También hay un lago artificial de donde se saca el agua que se potabiliza y consumimos de unos 5 km de perímetro.. En la semana que llevo acá el lago ha cambiado de manera significativa con el comienzo de las lluvias: no sólo ha aumentado su caudal hasta el mareo sino que ha multiplicado la vida en sus orillas y en el agua y he visto bandadas de patos, teros, garzas, urracas y otros plumíferos no identificados, además de enormes peces que saltan en busca de algún insecto con menos suerte. Hay mariposas grandes y chicas, blancas y azules o rojas y negras, libélulas verdes o rojas iridiscentes, con alas transparentes o con alas con lunares negros, con antenas lisas o con pompones, hay hormigas aladas y sin alas, con escudo o de 2 centímetros de largo; hay escarabajos acorazados y mirápodos tan gruesos como un cabo de escoba. La variedad es inconmensurable para alguien para quien todos son simplemente “bichos”. Pienso que Manuel se daría una panzada con redes, frasquitos y alfileres. Es el paseo obligado del domingo de mañana. Por la orilla más alejada de las casas y pasando la represa hay un pedazo de selva recuperada muy intrincada y exuberante que puede ser recorrida por senderos abiertos. Ayer incursionamos por un tramo corto y la variedad de plantas, luces y líquenes, cantos, mantillos y reflejos, árboles, graznidos y lianas desbordan la capacidad de discriminar en tanto uno camina por una bóveda de follaje que parece contener miles de ojos invisibles.
miércoles 15 de julio de 2009
martes 14 de julio de 2009
El Ai Ai Ti Ei
El IITA o Ai.Ai.Ti.Ei como hay que decir, (Instituto Internacional de Agricultura Tropical) fue fundado en 1967 como organismo del CGIAR (Consultative Group on International Agriculture) que es financiado, creo, por el Banco Mundial y el G8. De este grupo también dependen el IRRI en Filipinas, WARDA también en Africa, Icrisat en la India, CIMMYT en México y CIAAT en Colombia.
El IITA acá tiene 1000 has, dicen que a 7 km de Ibadan, pero en realidad la ciudad ya la está cercando. Al ingreso una garita con guardias fuertemente armados y que te preguntan sobre intenciones y laptops te dan la pauta de que estás dejando atrás la locura de Oyo Road por la que se llega. La vista de la estación es hermosa, prolija y con abundante vegetación que aclimata el entorno. Se entra por una avenida cercada de palmeras altas y arbustos más bajos y redondos, que como Quijotes con su Sanchos bordean un campo de césped verde que sólo se interrumpe en los edificios.
La estación tiene escuela primaria, policlínica y hotel internacional, abiertos no sólo a los dependientes de IITA. Y una oficina de PPS que te resuelve desde la casa a ocupar hasta el enchufe que no funciona o el combustible del auto. Hoy recibí en parejas a seis muchachos negrazos con túnicas verdes y botas de goma para arreglar unos la luz del dormitorio, otros dos el lavarropas y la tercer pareja la línea telefónica e internet (por dios).
En el hotel hay canchas de tenis y piscina con bar en el que se puede cenar y donde los viernes hacen pizzas, momento en el que se juntan los que trabajan y viven acá. Se pueden comprar artesanías a gente que viene a vender a la galería del hotel y si bien no he visto los mercados de Lagos aún, se encuentran cosas muy lindas y relativamente baratas. Hay una community store para comprar la despensa de todos los días, pero sólo se usa de urgencia porque es más cara que Ibadán. Ahí también hay un campo de golf con 9 hoyos y numerosos profesores dispuestos a demostrarte que tú también puedes. Junto al almacén funciona la cancha de squash, una especie de frontón que se juega con una pelotita de goma pesada que apenas rebota.
Más allá de las comodidades para el trabajo y el confort general, la conectividad limitada y los frecuentes cortes de energía eléctrica no te dejan olvidar que estamos en Nigeria. Las casas son grandes, con 3 dormitorios, 3 baños y escritorio, ambientes enormes donde los muebles flotan. A su vez cada casa tiene un generoso jardín que cada dueño arregla y mantiene como se le ocurre. Hay lavadero, caseta de jardinero y dependencias de servicio más espaciosas e iluminadas que cualquier casa de Ibadán. Ahí vive Abiola, un viejo flaco y sin dientes, de profesión sastre, al que Jorge le prestó la casa y que salió a recibirme y me cargó las valijas el día que llegué y que me hizo pensar en la Cabaña del Tío Tom.
El IITA acá tiene 1000 has, dicen que a 7 km de Ibadan, pero en realidad la ciudad ya la está cercando. Al ingreso una garita con guardias fuertemente armados y que te preguntan sobre intenciones y laptops te dan la pauta de que estás dejando atrás la locura de Oyo Road por la que se llega. La vista de la estación es hermosa, prolija y con abundante vegetación que aclimata el entorno. Se entra por una avenida cercada de palmeras altas y arbustos más bajos y redondos, que como Quijotes con su Sanchos bordean un campo de césped verde que sólo se interrumpe en los edificios.
La estación tiene escuela primaria, policlínica y hotel internacional, abiertos no sólo a los dependientes de IITA. Y una oficina de PPS que te resuelve desde la casa a ocupar hasta el enchufe que no funciona o el combustible del auto. Hoy recibí en parejas a seis muchachos negrazos con túnicas verdes y botas de goma para arreglar unos la luz del dormitorio, otros dos el lavarropas y la tercer pareja la línea telefónica e internet (por dios).
En el hotel hay canchas de tenis y piscina con bar en el que se puede cenar y donde los viernes hacen pizzas, momento en el que se juntan los que trabajan y viven acá. Se pueden comprar artesanías a gente que viene a vender a la galería del hotel y si bien no he visto los mercados de Lagos aún, se encuentran cosas muy lindas y relativamente baratas. Hay una community store para comprar la despensa de todos los días, pero sólo se usa de urgencia porque es más cara que Ibadán. Ahí también hay un campo de golf con 9 hoyos y numerosos profesores dispuestos a demostrarte que tú también puedes. Junto al almacén funciona la cancha de squash, una especie de frontón que se juega con una pelotita de goma pesada que apenas rebota.
Más allá de las comodidades para el trabajo y el confort general, la conectividad limitada y los frecuentes cortes de energía eléctrica no te dejan olvidar que estamos en Nigeria. Las casas son grandes, con 3 dormitorios, 3 baños y escritorio, ambientes enormes donde los muebles flotan. A su vez cada casa tiene un generoso jardín que cada dueño arregla y mantiene como se le ocurre. Hay lavadero, caseta de jardinero y dependencias de servicio más espaciosas e iluminadas que cualquier casa de Ibadán. Ahí vive Abiola, un viejo flaco y sin dientes, de profesión sastre, al que Jorge le prestó la casa y que salió a recibirme y me cargó las valijas el día que llegué y que me hizo pensar en la Cabaña del Tío Tom.
viernes 10 de julio de 2009
Vivir en el Trópico (I)
Mientras observo planchar la ropa a Anthony, el jardinero, que por alguna razón también plancha, hago algunas reflexiones sobre la experiencia de vivir en el trópico viniendo de tan templadas latitudes.
Vine a Nigeria en época de lluvias, así que se pone negro el cielo, se oscurecen los contornos y se larga un chaparrón. A diferencia de lo que ocurría en México donde se podía saber la hora a la que iba a llover, acá llueve en cualquier momento. A veces es sólo un chaparrón y pasa rápido. Otras veces se instala mansita y puede seguir lloviendo toda la noche. Pero ya aprendimos que de nada sirve suspender un plan porque es posible que en media hora esté espléndido. La ventaja de esta época es que hace menos calor, aunque igual es duro y salvando las primeras horas de la mañana y luego de la caída del sol, no es muy alentador andar a la intemperie. En el mejor de los casos tal vez te sofoques y sudes, en el peor tal vez te dé un pasmo. Pero adentro de las casas se está bien. Tanto que a uno le cuesta imaginar el inmenso calor mientras mira las plantas y los animales a través de las ventanas. Bastan quince minutos afuera para desistir de cualquier plan. Ahora llueve abundantemente. Si estuviéramos en Uruguay sería lluvia para varios días. Pero acá no.
Para mi mentalidad de clima templado a lo que hay que acostumbrarse es a los tiempos de los bichos. Nada puede quedar fuera de lugar porque, o se pudre a una velocidad inquietante, o a la mañana siguiente hay un ejército de hormigas invadiendo la cocina. Y lo que no se pudre se enmohece, como el mate que nunca puedo secarlo bien y ya tiene gusto agrio. Tantos bichos hay, que hay para todo agrado y desagrado. La ropa no se cuelga en el jardín por una mosquita que pone huevos en la ropa y esos huevos, cuando larvas, te perforan la piel. O te invaden las cucarachas voladoras que entran de afuera por las rendijas de las puertas, o pasan las ardillas casi por tu ventana corriendo carreras de a dos. Hoy estuve buen rato mirando un colibrí trasladarse de una planta a otra frente a mi sin inmutarse. Para donde mires hay algo vivo que se mueve: si ves una sombra o una hoja moverse es seguro que una lagartija de cabeza naranja está trepando la pared o un sapo de piel atigrada te sorprenda en un salto o puede ser un milpiés desorientado intentando escapar del sol. O tal vez sea una flor que nace. O una rama que muere. Dicen que hay un pasto que crece 1 cm/hora, o sea que si te sentás a mirar podés verlo crecer.
Pero los peores bichos a temer son los mosquitos. Y diría que se ven menos que en Uruguay. No los he visto en bandadas zumbando. No hay mosquitos escondidos bajo las mesas, en los rincones o entre las plantas. Ni hay mosquitos en las casas que se mantienen cerradas y con mosquiteros permanentes. Pero están, como un enemigo invisible. Están, cada noche, esperando tu sangre para pasarte la malaria. Dicen que la probabilidad de tener malaria es de 1 y que los nativos pueden tener cuatro veces por año. Nosotros intentamos enfrentarlos con repelente...
lunes 6 de julio de 2009
Visita a Ibadán
Nigeria te rompe la cabeza primero y luego el corazón. Ibadan es una ciudad como nunca tuve la capacidad de imaginar. Cientos de miles de personas transitan a pie, en moto, en auto o en camión por estrechas calles pavimentadas de baches. Verdaderas zanjas donde cualquier auto puede perder el eje y cualquier motociclista la vida. La gente se viste de forma tradicional con hermosísimos vestidos y tocados las mujeres y pijamas coloridos los hombres. Algunas, en vez del tocado almidonado se cubren a la usanza musulmana con los velos negros bajo 35° de sol ardiente. Muchos otros, sobre todo los hombres, también se visten como occidentales. Todos son jóvenes. Muchos llevan cortes en la cara: verticales debajo de los ojos en los pómulos u horizontales a ambos lados de la nariz, una o varias cortadas, como las de los tumberos en los brazos. Me dijeron que son ritos de iniciación, pero los llevan tanto muchachas como varones.
Pero la omnipresente es la mugre: montañas de basura se acumulan a los lados de la ruta o en cualquier calle. Incluso vimos un viejo muerto abandonado. Jorge dice que vio un niño tirado muerto, ya gris por los días. Y no hay carroñeros así que se pudren de a poco o los comen las ratas.
La mugre y el desorden es la norma: las calles sólo tienen pozos y vehículos enloquecidos que se tiran por delante o frenan sin prender la luz. Es como si el Estado no existiese: no se ve estructura institucional más que en los policías que abundan en las rutas con sus armas enormes y sus gestos severos. Pareciera que los ingleses les hubieran dicho "si quieren el país, arréglense como puedan" y allí andan todos contra todos sin servicios, sin marco, sin nada. Los edificios de material existen escasamente. Los ricos viven detrás de muros y alambradas y el resto de la multitud parece habitar en un gran cantegril de tablas y chapas.¿De dónde sacan agua? ¿Dónde hacen pichí y caca? Casi siempre la respuesta es "la calle". No hay saneamiento, sólo canalones a los bordes de la calle. No hay electricidad, salvo motores generadores a nafta, uno por caseta. Omaigod! cada uno tiene su motor y cuando llegás prenden la luz porque adentro no se ve nada. Cada nigeriano vende algo y se vende todo, incluso lo que no les pertenece. Por eso encontramos más de un cartel señalando "Esta propiedad no se vende". Así como todo se vende todo se puede comprar en las calles, en las casetas, desde telas tradicionales por metro a bolsas de nylon o computadoras, televisores y cremas importadas.
Por ese chiquero de barro, polvo y basura circulan autos costosos de marcas europeas o japonesas, gente vestida con ropa cara y hablando por celular. La gente en general se ve contenta y los niños parecen bien alimentados, pero ¡entre la mugre! Nos preguntamos cómo hacen para tener los vestidos limpios, planchados y almidonados. Ellos parecen alegres y bien vestidos, pero el entorno es dantesco. Es como que el país no existiera y cada uno estuviera librado a su suerte en el medio de la selva.
Anoche leímos que Nigeria es el sexto exportador de petróleo del mundo pero no existe ni una sola refinería: exportan crudo y compran combustible. Y derrochan gasolina (el auto de Jorge rinde 4 km por litro), nylon, agua y todo lo tiran... ¡a la calle!
Fuimos a un mercado gigante que era como meterse en una favela, con unas caras más que atemorizantes que te persiguen a los gritos para venderte algo. Hasta que te acostumbrás te genera mucha desconfianza y hasta miedo.Pero tanto Jorge como Alexandra, la alemana que nos acompañó, se manejaban con familiaridad y hasta eran amigos de algunos vendedores que ya los conocían.
A mí, literalmente, me ha dado vuelta la cabeza y no logro comprender
jueves 25 de junio de 2009
El binomio fantástico
Un binomio fantástico capaz de hacer nacer una historia debe estar formado por dos palabras de campos semánticos muy diferentes de tal forma que la única relación posible entre ellas la pueda establecer la imaginación del escritor.Se buscan al azar dos palabras en un diccionario y se lanza a escribir el relato que deberá estar listo en un tiempo muy breve. Como juego puede hacerse con un reloj de arena.
sábado 20 de junio de 2009
Un Despertar
Agustín apretó los párpados y estiró los brazos. Sintió el frío del aire de la madrugada al sacar las manos de abajo de las frazadas. Abrió grande la boca y exhaló un bostezo que le hizo crujir la mandíbula. De a poco abrió los ojos y se fue acostumbrando a ver entre las tenues luces que entraban. No reconoció su cuarto.
Se frotó los ojos y vio que un aliento helado salía de su boca. Ese no parecía su dormitorio. Entre veía en las nubes del sueño y la penumbra del amanecer dos paredes azulejadas de blanco. Buscó referencias conocidas a su alrededor. Palpó la colcha de su cama y reconoció los almohadones que había usado la noche anterior para apoyarse mientras leía. Pero no era su cuarto. Se incorporó en la cama y lanzó un alarido: ¡Mamá!
Una señora casi en estado de desesperación se precipitó al dormitorio de Agustín haciendo chirriar una enorme puerta de metal que parecía la de una bóveda de banco o la de un frigorífico.
Agustín recuperó el espanto. No tenía idea quien era esa señora que le acariciaba la cabeza y lo trataba de hijo. La señora le ofreció el desayuno e insistió en que se quedara en la cama si tenía fiebre. Luego, se dirigió a la ventana y corrió las cortinas bloqueando la iridiscencia de la luz que entraba. Agustín se acurrucó entre las sábanas. Desolado, casi vencido. Entonces cerró los ojos y empezó a sollozar.
viernes 29 de mayo de 2009
Cadáveres exquisitos
Los surrealistas inventaron este juego literario que consistía en escribir un poema de forma que cada uno escribiera un verso del poema sin conocer lo que había escrito el anterior. Se doblaba la hoja de papel , ocultando lo escrito, y se le pasaba al siguiente para que continuara el poema.
El publicado acá está hecho sólo por mí, siguiendo una "trama" pero no un contenido lógico. La consigna era elaborar un discurso incoherente cuya conexión fuera la forma de narrar, no el sentido. Cuando el sentido comienza a prevalecer es momento de desviarse.
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