sábado, 31 de agosto de 2013

163. Historia de taxis II

Ayer a la tarde en Buenos Aires me tomé un taxi saliendo de la Dársena Norte. Ni bien me senté en el auto, el taxista me dijo:
- No tome el taxi aquí porque se van a creer que es uruguaya y le van a cobrar carísimo.
- ¿Por qué? -le pregunté, pensando que me iba a hacer una broma por el precio del dolar o algo así.
Se dio vuelta y con mucha fuerza en la voz, me contestó:
-¡Porque son unos HIJOS DE PUTA! ¡Se lo merecen! Porque votaron a un presidente que es un asesino.
El improperio me golpeó la cara y sólo atiné a contestar:
-No diga eso. No puede decir eso.
- ¿Como no! -insistió. -Puedo decirlo porque yo pelée contra ellos. Contra los Montoneros, el ERP, los Tupas que estaban todos unidos y acá los cazamos a todos. Yo era policía en aquella época. ¡Y los odio porque por su culpa me tuve que ir del país por ocho años y no vi crecer a mis hijos! -continuó mirándome en un giro de cabeza con unos filosos ojos celestes.
A esa altura del discurso preferí no hablar, aunque, sin dudas, evalué bajarme en el semáforo.
-¿Y por qué se fue del país? -le pregunté en un momento.
-Porque me exigían hacer ciertas cosas que estaban reñidas con mi ética y que yo no estaba dispuesto a hacer. Así que una noche me escapé en la bodega de un buque griego y pasé ocho años recorriendo el mundo.
Su conversación deambuló luego por sus viajes, algunos amores que dejó en tantos puertos y una alta valoración de sus dotes y talentos, en tanto intercalaba apreciaciones sobre el Uruguay y lo que había pasado durante la dictadura. De la Argentina casi no habló. Yo lo escuchaba en silencio. De pronto, -mucho más tarde de lo apropiado-  me preguntó si era uruguaya.
-Sí. -le contesté.
-Me pareció que no le gustaron mis comentarios sobre su presidente.
¡Para qué explicarle que dentro de su discurso eso pasó a ser lo anecdótico! Mucho más que su opinión sobre Mujica me importaba la justificación de lo ocurrido y su interpretación de la historia.
Seguí guardando silencio.
Al bajarme, en la esquina del hotel, me dijo con tono irónico:
- Vote por Bordaberry.

sábado, 24 de agosto de 2013

164. Seca (o cara)

Tomo conciencia de haber abandonado el blog por quince días. Mucho laburo, mucho stress, mucho ir y venir. Poca literatura. Escaso estado del alma para encontrar poesía o sorprenderme en los pequeños recortes de una mirada.
Seca seca, esta agonía se prolonga.

sábado, 10 de agosto de 2013

165. La naranja mecánica y el futuro.


Hoy volví a ver La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, una película, que como 2001 Odisea del Espacio, provocó al público respecto al futuro que estábamos creando y hacia dónde íbamos. Recuerdo muy bien cuando mis padres volvieron del cine, en 1971, de ver este estreno. Como siempre en casa, nos contaron la película con tal abundancia de detalles que fue como que la hubiéramos visto. Mamá, estaba impactada, pero más bien enojada con la visión del director de imaginarse un futuro tan apocalíptico, tan inhumano y falto de valores. Realmente, a ella le resultó revulsiva. Recuerdo su descripción de la casa del escritor, la violación de la esposa y la golpiza del viejo, casi como si la hubiera visto (contribuyeron  a esto, por supuesto, las fotos de publicidad), así como también la Novena de Beethoven como la música que lo inspiraba. En aquellos años, era realmente una visión apocalíptica pensar que la violencia ganara la partida; que hubiera bandas de adoslecentes que "coparan" una casa y violentaran y robaran a la gente que allí vivía; o que golpearan a alguien por el sólo placer de ver como sonaban los hueso al quebrarse o que la policía fuera tan brutal como los delincuentes. Hoy hemos visto copamientos (a mi sobrino lo secuestraron en la rambla para que sacara dinero del cajero y luego fuera hasta la casa de la amiga con quien estaba, ára robar y golpear a los padres), hemos visto quemar a un indigente para ver como se retorcía, hemos visto la violencia policial en las calles y a la militar en forma sistemática y exterminadora. Muchas veces pensé que tenía que decirle a mi madre, y ya no puedo, que Kubrick tenía razón. Pero también que la supresión de la delincuencia sin libre albedrío no soluciona nada porque el ser humano debe tener agresividad de la buena para pelear la vida y salir a delante, porque sino se vuelve un pelele de cualquiera que tenga mayor capacidad de reacción que él. Y sobre todo,  y por encima de todo, debe poder decidir lo que quiere hacer.

Hoy volví a ver La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick y pensé que tuvo una visión premonitoria del futuro. Pero me sorprendió que tecnológicamente ni siquiera intuyó, a pesar de "2001", el futuro de nuestras sociedades y el peso que ese camino tendría para llegar a donde él si pre anunciaba. Casi con ingenuidad aparecen en la película bibliotecas con libros de papel y lomo, una máquina de escribir común hasta los ochenta, y teléfonos fijos, con un diseño muy futurista pero aún atados al cable. El camino tecnológico de la comunicación y la informática no está ni siquiera previsto en la película y creo que el resultado ético de esta sociedad no está desligado de ello. (Y espero que este post no resulte una moralina).