prenda para inventar un disfraz: até un pañuelo al cuello, me envolví en una sábana de satén que anudé a la cintura de forma que cayera en pliegues, puse el sombrero sobre mi cabeza, dejé caer un mantel como capa y a falta de cartera tomé en mi mano la carpeta de cartón atada con cintas. Me miré en el espejo. La imagen que me devolvió requería unos tacones. Solté la carpeta para revolver el baúl. En el revoltijo, cayó una foto de muchos años atrás en la que se veía a mi abuela de niña disfrazada de sombrero, sábana y mantel frente al baúl de cuero.

El vuelo de la ceniza. Alonso Cueto

Este fue el último libro que leí en vacaciones bajo el rótulo de "novela negra". No me pareció una novela negra, salvo que en ella asesinan gente. Pero no encontré el ritmo y los pormenores de la trama propios del género. Cueto escribe bien, la historia es entretenida y bien llevada, pero es poco original, porque se trata de un médico blanco de clase alta que vuelve al país a hacer una limpieza étnica y moral. El asesino comete muchos errores, la historia de amor es insustancial y a los personajes les faltan aristas. Se lee rápido, la prosa es buena pero la historia no convence.

209. Las vacaciones se terminan

"No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague", dice el refrán y una vez más me acerco a su confirmación: termina la licencia, se acaban las vacaciones y hay que volver al trabajo. La máxima este año fue descansar, así que los días transcurrieron en paz, muchas horas de sueño y caminatas al sol. Los primeros días, incluso, ni me acerqué a la computadora ni revisé el correo. Estaba muerta, ya lo dije, y precisaba sobre todo despejar la mente. Para eso, la mejor manera que encontré fue zambullirme, a la vez que en el mar, en la lectura de ficción. Leí cuatro libros en los 15 días de vacaciones. El invierno del mundo, de Ken Follet; Acerca de Roderer de Guillermo Martínez; El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince y El vuelo de la ceniza de Alonso Cueto. Tuve un apetito voraz y el librero de Piriápolis fue el gran proveedor. Por $250 uno se lleva 3 libros, así que ¡a rebuscar que siempre algo aparece!

El olvido que seremos. Héctor Abad Faciolince

Titulado con el primer verso del poema de Borges, Epitafio, este libro cuenta la relación filial entre el autor y su padre, un médico liberal especialista en Salud Pública de Medellín. Héctor Abad padre fue asesinado en 1987 durante la ola de violencia, previa a la violencia de los narcos, que se instaló en Colombia contra todo aquel que levantara una voz o no fuera funcional a la derecha en el poder. En el bolsillo de su pantalón, cuando cayó acribillado por un par de sicarios, llevaba el poema de Borges. En aquella época, el discurso oficial pretendió reducir la violencia hacia la ultra izquierda, sin embargo, la Unión Patriótica, perdió dos candidatos a la presidencia y en particular, este médico pertenecía al partido liberal, al igual que otros que cayeron con él. Héctor Abad siempre peleó por la paz y cuando comenzaron a sucederse los asesinatos, su conocido compromiso social lo llevó a encargarse del Comité de Derechos Humanos. Cómo operaban los paramilitares, cuáles eran sus v…

210. Caminata por el río

Entre los árboles hundidos navega una chalana hacia la orilla. Se escucha el chapotear de los remos. Las ondas acarician las puntas de los sauces y los pastos estiran sus láminas erizando la superficie del agua que casi las cubre. El espectáculo es el cielo. Sobre el borde frondoso de la isla, el sol dibuja con luz el contorno de una nube azul. El brillo desparrama rayos. El tiempo pasa. El contorno enrojece, el cielo se vuelve más gris.

Acerca de Roderer. Guillermo Martínez

A mitad de camino entre novela y cuento, es el segundo libro de Martínez que leo. Es uno de sus primeros libros y en él se plantea el antagonismo, como una partida de ajedrez, entre dos adolescentes de gran inteligencia: uno de ellos (el narrador) con una inteligencia "asimilativa", práctica que le permite incorporarse al sistema social y al mundo y el otro mucho más "genial" (Roderer) pero con una inteligencia de tipo abstracta o teórica que lo aísla y lo va destruyendo, igual que la enfermedad que padece. El planteo se hace en términos de blanco y negro (o blancas y negras) y con abundantes referencias a otros escritores y filósofos. En cierto sentido, y salvando las distancias, me llevó al mundo de Borges.  Recomendable. En 3 horas que lleva leerla, ¿qué más pueden hacer?

El invierno del mundo. Ken Follet.

Inauguré el año con este mamotreto de 958 páginas y 6 cm de altura. El Invierno del mundo, de Ken Follet, es la segunda parte de una trilogía, llamada The Century. No leí la primera, La caída de los gigantes, pero puede leerse con independencia si bien las referencias a ésta, a través de los protagonistas, son evidentes. No es fácil entrarle a un libro de casi 1000 páginas, si encima es la segunda parte de otro que no leí. Y me costó que me enganchara, pero debo reconocer que soy aficionada a las historias y a la Historia de la Segunda Guerra Mundial así que  perseveré y el libro terminó atrapándome.  Evidentemente los personajes siguen la línea de las familias de La Caida de los Gigantes y son la segunda generación. La novela comienza en 1933 y acaba en 1949. Abarca dieciséis años brutales, salvajes, que bien podrían llamarse El invierno del mundo, si el invierno nos perdona.
Las familias protagonistas son cinco, ubicadas en los países claves del conflicto. En Alemania seguimos las v…

211. En vuelo rasante

Cuando cae el sol, frente al mar, una bandada de mariposas se descuelga de los árboles y emprende un itinerario enceguecido. Entran a la casa, chocan contra las paredes y vuelven a salir dibujando sinuosos recorridos. Parecen golondrinas de bajo vuelo. Hace tres días que nos tienen acostumbrados al ritual.

212. Lecturas del 2012. Lo mejor y lo peor.

Leí muchas cosas buenas este año, lo que es más que un buen comienzo para empezar a pensar. Desde Canta la hierba, de Doris Lessing, de quien sólo había leido unos cuentos que no me entusiasmaron, al descubrimiento de Irene Nemirovsky o Marysé Condé, he navegado de Sudáfrica a Francia, Suiza y el Caribe. También descubrí a Hernán Casciari, de quien me fascinó su proyecto más que su literatura, aunque también la disfruté. También enumero entre los buenos libros Catedral de Raymond Carver y Leopardo al sol de Laura Restrepo, que es una autora que no me decepciona. No estuvieron a la altura de mis espectativas ni El sueño del celta ni los Hermanos Tanner, aunque los leí con interés y me entretuvieron   Los peores.... me cuesta colgarle la percha a alguno, creo que no leí malos libros en 2012. Buen balance.

213.Comienza el año

Balconeando el azul del mar, las agujas de los mástiles señalan el despuntar de 2013. La escollera del puerto se despereza y estira su gran brazo al mar. Mientras, una pareja de cotorras se entretiene acarreando ramitas del laurel al pino. Dos ciclistas con camisetas fluo rajan el aire de la mañana.