viernes, 31 de julio de 2009

Lagos y los mundos superpuestos







Según Rem Kolhaas, el reconocido arquitecto, Lagos es el ejemplo de la ciudad del siglo XXI donde conviven la ciudad informal y la ciudad formal. Creo que es eso, pero también son muchos mundos superpuestos, de espaldas, solapados, a contramano. Conocí Ikeja cuando llegué porque ahí está el aeropuerto y la Guest House del IITA. Esto es en el continente y es el centro administrativo de Lagos, gigante urbanístico que hoy sigue siendo la capital del estado si bien cedió el status de capital del país a Abuja en 1991. Más ordenado que Ibadan, Ikeja comparte las características de lo que ya he visto de Nigeria: caos, basura por todos lados, tránsito feroz y una infraestructura vieja y a punto del colapso. En las luces del amanecer, cuando apenas llegaba y salimos rumbo a Ibadan, los viejos edificios y el color de la gente y su bullicio me hizo acordar un poco a Cuba. No en balde son sus ancestros.
Pero el miércoles fuimos a Lagos en plan de comprar alimentos y artesanías. Salimos a las 7:30 am de IITA para recorrer en tres horas y media 170 km de terreno llano por la Oyo y Expressway Roads. Eso no puede explicarse, pero es así. Directo a Victoria Island, que es otro mundo al que se llega a través de un gran puente. Ya desde el puente uno va viendo miles de palafitos con sus patas en el agua, casas de unos cuantos miles de las 4200 personas / kilómetro cuadrado que habitan Lagos. Un mundo a contrapelo que sólo vi desde la ventanilla del auto.
Victoria Island es otro mundo, el mundo globalizado, moderno, limpio y dinámico y está unido al continente por un terreno relleno en la Península de Lekki, donde existe otro mundo, el tercero o cuarto. Uno deja el puente y se mete por una autopista de varios carriles y vueltas en la que el único común denominador con el resto de Nigeria es el tránsito feroz, aunque ya no se ven los cascajos que andan por las calles de Ibadan. Autos cero kilómetro, amplias avenidas con semáforos, edificios de muchos pisos algunos con diseños arriesgados y gente vestida a la manera occidental, son la impronta de esta parte de la ciudad. Allí se han mudado la mayoría de las embajadas, oficinas de compañías extranjeras y bancos y parece vivirse una fiebre de la construcción: donde no hay un edificio hay una obra. Ahí es el lugar de los comercios para extranjeros, así que fuimos a una panadería belga a comprar exquisitas medialunas para meter en el freezer y desayunar todos los domingos de por lo menos un mes. También fuimos a dos shoppings, Park’n Shop y Shoprite. En ambos se encuentran deliciosas carnes de Kenia, Australia o Sudáfrica, quesos de Holanda o Italia, aceitunas de Marruecos y vinos de Australia, South Africa, Francia o Chile, que fue la única presencia latinoamericana que encontré. Si no fuera por los guardias armados de la puerta, entrar al Park’n Shop es como entrar a uno de los Discos viejos que aún quedan en Pocitos. El Shoprite, construido para millones en brillante piedra blanca se erige en el medio de terrenos en obra y llegamos a él luego de avanzar varios kilómetros a paso de hombre dentro de una maraña de vehículos al costado de una autopista en construcción que bloqueaba por completo la entrada. Nos bajamos y a los saltos atravesamos la obra junto con secretarias de taco aguja y ejecutivos de corbata. Por dentro, es como estar en la parte nueva del Montevideo Shopping Center: amplios corredores blancos con comercios de cuidado diseño y finísimas mercaderías. Tan impersonal, que fue donde me sentí más en casa. Curioso, ¿no?
De ahí hacia la península de Lekki, nuevamente hacia el continente pero para el lado de las playas que sólo olimos porque el aire traía aromas de yodo y sal, pero no había tiempo. Al acercarnos al Lekki Market, lugar imperdible para comprar artesanías, a unos 9 km del centro de Victoria Island, vuelvo a reconocer la Nigeria de las casetas, los vestidos de colores, las calles de barro y la mugre. En las entradas a las calles laterales las okadas (motos taxi) esperan su clientela para atravesar a lo loco el tumulto de autos. El Lekki Market, posiblemente porque sea un punto ineludible para extranjeros, es un mercado ordenado con puestos estables y piso de material. Ahí se encuentran hermosas artesanías de todos los puntos de Yorubalandia entre las que se destacan las tallas en madera, los collares de cuentas de vidrio y las pulseras antiguas de bronce que se usaban como términos de intercambio comercial. Hay que regatear duro y no quedarse nunca con el primer precio. A veces uno no logra hacerse con la mercadería, dependiendo de la tozudez del comerciante, pero nunca nunca hay que aceptar el primer precio. “No te emociones que perdemos” me dijo Julieta, la mejicana, cuando vio mi cara ante un collar de moon bit que parecía hecho realmente con gotitas de luna. Ella le dijo con indiferencia al artesano, “Bah pero se ve la piola” con lo que terminó llevándoselo por menos de la mitad.
Apenas vislumbré esta caja china de mundos superpuestos pero me alentó la posibilidad de prescindir del chofer y largarnos por cuenta propia a la brevedad.

domingo, 26 de julio de 2009

Hospitalidad etíope


Ayer fui a almorzar a la casa de la familia de Abebe Menkí que es un etíope que trabaja también aquí. Muy agradables y hospitalarios aunque bastante occidentalizados ya que actualmente viven en California.

Pero quería contarles de la comida. La mesa se presenta con una variedad de platos, cuya base es una especie de tortilla o panqueque, muy tierna, a la que llaman bread, aunque en etíope es Injera. La hacen con tef, un cereal local, de color gris, dicen que de sabor avinagrado, pero yo no me di cuenta, y es la base de todos los platos. Se sirven unos cuantos injera con un poquito de todo lo demás y luego se va arrancando un trozo con la mano derecha, se envuelve la comida y se come. Cada bocado es como un pequeño "burrito", así me explicó la señora. ¿Qué le poníamos adentro? Había un saltadito de verduras muy picante, una especie de estofado de pollo con huevo duro (luego me enteré que se llama Doro wat), una mezcla de la propia injera con otra salsa, una crema de garbanzos muy rica, ensalada y por suerte ¡arroz!

Para mi tranquilidad también habían puesto tenedores, así que me fui manejando entre mi mano zurda, el cubierto y la mente muy abierta. Mucho honor a la comida etíope no pude hacer.

Contaron que en Etiopía se come la carne casi cruda o totalmente cruda. Es costumbre en las bodas o en las fiestas importantes colgar una res recién faenada del techo, entonces los invitados pasan y van eligiendo el corte. Al plato y ¡a comer!

Al final, tomamos café etíope que es de donde es originario (el nombre café proviene de la región Kaffa al suroeste) y crece como un arbusto silvestre. Si bien no hicieron una ceremonia del café, contaron que los granos son tostados en una sartén sobre un brasero vegetal (¿?) y así el aroma se va mezclando con el que desprende un incienso que debe encenderse. Porque le faltaba el incienso, la señora de Abebe no quiso hacer la ceremonia por lo que estimo que este paso es muuy importante. Después, los granos se machacan en un mortero y se ponen en una cafetera tradicional y se lleva el agua hasta ebullición.

Reconozco otros rostros en las caras de estas personas. Son más claros y con rasgos más afilados que los de por acá y tienen unos ojos grandes, negros y vivaces parecidos a los de los hindúes. La hija de Abebe, de unos doce años, delgada y de aspecto frágil parece salida de un mosaico de alguna iglesia de la antigua Constantinopla.

viernes, 24 de julio de 2009

Cómo se cuenta un Cuento y Esa bendita manía de contar. García Márquez

Ambos libros recogen la experiencia del Taller de guión de Gabriel García Márquez en Cuba. García Márquez declara que lo único que ha querido hacer en su vida es “contar historias” y que ha descubierto que contarlas en forma colectiva, a través del trabajo del Taller le resulta divertidísimo y provechoso ya que las transcripciones de las discusiones con los talleristas le permiten seguir paso a paso el proceso creativo “con sus saltos repentinos o sus minúsculos avances y retrocesos” y reafirma que la tarea del taller es “contar historias” oficio que reivindica y cuya “estirpe es la única que no está condenada a cien años de soledad ni a sufrir la maldición de Babel”.
Ambos libros se presentan como conversaciones que son las transcripciones de las sesiones del taller en las que se intercambian experiencias, se muestran las dificultades que se tiene con una historia, las decisiones que hubo que tomar, es decir se arma y se desarman historias y en el ínterin se van desarrollando las reglas del juego, guiados en forma amena e insisiva por el Premio Nobel.
Estos libros se leen con rapidez, uno va pasando de una sesión de Taller a otra y siempre se queda con la intriga de saber cómo terminará esa historia y no faltan las veces en que dan ganas de tomar la historia y escribirla uno mismo. Un libro necesario tanto para aquellos que quieran iniciarse en la literatura como para quienes deseen comprender los mecanismos que la rigen.

Caminata matinal.





En mis caminatas matinales veo la cara doméstica del IITA. Luego que los cientos de empleados nativos que viven en Ibadan han entrado al trabajo, salgo yo a caminar. Se ve poco movimiento y poca gente. De a ratos me alcanza una camioneta llena de muchachos que van hacia las parcelas del campo experimental. A veces van cantando. Por el camino de abajo veo trabajadores entre el cultivo de yam entutorando plantas o carpiendo. Apenas se ven entre las cañas pero cantan y los oigo sobre un fondo monótono de grillos (u otros insectos más exóticos). Al menos cinco voces de pájaros trae la brisa, que es escasa pero ayuda a renovar el sudor que ya se pega. Me apuesto a mi misma a qué altura del camino empezaré a sudar y así calculo el calor que va a hacer en el día. Me cruza una moto de escape prepotente con un par de muchachos del PPS rumbo a alguna casa a arreglar enchufes o cerraduras.
Dejo atrás el borde del campo experimental y subo por las calles entre casas y jardines. Huele a pasto cortado la mañana. El barrio parece una visión de película gringa. Agradezco la atmósfera sombría de las plantas. En todo espacio abierto se ven personas trabajando. Pequeñas siluetas con túnicas rojas o verdes con escobas, rastrillos o tijeras. Al pasto lo corta el PPS por lo que los tractores con rotativa son habituales, sobre todo ahora, cuando las lluvias hacen crecer hasta las piedras. Hoy me crucé con un peón que giraba en el tractor alrededor de una palmera. Cada vez una vuelta más amplia y así iba cubriendo el área a cortar. Y cuando no pudo agrandar más el círculo comenzó a dibujar un ocho con la palmera vecina. Se le veía la sonrisa iluminando su cara oscura. Con seguridad, algún ritmo en la cabeza le hacía bailar el tractor.
En las casas se ve gente planchando a la sombra o barriendo las veredas con escobas de rama sin mango, lo que los obliga a doblarse en ángulo recto. En Ibadan vi a una mujer barriendo en esa posición mientras su bebé dormía sobre la espalda horizontal de la madre. Cada cual en lo suyo con toda comodidad.
Todos me saludan 'morning madam y aprovechan para dejar de trabajar unos minutos. Los jardines distinguen cada casa por los rincones, el diseño de los canteros y la presencia de cada árbol. Voy reconociendo plantas y flores, más familiares que exóticas, aunque en un derroche de tamaño y color. Pero el árbol más sorprendente es el Traveller Tree, pariente del banano que se despliega por encima de los techos como un gigantesco abanico de palma.
Me cruzo con Anthony, el jardinero de casa, que de mañana pasea el perro de una vecina. Manso, de andar cansino espera que el animal husmee en cada árbol. Cero stress.

domingo, 19 de julio de 2009

Nigeria: Africa para los muy experimentados











Así define Lizzie William a este país en su guía de viaje y ¡yo empecé por aquí! Nigeria es el país más poblado de Africa (140 millones de habitantes) y Lagos, con una población estimada mayor a los 10 millones, está en la lista de mega ciudades de Naciones Unidas. Como el 6° productor de petróleo del mundo, Nigeria debería ser, por derecho, el gigante económico de África. Pero su población vive con menos de US$4 por día y ha tenido por siglos la reputación de ser uno de los lugares más caóticos y peligrosos del mundo.
Desde hace pocos años Abuja es su capital, ciudad que fue diseñada desde cero y por lo tanto, cuentan los que la conocen, es prolija, ordenada y moderna ¡ver para creer! Fue construida casi en el límite entre la zona musulmana y la zona cristiana del país las que han estado enfrentadas desde hace cientos de años y que según algunos son 2 países diferentes sólo unidos por voluntad de los ingleses.
Esta región de Lagos e Ibadan es la región de los yorubas, que es de donde provienen las poblaciones negras de nuestra América. Y el tema de la esclavitud, más bien del tráfico de esclavos, es de los temas ineludibles de este país. Desde siempre han sido pueblos de comerciantes y, según leímos, el tráfico de esclavos era habitual entre tribus, cuando llegaron primero los portugueses y luego los demás que lo transformaron en masivo. Se estima que unos 30 millones de personas fueron enviadas a América desde estas costas y que llegó sólo la mitad. Temprano de mañana, sobre todo los fines de semana, se escuchan tambores a lo lejos, de sonido muy similar al candombe. Que son netamente comerciantes se ve en sus costumbres y en sus ciudades. Como decía en otro post, en Ibadan todo se vende y todo se compra y todo, absolutamente todo es negociable. Ayer pasamos por un mercado cuyos puestos rodeaban un enorme predio que era un gran gran basural donde pájaros, muchachos y cabras revolvían montañas de basura de 2 ó 3 metros de altura. Te invito a comprar tomates allí.
Ibadan tiene 3 ó 6 millones de habitantes. ¡Pavada de diferencia!, pero la cifra real no se sabe porque los del norte hicieron el censo y los del sur aducen que los tiraron abajo para darles menos dinero. Nada es formal ni creible. ¿No han recibido esos mails en que los invitan a compartir miles de millones de dólares depositados en no sé qué cuentas? Bueno, salen de acá, ¡y consiguen estafar a incautos!
Dice el profe de inglés de Jorge, que es Antropólogo con Maestría, pero enseña inglés a extranjeros y matemáticas en primaria, que acá la gente tiene educación y muchos incluso educación terciaria porque en cada estado hay al menos una Universidad pública. Pero luego no hay trabajo, y como son inteligentes y están formados, se dedican a estafar.
Cada vez que voy a Ibadan la realidad me sacude.

jueves, 16 de julio de 2009

Cuentos que me apasionaron. 2. Selección de Ernesto Sabato

Segundo volumen de "Los Cuentos que me apasionaron" seleccionados por Ernesto Sábato. Cada libro es una clase de cuentos magistrales que se han escrito en diferentes momentos y lugares. De este segundo tomo elijo El ahogado más hermoso del mundo de García Márquez; La capital del mundo de Ernest Hemingway y La partida del tren de Clarice Lispector, pero sólo por elegir 3 porque son todos excelentes y si lo volviera a leer (cosa que seguramente haré) les sacaría más jugo y me apasionaría con alguno más. Además fue mi regalo para el Día de la Madre.

miércoles, 15 de julio de 2009

El lago




También hay un lago artificial de donde se saca el agua que se potabiliza y consumimos de unos 5 km de perímetro. En las dos semanas que llevo acá el lago ha cambiado de manera significativa con el comienzo de las lluvias: no sólo ha aumentado su caudal hasta el mareo sino que ha multiplicado la vida en sus orillas y en el agua y he visto bandadas de patos, teros, garzas, urracas y otros plumíferos no identificados, además de enormes peces que saltan en busca de algún insecto con menos suerte. Hay mariposas grandes y chicas, blancas y azules o rojas y negras, libélulas verdes o rojas iridiscentes, con alas transparentes o con alas con lunares negros, con antenas lisas o con pompones, hay hormigas aladas y sin alas, con escudo o de 2 centímetros de largo; hay escarabajos acorazados y mirápodos tan gruesos como un cabo de escoba. La variedad es inconmensurable para quien todos son simplemente “bichos”. Pienso que Manuel se daría una panzada con redes, frasquitos y alfileres. Es el paseo obligado del domingo de mañana. Por la orilla más alejada de las casas y pasando la represa hay un pedazo de selva recuperada muy intrincada y exuberante que puede ser recorrida por senderos abiertos. Ayer incursionamos por un tramo corto y la variedad de plantas, luces y líquenes, cantos, mantillos y reflejos, árboles, graznidos y lianas desbordan la capacidad de discriminar en tanto uno camina por una bóveda de follaje que parece contener miles de ojos invisibles.

martes, 14 de julio de 2009

El Ai Ai Ti Ei











El IITA o Ai.Ai.Ti.Ei como hay que decir, (Instituto Internacional de Agricultura Tropical) fue fundado en 1967 como organismo del CGIAR (Consultive Group on International Agriculture) que es financiado, creo, por el Banco Mundial y el G8. De este grupo también dependen el IRRI en Filipinas, WARDA también en Africa, Icrisat en la India, CIMMYT en México y CIAT en Colombia.
El IITA acá tiene 1000 has, dicen que a 7 km de Ibadan, pero en realidad la ciudad ya la está cercando. Al ingreso una garita con guardias fuertemente armados y que te preguntan sobre intenciones y laptops te dan la pauta de que estás dejando atrás la locura de Oyo Road por la que se llega. La vista de la estación es hermosa, prolija y con abundante vegetación que aclimata el entorno. Se entra por una avenida cercada de palmeras altas y arbustos más bajos y redondos, que como Quijotes con su Sanchos bordean un campo de césped verde que sólo se interrumpe en los edificios.
La estación tiene escuela primaria, policlínica y hotel internacional, abiertos no sólo a los dependientes de IITA. Y una oficina de PPS que te resuelve desde la casa a ocupar hasta el enchufe que no funciona o el combustible del auto. Hoy recibí en parejas a seis muchachos negrazos con túnicas verdes y botas de goma para arreglar unos la luz del dormitorio, otros dos el lavarropas y la tercer pareja la línea telefónica e internet (por dios).
En el hotel hay canchas de tenis y piscina con bar en el que se puede cenar y donde los viernes hacen pizzas, momento en el que se juntan los que trabajan y viven acá. Se pueden comprar artesanías a gente que viene a vender a la galería del hotel y si bien no he visto los mercados de Lagos aún, se encuentran cosas muy lindas y relativamente baratas. Hay una community store para comprar la despensa de todos los días, pero sólo se usa de urgencia porque es más cara que Ibadán. Ahí también hay un campo de golf con 9 hoyos y numerosos profesores dispuestos a demostrarte que tú también puedes. Junto al almacén funciona la cancha de squash, una especie de frontón que se juega con una pelotita de goma pesada que apenas rebota.
Más allá de las comodidades para el trabajo y el confort general, la conectividad limitada y los frecuentes cortes de energía eléctrica no te dejan olvidar que estamos en Nigeria. Las casas son grandes, con 3 dormitorios, 3 baños y escritorio, ambientes enormes donde los muebles flotan. A su vez cada casa tiene un generoso jardín que cada dueño arregla y mantiene como se le ocurre. Hay lavadero, caseta de jardinero y dependencias de servicio más espaciosas e iluminadas que cualquier casa de Ibadán. Ahí vive Abiola, un viejo flaco y sin dientes, de profesión sastre, al que Jorge le prestó la casa y que salió a recibirme y me cargó las valijas el día que llegué y que me hizo pensar en la Cabaña del Tío Tom.

viernes, 10 de julio de 2009

Vivir en el Trópico (I)





Mientras observo planchar la ropa a Anthony, el jardinero, que por alguna razón también plancha, hago algunas reflexiones sobre la experiencia de vivir en el trópico viniendo de tan templadas latitudes.
Vine a Nigeria en época de lluvias, así que se pone negro el cielo, se oscurecen los contornos y se larga un chaparrón. A diferencia de lo que ocurría en México donde se podía saber la hora a la que iba a llover, acá llueve en cualquier momento. A veces es sólo un chaparrón y pasa rápido. Otras veces se instala mansita y puede seguir lloviendo toda la noche. Pero ya aprendimos que de nada sirve suspender un plan porque es posible que en media hora esté espléndido. La ventaja de esta época es que hace menos calor, aunque igual es duro y salvando las primeras horas de la mañana y luego de la caída del sol, no es muy alentador andar a la intemperie. En el mejor de los casos tal vez te sofoques y sudes, en el peor tal vez te dé un pasmo. Pero adentro de las casas se está bien. Tanto que a uno le cuesta imaginar el inmenso calor mientras mira las plantas y los animales a través de las ventanas. Bastan quince minutos afuera para desistir de cualquier plan. Ahora llueve abundantemente. Si estuviéramos en Uruguay sería lluvia para varios días. Pero acá no.
Para mi mentalidad de clima templado a lo que hay que acostumbrarse es a los tiempos de los bichos. Nada puede quedar fuera de lugar porque, o se pudre a una velocidad inquietante, o a la mañana siguiente hay un ejército de hormigas invadiendo la cocina. Y lo que no se pudre se enmohece, como el mate que nunca puedo secarlo bien y ya tiene gusto agrio. Tantos bichos hay, que hay para todo agrado y desagrado. La ropa no se cuelga en el jardín por una mosquita que pone huevos en la ropa y esos huevos, cuando larvas, te perforan la piel. O te invaden las cucarachas voladoras que entran de afuera por las rendijas de las puertas, o pasan las ardillas casi por tu ventana corriendo carreras de a dos. Hoy estuve buen rato mirando un colibrí trasladarse de una planta a otra frente a mi sin inmutarse. Para donde mires hay algo vivo que se mueve: si ves una sombra o una hoja moverse es seguro que una lagartija de cabeza naranja está trepando la pared o un sapo de piel atigrada te sorprenda en un salto o puede ser un milpiés desorientado intentando escapar del sol. O tal vez sea una flor que nace. O una rama que muere. Dicen que hay un pasto que crece 1 cm/hora, o sea que si te sentás a mirar podés verlo crecer.
Pero los peores bichos a temer son los mosquitos. Y diría que se ven menos que en Uruguay. No los he visto en bandadas zumbando. No hay mosquitos escondidos bajo las mesas, en los rincones o entre las plantas. Ni hay mosquitos en las casas que se mantienen cerradas y con mosquiteros permanentes. Pero están, como un enemigo invisible. Están, cada noche, esperando tu sangre para pasarte la malaria. Dicen que la probabilidad de tener malaria es de 1 y que los nativos pueden tener cuatro veces por año. Nosotros intentamos enfrentarlos con repelente...

lunes, 6 de julio de 2009

Visita a Ibadán




Nigeria te rompe la cabeza primero y luego el corazón. Ibadan es una ciudad como nunca tuve la capacidad de imaginar. Cientos de miles de personas transitan a pie, en moto, en auto o en camión por estrechas calles pavimentadas de baches. Verdaderas zanjas donde cualquier auto puede perder el eje y cualquier motociclista la vida. La gente se viste de forma tradicional con hermosísimos vestidos y tocados las mujeres y pijamas coloridos los hombres. Algunas, en vez del tocado almidonado se cubren a la usanza musulmana con los velos negros bajo 35° de sol ardiente. Muchos otros, sobre todo los hombres, también se visten como occidentales. Todos son jóvenes. Muchos llevan cortes en la cara: verticales debajo de los ojos en los pómulos u horizontales a ambos lados de la nariz, una o varias cortadas, como las de los tumberos en los brazos. Me dijeron que son ritos de iniciación, pero los llevan tanto muchachas como varones.
Pero la omnipresente es la mugre: montañas de basura se acumulan a los lados de la ruta o en cualquier calle. Incluso vimos un viejo muerto abandonado. Jorge dice que vio un niño tirado muerto, ya gris por los días. Y no hay carroñeros así que se pudren de a poco o los comen las ratas.
La mugre y el desorden es la norma: las calles sólo tienen pozos y vehículos enloquecidos que se tiran por delante o frenan sin prender la luz. Es como si el Estado no existiese: no se ve estructura institucional más que en los policías que abundan en las rutas con sus armas enormes y sus gestos severos. Pareciera que los ingleses les hubieran dicho "si quieren el país, arréglense como puedan" y allí andan todos contra todos sin servicios, sin marco, sin nada. Los edificios de material existen escasamente. Los ricos viven detrás de muros y alambradas y el resto de la multitud parece habitar en un gran cantegril de tablas y chapas.¿De dónde sacan agua? ¿Dónde hacen pichí y caca? Casi siempre la respuesta es "la calle". No hay saneamiento, sólo canalones a los bordes de la calle. No hay electricidad, salvo motores generadores a nafta, uno por caseta. Omaigod! cada uno tiene su motor y cuando llegás prenden la luz porque adentro no se ve nada. Cada nigeriano vende algo y se vende todo, incluso lo que no les pertenece. Por eso encontramos más de un cartel señalando "Esta propiedad no se vende". Así como todo se vende todo se puede comprar en las calles, en las casetas, desde telas tradicionales por metro a bolsas de nylon o computadoras, televisores y cremas importadas.
Por ese chiquero de barro, polvo y basura circulan autos costosos de marcas europeas o japonesas, gente vestida con ropa cara y hablando por celular. La gente en general se ve contenta y los niños parecen bien alimentados, pero ¡entre la mugre! Nos preguntamos cómo hacen para tener los vestidos limpios, planchados y almidonados. Ellos parecen alegres y bien vestidos, pero el entorno es dantesco. Es como que el país no existiera y cada uno estuviera librado a su suerte en el medio de la selva.
Anoche leímos que Nigeria es el sexto exportador de petróleo del mundo pero no existe ni una sola refinería: exportan crudo y compran combustible. Y derrochan gasolina (el auto de Jorge rinde 4 km por litro), nylon, agua y todo lo tiran... ¡a la calle!
Fuimos a un mercado gigante que era como meterse en una favela, con unas caras más que atemorizantes que te persiguen a los gritos para venderte algo. Hasta que te acostumbrás te genera mucha desconfianza y hasta miedo.Pero tanto Jorge como Alexandra, la alemana que nos acompañó, se manejaban con familiaridad y hasta eran amigos de algunos vendedores que ya los conocían.
A mí, literalmente, me ha dado vuelta la cabeza y no logro comprender