martes, 5 de diciembre de 2017

10. Procesos Técnicos. VIII. Ariel Bermani

No hay materiales que se resistan a la literatura. Todo se convierte en relatos, en poemas, en novelas. Hay momentos en que empezamos a vivir las cosas casi desde afuera, para experimentar la distancia necesaria y poder narrar.

domingo, 3 de diciembre de 2017

11. Haikus del taller



1. 

Surca la noche
de inviernos apurados
cálida nube



2.
Voces distantes
encuentro acordado
espacio fugaz


3.
Remueve óxidos
se desovillan ganas
y nacen versos


12. Los libros


He abandonado las crónicas de los libros que leía. En parte porque he leido poco.
Bue', no he leido poco, he leido pocos libros. Leer, leo siempre, todo el día. Releo pasajes de libros que me remiten a algo en lo que estoy trabajando y leo mucho en internet. Artículos periodísticos, ensayos, artículos académicos, cuentos que por algún motivo busco y los releo y estudio. También he incursionado algo más en la poesía. Más por aprender que por sentirme poeta. Sin embargo, siempre tengo más de un libro en proceso de lectura y otros en espera, de los que compro con avidez, en cuanta librería o feria se me pone a tiro. 
Algunos títulos leidos en todo este tiempo de abandono: El lector de Julio Verne y Atlas de geografía humana de Almudena Grandes, Betibú y Tuya de Claudia Piñeiro, El mentalista de Hitler de Gervasio Posadas, Poesías desacentuadas de Pablo Inella, Cántaros de sombra de Lilián Toledo, El libro de las ilusiones de Paul Auster, El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura, De que hablo cuando hablo de correr y De qué hablo cuando hablo de escribir de Haruki Murakami, La Isla de la pasión de Laura Restrepo, 13,99 euros y El amor dura tres años de Fréderic Beigbeder, Shakespeare nunca lo hizo de Charles Bokowski, La descendencia de los malignos de Mario Sarabí, Hotel Lebac de Carlos Caillabet, Diario de golondrina y Matar al padre de Amélie Nothomb, Los perros y los lobos de Irene Némirovsky, La mujer justa de Sandor Marai, El café de la juventud perdida de Patrick Mondiano, Almas grises de Philipe Claudel. Tal vez alguno más, se me pierden los títulos, las carátulas y los autores. 
Tengo a medio leer: El inglés de Martín Bentancor, Tú que deliras de Andrés Arias, Una pica en Flandes de Daniel Chavarría, Cixi la emperatriz, de Yun Chang, Historias sin importancia de Ana Ribeiro, Amores Cimarrones de Marcia Collazo, Medias verdades de Mario Clara, Vejez de Simone de Beauvoir y posiblemente otros que anden por ahí y serán recompensados (o no) con un buen tiempo de atención.
Reviso los que tengo sin leer y encuentro gran número de libros de los compatriotas jóvenes o contemporáneos que he comprado y he dejado en un estante, como: No soñarás flores de Fernanda Trías, El hermano Mayor de Daniel Mella, Carlota podrida y Las arañas de Marte de Gustavo Espinosa, Verde y El Orden del mundo de Ramiro Sanchís, A bala, sable o desgracia de Marcia Collazo, Pensión para Animales de Pablo Silva Olazábal, Qué hacer con lo no dicho de Marisa Silva Shultze, Desde la ventanilla de Gustavo Martínez, Pueblo de mi esperanza de Carol Guilleminot. Me consuelo que al menos aporto a la edición nacional, aunque ya son demasiados y no estoy incluyendo los de la colección Lectores de la Banda Oriental, de la que fui socia unos tres años y absolutamente superada por la cantidad de libros que se acumulaban, me desafilié. Tampoco cuento libros que están hace años en la biblioteca y que nunca abrí, que no sé qué contienen. Este año, para mi cumpleaños me regalaron The Power de Naomi Alderman y una antología de Cuentos selectos de Augusto Roa Bastos y allí esperan también.
Pero esta enumeración es obligatoriamente incompleta. Me levanto del asiento y miro los estantes de la biblioteca y sigo encontrando libros sin leer como: Avenida de los Misterios de John Irving, Levantado del suelo y Manual de pintura y caligrafía de José Saramago, Hombre de marzo de Tomás de Mattos, El gaucho insufrible de Roberto Bolaño, El fuego de cada día de Octavio Paz y creo que podría seguir y seguir. 
El otro día, una muchacha jovencita, de 18 años, vino a casa y al ver mis bibliotecas me preguntó, con asombro, si yo había leído todos los libros y tuve que decirle que no.
El plan para el verano está claro, ¿no?

viernes, 1 de diciembre de 2017

13. Procesos técnicos VII. Ariel Bermani.

Que la frase o el verso no se traben con imágenes que no puedan traducirse en hechos. Que el sentido o la temática no condicionen la arbitrariedad de la acción. Que sea tan importante lo que no se narra como lo que se narra. Más importante, incluso. La elipsis es más generosa que la metáfora.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

14. Procesos Técnicos VI. Ariel Bermani

Pensar en la cantidad de posibilidades que se van abriendo en la historia a veces abruma. El relato avanza y hay que elegir, por más que la trama no nos interese tanto como otros aspectos de la narración. De todas maneras hay que elegir, o, al menos, dejarse llevar por la intuición. Los personajes tienen la posibilidad de ir por un camino o por otro. Incluso pueden morirse. Pero eso de matar a un personaje no me gusta.
Me acuerdo de Onetti, que se pasó dos días triste por haber matado a uno de sus principales personajes, el doctor Díaz Grey. Tan mal le pegó esa muerte, que se vio en la obligación de resucitarlo, en otro libro.

lunes, 27 de noviembre de 2017

15. Mercado Ferrando o Montevideo por primera vez












Mercado Ferrando. Gran expectativa, mucha promoción. En realidad no sabía de qué se trataba. Llegué al mediodía del día de su inauguración y la multitud me abrumó ya al ingresar. El espacio es agradable. Similar a otros recientemente inaugurados, por lo que sospecho que las cerchas triangulates, los balcones salientes y los materiales rústicos y a la vista son moda entre los arquitectos que están diseñando actualmente. Aun así es agradable.
A los lados y al entrar, los locales de insumos alimenticios, es decir frutería, panadería y carnicería. Luego, el patio de comidas y en particular el sábado, el desborde. La luz del sol entraba por las ventanas y entre los hierros de la vieja estructura. En la planta alta, balconeando un vacío de mesones y bancos, más mesas custodian una muestra de arte de diversos artistas locales. Para volver un día cuando haya pasado la euforia. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

16. El Cabildo o Montevideo por primera vez.







Cruzo la plaza. De la Iglesia al Cabildo, como lo habrán hecho centenares de veces tantas y tantas personas. Sigo pensando en la iglesia, que nunca podría ser una de Perú o de México, tan escasa de dorados. Entro en el Cabildo, otra contundente pero austera construcción. He leído que el primer Montevideo, el fundacional, no era más que una toldería, con unas pocas casas de material. Calles de barro, lodazales en invierno. Me imagino el cambio urbanístico que constituyó la construcción de este edificio. Y luego, testigo a veces, protagonista otras, nos acompaña desde antes de las invasiones inglesas. Sólido, sobrio de cal y granito, muros gruesos, pisos de ladrillos rojos. Sin más alhaja que la reja de la entrada. 
Recorrí las salas del Museo Histórico: me metí en una muestra inquietante de arte textil; me mostraron otra visión de la Guerra Grande contra Paraguay, entré en la exposición sobre la negritud, paseé entre estatuas clásicas vestidas con tejidos de crochet multicolor, que reflexionaban sobre la violencia de género y me enteré que en la Revolución Oriental lucharon más de 500 mujeres. 
Todo lo que queda por aprender cuando se mira por primera vez.

sábado, 25 de noviembre de 2017

17. Entrar a las iglesias III ó Montevideo por primera vez.



            


En mi paseo de turista por Montevideo entro a la Matriz y la miro como si fuera la primera vez. A la derecha, el baptisterio de líneas clásicas y mármoles de colores podría verse en cualquier iglesia de Italia. Un coro de ángeles nos acompaña y resuena como podría sonar en cualquier iglesia de Francia. Los pisos de mosaicos con rosetones y guardas marcan el camino.  Me siento en la nave central y observo el templo. Las paredes blancas, apenas algunas marmoleadas en verde y naranja, el cielorraso despojado, las cúpulas sólo alhajadas por collares de balcones de hierro nos sumergen en una atmósfera de recogimiento, aunque transiten visitantes en forma contínua y chispeen los flashes cada tanto. El altar mayor se impone con sus paredes pintadas de un morado de adviento. En otros muros, además de arzobispos y monseñores, se señalan las tumbas de Venancio Flores, Juan Antonio Lavalleja y Rivera. La pila bautismal y el registro del bautismo de Artigas en junio de 1764, dan cuenta de una iglesia que también es un museo. 
 Si no fuera uruguaya y conociera la historia, este edificio me hablaría de un poder austero y sólido. Sin opulencia ni estridencias pero contundente. Soy uruguaya y conozco la historia. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

18. Montevideo por primera vez.

Camino por Montevideo como si fuera la primera vez. Como si no hubiera sido la ciudad en la que pasé Navidades y Fines de Años en la infancia, y vivido durante siete años o como si no hubiera estado viajando con frecuencia semanal durante veinte o como si mis hijos no vivieran hoy aquí. Como un juego, me propuse mirar Montevideo con otros ojos. ¿Qué foto sacaría si fuera la primera vez que recorro la ciudad? ¿Qué atmósfera palparía? ¿Qué me llamaría la atención? Les puedo asegurar que vi cosas  que nunca había visto.  





miércoles, 22 de noviembre de 2017

19. Poesía diaria

Me cuesta la poesía. No encuentro las palabras que se acoplen, que sugieran, que eleven el texto. Trabajo y trabajo como un tallador, moldeando lasca a lasca las expresiones y cuando me retiro para ver el resultado, veo siluetas toscas en las que se ve la punta del buril y la impericia del obrero.