En el laberinto de Venecia una recorre muchos metros para llegar al mismo lugar. Después de puentes, campielos, sottopasaggios, escaletas y esquinas una sospecha que a esa fachada ya la vio tres veces o que la misma máscara te guiña desde la vitrina y la misma lancha espera en la misma puerta desde hace media hora. En tanto, una iglesia con un cuadro de Tiziano o la Scuola de San Rocco con las telas de Tintoretto agregan varias paradas al deambular.
Al doblar una esquina, una mujer flaca de intensos ojos negros nos invita a pasar a una iglesia pequeña: San Pantaleón guarda la tela más grande del mundo. 443 metros cuadrados que el pintor demoró 24 años en acabar, se extienden por el techo desde el altar al atrio como un fresco que no es.
Hola, también estuve en Venecia y se me ocurrió este relato ficcionado ambientado allí. Te lo envío (no puedo) pero leelo en mi blog: http/blogspot.com/Mundosilvia.
ResponderEliminarMe gustan tus crónicas de viajes.
Gracias Lilián. Lo leo y te comento.
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