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Mostrando entradas de marzo, 2015

68. La Urdimbre y la trama en Montevideo

Fue en la tardecita del jueves 26 en la Biblioteca Nacional. Mi segundo libro, elogiado por la crítica, levantó vuelo en la capital. Me acompañaron Helena y Laura leyendo textos y Lauro Marauda en el comentario literario, además de la editora. Yo quise decir algunas cosas. Quise decir qué difícil es para los artistas del interior trascender el pago chico, mientras miraba la sala escasamente ocupada por familia y amigos. Quise decir que me sentí verdaderamente una escritora cuando publiqué y los demás me devolvieron otra mirada sobre mis cuentos (muchas veces muy alejada de la mía). Quise decir que este segundo libro me afianzaba en este camino tardío de la vocación. Quise decir que sin saber, el destino me había hecho incluir el último cuento "La Historia de Melchor Silva", en el que comparto aventuras con Nora, mi entrañable compañera de Facultad y que no pude contárselo porque se murió sin despedirnos. Y que creo que, sin saber lo que hacía, lo hice para sentirme un poco …

69. Mal día

Hoy me siento destruida. Me desperté más cansada de lo que me había acostado. Agarrotada, los músculos de los brazos me duelen como si se abrieran al moverlos. Los ojos hinchados, las piernas pesadas. Buen día para quedarse en la cama y perderse en algún libro o alguna película. Pero hay que trabajar. Y aquí estoy: procastineando.

70. Siembra de libros

Busqué en mi biblioteca un libro para liberar. Muchos pedían turno: algunos nunca leidos, otros leidos pero olvidados. Estaba segura que de algunos otros no me iba a desprender. Elegí uno de esos que hace años están en el estante y que no logran el guiño que nos hace comenzar la lectura. Le escribí: "Siembra de libros 21.03.15. Paysandú. Si te sirve, llévatelo". En realidad recién ahí leí en la contratapa de qué se trataba y quien era su autora, que había estudiado con Borges (nada menos). Lo hojee. En la segunda página tenía escrito el nombre de mi madre. No pude liberarlo. Busqué otro y verifiqué, antes de escribir el mandato, que no estuviera firmado. Listo.
La pregunta era, ¿dónde lo siembro? Pensé que lo mejor era un lugar donde pudiera verificar si alguien si lo había llevado.  Crucé la calle y lo dejé en el borde de la vidriera del local de enfrente de mi casa que estaba cerrado. Al rato salí a la calle y miré hacia el murito donde lo había dejado: se había ido volan…

71. En mi espalda

Desperezo el mundo en los nudos de mi espalda.
Los traficantes de armas en un galpón en Melilla,
el proxeneta que golpea a la mujer en un callejón,
el niño que aspira pegamento en el banco de una plaza,
los vendedores de droga a la salida del liceo.
Todos peleando en mi espalda.
Mi espalda como espacio de contienda de las lacras del mundo.
Mi espalda carga con el mundo.
Me estiro.
Siguen ahí
No sueltan.
Nada las suelta.