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Mostrando entradas de noviembre, 2013

146. San Marcos

San Marcos es un exceso. Exceso de tamaño, de cúpulas, de abalorios, de columnas y de palomas. Las dos explanadas, la Piazza San Marcos y la Piazzeta envuelven la fachada gótica y la custodian el Campanile y la Torre Del'Orologgio, único azul y oro sobre el blanco y gris. El reloj, en un cielo de estrellas, es custodiado por un león, y  encima, dos muchachos con mazos esperan la hora de golpear la campana.

El Palacio Ducal se extiende en una perspectiva casi infinita de columnas blancas de ojos trifoliados hasta el mar. La Piazzeta se enmarca por las columnas del león y San Teodoro, mientras las góndolas se mecen en el amarre. Enfrente, a pocos metros, otra isla, otras cúpulas, otras torres dibujan otros lienzos sobre el cielo esponjado de nubes. Una paloma se para sobre mi brazo y me mira con su ojo egipcio, hasta que el revoloteo de sus hermanas en el suelo la hace volar. Un aire más íntimo que la brisa del mar la despega de mi cara.
Si uno no ha visto San Marcos o sólo ha visto…

147. Roma Antica, el Palatino

De la Roma Antica el Palatino fue lo que más me gustó. Al frente de las piedras milenarias del Coliseo que ha sido símbolo de Roma, se levantan (o se encuentran) los restos del Palacio por antonomasia, el que creó la palabra que hasta hoy nombra a una edificación grandiosa y lujosa. En la parte más alta de la colina donde se fundó Roma y cuenta la leyenda que Rómulo mató a Remo en una pelea entre hermanos, Augusto construyó su residencia.   Enorme, según demuestran los restos, con varios pabellones, una fuente pentagonal, un jardín con anfiteatro y un elaborado suministro de agua, el Palatino fue residencia de muchos emperadores y allí Agripita, madre de Nerón, mató a su marido Claudio y también fue asesinado Calígula. El Domus Augustana era la casa del emperador y en el Domus Flavia está la Casa di Livia, su esposa. No están habilitados para la visita muchos sectores y siguen encontrando pasadizos, cúpulas y escalinatas enterrados. Dicen que encontraron incluso la cueva donde la loba…

148. Otoño en Madrid

Estuve doce horas en Madrid después de no haber ido por más de dos años. Seguía siendo la hermosa Madrid de la Plaza del Sol, la calle Preciados y el oso y el madroño. Incluso la Puerta de Alcalá seguía "viendo pasar el tiempo" pero todo estaba más gris. Y no era el otoño.  Recién se levantaba la huelga que los recolectores de basura habían mantenido por cerca de un mes y todavía se acumulaba la mugre entre los faroles, canteros y zaguanes. Más silencio a las tres de la tarde y muchos locales comerciales vacíos con carteles de Se Vende o Se Alquila se alineaban por Goya o la Gran Vía.   Almorzamos en una parrilla donde fuimos los únicos clientes del mediodía y los empleados (una ecuatoriana y un argentino) hablaban de volver a emigrar y dividían sus opiniones entre la necesidad de "empezar de nuevo" o resistir. Luego encontré mustio a Barajas. En la retirada de Iberia los vuelos intercontinentales abandonaron la moderna T4 y nos dejaron deambulando entre una T2 de…

149. Leaving Firenze

Ciudad de piedras ocres que se recuesta sobre el Arno. En la orilla norte, todo el glamour de los diseñadores y las marcas, el centro histórico y las iglesias principales. Oltrarno (del otro lado del Arno), Sancti Spirit con su bohemia de artistas, estudiantes y artesanos. Los zapateros hacen zapatos, los carpinteros cortan las maderas y los encuadernadores trabajan las tapas de viejos libros. Ahí se originaron los sindicatos de los oficios en la Edad Media, encabezando los obreros una revolución que les otorgó representación política por primera vez. Desde 1378 han mantenido la tradición y fueron el germen de los partidos de izquierda en Italia. En la época de Mussolini, Florencia fue una de las principales ciudades opositoras al régimen totalitario. A la noche, un bullicio de jóvenes, borrachos y vendedores inmigrantes se citan alrededor de la plaza para compartir un chianti, una pizza o simplemente penas y alegrías.






Más hacia el sur, el Palazzo Pitti y los jardines de Bóboli. La r…

150. Las dos caras del David

De las obras de arte famosas, tal vez el David de Miguel Angel, sea una de las que podamos sentir más cercana. Hay cierta familiaridad con el gigantón de pies grandes y pene chico parado en la explanada de la Intendencia de Montevideo. ¿Qué no ha visto nuestro David?  Desde los malhumores de los vecinos que van a pagar tributos, hasta la ilusión de los artistas que llegan a entregar sus manuscritos para el Premio de Literatura. Del alboroto de los escolares de visita en alguna muestra, a las multitudes en las ferias. De las manifestaciones de estudiantes, de trabajadores o de las Mujeres de Negro hasta instalaciones plásticas o performances musicales. La vida de la ciudad ha pasado frente a sus ojos. ¿Pero frente a cuál? 
El David tiene dos caras. El perfil izquierdo es el de un joven ingenuo y sereno y el derecho muestra un hombre tenso a la espera de Goliath. El resultado, el equilibrio de nuestra misma alma en el corazón de un gran pedazo de mármol, ya que como dijo el propio Migu…

151. El Síndrome de Stendhal.

Cuentan que cuando Stendhal llegó a Florencia sufrió un mareo y se desmayó. Cuando volvió en sí dijo que había sido "la densidad artística" de la ciudad. Parece que también hacía mucho calor y había viajado muchas horas pero ese no fue parte del relato. 



Hoy, después de visitar el Palazzo Piti, casa de los Medici en Florencia, estuve a punto de tener el Síndrome de Stendhal. Tanto dorado, tanto estuco y tantos caireles casi me hacen perder la conciencia. Sin hablar de los cientos de cuadros que uno comienza apreciando con interés y termina recorriendo al azar y sólo deteniéndose en un paisaje con luz o en una mirada viva o en una cromatografía fuera de lo habitual. Algo que nos llame la atención. Deshecha, volví al hotel a tomar una siesta. Demasiado barroco. Stendhal tenía razón.

152. En tren a Venecia

Partimos. Las columnas pasan a mi lado por la ventanilla cada vez a mayor velocidad. Las vías y el tendido, otro tren que despliega una cortina de colores, casas sucias, voces altas, casi argentinas, adivino los ademanes. Un muro grafiteado en verde y naranja cubre las vías.
Sigue el muro. No se ven las casas. Otra estación: Firenze Rifredi. El muro de vuelve terracota. Hay águilas en vuelo pintadas en los vidrios. Las ventanillas escurren en senderos el agua de lluvia. El cielo plomizo se ilunima con las casas amarillas.