jueves, 13 de junio de 2013

173. Escenas de la vida conyugal

En un bar de Av. Santa Fé, una pareja de gays tiene una discusión muy intensa en la mesa de al lado a la mía. Son dos muchachos. No tienen aspecto afeminado, al menos no el que está frente a mí. Por esa costumbre de mala educación que tengo de observar a la gente, pero que me fascina, paro la oreja. ¿Cómo son las discusiones amorosas de los gays (si fuera posible generalizar)? Asumiendo que los cerebros del hombre y la mujer son diferentes, ¿cómo son las discusiones entre ellos? ¿Repiten esa intrincada red de argumentaciones y manipulaciones que se dan en las discusiones de las parejas hetero? Ese agarrarse de una palabra para hacer un mundo, el acusar al otro de cosas que no vienen al caso pero estaban agazapadas. No escucho mucho. El que tengo de frente lleva la discusión de forma muy masculina: no me hinchés; estás usando mal la palabra, la palabra no es que no soy tierno, sino que a vos nada te alcanza; ¿qué te matan mis silencios? ¡y sí, te respeto tus horarios de trabajo! No es que no piense en vos. Sí, lo reconozco, lo reconozco, me enamoré sí, me enamoré. ¿eso querías escuchar? Pero después no lo bancás, yo sé que no te lo bancás. Frases sueltas. Duro, enojado, exigente. 
Al que me da la espalda no lo oigo pero tiene voz ronca y la espalda curvada, la mano apoyada en la mejilla, la cabeza caída sobre esa mano. Se acaricia la ceja, cada tanto.
Están en problemas, parece que el esquema es el mismo.

miércoles, 12 de junio de 2013

174. Descubriendo Orsai

Desde que leí "El pibe que arruinaba las fotos" y me consustancié con el proyecto cultural de Orsai, me hice admiradora de Casciari. Con la admiración que me provocan las personas creativas, las que se animan a ir "un poco más allá", tienen talento y hacen la diferencia.
Hace días que estoy en Buenos Aires, así que no podía dejar de ir a visitar el bar. Esperé que mi hija viniera a visitarme y nos preparamos para la salida, bromeando con que tal vez nos encontrábamos con el Gordo o con el Chiri.
Por supuesto no ocurrió nada de eso. Es sólo un lindo bar de San Telmo, con la curiosidad de que tiene un quiosquito de libros y en las puertas de los baños, cartelitos de "Parados" y "Sentadas" para indicar quienes están habilitados a usarlos, descartando, al parecer, que los hombres procedan al N°2.
Ese día actuaba una banda que se llama Falopa, que hacía música mezclada de tangos, milongas, algún malambo, hip hop y un toque de reggae. Básicamente tangos y milongas. Muy loco, muy de estas juventudes que tienen que enfrentar una vida con mucha mierda, poca esperanza, individualismo y miedo al otro. Si lo veo así, ahora pienso, es un grupo que sintetiza todo ese mundo urbano de la juventud. Yo estoy muy lejos, pero está bueno acercarse un poco para entender. Son muy buenos músicos, seis guitarras y un percusionista, más un cantante con terrible voz. Pero las letras eran horribles, entre ácidas y groseras. El cantante representaba un personaje bastante desagradable, provocador. Cuando Mariana me preguntó qué me había parecido, le contesté más o menos lo que acabo de escribir. Ella me contestó:
- Es tango. Cuando el tango empezó también chocó en las clases medias porque hablaba de lo marginal y lo prohibido en un nuevo lenguaje.

Me dejó pensando.

martes, 11 de junio de 2013

A salto de mata. Crónica de un fracaso precoz. Paul Auster.

Es un libro atobiofráfico en el que Paul Auster relata sus años más duros, una vez tomada la decisión de ser escritor. Comienza en la infancia, que no fueron años duros, y continúa hasta sus 30. Son memorias de cómo tuvo que pelearla para no traicionar su vocación, consiguiendo trabajos de mala muerte que le permitieran comer para tener la libertad de escribir. Esta decisión fue muy fuerte, ya que en su familia el dinero tenía un rol central, tanto, que determinó el divorcio de sus padres. Es un relato de sus años de muchas penurias pero de mayor aprendizaje y aventuras. 
Como yo acababa de leer Diario de invierno, algunas de los relatos me resultaron conocidos, como si sufriera un deja vu. A continuación seguí leyendo Tomboctu, que cuenta las andanzas del perro de un escritor que tenía mucho talento y potencial y a quien las drogas le hacen trizas el cerebro y sigue su vida como vagabundo, perseguido por fantasmas.Muy parecido al personaje que él conoció en la Universidad, que había sido un escritor de renombre, H.L. Hulme y que por diferentes desgracias que le habían ocurrido terminó siendo un vagabundo chiflado.
Es decir, tal vez no fue el mejor orden en el que leí los libros, porque me sentí demasiado metida en la vida del escritor sin ruta de escape. Pero la prosa de Auster me ha fascinado. No sé si será así, pero da la impresión de que no le cuesta nada escribir, que le sale con naturalidad, como decían que a Mozart le salía la música. Clara, fluida sencilla.
Un autor muy recomendable. Yo voy a seguir con otra novela, ahora.

lunes, 10 de junio de 2013

175. Recordando a Pedro y Pablo o el Chapulín Colorado en Baires.

En un comercio de ropa para hombres en calle Florida le compré una remera a Jorge que no le gustó. No hay problema, se puede cambiar, le dije. Guardé la factura y la bolsa de la tienda para cambiarla en el próximo viaje.
Allí fuimos, con mi hija, el sábado con la remera dentro de su bolsa. Nos atendió un vendedor alto y delgado, de prolijo traje gris oscuro, corbata azul y abundante cabellera blanca. Parecía muy profesional, aunque se comportaba con frialdad y no se esforzó mucho en mostrarnos alternativas. Sacaba remeras y pulóveres de los estantes sólo si se lo pedíamos y hablaba sin mirarnos. Mantenía su vista por encima de mi cabeza. Claro, medía al menos 40 centímetros más que yo. Yo lo observaba. Sus movimientos displicentes, su deslizarse por el piso encerado, sus comentarios de entendido en modas y negocios. No dejaba de causarme gracia ese aire de superioridad en su minúsculo destino de dependiente de tienda. 
Al final elegimos una nueva remera que rápidamente embaló, pasó a la caja y me dijo:
- Tiene que abonar una pequeña diferencia, porque ésta sale $179.
- Yo pagué por la otra también $179. -le contesté con cierta intranquilidad porque tengo mala memoria hasta para defenderme.
- No, la que devuelve sale menos. -insistió.Recordé entonces que tenía la factura anterior en la cartera. Se la mostré al cajero que vio que había pagado $179. El vendedor elegante giró sobre sus lustrados zapatos y se fue hacia el fondo de la tienda. Sin mirarme, por supuesto. Mucho menos, disculparse. 
Me acordé de Pedro y Pablo ("bronca porque roba el asaltante, pero también roba el comerciante"), pero preferí parafrasear al Chapulín Colorado y decirle "¡No contaban con mi astucia!"  

sábado, 8 de junio de 2013

176. La naturalización del delito

Una investigación comparativa entre varias ciudades del Mercosur respecto a los delitos que eran objeto los jóvenes, arrojó mayores valores absolutos en Montevideo que en Río de Janeiro. Los investigadores se sorprendieron. Revisaron la metodología y las cuentas, pero seguía dando mayor número de delitos en Montevideo que en Río de Janeiro, ignorando incluso la diferencia de población entre ambas ciudades. Los encuestadores no se conformaron. Los resultados no tenían sentido. Volvieron a las calles a preguntar. Y en Río repreguntaron: 
- Pero, ¿no es común que les roben el celular? ¿o las zapatillas? -y los jóvenes cariocas contestaron:
- ¡Ah, sí! Eso pasa todos los días, pero ya ni lo contamos.

jueves, 30 de mayo de 2013

177. Estampas de Buenos Aires III

* Buenos Aires se presenta enquilombado. Tal vez sea siempre así, pero ahora que me mudé de barrio vengo menos al microcentro y ya no recordaba estos "tacos", al decir chileno, que superan una cuadra o el cambio del semáforo. Los taxistas en Retiro te aclaran que para acá no vienen. Ahora entiendo.

* Florida en reformas. Todas las baldosas del centro de la calle están levantadas, así que la gente hace malabares entre los pozos y las cintas de plástico que se sueltan, se embarran y se sacuden peligrosamente entre los peatones. Los "arbolitos", uno al lado de otro como en formación, te susurran cambio, cambio, cambio. Hoy está a $8.60 y el oficial sigue alrededor de $5,00.

*En un café que hace ochava sobre Corrientes y Esmeralda escribo estas líneas y veo pasar la gente casi trepando los autos que apenas avanzan. Algunos audaces andan en bicicleta. Suenan bocinas en distinto tono, con la esperanza absurda, tal vez, de que el sonido mueva los objetos.

* En la mesa de al lado dos actrices, de teatro seguramente, conversan sobre los pormenores de la obra. Ambas están vestidas enteramente de negro. La más joven tiene unos hermosos, ojos verdes de agua y mirada triste. Iba a cantar en la obra y la canción se la dieron a otra. Hablan de camerinos, libros y escenas. Hablan en serio de un trabajo serio. Otro mundo.

* Ya compré 3 libros en El Ateneo de calle Florida (ya me deberían pagar por la promoción que les hago). Dos de Paul Auster, para ser consecuente con lo que digo y escribo. Hoy el detalle fue la vendedora, una chica que quiere ser escritora y con quien conversé largo y tendido. Me recomendó: Cultiva tu talento literario de Thaisa Frank y Dorothy Wall, y otros más, pero sólo compré éste (por ahora). Veremos veremos...
Uno de los de Auster es también sobre el oficio de escribir (A salto de Mata). Seguro que me va a entrar una tristeza infinita, pero cada tanto necesito sacudirme la autocomplacencia.


Diario de invierno. Paul Auster

En mi supina ignorancia me restaba aún leer algo de Paul Auster. La semana anterior me senté en El Ateneo a leerlo y me lo llevé. A mi me encantó. No es una novela ni un cuento. Son relatos autobiográficos del autor sobre su infancia, travesuras, accidentes; sobre sus amores, sus trabajos y vivencias. Me gustó mucho el recurso de hilvanar los recuerdos por las casas en las que ha habitado.
Recién busqué otras reseñas en internet (siempre lo hago para ver qué opinan otros) y la primera referencia que encontré, de una periodista española fue muy negativa. El libro la aburrió, lo tuvo más de una semana para leer, etc., etc. Ella había leido 14 libros de Auster, para mí era el primero. Me entusiasmó, entonces, conseguir alguno más. 

lunes, 27 de mayo de 2013

178. Historia de taxi

Cuando uno toma un taxi queda a merced del conductor. De su humor y de sus destrezas para el oficio. A muchos les gusta conversar. Yo prefiero los que no hablan y llevan la radio prendida en algún programa potable. Detesto a los que se quejan de todo: del tiempo, de la economía del país o del tráfico, con preferencia de peatones y motos de delivery, aunque algunos odian más a los colectiveros. A veces la charla es agradable, aunque empiece por lo mal que manejan todos. El que hoy  me trajo al centro me contó que hace unos 10 años, cuando tuvo que renovar la licencia de conducir encontró que tenía $6.000 de multas, que tenía que cancelar para poder seguir trabajando."Todas eran boletas voladoras", me dijo, justificando que nunca lo habían parado los inspectores sino que lo habían filmado o se las lo habían puesto en el parabrisas por mal estacionamiento. Lo concreto es que lo mandaron al juez porque sin el "libre de deudas" no le daban la libreta. Al llegar al despacho del juez, éste estaba con otro tipo, trenzados en una pelea. El supuesto infractor no aceptaba pagar las multas y el juez iba levantando presión y la discusión, volumen. Mi taxista pensó: "Qué mala suerte, lo agarro de malhumor y no me va a perdonar ni una". Así rumiando, esperó a que el juez liquidara el asunto anterior y lo hiciera pasar. Cuando lo llamó le dijo en un tono resignado:
- Pensar que hay tipos que andan por la 9 de Julio a 92 km/h, manejando con una mano sola y con la otra totalmente afuera de la ventanilla y discuten que no hubo infracción.
Mi taxista pensó en el tipo que había estado antes que él y que había salido tan enojado y le contestó:
-Sí, la verdad que hay gente que se desubica.
El juez lo miró y a mi taxista le pareció adivinarle cierta sonrisa. El juez se inclinó, sacó una carpeta de un cajón y de adentro extrajo una foto en blanco y negro que registraba en letras blancas fecha, hora y 92km/h. En el centro de la imagen se veía claramente la cara de mi taxista manejando con una mano mientras mantenía el brazo izquierdo totalmente fuera de la ventanilla.
- ¿Usted no es uno de esos, verdad? .-le preguntó el juez.
Mi taxista tragó saliva y estiró los brazos hacia adelante cruzando las muñecas como si fueran a esposarlo.
Y nunca supo si aquel juez ya había tenido suficiente por un día, pero, sin más, le perdonó la deuda.

sábado, 25 de mayo de 2013

179. Clases de Biología

Hoy fuimos a la Escuela Técnica a pasar unas películas sobre la ciencia a muchachos entre 14 y 16 años. Uno de nuestros invitados les empezó a hablar del Mal de Chagas, del cual los chiquilines nunca habían oido. Sí del otro Tripanosoma, el africano, el del sueño, pero no del nuestro, del latinoamericano, del que vive en los ranchos y en la pobreza. Una compañera más cercana en edad a mi que a los muchachos comentó: "Ahora en Biología sólo aprenden educación sexual". La otra que nos acompañaba, mayor que ambas le contestó: "Bueno, nosotros sabíamos mucho del Mal de Chagas y de las vinchucas pero quedábamos embarazadas a los 16". Su propia historia. Nos sonreímos.

martes, 21 de mayo de 2013

180. Si el día no fluye

Buenos Aires otra vez. Pero el día no está fácil. Nada dramátco, pero nada fluye. Falta lubricante, parece. El bus llegó una hora y media más tarde y, de hecho, no llegó porque quedó estaquedo mirando Retiro y sin poder avanzar. Al menos media hora en el mismo lugar. Los pasajeros empezamos a bajar en el medio de la Av. del Libertador entre traillers y camiones. La villa 31 de Retiro, la de dos millones y medio de habitantes, hizo un piquete y tiene a toda la ciudad enquilombada.  Luego, a tomar un taxi que, con el pretexto del embotellamiento, me dio una vuelta que me salió el doble de lo habitual. Bueno, me dije, una vez en la Universidad, me siento en la Biblioteca y trabajo un poco y escribo. Tampoco. La red de FLACSO caida. Salí al barrio a buscar algún café con wifi, pero no había, y sólo tenía un billete de $100 que no me  aceptaban por un café (ya había almorzado, además). Entonces me compré un par de medias para hacer cambio, en lo de un  judío con quipá y tienda vieja vieja y buenos precios.  Y al fin encontré el café con wifi.
Todavía me quedan unas cuantas horas por estas latitudes, esperemos que los zapallos vayan encontrando su lugar en el carro.