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Mostrando entradas de septiembre, 2013

158. Las videoconferencias o el mundo en observación

Ayer participé de tres entrevistas por videoconferencia. Yo aquí sola y a 400 km tres hombres conectados conmigo. Cada vez es más habitual en algunos lugares de trabajo. Y no es lo mismo. La calidad de la comunicación o el intercambio no son los mismos. A mí no me gusta mucho y cuando puedo prefiero viajar, pero debo reconocer  que ahorra tiempo, dinero y salud (casi un refrán). El asunto es que no somos muchos los que nos hemos ido acostumbrando a esta modalidad de trabajo. Y la gente se olvida que a cientos de kilómetros hay otro que escucha, observa y , a veces, también quiere hablar.
La segunda entrevistada era una mujer. Joven pero madura. No podía reconocerle bien los rasgos pero parecía bonita y vestía bien. Seria, solvente, estableció de entrada un juego de seducción con los tres hombres presentes. Ellos aceptaron las reglas con la naturalidad de viejos caballeros (al menos dos). Bromas, sonrisas, lenguaje corporal. La historia del mundo vista por televisión o como si estuvier…

Salí

Salí buscando el sol
o aire que me golpeara la cara
y me golpeara, pero no hay aire
en la calle, sólo hay ruido y
humedad y un resplandor
que me entrecierra los ojos
de llanto, de tanto llorar
de querer morir de soledad y angustia
de algún prohibido dolor
que se confunde, con cientos de piernas
de gente que cruza la calle.

No son torsos ni rostros ni brazos
sólo piernas en colores de a dos
que cruzan
con el semáforo en rojo
como las calzas de la muchacha
que apura los últimos pasos para llegar
al cordón de la vereda y sentirse a salvo
como si quisiera correr el tiempo
y también alcanzarlo

159. Yo pisaré las calles nuevamente

En el festejo por la recuperación de la democracia en Uruguay, aquel 1° de marzo del 85, con todas las esperanzas intactas y las ilusiones por estrenar, escuché, sentada en la calle frente a la explanada de la Intendencia de Montevideo a Pablo Milanés y a Silvio Rodríguez. En comunión con otros miles, con un nudo en la garganta, me envolvió su canto: 
"Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.


Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco al que quiere la patria liberada dispararé las primeras balas más temprano que tarde, sin reposo.
Retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas. Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores.
Un niño jugará en una alameda y cantará con sus amigos nuevos, y ese canto será el canto del suelo a una vida …

160. Las mañanas de domingo y Juana de Ibarbourou

Apenas bastó una lluvia para que el verde iluminara el jardín. Hasta los helechos en el tronco del viejo ciruelo brillan más.
Hay mañanas de domingo, sobre todo en primavera, que me siento como la amiga de Chico Carlo, es decir, la Juana niña (y ni te cuento si me pongo a mirar las manchas de humedad).

161. Donde quede el alma.

Otra vez la angustia que me asalta el pecho y me ata las manos. Esa angustia. La que me roe en el pleno centro donde tendría que estar el alma (si es que está). Esa angustia. La que me orada. Tanto, que hasta puedo sentir el crepitar de los huesos. Como una termita que me come desde adentro, aunque todavía parezca intacta. Entonces, espero el empujón. Este armazón no sostiene nada y, como un mueble viejo, se desmorona al golpe. Que se desmorone. De terrible amor o de maldito dolor por descuidar el alma (donde quiera que se suponga que esté).

162. Las tardecitas de Buenos Aires

Balada para un loco se me ha instalado en el corazón. Al salir de clase  "... por Arenales, lo de siempre, en la calle y en mí". Porque paso entre la gente y "los maniquíes me guiñan, los semáforos me dan tres luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina" se trepan entre ciruelas y frutillas en ordenadas torres de colores. Una de las más elegantes calles de Buenos Aires se ríe del tango de arrabal.  Sin embargo, en ese universo de figurín "... de repente, detrás de ese árbol aparece él: mezcla rara de penúltimo linyera y primer polizonte en un viaje" a la gran ciudad. Posiblemente desde el norte argentino o desde Bolivia, aún con la "ilusión super sport de correr por las cornisas con una golondrina en el motor". Ya hace mucho que no lo aplauden, ni le gritan ¡viva!. Medio melón por cabeza, las rayas de la vida tatuadas en la piel, dos alpargatas sin suelas en los pies y un repasador de la China levantado en cada mano. Parece que sólo …

Tombuctú. Paul Auster

Paul Auster es mi gran escritor de 2013. Por suerte, estas ediciones económicas me han permitido comprar tres de sus libros al hilo y todos me han dejado diferentes aristas de su literatura. Me ha gustado con rotundidad. Una prosa sencilla que recorre vidas al límite, pequeñas grandes aventuras y heroicidades anónimas. En esta novela, nuevamente se ofrece una visión amarga, dura y sin embargo hermosísima de la naturaleza humana a través de los ojos de un perro. Mister Bones es un perro callejero, hijo del mundo y de la calle, que se encariña y se "establece"  con un humano Willy G. Christmas, un vagabundo hijo y consecuencia de la generación de los excesos sesenteros, demasiado parecido al personaje que Auster describe en su Diario de Invierno. Mister Bones asiste a los últimos días de Willy, a sus interminables monólogos en los que rememora su existencia y la certidumbre de que el fin está próximo, y con él la partida hacia el último viaje, la mítica Tombuctú donde moran lo…