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209. Las vacaciones se terminan


"No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague", dice el refrán y una vez más me acerco a su confirmación: termina la licencia, se acaban las vacaciones y hay que volver al trabajo.
La máxima este año fue descansar, así que los días transcurrieron en paz, muchas horas de sueño y caminatas al sol. Los primeros días, incluso, ni me acerqué a la computadora ni revisé el correo. Estaba muerta, ya lo dije, y precisaba sobre todo despejar la mente.
Para eso, la mejor manera que encontré fue zambullirme, a la vez que en el mar, en la lectura de ficción. Leí cuatro libros en los 15 días de vacaciones. El invierno del mundo, de Ken Follet; Acerca de Roderer de Guillermo Martínez; El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince y El vuelo de la ceniza de Alonso Cueto. Tuve un apetito voraz y el librero de Piriápolis fue el gran proveedor. Por $250 uno se lleva 3 libros, así que ¡a rebuscar que siempre algo aparece!  

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