domingo, 29 de junio de 2014

125. Quebrar la inercia

Con el post anterior rompí el silencio de 45 días en el blog y de silencio en general. No podía escribir. En mi cuaderno la última entrada es del 6/6.
Así que ahora me he impuesto (¡siempre igual, che!) volver a escribir las pequeñas viñetas de la vida cotidiana. Recuperar los momentos, las miradas.
Veré cuánto me dura. Veré si puedo.

126. El gol del afane.

El martes pasado, mientras Uruguay eliminaba a Italia del Mundial, por primera vez en tres años, un taxista me robó en Buenos Aires. Ya era hora, podrá decir algún pesimista que recuerde mis vueltas al hotel por calle Uruguay en dirección a Avenida de Mayo a las 22 horas.
El viaje había sido animado, comentamos la ruta y el partido Uruguay - Italia que transcurría mientras nosotros veníamos por Avenida Córdoba. En un momento, los edicifios exhalaron un grito de GOOOLL que estremeció hasta los vidrios. ¡Gol de Uruguay! festejé dentro del taxi que tenía la radio fija en una emisora de tango y que el taxista me aclaró que "ésta no agarra nada". Por el momento no pude saber quién había hecho el gol.
Al llegar a destino le extendí un billete de $50 para un viaje que había costado $39,50. El hombre tomó el billete, cambió el tono y devolviéndomelo dijo:
- Este es falso. ¿No ve?, se le nota en el papel.
Yo no entendí, al principio. Seguía enganchada con el triunfo de Uruguay y quería saber quién había hecho el gol.
- ¡Qué va a ser falso! -le contesté, aun eufórica.
- No se ría -me contestó, haciéndose el malo.
¿Cómo no me voy a reir si me lo dieron en el banco? -agregué. De todos modos, agarré el billete que me extendía y se lo cambié por uno de $100.
- Bueno, tome. -le dije.
En ese momento generó un confusión, me tomó la mano (luego vi que me había puesto un billete de $2) y en tono enojado me insistía con que le pagara.
- Le acabo de dar $100. -le dije.
-¡No me dio nada, señora! -me gritó.
Yo mantuve la calma y repetí:
-Ya le di $100.
--¡No me dio nada, señora! ¿O me está llamando ladrón?
- Por supuesto. -le dije con tranquilidad porque enseguida entendí todo. -Le acabo de dar $100.
- Deme esos $20 y estamos a mano. -me dijo, entonces, señalando adentro de mi billetera.
- De ninguna manera: le acabo de dar $100. -le respondí mientras buscaba dentro del auto la tarjeta de identificación del taxi y del chofer que, por supuesto, no existía.
El tipo insistía: -¿Qué me está diciendo, señora,  qué me está diciendo? Esta plata es mía.-gritaba mientras revoleaba unos billetes de distintas denominaciones que tenía sobre el asiento delantero del vehículo y que yo no había visto.
-Me acaba de robar $100, ¿y además me quiere cobrar el viaje? -le volví a decir. -Dese por satisfecho.
Muy digna esta señora, pero con $100 menos, se bajó del taxi y se olvidó de anotar la matrícula (aunque fuera para pasarla por las redes sociales).