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Mostrando entradas de 2016

38. NaNoWriMo

Hace 16 días empecé un reto personal y me inscribí en el NaNoWriMo (National Novel Writing Month) que es un movimiento global que propone escribir el primer borrador de una novela en el mes de noviembre. Hay que llegar a 50.000 palabras en 30 días, es decir, escribir 1667 palabras por día, más o menos 3 carillas.  Si uno sabe qué va a escribir y tiene un buen esquema creo que es posible. O si tiene mucho tiempo.  Yo tengo muy pero muy poco tiempo y voy 22.528 palabras. Los últimos días he fallado pero espero recuperar aliento el fin de semana.  El asunto es escribir, escribir y escribir. No se trata de calidad sino de cantidad. La revisión y la corrección empiezan el 1° de diciembre. A mí me ha servido para dejarme llevar, escribir sin pensar, sólo escribir. Separar el Aventurero del Censor. Ya veremos qué resulta.

39. El Gozo de Escribir

En la biblioteca de la Universidad de Salamanca, hace dos años ya, encontré un libro que se llamaba "El Gozo de Escribir" de Natalie Goldberg. Era un único ejemplar que debía leerse en sala. Del hojeo frente al estante pasé a leerlo en la mesa y a pedirlo cada día. Si hubiera sido por mí, lo terminaba en unas horas pero tuve que contenerme. Me organicé para leer sólo media hora por tarde porque corría el riesgo de ensimismarme y avanzar poco con el trabajo. Recorrí las librerías de la ciudad buscándolo, dispuesta a comprarlo y traerlo a casa pero no lo encontré. Es un libro inspirador. Desde el principio movilizó en mí  tanto aspectos de la técnica de escribir, como (y sobre todo) de la actitud que hay que tener frente a la escritura. Me enamoré del libro. No podía dejarlo y cada tarde, al llegar a la biblioteca, me preocupaba de pensar que alguien más lo hubiera pedido y rompiera mi rutina. No es un libro nuevo, Aquella edición era de 1994 así que deambulé por las librería…

40. Presentación de La descendencia de los malignos. Mario Sarabí

Esta es la cuarta novela de Mario Sarabí, un prolífico escritor sanducero que con esta nueva obra demuestra que su voz ya se hace reconocible entre los actuales exponentes de la literatura uruguaya. Sarabí encuentra aquí, definitivamente, “su voz” pero además, consolida su mundo narrativo, su universo situado en Barro Blanco, en Santa María y a orillas del Muerto. En particular es una novela compleja que no le facilita nada al lector, tanto por su lenguaje, por su estructura como por los recursos narrativos que utiliza. El lenguaje es exuberante, la prosa es verborrágica lo que cuestiona en parte la máxima de que en literatura “menos es más”. La calificación enumerativa a través de numerosos y complejos adjetivos son ya un rasgo de la literatura de Sarabí. Pareciera existir una defensa por la riqueza del idioma español, tantas veces bastardeado. La novela presenta una elaborada estructura que se despliega como una urdimbre de voces narrativas, ciudades e inclusos tipografías, elementos …

41. Decálogo de Elvira Navarro para escribir una novela sin trampas.(*)

A unos días de la publicación de su nueva novela en 2013, La trabajadora (PRH), una de las escritoras con más proyección de las letras desvela una de las claves de su éxito: la sinceridad. Navarro nació en Huelva en 1978, vive en Madrid. Es autora  de los libros La ciudad en invierno La ciudad feliz(XXV Premio Jaén de Novela). En 2010 fue incluida en la lista de los 22 mejores narradores en lengua española menores de 35 años de la revista Granta. Con la nueva publicación, Elvira Navarro mantiene su línea de trabajo sobre la tortura de un sistema inflexible con el recorte de las libertades del individuo. Una adelantada a estos tiempos.  Primera trampa: si quieres escribir una novela, ensaya primero con el cuento Muchos novelistas jamás han sido cuentistas (lo que a su vez desbarata otro tópico: que escribir cuentos es más fácil que escribir novelas). Además, el cuento y la novela son universos distintos, con lógicas a veces antagónicas. Meterlos en el mismo saco nos condena a que las…

42. La escopeta y la guitarra

La escopeta y la guitarra recostadas contra el muro. Alineadas. Como bastones. Como centinelas con distinto destino.  La escopeta con su ojo único, la guitarra con su boca única. Negras profundidades de donde surge el disparo de sonido. De donde surge el gemido de fuego. La escopeta y la guitarra alineadas contra el muro. Cabellera de cuerdas ofrece la guitarra voluptuosa. Rulo único como gatillo ofrece la escopeta.
La escopeta y la guitarra alineadas contra el muro. Como bastones esperan. Esperan en silencio quien las haga sonar.

43. Instrucciones para visitar el paisito

En este país el clima es imprevisible. No es raro que hagan treinta grados en julio o que refresque en pleno verano. Más aún, a veces se producen las cuatro estaciones el mismo día: hace calor, llueve, se levanta viento y luego hace frío. Durante los “veranillos” en invierno, la gente que salió abrigada por la mañana comienza a desesperarse con el transcurrir del día al ir aumentando la temperatura. Algunos prefieren sacarse la ropa de a poco sin perder la compostura y otros, por no perderla, llegan a caer desvanecidos como moscas sobre un tablero antes que descubrir la camiseta vieja que sólo usan debajo del pulóver. 
Es así que el clima es muy importante en la vida de todos y constituye el principal tema de conversación en las salas de espera, en las colas de pago o en el mercado. Diría más, en un país sin farándula artística y con escasa vocación para ocuparse de la vida ajena, los meteorólogos, junto con futbolistas y políticos, son los famosos que despiertan pasiones de amor o de …

44. La Resistencia. Ernesto Sabato.

Natalia recuperó un texto hermoso:
"Casi con candor recuerdo la anécdota de aquel hombre que se desvaneció en la calle y, cuando fue reanimado, quienes lo socorrieron le preguntaron cómo no se había comprado algo de comer con el dinero que llevaba en su bolsillo, a lo que aquel ser humano maravilloso respondió que ese dinero era del sindicato."

Regreso a casa. En: Arca de Letras.2015.

Bajo la lluvia, un hombre se acercó a la vidriera del comercio de antigüedades buscando la protección de la marquesina. Miró a través del vidrio. En segunda fila se veía un costurero de pie, taraceado en dos maderas, que por su tapa abierta mostraba un forro de terciopelo rojo empalidecido por los años. El hombre sintió un estremecimiento que le subió desde los talones y le golpeó la garganta. Apenas logró sostener el paraguas, pero lo apretó con fuerza hasta que los dedos le dolieron. Otras personas se amontonaban también bajo el alero y el hombre, de espaldas a la lluvia, parecía hipnotizado por el reflejo del vidrio. Volvían como un rayo las imágenes a su mente. El pecho blando de su abuela con la camisa de dibujos azules que lo sostuvieron mientras lloraba y el desparramo de libros, ropa y juguetes que quedó después que los verdes se llevaron a su madre para siempre. Ese costurero también había desaparecido junto con otras cosas que no quedaron desparramadas. En todos estos años, …

Allá en la isla. En: Arca de Letras. Paysandú. 2015

Tomás Ventura era un muchacho del río. Se había criado en las orillas y no sabía quién le enseñó, ni cuando aprendió a nadar. Le gustaba decir que lo había hecho “mirando a los patos”. De diciembre a marzo, e incluso hasta abril si el año era templado, vivía en el agua con otros gurises. Le gustaba imponerles desafíos como quien aguanta más abajo del agua, quien llega primero hasta aquella boya o quien encuentra un cangrejo vivo entre las piedras. Luego aprendió a remar y a colarse en las expediciones de pesca de algunos hombres del puerto que le sirvieron de guía. Le gustaba escuchar las historias de los pescadores y hasta cambiaba una buena mateada con ellos por las salidas con los muchachos de su edad que perdían el tiempo en las esquinas del centro. Tomás Ventura aprendió en qué época se pescaba cada especie, cuál abundaba en la desembocadura de Arroyo Malo y cuál en Casa Blanca, cuál en invierno y cuál en verano. Su universo era ese río tumultuoso que desangraba el cielo en cada a…

46.High Line Park. NYC

Sobre una vieja vía elevada los neoyorquinos construyeron un parque. Entre los bloques de apartamentos, sobre las calles y espiando ventanas, un camino enjardinado avanza llevando visitantes y lugareños, perros y vendedores. Intervenciones artísticas, bancos, tribunas, plazoletas y miradores van pautando el recorrido. High Line Park serpentea entre balcones por 2,3 km y espía a Chelsea hasta llegar a la vieja estación del tren.


47. La Sinagoga Central de NYC

A David lo recuerdo cada día desde que fue asesinado, pero estando en Nueva York quise acercarme a su memoria visitando la Sinagoga Central.
Detrás de una fachada de ladrillos de tres portales, dos cúpulas bulbosas de bronce brillan sobre un cielo gris al lado de rascacielos que las empequeñecen. Pero el santuario mayor de los judíos en Nueva York es una inmensa nave de tres cuerpos de asientos y doble altura.  A los lados, balconean dos tribunas de asientos que miran hacia el centro. Revestido de madera labrada, el segundo piso es sostenido por columnas talladas con oro y colores. El lugar tiene un aire a iglesia rusa pero también reina una atmósfera morisca desde los arcos y las cúpulas. El piso de cerámica de colores reluce y parece nuevo.


La Sinagoga fue inaugurada en su actual ubicación en 1872 y en 1888 sufrió su primer incendio. Luego vendrían otros. El más reciente ocurrió en 1998, cuando el fuego consumió el techo de la nave y al derrumbarse destruyó gran parte del templo. El…

48. Una esfinge

Un día en el metro de Nueva York un hombre se sentó en el asiento frente a nosotros. En las ropas y en las manos se reconocía a un trabajador. Parecía cansado. Traía un paquete delgado y largo como un bastón o un bate. Luego de acomodarse, tomó con sus dos manos el paquete, lo colocó entre sus piernas algo abiertas y descargó parte de su peso en él, como si fuera un báculo. Los brazos extendidos a la altura del pecho. Entonces cerró los ojos. Cierta placidez descendió sobre él. Los músculos relajados, la boca prominente y distendida, la frente ancha y recta, lisa. Lo miré con atención. Se había transformado en una esfinge de ébano. La pigmentación oscura en los labios se continuaba uniforme por las mejillas y llegaba a los párpados hasta perderse en las nacientes del cabello. Mientras mantuvo los ojos cerrados fue la talla de un experto artesano, Una escultura en madera lustrosa. El alma escondida en un trozo de granito. Los rasgos perfectos de un grabado antiguo. Lamenté no saber di…

49. Algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado.

Conocer Nueva York es como llegar a Paris. Es reconocer más que conocer. Es rencontrarse con las imágenes tantas veces vistas en libros, en películas, sobre todo en películas.
Los edificios de ladrillos rojos con escaleras exteriores de hierro, las ventanas de guillotina, las entradas con escaleras y barandas, los subsuelos, los rascacielos, el Empire State, la Estatua de la Libertad, el lago de Central Park, el Rockefeller Center. Son todas imágenes de mi filmoteca.  Uno se regocija en el rencuentro, en la constatación.  Otras cosas se descubren. Los mundos escondidos en los museos contienen todo lo que uno leyó en libros y vio en láminas o (de nuevo) en películas. Desde el esqueleto del Tyranosaurios rex a las Señoritas D´Avignon; de las momias egipcias a las esculturas de Degas, desde las ropas de los apaches a Les Bourgeois de Calais.  Maravillas de la humanidad en el Guggenheim, en el Moma, en el MET. Cajas chinas inabordables, inabarcables.  Nueva York es una ciudad vieja en pe…

50. Strawberry fields for ever

Escucho Strawberry fields. Luego suena Imagine y después Give peace a chance. No puedo dejar de pensar en John, un hombre pacífico muerto en un acto demencial en la puerta de su casa frente a su esposa. Pasamos por el Edificio Dakota en Strawberry fields, un día gris de primavera en Nueva York. Es tonto, pero uno se siente más cerca porque transita la vereda donde cayó. Mi amigo David, un hombre bueno y pacífico, hace dos meses hoy, fue asesinado en la puerta de su comercio frente a su hijo. Pasamos a menudo frente al edificio, una tarde cualquiera en Paysandu. No los comparo, pero un hilo invisible los une en mi mente. A David le gustaba John. A John le hubiera gustado David. Muertes injustas, inexplicables, causadas por motivos que no les correspondían. Muertes que no eran para ellos.

51. Strangers in the night

Suenan sirenas en la noche. A través de las ventanas cerradas, de las paredes incluso, el ulular se acerca, atraviesa y se va. Al poco rato  se escucha de nuevo.
Tantas películas he visto que me imagino persecuciones policiales, ambulancias evacuando heridos  o carros de bomberos hacia algún incendio feroz. No sé si son por atrapar o por socorrer pero no paran de sonar.

52. Primero de mayo en Nueva York o sin lugar para los debiles

En Unión Square un puñado de inmigrantes y otras minorías, bajo la lluvia, reclaman por condiciones de trabajo justas y por la hermandad de los trabajadores del mundo. Una perturbación apenas en el centro de Manhattan. Una gritería, amplificada por parlantes, que hace volver la cabeza al peatón, un minuto apenas, para identificar de donde provienen las voces. Y luego sigues, cabeza baja, evitando la lluvia y el viento. Por debajo del borde del paraguas logras ver un cartel que se desdibuja en chorros por la lluvia. Impreso en hoja A4, llora el cartel mientras recuerda las condiciones de trabajo en la frontera. Nadie registra el pequeño acto en el centro del centro del mundo. Nadie homenajea a los cristianos en la Roma de los romanos. Nadie retiene el alboroto de unos pocos que, de tan pocos, son nadie.
A la tarde, pocas horas después del homenaje invisible, se incendia la iglesia ortodoxa de Manhattan. Los escasos minutos y centímetros reservados en los medios para mencionar el Primer…

53. De nuevo la lluvia

El alivio recorrió la ciudad el segundo día sin lluvia. Una capota grisácea, por momentos oscura por otros liviana y casi traslúcida, se mantuvo amenazante para recordarnos que aún quedaba mucho por mojar. Siguió el calor como otro indicio de que nos faltaba al menos un capítulo más. Sin embargo el resplandor dio para secar alguna ropa y ventilar las habitaciones. Algún iluso pensó, incluso, que todo había terminado.
Mientras se va acabando el día, comienza a oirse un repiqueteo lento sobre las chapas del techo. El golpeteo se acelera, ya no parecen pedradas sino un galope liviano que se transforma en un motor de fondo. Se acabó la tregua, ya empezó otra vez.  

54. Procastinear II

Como todos los días tengo la sensación de que quiero escribir pero no concreto. Abro el computador, no resisto pasar por facebook y ahi me derivo por artículos que hablan de la habilidad para cantar con la boca llena o sobre cuáles son los libros preferidos del mes o miro las fotos del viaje de una conocida a quien, ni siquiera, le conozco la familia. En eso paso una hora o dos.  Querer escribir dista mucho, en mi, a ponerme a escribir. Y cuando lo hago, como ahora, escribo lo que estoy pensando o por lo que voy pasando. ¿Por qué no abro el computador y encaro los archivos incompletos de la novela que hace dos años no avanza? ¿Por qué encaro la escritura como una tarea, un trabajo a cumplir? Sólo procastinear.

55. Lluvia inclemente

Hace tres semanas que no para de llover. Daría para escribir un tango o una poesía de amor contrariado, con "llueve en la ventana como dentro de mi alma" y esas cosas. Pero no da.
Hay tanta humedad que se me empañan los lentes y se me amocosa la inspiración.  Evoco a Macondo y a los peces que entran y salen por las ventanas. Pero en mi casa sólo deambulan las babosas y los caracoles y el perro huele a perro más que nunca. Las flores naranjas de la bignonia no resisten más el asalto de las gotas de lluvia y se precipitan al suelo, como caramelos tirados al azar. Cada día, inventareo goteras para reparar cuando pare el diluvio, mientras los hongos crecen por las paredes, avanzan y superan marcas, cambiando de forma, como figuras fantásticas de la mejor Juana.

56. Punto de Fuga

El lunes 4 de abril presentamos una antología de cuentos del taller de CEUPA (Centro Estudios Universitarios Permanentes y Abiertos) de Escritura Creativa. Fue mi primera experiencia en el género y para muchos de los talleristas también. Les dejo el Prólogo que encabeza el libro:

“Punto de fuga” es el producto de un año de trabajo con aquellos participantes que se atrevieron a aceptar la propuesta del taller de Escritura Creativa. Para CEUPA fue una propuesta novedosa y para mi también. Los últimos quince años me he dedicado a la literatura con mucho entusiasmo. He escrito varios libros, participado de talleres literarios, tanto presenciales como virtuales, y he estudiado con ahínco sobre técnicas de escritura, gramática y sintaxis, así como relevado herramientas para escritores y leído cuanto libro ha caído en mis manos sobre la experiencia de escribir ficción. Con ese bagaje y mis años de docente me presenté a la Directiva con la propuesta del taller. No quise llamarlo Taller Litera…

57. Una cena frugal

Trabajo entre diez y doce horas por día. Llego a casa y apenas atino a volar los zapatos. Ahora estoy sola. El perro espera que yo llegue luego de haber pasado solo en el jardín tanto tiempo como yo estuve afuera. Está ansioso. Me recibe a los saltos, saca la lengua y salta contorneándose. Le doy algo de comer y me desparramo en el sofá. Como algo que esté hecho: algo como un pedazo de queso, unas aceitunas y, cuando tengo resto, una ensalada de atún con tomate. Si hay, me tomo una copa de vino. A veces me duermo mirando la tele. Mirando cualquier cosa. Sólo es el ruido y las imágenes.  El otro día me desperté dos horas después de haber llegado, con el cuello dolorido y la boca pastosa. La tabla, que tenía el queso que había estado comiendo, estaba limpia. El perro también dormía. La media horma de queso no apareció. Probablemente se disolvió en el estómago canino.