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Mostrando entradas de junio, 2013

169. Y tu dulzura distante

Fernando Cabrera estuvo en el Centro Universitario. Es una sala chica, de unas 200 personas. Estaba lleno. Público contemporáneo del músico y jóvenes. Casi en partes iguales. Es un músico que acompañó a los padres en la salida de la dictadura y ahora acompaña a los hijos.  No me lo imagino en un estadio frente a multitudes. Se disfruta en un ambiente íntimo que crea comunicación con el público y llena el alma.  Músico y poeta, destaco la poesía de saber decir: "estuve un tiempo en la lona, del desatino fui amante" para describirte una vida. O el poderío de "su voz chillona" que se anima a desgranar versos y silencios sólo con el acompañamiento de una cajita de fósforos con una bolita adentro. Casi a capella, en comunión con el silencio de la gente el talento se impone.

170. La historia del día después o lo que no volverá a ocurrir.

Esta historia es verídica. La médica también. Por suerte, no se repetirá.

Mi nombre es Rosario Echagüe y trabajo desde hace 12 años como médica en el hospital de Nueva Palmira, ciudad en la que vivo con mi esposo y mis dos hijas de 8 y 10 años. El día 14 de agosto hizo exactamente un año que viví un hecho que me conmovió de tal forma que me llevó a escribir este testimonio. Como mujer y como médica siento que debo decir lo que ocurre en nuestros hospitales, reflejo de una grave problemática de nuestro país y que podría aliviarse –en parte- con la aprobación del proyecto de ley de Defensa de la Salud Reproductiva que hoy se está debatiendo en la Comisión de Salud del Senado de la República. Ella tenía 16 años y un bebe de 6 meses -sin padre que se hiciera cargo- que aún amamantaba por las noches. Tenía educación primaria completa y algún que otro año de secundaria. Tenía una familia numerosa y muy pobre con la que vivía y que los alimentaba a ella y a su bebé. No tenía novio. Tenía un ret…

171. Estambul, la sub 20 y la maternidad

Estamos mirando el partido Uruguay Croacia de la sub20. Mi marido es fanático del fútbol y con los años, me he visto obligaba a entender de cosas tales como las jugadas de Messi, las vicisitudes del Barca, las desventuras aritméticas de la selección nacional y el horario de transmisión de los partidos de la Champion League. "Cosas veredes, Sancho", diría nuestro amigo Don Quijote, pero henos aquí esperando el comienzo de la transmisión. En la tribuna, un puñado de uruguayos con banderas patrias y de Peñarol, que anuncian que integran el grupo de viaje de Arquitectura. ¡Mi hijo está haciendo ese viaje! y, por supuesto, ya sabía que está en  Estambul. Menos sabía del partido. Me concentro en identificar las caritas para ver si lo veo o veo a algunos de sus compañeros. Conociéndolo, apuesto a que prefirió otros paseos antes que meterse en el estadio, Jorge dice "yo no pierdo las esperanzas, debe estar ahí". Maravillas del mundo global, le pongo un mensajito para preg…

172. Repasando lecturas

He estado mirando mi mesita de luz. Una pila de libros se acumula en una esquina, mis anteojos de lectura sobre ella, una cajita que me regaló mi hijo en un día de la madre para guardar la bijou, el reloj despertador y alguna que otra factura  suelta. Esa en mi mesa de luz. En el estante inferior, otras dos pilas de libros, pero que hace bastante más tiempo que no toco. Miro y veo que no he hecho las reseñas de Paseos con Robert Walser de Carl Seeling; El alma de Gardel de Levrero, El último adios de Roberto Santullo, Tomboctú de Paul Auster, El Poder Invisible de Alicia Escardó Vegh y El Amante de Marguerite Duras. Ahora estoy leyendo Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, que me está costando, no nos engañemos. Y tengo mucha lectura académica, además. Pido tiempo, pero más que tiempo pido energía para encarar lo que debo.

173. Escenas de la vida conyugal

En un bar de Av. Santa Fé, una pareja de gays tiene una discusión muy intensa en la mesa de al lado a la mía. Son dos muchachos. No tienen aspecto afeminado, al menos no el que está frente a mí. Por esa costumbre de mala educación que tengo de observar a la gente, pero que me fascina, paro la oreja. ¿Cómo son las discusiones amorosas de los gays (si fuera posible generalizar)? Asumiendo que los cerebros del hombre y la mujer son diferentes, ¿cómo son las discusiones entre ellos? ¿Repiten esa intrincada red de argumentaciones y manipulaciones que se dan en las discusiones de las parejas hetero? Ese agarrarse de una palabra para hacer un mundo, el acusar al otro de cosas que no vienen al caso pero estaban agazapadas. No escucho mucho. El que tengo de frente lleva la discusión de forma muy masculina: no me hinchés; estás usando mal la palabra, la palabra no es que no soy tierno, sino que a vos nada te alcanza; ¿qué te matan mis silencios? ¡y sí, te respeto tus horarios de trabajo! No es…

174. Descubriendo Orsai

Desde que leí "El pibe que arruinaba las fotos" y me consustancié con el proyecto cultural de Orsai, me hice admiradora de Casciari. Con la admiración que me provocan las personas creativas, las que se animan a ir "un poco más allá", tienen talento y hacen la diferencia. Hace días que estoy en Buenos Aires, así que no podía dejar de ir a visitar el bar. Esperé que mi hija viniera a visitarme y nos preparamos para la salida, bromeando con que tal vez nos encontrábamos con el Gordo o con el Chiri. Por supuesto no ocurrió nada de eso. Es sólo un lindo bar de San Telmo, con la curiosidad de que tiene un quiosquito de libros y en las puertas de los baños, cartelitos de "Parados" y "Sentadas" para indicar quienes están habilitados a usarlos, descartando, al parecer, que los hombres procedan al N°2.
Ese día actuaba una banda que se llama Falopa, que hacía música mezclada de tangos, milongas, algún malambo, hip hop y un toque de reggae. Básicamente tan…

A salto de mata. Crónica de un fracaso precoz. Paul Auster.

Es un libro atobiofráfico en el que Paul Auster relata sus años más duros, una vez tomada la decisión de ser escritor. Comienza en la infancia, que no fueron años duros, y continúa hasta sus 30. Son memorias de cómo tuvo que pelearla para no traicionar su vocación, consiguiendo trabajos de mala muerte que le permitieran comer para tener la libertad de escribir. Esta decisión fue muy fuerte, ya que en su familia el dinero tenía un rol central, tanto, que determinó el divorcio de sus padres. Es un relato de sus años de muchas penurias pero de mayor aprendizaje y aventuras.  Como yo acababa de leer Diario de invierno, algunas de los relatos me resultaron conocidos, como si sufriera un deja vu. A continuación seguí leyendo Tomboctu, que cuenta las andanzas del perro de un escritor que tenía mucho talento y potencial y a quien las drogas le hacen trizas el cerebro y sigue su vida como vagabundo, perseguido por fantasmas.Muy parecido al personaje que él conoció en la Universidad, que había…

175. Recordando a Pedro y Pablo o el Chapulín Colorado en Baires.

En un comercio de ropa para hombres en calle Florida le compré una remera a Jorge que no le gustó. No hay problema, se puede cambiar, le dije. Guardé la factura y la bolsa de la tienda para cambiarla en el próximo viaje.
Allí fuimos, con mi hija, el sábado con la remera dentro de su bolsa. Nos atendió un vendedor alto y delgado, de prolijo traje gris oscuro, corbata azul y abundante cabellera blanca. Parecía muy profesional, aunque se comportaba con frialdad y no se esforzó mucho en mostrarnos alternativas. Sacaba remeras y pulóveres de los estantes sólo si se lo pedíamos y hablaba sin mirarnos. Mantenía su vista por encima de mi cabeza. Claro, medía al menos 40 centímetros más que yo. Yo lo observaba. Sus movimientos displicentes, su deslizarse por el piso encerado, sus comentarios de entendido en modas y negocios. No dejaba de causarme gracia ese aire de superioridad en su minúsculo destino de dependiente de tienda.  Al final elegimos una nueva remera que rápidamente embaló, pasó a …

176. La naturalización del delito

Una investigación comparativa entre varias ciudades del Mercosur respecto a los delitos que eran objeto los jóvenes, arrojó mayores valores absolutos en Montevideo que en Río de Janeiro. Los investigadores se sorprendieron. Revisaron la metodología y las cuentas, pero seguía dando mayor número de delitos en Montevideo que en Río de Janeiro, ignorando incluso la diferencia de población entre ambas ciudades. Los encuestadores no se conformaron. Los resultados no tenían sentido. Volvieron a las calles a preguntar. Y en Río repreguntaron:  - Pero, ¿no es común que les roben el celular? ¿o las zapatillas? -y los jóvenes cariocas contestaron: - ¡Ah, sí! Eso pasa todos los días, pero ya ni lo contamos.