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Mostrando entradas de mayo, 2013

177. Estampas de Buenos Aires III

* Buenos Aires se presenta enquilombado. Tal vez sea siempre así, pero ahora que me mudé de barrio vengo menos al microcentro y ya no recordaba estos "tacos", al decir chileno, que superan una cuadra o el cambio del semáforo. Los taxistas en Retiro te aclaran que para acá no vienen. Ahora entiendo.

* Florida en reformas. Todas las baldosas del centro de la calle están levantadas, así que la gente hace malabares entre los pozos y las cintas de plástico que se sueltan, se embarran y se sacuden peligrosamente entre los peatones. Los "arbolitos", uno al lado de otro como en formación, te susurran cambio, cambio, cambio. Hoy está a $8.60 y el oficial sigue alrededor de $5,00.
*En un café que hace ochava sobre Corrientes y Esmeralda escribo estas líneas y veo pasar la gente casi trepando los autos que apenas avanzan. Algunos audaces andan en bicicleta. Suenan bocinas en distinto tono, con la esperanza absurda, tal vez, de que el sonido mueva los objetos.

* En la mesa de …

Diario de invierno. Paul Auster

En mi supina ignorancia me restaba aún leer algo de Paul Auster. La semana anterior me senté en El Ateneo a leerlo y me lo llevé. A mi me encantó. No es una novela ni un cuento. Son relatos autobiográficos del autor sobre su infancia, travesuras, accidentes; sobre sus amores, sus trabajos y vivencias. Me gustó mucho el recurso de hilvanar los recuerdos por las casas en las que ha habitado. Recién busqué otras reseñas en internet (siempre lo hago para ver qué opinan otros) y la primera referencia que encontré, de una periodista española fue muy negativa. El libro la aburrió, lo tuvo más de una semana para leer, etc., etc. Ella había leido 14 libros de Auster, para mí era el primero. Me entusiasmó, entonces, conseguir alguno más.

178. Historia de taxi

Cuando uno toma un taxi queda a merced del conductor. De su humor y de sus destrezas para el oficio. A muchos les gusta conversar. Yo prefiero los que no hablan y llevan la radio prendida en algún programa potable. Detesto a los que se quejan de todo: del tiempo, de la economía del país o del tráfico, con preferencia de peatones y motos de delivery, aunque algunos odian más a los colectiveros. A veces la charla es agradable, aunque empiece por lo mal que manejan todos. El que hoy  me trajo al centro me contó que hace unos 10 años, cuando tuvo que renovar la licencia de conducir encontró que tenía $6.000 de multas, que tenía que cancelar para poder seguir trabajando."Todas eran boletas voladoras", me dijo, justificando que nunca lo habían parado los inspectores sino que lo habían filmado o se las lo habían puesto en el parabrisas por mal estacionamiento. Lo concreto es que lo mandaron al juez porque sin el "libre de deudas" no le daban la libreta. Al llegar al desp…

179. Clases de Biología

Hoy fuimos a la Escuela Técnica a pasar unas películas sobre la ciencia a muchachos entre 14 y 16 años. Uno de nuestros invitados les empezó a hablar del Mal de Chagas, del cual los chiquilines nunca habían oido. Sí del otro Tripanosoma, el africano, el del sueño, pero no del nuestro, del latinoamericano, del que vive en los ranchos y en la pobreza. Una compañera más cercana en edad a mi que a los muchachos comentó: "Ahora en Biología sólo aprenden educación sexual". La otra que nos acompañaba, mayor que ambas le contestó: "Bueno, nosotros sabíamos mucho del Mal de Chagas y de las vinchucas pero quedábamos embarazadas a los 16". Su propia historia. Nos sonreímos.

180. Si el día no fluye

Buenos Aires otra vez. Pero el día no está fácil. Nada dramátco, pero nada fluye. Falta lubricante, parece. El bus llegó una hora y media más tarde y, de hecho, no llegó porque quedó estaquedo mirando Retiro y sin poder avanzar. Al menos media hora en el mismo lugar. Los pasajeros empezamos a bajar en el medio de la Av. del Libertador entre traillers y camiones. La villa 31 de Retiro, la de dos millones y medio de habitantes, hizo un piquete y tiene a toda la ciudad enquilombada.  Luego, a tomar un taxi que, con el pretexto del embotellamiento, me dio una vuelta que me salió el doble de lo habitual. Bueno, me dije, una vez en la Universidad, me siento en la Biblioteca y trabajo un poco y escribo. Tampoco. La red de FLACSO caida. Salí al barrio a buscar algún café con wifi, pero no había, y sólo tenía un billete de $100 que no me  aceptaban por un café (ya había almorzado, además). Entonces me compré un par de medias para hacer cambio, en lo de un  judío con quipá y tienda vieja vieja …

181. Un remanso

Otra vez recalo por El Ateneo para levantarme el ánimo. Me desperté triste y con una sensación pegajosa de perder el tiempo o de dejar pasar la vida (que no es lo mismo, pero es igual, diría Silvio). El Ateneo es un remanso. Desde las alfombras que se tragan las voces a los dorados, las pinturas, los balcones, todo susurra. Tomé de una mesa un libro de Haruki Murakami envuelto en un film de polietileno. Me dieron ganas de ojearlo, revisar su prosa, mirar su foto, pero el volumen estaba herméticamente cerrado. "Después del terremoto", se llamaba. Mi hijo está ahora en Japón. No creo que tenga algo que ver, pero tal vez sí; uno qué sabe cómo funciona la mente, Vagué por las estanterías de Narrativa con el libro en la mano, mirando autores, escuchando trozos de conversaciones ajenas. Buscando, en fin, un tomo de Murakami sin envolver. Al final le pregunté a un vendedor donde podría encontrar el libro sin el plástico, para leerlo. El muchacho interrumpió su charla con otra clie…

Mariposa nocturna

La vi desde la vereda de enfrente. La mariposa nocturna caminaba alrededor del farol alejándose unos cinco metros a cada lado para regresar siempre bajo el halo protector. El mango del paraguas en su mano centellaba en el vidrio de la panadería. Ella ondulaba las caderas con cadencias de mar bravío. El ruedo de la falda no llegaba a cubrirle las enaguas y dejaba al descubierto unos botines de tacón que resonaban en la noche sobre el empedrado mojado. No había nadie en la calle. La humedad impregnaba los muelles de olor a pan recién horneado que se mezclaba con el pescado de la carga y el aceite de los barcos que se intuían cercanos. Su trajinar alrededor del farol acompañaba el bamboleo de un chal raído que apenas cubría el volado de una blusa mal abrochada en la última estocada. Desde mi lugar de observación, la piel del escote refulgía blanca como una mariposa en la luz. Un esmerado desfile para el cliente invisible. El pelo mal peinado también hablaba de afanes y apuros El repicar…