miércoles, 26 de diciembre de 2012

Yo, Titubá, la bruja negra de Salem. Marysé Condé

Antes que acabe el año intentaré repasar los libros leídos y que todavía no he comentado. Este es uno de ellos y como aún lo tengo fresco en la memoria, me atrevo a hacerlo sin mucha meditación.
El libro se basa en los hechos históricos que alimentaron la novela de Arthur Miller, desde los que Marysé Condé cuenta su propia historia bajo la perspectiva de la única negra involucrada en la persecusión de brujas desatada en Salem, Estados Unidos, en el siglo XVII. 
El comienzo es de los puntos altos del libro. Es la narración de la violación de Abena, la madre de Tituba, por un blanco esclavista mientras viajaban en un buque negrero hacia la isla de Barbados en medio de un círculo de marineros, mirones obscenos. Así engendrada, Tituba vive toda su vida en esa clave de dolor y odio, ella, un fruto bueno producto del más malo de los actos. 
Tituba es la expresión misma del padecimiento de los negros en este continente. Nace en Barbados como esclava, es testigo del asesinato de su madre y luego es criada por Man Yaya en los bosques, quien le enseña los secretos de las plantas y el don de curar. En la adolescencia, por seguir al amor de su vida, el negro John Indio, se somete a la explotación de los blancos nuevamente y hasta viaja, a través del mar, a Nueva Inglaterra, unas tierras lejanas y frías donde conocerá la desventura de ser acusada de bruja en los procesos de Salem. Pero incluso ahí su condición de negra la pone en una situación ambigua: no es condenada a muerte porque ni siquiera merece ese destino. Así regresa a las Antillas donde vuelve al mundo de los hombres, al mundo de los blancos y sufre múltiples padecimientos y discriminaciones.
El tomar un texto ajeno pero muy conocido, como lo es "Las brujas de Salem", y transformarlo bajo la mirada de un personaje secundario de aquel, en un alegato contra la discriminación y la esclavitud es un excelente recurso narrativo, que Condé utiliza con maestría.
Para meterse en las costumbres, creencias y sentimientos de un pueblo que aún no ha sido redimido.

lunes, 24 de diciembre de 2012

214. El sol en Navidad

Los anunciados 42º merecen que la ventana del Prisma estalle de luz. ¡FELICIDADES!

domingo, 23 de diciembre de 2012

215. Navidad en el aire

Siempre me pasa igual: de Navidad a Año Nuevo los días son parte de una alborotada cuenta regresiva. Si el 2 de enero tuviera que seguir trabajando, tendría que dar parte de enferma. El cansancio que empezó en febrero a acumularse en la médula, ha ido tomando los osteocitos y en diciembre ya satura el periostio. Como quien dice, ¡estoy cansada hasta los huesos!

domingo, 16 de diciembre de 2012

216. Llueve diciembre

Llora en clave de otoño el cielo de diciembre. Llora por los jóvenes que se cansaron de pelearla y han partido. Llora por todos los muertos queridos que no quisieron esperar un año nuevo.

Yo también tuve una novia bisexual. Guillermo Martínez


El libro me duró lo que un viaje en ómnibus desde Buenos Aires a Paysandú. Si eso significa algo es que es  muy entretenido y se lee rápido.
Había oido hablar de Guillermo Martínez como uno de los buenos escritores de la nueva generación a Abelardo Castillo. Me generó curiosidad y en una librería de la calle Corrientes compré el único libro que encontré de él. El título, por demás sugerente, permitía dos posibilidades: era pura provocación o tenía algo que decir.
La novela es intensamente carnal, irónica y dramática. Va narrando día a día desde el primer cruce de miradas entre los protagonistas al "pasaje ensimismado de los cuerpos que de la nada llegan a todo". Es una novela llena de matices, desde la sensualidad de la prosa a la tensión de la trama y el giro inesperado del final. Disfruté de esta novela y de este autor, del que seguiré buscando material. Sus obras más conocidas son: Acerca de Roderer y Crímenes imperceptibles y hablan de él como uno de los escritores argentinos más inquietantes y originales.


lunes, 10 de diciembre de 2012

217. De Abelardo Castillo. Ser Escritor

Nunca escribas que alguien tomó algo con ambas manos. Basta con escribir las manos y a veces es suficiente una sola. La gente en general tiene cara, no rostro. No asciende las escaleras, sube por ellas. No penetra las recámaras, entra en los dormitorios. Evitarás los ventanales y sobre todo los grandes ventanales. (....) En los libros la gente empieza a reírse o llorar en la página 3 y dá la impresión de seguir así hasta que se muere. Sé ahorrativo: si lo que viene al galope es un jinete no hace falta un caballo. La inversa no se cumple. La palabra caballo viene misteriosamente sin jinete...” 

domingo, 9 de diciembre de 2012

218. Lo que dicen los muros. Bogotá

En el Museo del Oro el recorrido se acompaña de decires de los indígenas que poblaban aquella planicie cuando llegaron los españoles detras del sueño de El Dorado.





  • Una vez controlada la nada, Naainuema creó el agua: transformó en agua la saliva de su boca. Luego se sentó en esta parte del universo que es nuestra tierra, para crear el cielo: tomó una parte de esta tierra y con ella formó el cielo azul y las nubes blancas. Uitoto, Vaupés.

  • El tabaco antes era gente. Le gustaban los cuentos: cuando oía hablar en una casa se arrimaba a la pared y escuchaba. por eso la Madre hizo que creciera siempre alrededor de las casas, cerquita de la pared. Allá puede escuchar. También la Madre mandó que el tabaco se tomara junto con la coca, porque así pueden oir todos los cuentos. Kogui, Sierra Nevada de Santa Marta

  • La avispa cortó nuestra cola, la cola que la gente en un principio llevaba. Todos teníamos cola. Le cortó la cola a la rana y también a nosotros que así nos convertimos en seres humanos. Finalmente se cansó de tanto cortar, y a partir de ese momento, los hombres que aún tenían cola  se transformaron en micos churucos. Uitoto, Vaupés

  • Skerollimisak es un anciano con las manos llenas de llagas y que usa un bordón de oro. Su trueno suena muy duro. La vara de Skerollimisak es de oro, lleva fuego en la punta y por eso puede lanzar el rayo. Con ella va a la laguna, mete la punta en el agua y así sale la lluvia a través del trueno.Guambia, Cauca

  • Dicen que una llovizna cayó y la laguna Ñimpi se puso grana. Vino un derrumbe y de allí bajó una niñita con una chumbe de cobre. Como a los diez años sembraba plantas de oro y enseñó a cultivarlas: las cocinaba en canoas y en el fondo quedaba el oro en esferas que se derretían para hacer otras cosas. Por eso los antiguos podían amasar el oro. Guambia, Cauca

sábado, 8 de diciembre de 2012

219. Asunto de inmigrantes


En 1968, el secretario de Estado Mr. Dean Rusk afirmó al Congreso de los Estados Unidos: “Nuestro país posee la rara oportunidad de atraer inmigrantes de gran inteligencia y capacidad de otros países. Si es bien administrada, la inmigración se podrá transformar en uno de nuestros más importantes recursos nacionales”
En eso están.

martes, 4 de diciembre de 2012

220. La Quinta de Bolívar. Bogotá

Bajando del Monserrate, los muros de la quinta nos guían hasta la entrada. Es un hermoso predio donde el aire se filtra entre el follaje húmedo. La casa fue residencia del Libertador poco tiempo y él no estuvo en ella más de 400 días en estadías salteadas.
Hay un esfuerzo de reconstrucción, algunas habitaciones logran crear el ambiente por donde andaba el General. El dormitorio impresiona por lo que ya se sabe: Bolívar medía 1,57 m y calzaba 33. Por su lado el cuarto de la estufa murmura historias de complots, enmiendas y estrategias. Cuentan que en Bogotá en aquella época sólo existían tres estufas a leña, una de las cuales construyó Bolívar en estilo prusiano. No cuesta imaginar la vegetación del parque envolviendo la casa en brumas de finas gotas frías y al General dictando una carta al pie de la estufa.
Por detrás de la casa, en la despensa y la cocina queda atrás el estilo francés y volvemos a las raíces americanas. En las ollas de hierro negro la india María Luisa se afana en contentar a Manuelita y corre a la huerta a recoger la verdura para el sancocho. José Alvarez fue el hortelano de Bolívar, un español prisionero que fue obligado a recordar sus oficios de Castilla.
El General también tenía un baño de inmersión en unas terrazas altas en el jardín, al que invitaba a sus huéspedes a acompañarlo, ya que tenía la demencial costumbre de bañarse cada quince días.      



Hoy la quinta está rodeada por la Universidad de los Andes y bandas de muchachos, comedores y boliches le ponen bohemia al barrio.  


lunes, 3 de diciembre de 2012

221. El techo de Bogotá

Desde la ciudad, hacia el oriente se ve el cerro de Monserrate coronado  por el Santuario del Señor Caído. Desde la cima del Monserrate se ve la ciudad de Bogotá extendida a sus pies y en su falda. A 3100 metros de altura la empinada ladera conduce hasta el pie del cerro cubierto de vegetación hasta la cima, donde la iglesia simula un retazo de nube enganchada en la aguja de su torre.


Se accede por funicular o aerocarril para continuar subiendo los últimos metros por empinadas escalinatas, que aún quitan el aliento (al menos a los que nacimos a nivel del mar o llevamos la carga de años de cigarrillo). Al frente, el cerro de Guadalupe completa el rosario de crestas que rodea la ciudad. 
Luego, el respiro es en el templo. El Santuario declara una historia de más de 400 años que no se evidencia en el edificio, de clara impronta siglo XX. Es una nave blanca, en la que la luz estalla contra unas columnas lobuladas cubiertas de madera roja. Los cuadros del via cruci apenas visten las paredes claras. Los pisos de mosaico pulido centellean. Al frente, un altar desnudo, enmarca una escultura en madera del Señor Caido bajo el peso de la cruz. Cuenta la leyenda que la obra llegó a Monserrate por error, pero cuando quisieron bajarla pesaba mucho, mientras que al subirla se sentía liviana. Por obvias razones, ahí quedó. 
Para el sobrecogimiento falta penumbra, sin embargo es centro de devoción de miles de peregrinos que llegan por cualquier medio, incluso descalzos a pie.


En una capilla lateral la virgen de Monserrat recupera el barroco. Virgen y niño negro  con manto y altar de oro.