miércoles, 22 de enero de 2014

Palabras sueltas a Gelman. de Paula Simonetti.


Hoy llueve. Porque siempre que llueve no es solo hoy llueve, decir que hoy llueve es, desde que leí el poema “Lluvia”, decir Juan Gelman o decir "hoy llueve, mucho, mucho" y decirlo con tu voz, imitándote el tono, el ritmo, tu infranqueable ternura, porque siempre que llueve es "hoy llueve, mucho, mucho y pareciera que están lavando el mundo". Y es allí, donde mi mano quiera refundar el poema, cada vez, estás ahí, asomando, presionando en la mano derecha, diciendo sobre la poesía, que tal vez no hay mucho que decir, porque asi como "el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa", solo el alma sabe, que en tus poemas todo se reúne, a brillar tal vez como un susurro, como si contaras un secreto doliente y dulce al mismo tiempo, es igual cuando hablás de Hamlet o de la revolución, te sentás conmigo a recordarme, "con estos versos no harás la revolución, ni con miles de versos harás la revolución", y después tu tío juan, cantando pio-pio en mi cabeza, ¿tus cenizas, juan, piaron un rato? Y cuando la palabra muerte aparece junto con tu nombre, quizá ya de una vez y para siempre, en los diarios, los mensajes, vienen versos de vos, haciéndose paso entre la lluvia, que insisten en preguntarte si "¿te acordás de la vida? Te acordás de la vida". Y a preguntar, ahora que "llueve, mucho, mucho y pareciera que están lavando al mundo" y pareciera que estás jodidamente bajo tierra y enterrado, a preguntarme a mí con tus propios versos, a preguntar por vos con tus poemas, enredados para siempre en mis poemas/ "¿avisaste que te ibas a morir?/ ¿a caer mejor dicho alzándote
como lámpara en medio de la noche?"
Hoy llueve, mucho, mucho
Y con tus mismas palabras me pregunto
"¿Descansan?
¿ tus huesitos?
En guerra?
¿en paz?
¿agüita?
¿nunca?"


Paula Simonetti

jueves, 16 de enero de 2014

134. Escribir con pluma

Me entusiasma mi pluma nueva aunque me manche los dedos. Siento que me conecta con mi escritura, con la fibra íntima de mi ser de escritora, de mujer genuina, conectada con todas las mujeres que vivieron tantas circunstancias peores a las mías y sin embargo se arriesgaron. E hicieron, cuando era mucho más difícil hacer. Es mi pluma veneciana de vidrio transparente que encierra en su interior una cinta morada que el frío parece haber cristalizado. 
Y luego voy al IPad y pendulo entre lo esencial de la escritura a mano y con pluma y lo práctico del computador. No quiero decir "lo genuino" de la escritura a mano porque tan genuino es el computador como la pluma. A veces incluso sale mejor, se corrige mejor, se puede repensar, pero es más lejano. La mano, y ahora la pluma (una pluma para recargar en el tintero cada varios renglones), es la esencia de las letras, es la conexión más palpable entre la letra en sí y el papel. Sublime.

miércoles, 15 de enero de 2014

135. Juan Gelman


No me las voy a dar de culta.
Como él dice, "... los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho / esos nadie son pocos/


...para un poeta es cada día más difícil/ 
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/ que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/..."

No me voy a hacer la culta. Conocía a Gelman por su lucha para encontrar a su nuera y a su nieta. No conocía su poesía. Yo era de esos pocos que son nadie.
En el Taller de Liliam me acerqué a él y a la antipoesía y lo primero que leí y que me quedó resonando para siempre fueron sus:
Zapatitos blancos de pibe
Zapatitos negros de pibe
Zapatitos rojos de pibe
Zapatitos sanos de pibe
Zapatitos rotos de pibe ..."

como un clamor universal de esa cuña clavada en la mañana de Polonia, pero también esa cuña clavada en todas las mañanas de los muertos desaparecidos a los que ni siquiera una montaña de zapatitos materializa.
Después me fui metiendo en sus decires tan antipoéticos y tan poéticos, tan de dar vuelta la imagen, justo cuando todo apuntaba para el otro lado:
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises 
de vergüenza/pero

o de tanto humor
y realidad
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/


Igual que el tío Juan que no veía porqué la muerte era un motivo para no cantar, imagino que él también estará cantando pío pío sobre las cabezas de los municipales, de los represores, de los indiferentes, que se mirarán los zapatos, grises, de vergüenza y que les parecerá un irrespeto y que estarán muy ofendidos porque él seguirá cantando y eligiendo el amor con que odio y esa dicha de andar tan infelices...
Será porque siempre supo que:
Aquí pasa, señores, que me juego la muerte.

136. El juego en que andamos. Juan Gelman

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Juan Gelman - El juego en que andamos.

lunes, 13 de enero de 2014

137. Dos títulos más



Agrego dos títulos más a la lista.
Perdón, imposible de José Antonio Millán y Cultiva tu talento literario de Thaisa Frank y Dorothy Wall.
No son estrictamente literarios pero tal vez son los más literarios de todos.
Perdón imposible tiene la gran virtud de hacer entretenido un tema tan árido como la puntuación en el idioma español.
Y empieza con una anécdota que da la tónica del libro:
Cuentan que a Carlos V le pasaron una sentencia para su firma que decía:

Perdón imposible, que cumpla su condena

Al monarca le ganó su magnanimidad  y antes de firmarla movió una coma de sitio:

Perdón, imposible que cumpla su condena

Y de ese modo una coma cambió la suerte de algún desgraciado... dice José Antonio Millán.



El otro libro tiene como subtítulo "Encuentra la voz del escritor que llevas adentro", lo que me entusiasmó, ya que es la búsqueda permanente. En realidad es una exortación al "Sí, tu puedes" Ambas autoras son profesoras de escritura en la Universidad de Berkeley y el libro me dejó un poco decepcionada. Supongo que deberé volverlo a leer.

domingo, 12 de enero de 2014

138. Resumen del año. Lecturas

He dado con un blog muy bueno que se llama Book eater  (http://www.book-eater.net/) y su responsable, literalmente, parece una tragalibros. Lee montones de libros por mes, a un promedio de uno por día, o más y además hace las reseñas. Trabajo titánico o tal vez ese sea su trabajo. En los resúmenes mensuales comenta además cuáles fueron sus mejores lecturas y cuáles las peores. 
De mi lista de este año (no del mes, jaja), debo decir que Paul Auster ha sido lo mejor y, dentro de ellos, el Diario de Invierno me conmovió profundamente. Muy buenas relecturas y un par de historias atrapantes, como el Enigma Spinosa. Como no hice reseñas de todos, va brevemente mi opinión de cada uno.

Diario de juventud. Idea Vilariño: interesante retrato del Montevideo de los 30 y 40. Recuerdos de mi madre y de una sociedad aldeana, que ya se fue. Resulta un poco pesado de la mitad en adelante.
El amante. Marguerite Duras. Relectura de un clásico que nunca me llegó particularmente.
El enigma Spinoza. Irvin Yalom. Interesantísima historia contada en forma muy amena. Lo devoré en un vuelo de avión.
Tierra Sonámbula. Mía Couto. Hermosa prosa, por momentos poética de esta autora africana, que nos pone en contacto con una literatura diferente.
Tomboctú. Paul Auster. Entretenida novela que retoma personajes y pasajes de sus memorias.
El último adios. Rodolfo Santullo. Novela negra versión criolla. Buena prosa, entretenida.
El Poder invisible. Alicia Escardó Vegh. 
El alma de Gardel. Mario Levrero. Relectura de una de las novelas más confusas de Levrero (sigo confundida, jaja).
A salto de mata- Paul Auster. Mejor lectura
Adios a las armas. Ernest Hemngway. Excelente relectura: la disfruté como si fuera la primera vez.
Fiesta. Ernest Hemingway. Relectura de una novela que leí con ojos muy diferentes que la primera vez. Me gustó más. 
Diario de invierno. Paul Auster. Mejor lectura
Siglo de Mujeres. Virginia Martínez. Entretenido. Me puso en contacto con la vida de muchas mujeres significativas, algunas totalmente desconocidas para mi.
El Muriaga y otros relatos. Oswaldo Lezama Lara. Entrañable homenaje de unos hijos a su padre. Las historias son disfrutables. Literariamente no es gran cosa.
El vuelo de la ceniza. Alonso Cueto. Peor lectura
El olvido que seremos. Héctor Abad Fasciolince. Otro libro escrito por un hijo a la memoria de su padre. Ilustra muy bien un oscuro período de la vida de Colombia. Me permitió meterme en la lucha subyascente de ese país, que no es el narcotráfico.
Acerca de Roderer. Guillermo Martínez. Buen ejemplo de la nueva narrativa. El comentario breve, como la novela.
El invierno del mundo. Ken Follet. Lectura perfecta para unas vacaciones: 900 páginas para contar la mitad del siglo XX requiere mucho relax. 

sábado, 11 de enero de 2014

Algún día nos lo contaremos todo. Daniela Krien

Empecé el año con esta novela de la alemana Daniela Krien, una desconocida para mi, que me atrajo por el contexto histórico en el que transcurre su libro: la caida del muro de Berlín y la reunificación de las dos Alemanias. Si bien éstas circunstancias afectan poco la suerte de los protagonistas, los dotan de una perspectiva y una sensibilidad que no podrían haber ocurrido en otro sitio ni en otro momento. María es una joven adolescente que se va a vivir a la granja de la familia de su novio y abandona la escuela. No quedan claros los motivos ni tampoco la actitud de la madre que ve todo con naturalidad. María no logra adaptarse a la dura vida del campo pero tampoco se plantea otros rumbos. Ama a su novio y a la familia, a quienes, habitualmente, intenta complacer. Para escapar, creo yo, a esa rutina que no es suya, pero de la que tampoco es capaz de salir, comienza una relación tóxica con un vecino que más que le dobla la edad: ella tiene 16, él 40. La novela es dura, aún si la leyéramos como la relación entre dos adultos, que no son. Por momentos uno se encariña con el vecino, otras veces lo detesta. Siempre hay como un desagrado latente: en la vida en la granja, en la familia del novio, en el vecino, en su padre, en la relación prohibida. Todo se va enrareciendo y aclarando hasta llegar al final, abrupto, inesperado pero  razonable.

lunes, 6 de enero de 2014

139.El Vaticano o el poder de la cruz

La primera vez que intentamos llegar al Vaticano una horda de peregrinos y turistas nos repelió. Ya desde la plataforma del bus touristique vimos venir, en sentido contrario, una masa informe de personas ocupando todo el ancho de la Plaza de San Pedro: habían cerrado la Capilla Sixtina y las multitudes abandonaban el sacro territorio. Nosotros también.
La segunda vez que lo intentamos partimos temprano en la mañana cuando aún el fresco envalentonaba para enfrentar las colas. La gente todavía no era mucha.









Empezamos por los  Museos Vaticanos rumbo a la Capilla Sixtina. Yo no sabía que tantos mundos rodeaban a los Papas: las mejores esculturas romanas, las estatuas etruscas, las momias y enterramientos egipcios, los mapas geográficos de dimensiones colosales y las máscaras africanas se suceden en galerías de cielos angelicales y cortinados simulados para el ojo. Centenas de metros de salas y patios de pisos relucientes donde se disponen estatuas tan famosas como el Discóbolo o tan ignotas como los pequeños niños de pito quebrado. Hermosas estatuas níveas de mármol, en las que la perfección de los rostros y cuerpos vimos repetida tantas veces en miles de réplicas esparcidas por el mundo. Hay un zoológico de mármol, un patio octogonal con el dios Arno con sus tinajas y Laocoonte enredado entre víboras, una Ariadna dormida y un Júpiter sentado. Se atraviesan salas con estatuas de bronce, sarcófagos de mármoles o de granitos de colores, mosaicos que representan la vida, y sólo para llegar a la Capilla Sixtina.

Una habitación rectangular, detrás de una puerta pequeña encierra uno de los tesoros más valiosos y preciados del Vaticano. La primera impresión es un poco decepcionante: hay demasiada gente y el espacio, completamente vacío, es muy simple. No tiene ni un mueble, ni un altar, ni un candelabro: sólo gente que circula mirando el techo. La entrada lateral no contribuye a apreciar la magnificencia y uno entra dándole la espalda al Juicio Universal. Tantas veces vistas estas pinturas que uno demora en hallarlas entre Patriarcas, Apóstoles y Sibilas. Pasados esos minutos de desconcierto, y si se puede acceder a la historia, se redimensiona el valor y la belleza.


La pared del fondo (o del frente, según se vea) con el Juicio Universal sobre un lapizlázuli vibrante recorta las figuras de Cristo Juez en el lugar central, quien levanta un brazo con ceño adusto para elevar a los justos y baja el otro para condenar a los impíos. Cuerpos, rostros, gestos, actitudes en tres planos donde se dividen los ángeles en el espacio superior, al centro Cristo, María y los Apóstoles y debajo los pecadores, con mucho de la Divina Comedia de Dante, aunque uno no sabe cual imagen le recuerda a cual, tantas veces vistas o mencionadas.
Luego, uno puede dedicarse al resto, que por más que en las paredes laterales se presenten frescos de Rafael y otros grandes, los ojos sólo buscan el techo. La Creación de Adán al centro, la Creación de la luz en un extremo y la embriaguez de Noé del otro lado, recortan el cielorraso en imágenes complejas de colores deslumbrantes. Uno se pregunta cómo hizo Miguel Angel para pintarlas de pie desde un andamio. ¿Se acostaría? ¿Cada cuanto descansaría? ¿Le homiguearían las manos de tenerlas levantadas? ¿Caerían sobre su rostro los goterones de pintura celeste? En la parsimonia de esta segunda observación aparecen entonces las figuras conocidas, los rasgos individuales y la luminosidad grandiosa. 
Con la nuca dolorida y el alma llena, luego de compartir el momento con cientos de personas de todo el mundo que circulan con actitudes que van desde la indiferencia a la devoción, uno se pregunta el sentido de que un cura intente, cada quince minutos, recordarnos por micrófono que estamos en un recinto sagrado y entone una plegaria.





sábado, 4 de enero de 2014

140. Los primeros dias

Enero despunta tranquilo luego del infierno de fin de diciembre. El verde se recorta nuevamente sobre un celeste en calma y se pueden arriesgar unas horas al sol sin morir de calentamiento global.
Aún en Paysandu. ¿Será enero de verdad?