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44. La Resistencia. Ernesto Sabato.

Natalia recuperó un texto hermoso:
"Casi con candor recuerdo la anécdota de aquel hombre que se desvaneció en la calle y, cuando fue reanimado, quienes lo socorrieron le preguntaron cómo no se había comprado algo de comer con el dinero que llevaba en su bolsillo, a lo que aquel ser humano maravilloso respondió que ese dinero era del sindicato."

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La aceitunas más saladas que se puedan preparar eran las de la tía Oriola. Las recogía de un viejo árbol de la quinta y luego de un misterioso proceso que nunca quise conocer, llenaba el gran bollón de vidrio de la cocina con aquellas gemas verdosas y gigantes. El cucharón de madera colgando del borde del frasco prometía jugosas incursiones. Durante las aburridas horas de la siesta, arrodillada en la silla de la tía, me fascinaba mirar las aceitunas a través del vidrio como al mejor de los acuarios. Las revolvía con el cucharón y esperaba que cada una cayera encontrando su mejor lugar. Y nuevamente, el cucharón con agujeritos arremolinaba el estanque verde amarillento para volver a verlas caer. Una, dos, tres. Cada tanto atrapaba una. Como experto pescador o como un gato que da el zarpazo a la presa desprevenida. Esta es para mí. El desafío era tomarla mientras nadaba, antes de llegar al fondo. Y el botín de carozos se engrosaba en montoncitos sobre la mesa como prueba irrefutable del …

26. Retomar la casa

Hace muchos muchos años que no pasaba una temporada en casa sin un plan concreto. Cada vez que tuve licencia, o bien nos íbamos a algún lado o llegaban visitas y estaba en otra. De la casa en sí, de revisar sus lastimaduras, componer sus entuertos, sanar sus heridas, ordenar los desmanes deben haber pasado los años de mi hijo mayor desde la última vez que me compenetré. Estoy aquí desde hace un mes, un mes liberador, reconstituyente. He dado vuelta cada rincón, he ordenado estantes y armarios, descartado, cambiado, organizado. Y aún falta mucho. También he escrito y leído, escuchado radio, recomenzado gimnasia y las caminatas por el río. He cocinado, lavado, planchado, incluso cosido. En algo más de una semana debo volver al trabajo pero con gusto me quedaría acá.

4. Me quería mirar las tetas

Desde mi cuarto, cuando tengo la ventana abierta escucho con claridad las conversaciones de los vecinos de abajo. Hoy una de las muchachas había ido al médico a lo que ella creía era sólo el trámite de renovar la tarjeta que le permite comprar una medicación permanente. Su médico, el que le recetó la medicación, estaba de licencia por lo que pidió hora con otro para que se la renovara. Según contaba, su primera sorpresa fue el interrogatorio a la que la sometió. Desde, dónde vivís y con quién, hasta averiguar si fumaba, tomaba o hacía ejercicio. Según escuché ella le dijo que toda esa información estaba en su ficha y que ella sólo necesitaba la nueva tarjeta. Parece que el médico avanzó en el interrogatorio y redondeó pidiéndole que se subiera la remera para revisarle los senos. Mi vecina no salía de su asombro y su lógica conclusión fue la del título. Yo pregunto, ¿es procedente?