domingo, 24 de abril de 2016

53. De nuevo la lluvia

El alivio recorrió la ciudad el segundo día sin lluvia. Una capota grisácea, por momentos oscura por otros liviana y casi traslúcida, se mantuvo amenazante para recordarnos que aún quedaba mucho por mojar. Siguió el calor como otro indicio de que nos faltaba al menos un capítulo más. Sin embargo el resplandor dio para secar alguna ropa y ventilar las habitaciones. Algún iluso pensó, incluso, que todo había terminado.
Mientras se va acabando el día, comienza a oirse un repiqueteo lento sobre las chapas del techo. El golpeteo se acelera, ya no parecen pedradas sino un galope liviano que se transforma en un motor de fondo. Se acabó la tregua, ya empezó otra vez.  

sábado, 23 de abril de 2016

54. Procastinear II

Como todos los días tengo la sensación de que quiero escribir pero no concreto. Abro el computador, no resisto pasar por facebook y ahi me derivo por artículos que hablan de la habilidad para cantar con la boca llena o sobre cuáles son los libros preferidos del mes o miro las fotos del viaje de una conocida a quien, ni siquiera, le conozco la familia. En eso paso una hora o dos. 
Querer escribir dista mucho, en mi, a ponerme a escribir. Y cuando lo hago, como ahora, escribo lo que estoy pensando o por lo que voy pasando. ¿Por qué no abro el computador y encaro los archivos incompletos de la novela que hace dos años no avanza? ¿Por qué encaro la escritura como una tarea, un trabajo a cumplir? Sólo procastinear.

martes, 19 de abril de 2016

55. Lluvia inclemente

Hace tres semanas que no para de llover. Daría para escribir un tango o una poesía de amor contrariado, con "llueve en la ventana como dentro de mi alma" y esas cosas. Pero no da.
Hay tanta humedad que se me empañan los lentes y se me amocosa la inspiración. 
Evoco a Macondo y a los peces que entran y salen por las ventanas. Pero en mi casa sólo deambulan las babosas y los caracoles y el perro huele a perro más que nunca. Las flores naranjas de la bignonia no resisten más el asalto de las gotas de lluvia y se precipitan al suelo, como caramelos tirados al azar. Cada día, inventareo goteras para reparar cuando pare el diluvio, mientras los hongos crecen por las paredes, avanzan y superan marcas, cambiando de forma, como figuras fantásticas de la mejor Juana. 

martes, 12 de abril de 2016

56. Punto de Fuga

El lunes 4 de abril presentamos una antología de cuentos del taller de CEUPA (Centro Estudios Universitarios Permanentes y Abiertos) de Escritura Creativa. Fue mi primera experiencia en el género y para muchos de los talleristas también. Les dejo el Prólogo que encabeza el libro:

“Punto de fuga” es el producto de un año de trabajo con aquellos participantes que se atrevieron a aceptar la propuesta del taller de Escritura Creativa. Para CEUPA fue una propuesta novedosa y para mi también. Los últimos quince años me he dedicado a la literatura con mucho entusiasmo. He escrito varios libros, participado de talleres literarios, tanto presenciales como virtuales, y he estudiado con ahínco sobre técnicas de escritura, gramática y sintaxis, así como relevado herramientas para escritores y leído cuanto libro ha caído en mis manos sobre la experiencia de escribir ficción.
Con ese bagaje y mis años de docente me presenté a la Directiva con la propuesta del taller. No quise llamarlo Taller Literario, porque quería probar una experiencia más libre, más sensorial, no tan atada a lo escrito por otros autores. La misma fue bien recibida y así me enfrenté por primera vez a un grupo de gente “grande”, que según el primer sondeo “nunca habían escrito nada”. Más allá que no les creí del todo, declaraban que nunca habían escrito ficción y aunque a todos les gustaba leer, uno amenazó con abandonar el taller en el primer encuentro. Luego, varios participantes me confesaron que habían venido “para probar”.
El trabajo con el grupo fue un viaje en el que nos fuimos conociendo y aprendiendo mutuamente. Los textos se produjeron desde el primer encuentro a partir de una consigna disparadora y con el correr de las semanas cada uno se fue atreviendo más, se dejó llevar por la imaginación y se animó a expresar sus emociones. Aquellos primeros escritos empezaron a tomar cuerpo de relato, a complejizar la anécdota y a desarrollar el ambiente emocional. Yo recuperé el placer de la docencia directa, del intercambio de saberes y del afecto correspondido.

El contenido de Punto de Fuga refleja lo que fue el grupo durante el año y adonde llegó cada uno. Todos los cuentos tienen en común la alegría del descubrimiento de las primeras experiencias, del saberse capaz y de haber accedido a una nueva dimensión de nosotros mismos. Contienen la satisfacción del aprendizaje y la generosidad de compartir los logros y por eso es un material valioso que invito a todos a disfrutar.

jueves, 7 de abril de 2016

57. Una cena frugal

Trabajo entre diez y doce horas por día. Llego a casa y apenas atino a volar los zapatos. Ahora estoy sola. El perro espera que yo llegue luego de haber pasado solo en el jardín tanto tiempo como yo estuve afuera. Está ansioso. Me recibe a los saltos, saca la lengua y salta contorneándose. Le doy algo de comer y me desparramo en el sofá. Como algo que esté hecho: algo como un pedazo de queso, unas aceitunas y, cuando tengo resto, una ensalada de atún con tomate. Si hay, me tomo una copa de vino. A veces me duermo mirando la tele. Mirando cualquier cosa. Sólo es el ruido y las imágenes. 
El otro día me desperté dos horas después de haber llegado, con el cuello dolorido y la boca pastosa. La tabla, que tenía el queso que había estado comiendo, estaba limpia. El perro también dormía. La media horma de queso no apareció. Probablemente se disolvió en el estómago canino. 

sábado, 2 de abril de 2016

58. De noviembre a abril

Varios meses, muchos días. Ausencia del teclado, de los cuadernos. Falta paz para escribir. Falta cierto "estado del alma". Busco un estado del alma que me permita leer y escribir.