viernes, 22 de agosto de 2014

114. Hace 6 días que no publicas.

Hoy mi Feis, como una agujeta en mi conciencia, puso una ventanita a la derecha que dice:
Hace 6 días que no publicas
Hace tiempo que 1002 personas a las que les gusta El prisma de lunares no tienen noticias tuyas.

y es verdad. Y fue como una luz roja que se me prendió respecto a prioridades y otras yerbas. 
No escribo en el Prisma pero tampoco en mi cuaderno. Estoy en un frenesí académico tratando de hacer en semanas lo que no hice en meses. Acabo de terminar un informe para el Doctorado que me habilitará pasar a la nueva etapa. Y lo terminé dos horas antes de lo propuesto: todo un record. ¿Aprenderé algún día a no tomarme siempre el tren de última hora? Tal vez dos horas hoy, sean un día mañana.

viernes, 1 de agosto de 2014

115. Casa Peter. Cartagena de Indias





Casa Peter es una vieja casa cartagenera convertida en hotel. Como muchas de las viejas casas del casco histórico. Pero ésta no aparece en internet y no se publicita. Uno llega por referencia de conocidos. Y eso la vuelve bastante particular.    
Casa Peter era la casa del escritor Peter Tompkins que vivió allí desde los setentas y murió en 2007. Queda frente a la muralla y desde el balcón, más allá, se ve el mar.
Hoy es la mitad de la casa colonial, las que habitualmente tenían dos plantas. En la superior vivía la familia y en el piso inferior la servidumbre. En el medio, algunas casas tenían un entrepiso que llamaban mezanine. Nosotros estábamos allí. 
El resto de la casa se desarrolla alrededor de un patio de sombra generosa con árboles y frondas de todos los verdes. Domina en altura un viejo árbol de mango desde donde Juvenal Urbino todavía intenta atrapar al loro. 
El calor lo domina todo y es difícil estar afuera antes de las 18, cuando comienza a soplar la brisa marina, el alma vuelve al cuerpo y el espíritu recupera energías. 
Desde los pisos altos el viento del mar entra y refresca los sudores. Toda la arquitectura está pensada para que el aire caliente se quede arriba, muy arriba y el fresco marino circule. Por medio de banderolas que son agujeros dejados en lo alto en las paredes enfrentadas. Sin vidrios. O entre los techos, que descansan sobre vigas y dejan un espacio abierto sobre el muro. Los portales y los postigos se abren en dos partes para, aún cerrados, permitir la ventilación.
En toda Cartagena parece revivir la atmósfera de la literatura de García Márquez, en las rejas carcomidas por el salitre, en las ollas de barro, en las aldabas de los portones y en el marasmo de la tarde.