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32. Procesos técnicos. Ariel Bermani

El escritor como un carpintero. Martillar, serruchar, modelar, tallar. Trabajar la prosa como si fuera madera. Sentir la solidez de la escritura.

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28. LAS ACEITUNAS DE LA TIA ORIOLA

La aceitunas más saladas que se puedan preparar eran las de la tía Oriola. Las recogía de un viejo árbol de la quinta y luego de un misterioso proceso que nunca quise conocer, llenaba el gran bollón de vidrio de la cocina con aquellas gemas verdosas y gigantes. El cucharón de madera colgando del borde del frasco prometía jugosas incursiones. Durante las aburridas horas de la siesta, arrodillada en la silla de la tía, me fascinaba mirar las aceitunas a través del vidrio como al mejor de los acuarios. Las revolvía con el cucharón y esperaba que cada una cayera encontrando su mejor lugar. Y nuevamente, el cucharón con agujeritos arremolinaba el estanque verde amarillento para volver a verlas caer. Una, dos, tres. Cada tanto atrapaba una. Como experto pescador o como un gato que da el zarpazo a la presa desprevenida. Esta es para mí. El desafío era tomarla mientras nadaba, antes de llegar al fondo. Y el botín de carozos se engrosaba en montoncitos sobre la mesa como prueba irrefutable del …

26. Retomar la casa

Hace muchos muchos años que no pasaba una temporada en casa sin un plan concreto. Cada vez que tuve licencia, o bien nos íbamos a algún lado o llegaban visitas y estaba en otra. De la casa en sí, de revisar sus lastimaduras, componer sus entuertos, sanar sus heridas, ordenar los desmanes deben haber pasado los años de mi hijo mayor desde la última vez que me compenetré. Estoy aquí desde hace un mes, un mes liberador, reconstituyente. He dado vuelta cada rincón, he ordenado estantes y armarios, descartado, cambiado, organizado. Y aún falta mucho. También he escrito y leído, escuchado radio, recomenzado gimnasia y las caminatas por el río. He cocinado, lavado, planchado, incluso cosido. En algo más de una semana debo volver al trabajo pero con gusto me quedaría acá.

33. Hotel Lebac. Carlos Caillabet

Es la tercera novela de Caillabet que forma una especie de trilogía respecto a la adolescencia temprana y a una época del país. Las tres novelas se ubican en un momento histórico del Uruguay, en el que, dentro un marco general de bonanza, comienza a hacerse sentir la crisis. En este caso, una familia que desciende socialmente y debe ingresar al mundo de las pensiones: el Hotel Lebac. Este mundo se despliega en toda su diversidad y se describe a través de los ojos de un adolescente que está descubriendo el mundo.  De lectura rápida y con un tono general en el que prima el humor y la mirada irónica sobre si mismo, se van desgranando las historias de los habitantes de la pensión, como pincelazos que insinúan, más que cuentan, la vida de cada uno de ellos. El filtro es la mirada del protagonista y esta mirada, cargada de inocencia, le da un matiz puro y crudo al relato que se mantiene hasta el final. El muchacho transita por la historia a través de conflictos como la iniciación sexual o …