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Mostrando entradas de 2017

0. Se acabó lo que se daba

Luego de siete años y un mes y medio termino la cuenta regresiva. 30 de diciembre de 2017. Este año se ha ido lento. Se está yendo desde el jueves, cuando inicié otra cuenta regresiva a la que le sigue faltando uno. ¿Cuál es el apuro? Tan mal no fue el 2017. Saber a lo que uno no pertenece, darse cuenta que a uno no lo necesitan y tomar la decisión de alejarse, optar por la calidad de vida, por lo que uno cree justo, por lucharla desde otros frentes es sabio, diría yo, sin ánimo de alabarme. Me reafirmo en las decisiones que tomé este año. Aunque a veces sienta tristeza por los proyectos inconclusos o por la gente que esperaba otra cosa de mí. Más allá de todo eso, me reafirmo que era necesario, que hice bien y en el momento oportuno. Quedaron cosas por hacer, quedan proyectos que se internan en el 2018 y eso está bueno porque el horizonte se aclara.

1. Ultimo día hábil del 2017.

Viernes de diciembre, al norte del sur. Se escuchan los pájaros en la mañana quieta. Cada tanto el alarido de una chicharra rasga el aire. La luz del sol, desde tan temprano, se cuela entre el follaje y encandila piedras y muros. La jornada se prepara para morir de calor.

2. Ahí cerquita

Me quedan dos entradas por escribir y cuatro días al año. Descontando el domingo que ya estaré en otra, me quedan tres días, así que, creo, que de 2017 no pasa. Empecé este "proyecto" el 7 de noviembre de 2010 proponiéndome escribir una entrada de no más de 300 caracteres por día y cubrir un año, empezando una cuenta regresiva desde el 365. La empresa no sólo me llevó más de ¡7 años! sino que a los 300 caracteres ni siquiera los registré. Entraron Relatos, Crónicas de Viajes, Otros Lunares y cantidad de temas más, que un buen clasificador me señalaría que la etiqueta "Proyecto"dejó de ser un término discriminante. Cosas de la vida cuando los años que se acumulan por decenas.

3. Procesos Técnicos XI. Ariel Bermani

Bueno, llega el momento, es inevitable, en que lo mejor es poner la primera versión de la novela en la heladera. Dejar que se enfríe durante el tiempo que sea necesario. Después sacar esa primera versión, convertida en un material duro y ajeno. Y empezar a descongelarla con un cuchillito, sin filo.

4. Circularidad

Quedan cuatro días para que termine el año y yo tenía un propósito pero para cumplir un propósito hay que arremangarse y hacerse a la tarea. Sino, es sólo expresión de deseo o buenas intenciones y ya sabemos que de buenas intenciones está empedrado el infierno. Y hablando de infierno, ayer leí una cita de Dante que me recordaba que los círculos más ardientes están reservados a los indiferentes. Es peor ser neutral que malo, porque la indiferencia habilita a que crezca la maldad. ¿Cuántas veces he permanecido indiferente ante causas, problemas o situaciones en las que me decía "mejor no te metas"? Muchas, y muchas más en la medida que voy envejeciendo porque uno tiende a ponerse comprensiva y siempre hay un argumento para justificar al otro, para pensar sus razones tendrá, algo habrá hecho. La indiferencia como peste de la humanidad, como terreno donde prosperan todas las malezas de la vida, aquellas que, si existiese, arderían en el infierno. Como estamos ardiendo en este v…

5. Procesos Técnicos X. Ariel Bermani

Estabilidad del lenguaje e inestabilidad de la historia. La arquitectura del texto necesita solidez y belleza. Sobre todo en las terminaciones, los detalles, la materialidad de la escritura. Pero la historia necesita abrirse hacia lo inestable. Que las situaciones fluyan. Que los personajes no sepan, del todo, hacia dónde van. Sorprendernos, en tanto lectores, de nuestro propio texto, del curso que van tomando las cosas.

6. Buenas noticias

Me entusiasma que Escaramuza esté siempre llena, con gente esperando mesa para almorzar y recorriendo la librería; que el único comercio no comestible que haya en el Mercado Ferrando sea una librería, que la Feria del Libro haya sido un éxito de público, que haya tantos programas en la radio que comentan libros, que muchos de los ganadores de los Premios Nacionales a las Letras, este año, sean jóvenes.

7. Procesos técnicos IX. Ariel Bermani

Una casa completamente vacía. Sólo yo la habito, por ahora, hasta que las historias empiecen a brotar -de la memoria, de la imaginación, de otras historias, de tantas lecturas- y los personajes carguen de muebles y de voces los espacios. Mientras tanto, hasta que eso pase, disfruto del silencio, que entra y sale de las habitaciones.

8. Propósito

Me he propuesto que no se vaya el 2017 sin que termine con esta cuenta regresiva interminable que empezó en el 365 el 8 de noviembre de 2010. Me imaginaba que iba a escribir una viñeta por día durante un año y ya pasaron siete.  Falta de palabra, de compromiso, de adherencia a la propuesta. Ja ja!, me río pero termino antes del 31. Como si no tuviera palabra, pf!

9. Juana

Una mañana fría de julio del año que llegué a Montevideo, el semáforo en rojo me detuvo en el cordón de la vereda al salir del callejón de Tristán Narvaja. Cada día me animaba a descubrir la ciudad gris en los itinerarios de humedad de las paradas de autobuses y sus destinos, entre los rincones oxidados de las estatuas, en las hojas arremolinadas entre las patas de los bancos y las huellas de las escalones.  Aquella mañana vi venir, como si una grieta del tiempo se hubiera abierto en la niebla, una cureña tirada por un caballo y conducida por un cochero de librea. Todo negro y desolado. Varios transeúntes se detuvieron a mirar y algunos hombres se quitaron el sombrero que les protegía la cabeza del frío. Pregunté al aire qué era aquello.  El frío de la mañana se me coló entre los abrigos hasta los huesos. “Murió Juana”, contestó una voz. No precisé que me dijeran cuál: Juana de América, Juana, la que me enseñó a navegar en las manchas de humedad marchaba por última vez como un grabado…

11. Haikus del taller

1. 
Surca la noche de inviernos apurados cálida nube


2. Voces distantes encuentro acordado espacio fugaz

3. Remueve óxidos se desovillan ganas y nacen versos

12. Los libros

He abandonado las crónicas de los libros que leía. En parte porque he leido poco. Bue', no he leido poco, he leido pocos libros. Leer, leo siempre, todo el día. Releo pasajes de libros que me remiten a algo en lo que estoy trabajando y leo mucho en internet. Artículos periodísticos, ensayos, artículos académicos, cuentos que por algún motivo busco y los releo y estudio. También he incursionado algo más en la poesía. Más por aprender que por sentirme poeta. Sin embargo, siempre tengo más de un libro en proceso de lectura y otros en espera, de los que compro con avidez, en cuanta librería o feria se me pone a tiro. 
Algunos títulos leidos en todo este tiempo de abandono: El lector de Julio Verne y Atlas de geografía humana de Almudena Grandes, Betibú y Tuya de Claudia Piñeiro, El mentalista de Hitler de Gervasio Posadas, Poesías desacentuadas de Pablo Inella, Cántaros de sombra de Lilián Toledo, El libro de las ilusiones de Paul Auster, El hombre que amaba los perros de Leonardo Pa…

13. Procesos técnicos VII. Ariel Bermani.

Que la frase o el verso no se traben con imágenes que no puedan traducirse en hechos. Que el sentido o la temática no condicionen la arbitrariedad de la acción. Que sea tan importante lo que no se narra como lo que se narra. Más importante, incluso. La elipsis es más generosa que la metáfora.

14. Procesos Técnicos VI. Ariel Bermani

Pensar en la cantidad de posibilidades que se van abriendo en la historia a veces abruma. El relato avanza y hay que elegir, por más que la trama no nos interese tanto como otros aspectos de la narración. De todas maneras hay que elegir, o, al menos, dejarse llevar por la intuición. Los personajes tienen la posibilidad de ir por un camino o por otro. Incluso pueden morirse. Pero eso de matar a un personaje no me gusta. Me acuerdo de Onetti, que se pasó dos días triste por haber matado a uno de sus principales personajes, el doctor Díaz Grey. Tan mal le pegó esa muerte, que se vio en la obligación de resucitarlo, en otro libro.

15. Mercado Ferrando o Montevideo por primera vez

Mercado Ferrando. Gran expectativa, mucha promoción. En realidad no sabía de qué se trataba. Llegué al mediodía del día de su inauguración y la multitud me abrumó ya al ingresar. El espacio es agradable. Similar a otros recientemente inaugurados, por lo que sospecho que las cerchas triangulates, los balcones salientes y los materiales rústicos y a la vista son moda entre los arquitectos que están diseñando actualmente. Aun así es agradable.
A los lados y al entrar, los locales de insumos alimenticios, es decir frutería, panadería y carnicería. Luego, el patio de comidas y en particular el sábado, el desborde. La luz del sol entraba por las ventanas y entre los hierros de la vieja estructura. En la planta alta, balconeando un vacío de mesones y bancos, más mesas custodian una muestra de arte de diversos artistas locales. Para volver un día cuando haya pasado la euforia.

16. El Cabildo o Montevideo por primera vez.

Cruzo la plaza. De la Iglesia al Cabildo, como lo habrán hecho centenares de veces tantas y tantas personas. Sigo pensando en la iglesia, que nunca podría ser una de Perú o de México, tan escasa de dorados. Entro en el Cabildo, otra contundente pero austera construcción. He leído que el primer Montevideo, el fundacional, no era más que una toldería, con unas pocas casas de material. Calles de barro, lodazales en invierno. Me imagino el cambio urbanístico que constituyó la construcción de este edificio. Y luego, testigo a veces, protagonista otras, nos acompaña desde antes de las invasiones inglesas. Sólido, sobrio de cal y granito, muros gruesos, pisos de ladrillos rojos. Sin más alhaja que la reja de la entrada.  Recorrí las salas del Museo Histórico: me metí en una muestra inquietante de arte textil; me mostraron otra visión de la Guerra Grande contra Paraguay, entré en la exposición sobre la negritud, paseé entre estatuas clásicas vestidas con tejidos de crochet multicolor, que re…

17. Entrar a las iglesias III ó Montevideo por primera vez.

En mi paseo de turista por Montevideo entro a la Matriz y la miro como si fuera la primera vez. A la derecha, el baptisterio de líneas clásicas y mármoles de colores podría verse en cualquier iglesia de Italia. Un coro de ángeles nos acompaña y resuena como podría sonar en cualquier iglesia de Francia. Los pisos de mosaicos con rosetones y guardas marcan el camino.  Me siento en la nave central y observo el templo. Las paredes blancas, apenas algunas marmoleadas en verde y naranja, el cielorraso despojado, las cúpulas sólo alhajadas por collares de balcones de hierro nos sumergen en una atmósfera de recogimiento, aunque transiten visitantes en forma contínua y chispeen los flashes cada tanto. El altar mayor se impone con sus paredes pintadas de un morado de adviento. En otros muros, además de arzobispos y monseñores, se señalan las tumbas de Venancio Flores, Juan Antonio Lavalleja y Rivera. La pila bautismal y el registro del bautismo de Artigas en junio de 1764, dan cuenta de una igl…

18. Montevideo por primera vez.

Camino por Montevideo como si fuera la primera vez. Como si no hubiera sido la ciudad en la que pasé Navidades y Fines de Años en la infancia, y vivido durante siete años o como si no hubiera estado viajando con frecuencia semanal durante veinte o como si mis hijos no vivieran hoy aquí. Como un juego, me propuse mirar Montevideo con otros ojos. ¿Qué foto sacaría si fuera la primera vez que recorro la ciudad? ¿Qué atmósfera palparía? ¿Qué me llamaría la atención? Les puedo asegurar que vi cosas  que nunca había visto.  




19. Poesía diaria

Me cuesta la poesía. No encuentro las palabras que se acoplen, que sugieran, que eleven el texto. Trabajo y trabajo como un tallador, moldeando lasca a lasca las expresiones y cuando me retiro para ver el resultado, veo siluetas toscas en las que se ve la punta del buril y la impericia del obrero.

21. Esperando el verano

Los cambios de etapa te cobran peaje en algún momento. Capaz no al principio porque el propio cambio tiene su adrenalina y hay muchos ajustes que hacer y cosas que arreglar. Después, cuando "lo nuevo" no llena tus expectativas y los días pasan uno tras otro sin novedades, el ánimo baja. Aunque sea noviembre y en las mañanas circule el aire y renueve las energías y el verde de la santarrita se recorte en el celeste del cielo. Sin nostalgias, pero buscando diana.

22. Todo está en calma

Tal vez sea el primer día, desde hace mucho mucho, que me levanto y no tengo qué hacer. La casa ordenada y limpia, los proyectos literarios redondeados y en espera, no es, aún, la hora de ir a trabajar. ¡Qué sensación tan rara! Voy a tener que ponerme alguna nueva meta.

24. Ferias del Libro

La ante última vez que fui a la Feria del Libro de Montevideo me compré trece libros. No sé si hoy los he leido a todos y eso fue hace unos cuantos años.
Compré clásicos, más bien autores clásicos, de lo que yo entiendo por clásico: Octavio Paz, Alejo Carpentier, Camilo José Cela, Sábato. Algunos por tenerlos y otros por leerlos. No hablemos de Cervantes, de Dante, Kipling o Moliere. Hablo del siglo veinte.
Luego fui una vez más, pero me previne de comprar ni uno solo.

25. Coriun Aharonian

Estoy escuchando radio y me entero que anoche murió Corium Aharonian. Un estudioso de la música, autor de obras de cámara, orquestales y piezas de música electroacústica que se han tocado en varios países. Además, es autor de artículos, ensayos y libros.. Muchos tendrán recuerdos de su excelencia académica, de haber sido sus alumnos, tal vez de sus dotes humanas. A mí me viene a la memoria el recuerdo de cuando lo conocí, allá por el 69, en el Centro de Vacaciones de Piriápolis, de la ACJ, donde fue a dar una conferencia. El no era el reconocido investigador en que se convirtió después. Era un músico de vanguardia, que exploraba formas expresivas de hacer música. Yo era una niña de 9 años y nunca olvidé a ese señor pelado, con algo de gnomo, que, subido a un banquito, dejaba caer paja de trigo para "hacer" música.

26. Retomar la casa

Hace muchos muchos años que no pasaba una temporada en casa sin un plan concreto. Cada vez que tuve licencia, o bien nos íbamos a algún lado o llegaban visitas y estaba en otra. De la casa en sí, de revisar sus lastimaduras, componer sus entuertos, sanar sus heridas, ordenar los desmanes deben haber pasado los años de mi hijo mayor desde la última vez que me compenetré. Estoy aquí desde hace un mes, un mes liberador, reconstituyente. He dado vuelta cada rincón, he ordenado estantes y armarios, descartado, cambiado, organizado. Y aún falta mucho. También he escrito y leído, escuchado radio, recomenzado gimnasia y las caminatas por el río. He cocinado, lavado, planchado, incluso cosido. En algo más de una semana debo volver al trabajo pero con gusto me quedaría acá.

27. Los omnibuses y el tiempo

¿Quién no ha perdido un bus? ¿Quién no se ha equivocado de vehículo y tomado otro que fuera hacia un destino diferente? ¿Quién no se ha bajado en otra parada o seguido de largo porque se durmió? ¿Quién puede decir que no le ha pasado? Todos tenemos anécdotas de este tipo. Yo me tomé un tren en Montpellier para ir a Lyon y terminé en Lille, en la misma frontera con Bélgica porque no entendí la voz metálica que indicaba que tenía que cambiar de coche. Otra vez, llegué corriendo con el corazón en la mano y los pulmones heridos de nicotina, cuando el ómnibus ya se alejaba del andén. También me equivoqué de coche y tuve que cambiar en Santa Lucía, cuando el bus llegó al peaje. En muchos años, tengo muchas historias de este tipo. Pero que en un viaje de dos días, tres veces me equivocara de ómnibus, de horario y de lugar de destino, no me ha pasado. A mi hija sí. La esperaba el sábado a las 7 de la mañana, luego de un viaje de cinco horas. Cuando me desperté, tenía en el celular el aviso d…

28. LAS ACEITUNAS DE LA TIA ORIOLA

La aceitunas más saladas que se puedan preparar eran las de la tía Oriola. Las recogía de un viejo árbol de la quinta y luego de un misterioso proceso que nunca quise conocer, llenaba el gran bollón de vidrio de la cocina con aquellas gemas verdosas y gigantes. El cucharón de madera colgando del borde del frasco prometía jugosas incursiones. Durante las aburridas horas de la siesta, arrodillada en la silla de la tía, me fascinaba mirar las aceitunas a través del vidrio como al mejor de los acuarios. Las revolvía con el cucharón y esperaba que cada una cayera encontrando su mejor lugar. Y nuevamente, el cucharón con agujeritos arremolinaba el estanque verde amarillento para volver a verlas caer. Una, dos, tres. Cada tanto atrapaba una. Como experto pescador o como un gato que da el zarpazo a la presa desprevenida. Esta es para mí. El desafío era tomarla mientras nadaba, antes de llegar al fondo. Y el botín de carozos se engrosaba en montoncitos sobre la mesa como prueba irrefutable del …

30. Procesos técnicos II

Es probable que un buen cuento emerja de muchos cuentos de mala factura. Una novela aceptable, después de varias novelas que fuimos abandonando. Un buen poema, luego de un puñado de poemas difíciles de rescatar. El material fallido como base de nuestra producción.

31, De vuelta al río II

Aunque el suelo está barroso y aún se ven charcos en alguna hondonada, el verde es mucho más verde. Unas huellas negras se dibujan sinuosas sobre el césped y pocos metros más adelante se encuentran con el vehículo que las trazó. Que allí quedó. Como una lapicera que es abandonada sobre el cuaderno al acabarse la tinta, el auto permanece enterrado en el barro de lo que parecía un brillante tapiz vegetal.  .  A la vuelta de mi caminata, veo que una camioneta y dos hombres, además del inexperto chofer, intentan sacar el auto enterrado. Ruido a motor recalentado y barro que las ruedas largan hacia atrás y escupen a los comedidos. El responsable del insuceso, cómodo dentro del auto, les grita a los amigos, ya completamente embadurnados.  Recuerdo los inviernos de mi vida anterior, plenos de barro y heladas, en los que las camionetas se enterraban hasta el eje por los distintos campos del país. Y aprendí; tanto la maniobra para no quedar empantanada como el procedimiento para desenterrarla…

35. El Premio Nobel y la Decadencia europea. Nick Ravangel

La literatura norteamericana es una de las más brillantes de Occidente. En los dos breves siglos de existencia del país, los autores de calidad han ido amontonándose hasta formar legión. Sería ocioso y cansino nombrarlos, pero para quien guste informarse Revista Malabia ha nombrado a varios en sus Lecturas necesarias para entender el siglo XX núm. 61. Todavía hoy, esos ejemplos de brillantez siguen llegándonos. Sin embargo, el Premio Nobel de Literatura de este año, otorgado por la Academia sueca ha ido a parar al músico Bob Dylan.
No es mi intención quitar méritos a tan tremendo personaje, pero darle un premio así me parece una tomadura de pelo. ¿Por qué? Porque este premio, antes prestigioso, no lo consiguieron literatos como Proust, Nabokov, Kafka, Borges, Roa Bastos, Cortázar, Tolstoi, Zola, Ibsen, Valèry o Pérez Galdós entre otros. La comparación con el ganador actual es incluso ofensiva. Hace poco un jugador de fútbol salvó la vida de un colega que se había desplo…

36. Caer en el olvido

Hace ya más de un año que tengo abandonado al blog. Ni relatos, ni crónicas, ni libros leidos. Me he retirado de las ondas creátivas que se comparten rápido. No obedece a ninguna razón en particular pero no encuentro sobre qué escribir. Aquella mirada observadora, capaz de contar una invasión de grillos, una falla de internet o los goles de Uruguay se ha ido. No desespero. Espero. Sé que como dice el poeta, "volverán las oscuras golondrinas". 

37. Mañana en el río

Una nube solitaria y regordeta pende sobre la cima del puente internacional. Un copo de algodón sobre el telón azul. De lado a lado los brazos de hormigón unen los montes. En la quietud de esta acuarela un bulto se mueve sobre el puente y por debajo, una lancha pasa.

La flor púrpura. Chimamanda Ngozi Adichie

Escuché (no leí) a Chimamanda Adiche (Enugu, Nigeria, 1977) por primera vez en una conferencia TED en la que hablaba de lo valioso que es no tener una sola versión de las cosas, poco tiempo después de volver de Nigeria. Ella, en dieciocho minutos, me demostró que había otra Nigeria que yo ni siquiera había intuido. Hace muy poco encontré en una libreríade Montevideo La flor púrpura, su primera novela, que compré ni bien vi. El libro es interesante. Kambili, protagonista y narradora, es una adolescente que vive en una familia singular por lo compleja. Su padre, un empresario rico, demócrata y librepensador, se enfrenta desde las páginas de su periódico al dictador que ha tomado el poder. Pero al mismo tiempo es un fanático católico que impone un régimen dictatorial teocrático a su propia familia. Nadie escapa a los castigos físicos y hasta derramará agua hirviendo en los pies de su hija para que entienda que “esto es lo que a uno le ocurre cuando camina hacia el pecado”. (p. 192).


El li…