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Por Alma Maritano

Mientras buscaba referencias en internet para un trabajo académico, me enteré que en 2015 murió Alma Maritano. ¿Quién fue Alma Maritano? Para mí una guía, un referente, una compañera de mis primeras horas de escritora. Cuando andaba por la vida desesperada por el tedio y el malhumor de saber que casi todas las decisiones importantes habían estado erradas, cayó en mis manos su libro: Taller de Escritura. La aventura de escribir. Una especie de manual, una introducción a la escritura creativa que, no sólo aportaba consignas de trabajo y ejemplos, sino que fundamentaba el método de enseñar a escribir desde los sentidos. Nunca había oido hablar de ella, nunca había leido nada de ella (y hasta ahora no lo he hecho). Creo que era el año 1997. Hacía mucho que yo no escribía más que algunas viñetas en mi diario personal y me  atrapó de tal modo que me propuse avanzar, día a día, con una consigna del libro. ¡Maravilloso! Fue un despertar, un conectarme a aquellas cosas que tenía tan olvidadas…
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11. Un montón de espejos rotos y el Morosoli de Oro

Fue en Minas, el 18 de agosto pasado. En la sala de actos de la Intendencia de Lavalleja, junto a la gente de la Fundación Lolita Ruibal, Horacio Cavallo como miembro del jurado y Alcides Abella como representante de Banda Oriental me entregaron una medalla, un diploma y un cheque. La medalla la recibí de las manos de la hija de Morosoli, que vive en Minas. "Yo también me fui a estudiar a Montevideo muy jovencita", me dijo al oido, "pero volví y nunca más me fui", completó. Tuvimos una charla entre todos, en la que conté sobre mi novela y sobre mi misma y luego hicimos un brindis y nos sacamos fotos. A mis hermanos, sobrinos e hijos un enorme gracias por acompañarme, por disfrutar conmigo los buenos momentos, por hacerme sentir todo lo que me quieren. A las dos amigas que se atravesaron el país para acompañarme en su nombre y de todas las demás, un abrazo de oso. A mi compañero le agradezco que me acompañe, que me quiera, que se siga sorprendiendo por mi persevera…

10. Un montón de espejos rotos

Como una ola que rompe y te arrastra, como una avalancha que te despatarra. Así me siento, a veces, en estos días, desde que me llegó la noticia de que mi primera novela ganó el Morosoli de Oro. Mucho vértigo, mucha alegría pero también la inmovilidad de la espera. De que llegue el día, de que pasen los días. Días de premio, de afectos, de satisfacción, de celos, de indifirencia, de envidia. Y es sólo un libro. ¿A quién le importan los libros? a muy pocos. Pero a muchos les importa que a otros les vaya bien. Es raro, ¿no?, pero a mucha gente le molesta las buenas noticias en las que el sujeto no sean ellos mismos.

9. Elena Ferrante. La frantumaglia

Un viaje por la escritura es el subtítulo de este libro de la misteriosa autora italiana, que escribe pero no se deja conocer en persona.
Dejo algunas frases:
"Ya he hecho lo suficiente por este cuento largo: lo escribí"
"Creo que, una vez escritos, los libros no necesitan en absoluto a sus autores. si tienen algo que contar, tarde o temprano encontrarán lectores; si no, no."
"Por lo demás, ¿no es cierto que las promociones cuestan? Seré la autora menos cara de la editorial. Os ahorraréis incluso mi presencia"

8. Particular extrañamiento

Ayer buscaba un libro que sabía que había leido. Entonces, volví a entrar al blog a revisar las etiquetas de Libros Leidos. Son ochenta y dos reseñas que, si no las hubiera leido, hubiera desconocido su existencia. Algunos títulos ni los recordaba. ¿Por qué será que, a veces, los textos te suenan ajenos? ¿Cuándo escribí yo esas crónicas tan sesudas que parecen escritas por alguien que entiende? No me suenan esas palabras como mías, menos aún ese encadenamiento de palabras que forman frases que parecen de otros. Algunos dicen que cuando se produce ese extrañamiento, los textos están "prontos".

7. Retomar el ritmo

¿Cómo hacer cuando el vértigo se adueña de tu vida y pasan tantas cosas y todas tan buenas, una mejor que la otra, que se atropellan, se amontonan, te asustan?  En esa vorágine uno debe mantener el fiel, hacer equilibrio, no bandearse. La vida sigue por sus carriles habituales, uno se levanta, se baña, desayuna, revisa las noticias, sale a trabajar. Por fuera no pasa nada. Uno no evidencia nada. Es un día como cualquier otro, en tanto la panza revolotea de alegría y hasta las orejas frías aletean. Hay tanta gente a los que la vida los atropella, los enreda, los desparrama. A mí también, muchas veces. Y por eso, cuando se van cerrando círculos, los esfuerzos por los que se luchó y trabajó empiezan a rebrotar, uno se asusta porque nada más cierto que aquello de que así como lo malo acaba, lo bueno también.