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230. Diluvio universal by Hollywood

I. La lluvia caía como una cortina de caireles. Las ráfagas azotaban polleras y paraguas y por los cordones escurrían los desechos. Un barquito de papel zozobró en una boca de tormenta. Miró calle arriba buscando al niño. Sólo vio gente con la cabeza baja, contra el viento, con el paraguas como escudo. El agua le golpeaba las piernas y  en minutos el pantalón se le confundió con la piel. Apenas avanzaba. A lo lejos, en el semáforo, divisó la luz roja de un taxi libre. Sin pensar que iba a dos cuadras de distancia ni medir la circulación por la calle contraria se lanzó hacia el vehículo.  En Nueva York, por la puerta opuesta habría subido al mismo tiempo el galán y, superada la sorpresa inicial, (este taxi es mío, pero yo lo vi primero, bueno, ya que estamos te llevo) habría comenzado la historia de amor. 

II. La lluvia cae como cortina de caireles desde hace más de una semana. Apenas sale el sol por el oeste cuando un toldo de nubes grises se desparrama por el norte. El ojo del huracán está instalado en este país con proa al mar. El viaje estaba planificado desde hace unos cuantos meses, el pasaje comprado, los contactos hechos y confirmados. Mañana a las 9 de la mañana sale el avión. Pero no le queda limpio ni un par de calcetines. Esperó el sol el fin de semana para lavar, pero sólo pudo acumular más ropa sucia. Olió las camisetas una a una pensando cuáles disimularían mejor los días de uso. Todo apestaba como perro mojado. Eran las 9 de la noche. Faltaban 12 horas para que despegara el avión y no rescataba una muda limpia entre todas sus pertenencias. Se le ocurrió que podía haber un lavadero abierto las 24hs cerca de su casa. Buscó en internet hasta encontrarlo, metió la ropa en un bolso y desafiando las ráfagas que se corporizaban con los faros de los coches llegó hasta el lavadero. Chorreaba. Los pelos duros sobre la frente le pinchaban los ojos. Se paró con las piernas y brazos abiertos para escurrirse y sendos charcos marcaron su huella. Tomó un canasto y colocó la ropa que traía en el bolso. Después miró para ambos lados, se quitó la ropa exterior que seguía chorreando y la colocó en otro canasto para secarla. En calzoncillos, se sentó a esperar que el ciclo terminara. Hipnotizado, quedó prendido al giro de la máquina de lavar. En Nueva York, por la puerta entreabierta habría entrado una mujer hermosa, tan mojada como él y con un bolso lleno de ropa sucia en la mano. Luego de la sorpresa inicial (perdone; no, no lo vi, disculpe creí que no había nadie), ella se sacaría la ropa exterior y de calzón y sostén se habría sentado al lado del muchacho a mirar girar la ropa.Y habría comenzado la historia de amor. 

En Montevideo continúa lloviendo y anuncian alerta roja hasta las 21 horas pm.


  

Comentarios

  1. Casualmente,el post se llama by Hollywood y las dos historias continúan en NY. Jaja. La visión cinematográfica global: by hollywood pero en NY.

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